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20 de julio de 2026

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20 de diciembre de 2025

AVISO DE INCENDIO, SOBRE EL ÚLTIMO LIBRO DE PILAR CALVEIRO

Pablo Luzuriaga

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Tiempo de lectura: 9 minutos

Pilar Calveiro vive en México desde que partió al exilio en 1978, después de haber sobrevivido a la experiencia de la desaparición forzada, en distintos centros clandestinos de detención del terrorismo de Estado argentino. En 1998, publicó Poder y desaparición, su primer libro, que corresponde a la parte de su tesis doctoral sobre la desaparición como dispositivo de poder. En 2003, en Redes familiares de sumisión y resistencia, estudia casos de familias mexicanas de sectores populares urbanos; en 2006, publicó Familia y poder y, ese mismo año, dio a conocer la otra parte de su tesis sobre la experiencia argentina de la década de 1970, Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70. En 2012, publicó una nueva investigación Violencias de estado. La guerra antiterrorista y la guerra contra el crimen organizado como medios de control global; en 2019, Resistir al neoliberalismo: comunidades y autonomías; y en 2024, en co-autoría junto a sus hijas, El Petrus y nosotras: una familia atravesada por la militancia. El mes pasado, en noviembre de 2025, por la editorial Siglo XXI, acaba de presentar: De matar a dejar morir. Biopolíticas de selección de vida.

La reflexión y el pensamiento acerca del mundo en el que vivimos circula por diferentes andariveles, carriles, conexiones. Abandonada hace casi dos siglos la ilusión de una “visión del mundo” totalizadora, hoy, los análisis e interpretaciones conectan encuestas y columnas de opinión, con más y menos información sobre el detalle periodístico en las distintas esferas de lo que se comunica e investiga, de los portales de noticias, las revistas, el discurso de referentes políticos, de la ciencia o la cultura, a informes de organismos internacionales, estudios de mercado y del comportamiento social por parte del capital para su reproducción, de lo que incorporan a la reflexión las artes, las obras, las novelas, el cine, a lo que todavía aportan las teorías. La reflexión y el pensamiento acerca del mundo social, cultural y político todavía se sostiene, no sólo en la información y la opinión, sino también sobre las conceptualizaciones del mundo que en el último libro de Pilar Calveiro están vinculadas a citas y lecturas precisas, de las que sobresalen, entre otras, referencias a Michel Foucault, Giorgio Agamben, Mauricio Lazzarato, Roberto Espósito, Paul Preciado y Hannah Arendt.

De matar a dejar morir. Biopolíticas de selección de vida (2025) dialoga con los principales conceptos de esos autores mencionados y con las formulaciones teóricas elaboradas por Calveiro a lo largo del tiempo desde su primer libro: Poder y desaparición (1998). En el trabajo que acaba de salir de imprenta en noviembre, propone una serie de reflexiones sobre la experiencia contemporánea. Entrecruza teoría política –conceptos: totalitarismo, autoritarismo, gubernamentalidad neoliberal, tanatopolítica, biopolítica, nuda vida, inmunidad–, referencias históricas, y también datos precisos, investigaciones estadísticas y números concretos. Por ejemplo: la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas, en 2020, reportó 3631 fosas clandestinas localizadas en todas las entidades federativas de México, con excepción de Chiapas, Ciudad de México, Guanajuato, Oaxaca y Querétaro. En México, entre el capitalismo criminal (corporaciones legales que usan métodos ilegales para ampliar sus ganancias) y la extendida influencia de la narcopolítica, desaparecen miles de personas al año. El dispositivo de la desaparición, que había sido analizado por Calveiro para explicar el funcionamiento del terrorismo de Estado en Argentina, hoy funciona de un modo muy distinto a como lo hacía en la década de 1970. En el presente esas desapariciones son la pauta de una biopolítica (te dejan morir) que define un nuevo tipo de gubernamentalidad neoliberal en la cual el Estado se supedita al mercado.

Pilar Calveiro

Si la tecnología de la desaparición, con todas las aristas de su mecanismo, desde los procedimientos técnicos para la desaparición de los cuerpos –en México, cuenta Calveiro, la forma más horrorosa de desaparición de los restos es la desintegración química: en un predio se encontraron “17.000 litros de seres humanos desintegrados y convertidos en una masa biológica informe, imposible de identificar, mezclada con 2.500 fragmentos de huesos, 1.000 dientes, 20 prótesis dentales y 10 tornillos quirúrgicos”–, hasta la propagación del rumor social acerca de las desapariciones, el sentido común de la vida en estado de excepción permanente, durante el terrorismo de Estado se orientaba a matar y a exterminar, en el presente disciplina en tanto deja morir. Quien no cuente con suficientes recursos para contratar costosas empresas de seguridad siempre será propenso a convertirse en el que fueran forzados a trabajar para la corporación criminal: abogados, médicos, contadores, personal de limpieza, reducidos a la servidumbre, mujeres introducidas en las redes de trata y explotadas sexualmente, personas esclavizadas, muertas y desintegradas como si nunca hubieran pasado por este mundo.

