21 de julio de 2026
No cualquier cambio es un cambio de época. Aunque seguido nos parece que las cosas se transforman de manera profunda, la mayoría de las veces se trata de alteraciones pequeñas. La caída del comunismo, cuyo epicentro estuvo en Rusia y en Europa del Este entre fines de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, fue realmente un cambio de época. Como se titula un libro de Alexei Yurchek recientemente publicado en castellano, para esa última generación del socialismo, “Todo era para siempre, hasta que dejó de existir”.
Las transiciones siempre tienen sus canciones. Sus sonidos de fondo, que acompañan los cambios. Pero algunas de ellas son tan oportunas, tan evidentes en su alusión a las circunstancias en que salen a la luz, que levantan sospechas. Es el caso de la canción “Wind of change”, de la banda Scorpions. La banda es, en sí misma, una rara avis. Nace en la ciudad alemana de Hannover a mediados de los sesenta. Bajo el influjo de la llamada “invasión británica” de bandas como The Beatles y The Rolling Stones, siempre cantaron en inglés y buscaron encontrar su público afuera de Alemania. La voz de Klaus Meine, su principal vocalista, tiene un tono nasal y un acento sureño que, si no se conoce la historia de la banda, fácilmente puede pasar como estadounidense. La primera canción que compuso íntegramente Klaus Meine fue “Wind of change”, editada en 1991. El videoclip de la canción intercala imágenes de la banda en un espectáculo en vivo con archivo de las revueltas en diferentes países de Europa del Este en los años de la caída del socialismo, desde la demolición del muro de Berlín hasta las revueltas en Bucarest que condujeron a la caída de Ceaușescu.
Del control centralizado del Estado soviético se pasó, sin transiciones, a una versión pocas veces vista de anarquismo capitalista
La historia oficial cuenta que la canción fue compuesta por el vocalista luego de una gira de la banda a la Unión Soviética para tocar en el festival “Moscow Music Peace Festival” en 1989. El festival convocó bandas occidentales a la capital rusa buscando mostrar un proceso de incipiente normalización de las relaciones con occidente. Además de Scorpions, tocaron Ozzy Osbourne, Bon Jovi, Motley Crue sumados a algunas bandas locales. La historia conspirativa plantea que la canción fue compuesta por la CIA (Central Intelligence Agency) como parte de un mecanismo de acción psicológica (o soft power) para impulsar la transición al capitalismo del otro lado de la cortina de hierro. La hipótesis es explorada en un podcast conducido por el periodista Patrick Radden Keefe titulado, justamente, Wind of change. Si bien la evidencia presentada no es suficiente para refutar la historia oficial sobre la composición de la canción, sí resulta evidente la búsqueda de la CIA de influir en la “batalla cultural” de la guerra fría participando en la organización de las giras de Louis Armstrong a la URSS, de Nina Simone al recientemente descolonizado norte de África o acompañando a Scorpions en sus primeras giras del otro lado de la cortina de hierro.

En cualquier caso, “Wind of change” se convirtió en un himno emblemático de las transiciones al capitalismo de las exRepúblicas Soviéticas y de los países de Europa del Este. Fue uno de los sencillos más vendidos de su tiempo (y uno de los más populares de la historia en ese formato) y circuló, de manera casi viral, en casetes que se multiplicaban de manera exponencial. ¿Qué tenía la canción? En principio, un silbido muy sencillo del cantante Maine e inmediatamente una referencia explícita al río y a uno de los parques más grandes de la ciudad de Moscú: “I follow the Moskva, down to Gorky Park // Listening to the wind of change”. La balada continúa retratando imágenes empalagosas, alusivas a la coyuntura del momento desde una perspectiva occidental: “el mundo se está acercando”; “podemos estar cerca, como hermanos” y “el futuro está en al aire”. El estribillo estalla, como en cualquier power ballad, con una guitarra y una batería épica. La letra afirma: “Take me // To the magic of the moment on a glory night // Where the children of tomorrow dream away // In the wind of change”. Finalmente, en la segunda estrofa llega el verso más explícito de la canción, donde la poesía cruje por un uso tan alevosamente funcional de la metáfora: “Let your balalaika sing what my guitar wants to say”. ¿La música soviética no tenía otra opción que traducir el mensaje de occidente?
La historia conspirativa plantea que la canción fue compuesta por la CIA (Central Intelligence Agency) como parte de un mecanismo de acción psicológica (o soft power) para impulsar la transición al capitalismo del otro lado de la cortina de hierro
El escenario de la perestroika (en ruso, reestructuración) y la glásnot (en ruso, apertura) tuvo su propia música que se alejaba de la caricatura folklórica de la balalaika (un instrumento tradicional) que aparecía en la canción de Scorpions. Una de las bandas emblemáticas de la época fue Kinó (en ruso, cine). La banda surgió en Leningrado en 1981 y alcanzó un primer reconocimiento masivo en la URSS con su álbum Ночь (Noche) de 1985. La banda se destacaba por sus ritmos post punk, basados en baterías electrónicas, y sus letras que impulsaban cambios sociales. En agosto de 1990, Victor Tsoi, vocalista y principal compositor de la banda, murió en un accidente de auto en Letonia. Hay teorías conspirativas que sugieren que pudo haber sido asesinado. Dejó como legado uno de los álbumes más emblemáticos de la banda titulado simplemente Кино (Kinó) y conocido popularmente como “el álbum negro”. Tsoi murió un año después del festival realizado en Moscú y el álbum negro de Kino se publicó un año antes del lanzamiento oficial de “Wind of change” por parte de Scorpions.