Ahora no te matan, ahora te dejan morir, porque en el presente la tecnología de la desaparición no pretende erradicar al opositor político, sino a los que sobran. El terror producido por el Estado clandestino e ilegal en la década de 1970, diseminado de manera capilar en todo el tejido social por el aparato represivo desde los comandos a los grupos de tarea y los centros clandestinos de detención, produjo sus propias condiciones de producción: fue posible porque actuó sobre el conjunto de la sociedad de un modo paralizante. Ante las denuncias, la reacción social habría sido tardía, por efecto del terror. A diferencia del miedo, el terror a un peligro cuya dimensión se desconoce, aunque se sabe o se intuye atroz, provoca desmovilización y parálisis. Frente al miedo buscamos una salida, buscamos posibles maneras de defendernos, llevamos adelante algún tipo de cálculo y acción; frente al terror, como no hay límites de ningún tipo, la alternativa es el aislamiento. La sociedad argentina salió del terrorismo de Estado más individualista de lo que era, en ese sentido, acompañó el viento de la historia como antecedente de la nueva gubernamentalidad neoliberal.

La retracción de los Estados nacionales con el crecimiento de la criminalidad y la trata de personas, en México da lugar a una nueva forma de gubernamentalidad donde opera menos la política representativa y más la influencia de las corporaciones y otros órdenes del poder multinacionales. Ahora te dejan morir porque si sos estudiante y el 26 de septiembre viajas en un micro desde Ayotzinapa para conmemorar la Masacre de Tlatelolco del 2 de octubre, te pueden desaparecer junto a tus 42 compañeros. El estado de excepción se expande en los territorios y los Estados nacionales retraen y disminuyen su capacidad de acción. Cuando el Estado desaparece, lo que queda son puros cuerpos que administrar en su deseo de tener condiciones mínimas de vida garantizadas, la vida queda limitada a su “desnuda base biológica, la reducción del bíos a la zoé”. De la tanatopolítica y el exterminio planificado en la década de 1970, a la biopolítica o una “selección biológica y política de cuáles vidas vale la pena proteger y cuáles se opta por abandonar a su suerte”.  

Frente al miedo buscamos una salida, buscamos posibles maneras de defendernos, llevamos adelante algún tipo de cálculo y acción; frente al terror, como no hay límites de ningún tipo, la alternativa es el aislamiento. La sociedad argentina salió del terrorismo de Estado más individualista de lo que era.

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Foucault remonta el ejercicio del biopoder desde su creación a finales del siglo XVIII. Se trata de prácticas modernas orientadas al control y la gestión de los procesos de vida de las poblaciones, y a la reducción de la humanidad a una suerte de “especie natural”, dice Calveiro, sobre la cual las prácticas del biopoder intentan la creación y ampliación de la vida biológica, aunque no de todos los “ejemplares” que la conforman sino de algunos especialmente seleccionados. Por eso, para el biopoder son fundamentales los procesos demográficos (natalidad, mortalidad, morbilidad) y las condiciones de salud y enfermedad reducidas a su dimensión biológica. Incluso, Calveiro amplía el concepto de biopoder hacia los procesos de control y selección no sólo de las personas (“la animalización de los seres humanos”), sino a las distintas formas de vida del planeta, por eso las luchas ecológicas y climáticas hoy son para ella luchas biopolíticas. En el mundo contemporáneo de la gubernamentalidad neoliberal, donde los Estados se supeditan al mercado, las políticas públicas son penetradas por los intereses de las grandes corporaciones, legales e ilegales. Se trata de una creciente privatización de lo público en distintos ámbitos, entre los cuales figuran los que están asociados a la creación y recreación de la vida, en particular, las corporaciones vinculadas con la salud. “En consecuencia –dice Calveiro–, buena parte de los procesos de nacimiento, enfermedad y muerte han quedado en manos del complejo médico-farmacéutico, pendiente, en primer lugar, de sus propias ganancias.”

De esta forma, el acontecimiento de la pandemia que Calveiro fecha con precisión entre los primeros casos de COVID en China de diciembre de 2019 hasta el fin de la emergencia sanitaria a nivel mundial el 5 de mayo de 2023, tiene lugar y opera sobre la gubernamentalidad neoliberal de modo tal que la acelera y profundiza su desarrollo. La pandemia fue un experimento global de control biopolítico extremo y durante muchos meses vivimos en un estado de excepción planetario. El sistema financiero mundial se reseteó, después de la crisis que arrastraba desde 2008. El planeta por completo se volcó a la interacción digital. La selección de quiénes debían circular, quiénes debían quedar confinados, quiénes debían vivir y a quiénes debían dejar morir reorganizó el vínculo entre la sociedad y la gubernamentalidad neoliberal. A la salida de la pandemia, se crearon nuevos escenarios bélicos, se perpetra un genocidio en Palestina, atravesamos una profunda crisis económica, se aceleraron los procesos de “concentración, financiarización, extractivismo y explotación ilimitada de la naturaleza” y se produjo un fenomenal incremento de la desigualdad con el crecimiento de la riqueza de los milmillonarios. A la salida de la pandemia, irrumpen con toda su fuerza las nuevas derechas “libertarias” de América Latina. 