El proceso de desintegración de la Unión Soviética fue traumático para quienes lo vivieron. La mejor caracterización de esa generación está en el mencionado libro de Alexei Yurchak (2024). Los motivos del fin del socialismo en Europa del Este exceden a la caída de la URSS y están muy bien desarrollados en el reciente libro de Agustín Cosovschi y José Luis Aguilar López-Barajas llamado Nueva historia del comunismo en Europa del Este (2024). Allí, el soft power occidental tiene su papel, pero las dinámicas internas de cada país explican, de manera singular, cómo la restructuración del socialismo planeada por varios gobiernos se fue de su cauce y devino en un cambio de régimen. Sin embargo, en ningún país fue tan salvaje el pasaje al capitalismo como en Rusia.

Los primeros años noventa en ese país fueron una experiencia inédita de capitalismo desenfrenado: privatizaciones a precio vil, enriquecimientos extremos de la noche a la mañana, oligarquías espontáneas, mafias, drogas y todos sus derivados. Del control centralizado del Estado soviético se pasó, sin transiciones, a una versión pocas veces vista de anarquismo capitalista. Este período, que comienza a cerrarse con la humillación pública de Boris Yeltsin en una cumbre con Bill Clinton en 1995 y termina de cerrarse con la elección de Vladimir Putin en el 2000, aparece retratado en dos libros geniales que mezclan (en diferentes dosis) realidad y ficción: el primero es Limonov de Emmanuel Carrère (2011) donde su protagonista, el escritor ruso Eduard Limonov, regresa a Rusia en 1991, luego de un largo exilio, para formar el Partido Nacional Bolchevique junto a Aleksandr Dugin. El otro es El mago del Kremlin de Giuliano Da Empoli (2022), donde el personaje de Vadim Baranov, director de teatro de vanguardia y productor de reality shows en televisión, llega a ser asesor del presidente Vladimir Putin y artífice de un cambio en la imagen internacional de Rusia. La novela de Da Empoli se publicó, oportunamente, pocos meses después del comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania.
Scorpions acusó recibo de los cambios geopolíticos posteriores a la guerra de 2022. Mientras Alemania buscaba un reemplazo para el gas ruso, sobre el que había sostenido su industria los últimos años, Klaus Maine declaraba que era tiempo de dejar de “romantizar” a Rusia por lo cual había decidido modificar algunas partes de la canción. En lugar de comenzar con el río Moskva y el Gorky Park, la nueva letra afirmaba: “Now listen to my heart / It says Ukrainia / Waiting for the wind to change”. También quitó, según declaró a The Guardian,la mención a la balalaika. No resulta tan extraño en un contexto en el que también se excluyó a los equipos rusos de participar en el último Mundial de Fútbol y en los Juegos Olímpicos. Scorpions se encuentra, actualmente, en una nueva gira mundial que los traerá a la Argentina el 26 de abril de este año. Cuando el silbido anuncie, en Tecnópolis, la inminencia de la canción “Wind of change” la gente levantará sus celulares mirando al escenario con la expectativa de que el futuro esté en el aire. Veremos, allí, qué dice la primera estrofa de la canción en un mundo que todavía no sabemos para dónde está cambiando.