En la primera línea de la introducción a su último libro, Calveiro anota: “Walter Benjamin llamó `anunciadores del fuego´ a `quienes avisan de catástrofes inminentes para impedir que se cumplan´, aunque finalmente no lo logren.” Estamos ante un desastre ecológico, social y político. Su libro es un aviso de incendio, pretende ser un cortafuegos para frenar el desastre. Las nuevas derechas no son el fascismo, no son la dictadura, dice Calveiro, son otra cosa que debemos entender para combatir en sus propios términos: no matan de manera directa (tanatopolítica), pero dejan morir (biopolítica) sin la menor compasión. Si la pandemia puso en evidencia los límites de los Estados frente al mercado y de la política frente a las corporaciones, las nuevas derechas profundizan la lógica de la gubernamentalidad neoliberal.

En la primera línea de la introducción a su último libro, Calveiro anota: “Walter Benjamin llamó `anunciadores del fuego´ a `quienes avisan de catástrofes inminentes para impedir que se cumplan´, aunque finalmente no lo logren.” Estamos ante un desastre ecológico, social y político. Su libro es un aviso de incendio, pretende ser un cortafuegos para frenar el desastre.

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Para tentar a los lectores de Panamá a que vayan corriendo a comprar este aviso de incendio, transcribimos un párrafo del último capítulo “Biopolítica y pandemia”:

“Estas variantes radicales del neoliberalismo propician un mercado sin trabas junto a una sociedad de empresarios y pequeños emprendedores exitosos, que serían producto de su creatividad, competitividad y esfuerzo individual, y que ya no esperan nada de los programas y prestaciones gubernamentales, efectivamente insuficientes. Intentan así dar absoluta libertad al proceso de acumulación y concentración de la riqueza en manos de las grandes corporaciones trasnacionales, fortaleciendo la colonialidad; tratan de socavar un Estado ya minado, para reducirlo a su dimensión securitaria, punitivista y claramente autoritaria, sobre todo y lo más peligroso, se proponen acabar con la sociedad misma, desaparecerla en tanto retícula de organización y acción colectiva. Por eso, antes que la defensa de un Estado necesario pero al mismo tiempo muy limitado, es decisivo, es urgente defender la sociedad.” (p.147). 

Subrayamos este señalamiento porque sirve para pensar sobre todo el caso argentino. La pandemia, entre otras muchas cosas, produjo un profundo efecto de desorganización y desmovilización social, que, dice Calveiro, “prácticamente paralizó y desdibujó a la sociedad civil”. Las calles dejaron de ser los espacios privilegiados de tránsito, reunión y convivencia. Gran parte de la vida, desde entonces, pasó a ser virtual. La gubernamentalidad neoliberal radicalizada no sólo destruye al Estado, sino también a la sociedad, por eso lo que es urgente es defender la sociedad, además de un Estado que en sí mismo ya se muestra impotente frente a las nuevas lógicas de la gubernamentalidad. En este sentido, en Argentina el llamado campo nacional y popular, desmovilizado y desorganizado, necesita no sólo pensar cómo defender al Estado a partir de una estrategia clara para ser gobierno, sino –y aquí radica el drama porque parece ser un tema por completo fuera de agenda– a partir de una nueva valoración y orientación sobre lo social, lo comunitario, lo autónomo del Estado. Debemos ir a contramano del sentido común –que marcó a buena parte de la experiencia kirchnerista– el cual indicaba que la política era lo que tenía que ver con el Estado y no con la sociedad.

Debemos ir a contramano del sentido común –que marcó a buena parte de la experiencia kirchnerista– el cual indicaba que la política era lo que tenía que ver con el Estado y no con la sociedad

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Las luchas biopolíticas contemporáneas necesitan enfrentar la herencia de lo que Preciado llamó el “síndrome de lo inmunitario”. El otro no es un potencial peligro, por lo tanto, no debemos encerrarnos ni reducir la comunicación a lo virtual. Debemos combatir el aislamiento individual y el distanciamiento social, porque esas son prácticas biopolíticas –dice Calveiro– que se filtran en la vida social y debilitan lo común y lo colectivo. 

A fin de cuentas, qué es la utopía libertariana sino un mundo con el Estado limitado al mínimo, donde seremos reducidos a la “especie animal hombre” que interactúa en su mercado “natural” como depredador salvaje. Lo más curioso, visto a la distancia y con la lente de este extraordinario aviso de incendio, es que ellos, los que hoy son libertarios y ayer eran republicanos, antes decían ser la civilización que venía a enfrentar a la barbarie. En el siglo XX mataban diciendo que defendían la civilización. En el XXI te dejan morir, como a los perros, sin promesa de civilización alguna.

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