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18 de junio de 2026

18 de junio de 2026

18 de junio de 2026

¿CUÁL ES EL DEBATE?

Hugo Flombaum

@HFlombaum
Política
Tiempo de lectura: 4 minutos

Los años pares, como 2026, no son electorales, por lo que el país no debe afrontar elecciones durante este período.

Sin embargo, Argentina desaprovecha esta oportunidad al entrar en modo electoral, cuando en realidad debería aprovecharse este tiempo para debatir el rumbo que estamos recorriendo y hacia dónde queremos ir como sociedad.

Arribamos a esta situación por agotamiento de la anterior. Argentina se quedó sin financiamiento, sin una moneda creíble, con inflación y en decadencia en todos los órdenes económicos y sociales.

La última elección presidencial demostró la carencia de propuestas, expectativas y respuestas de una dirigencia fracasada. Todos los partidos fueron rechazados y fue elegido una corriente sin partido político, sin despliegue territorial, sin dirigencia en las instituciones civiles. Se lo considera un ousider; en realidad yo lo titulo como una invasión extranacional.

Llegamos a esta situación por el fracaso de la generación surgida en el período democrático iniciado en 1983. Una generación que comenzó con alegría, con ímpetu, con ideas y propuestas, pero fracasamos. El diseño institucional del país nos introdujo en un laberinto sin salida. La representación no se plasmó en la realidad de los gobiernos.

Son muchos los que atribuyen el fracaso a falta de planes, otros a la corrupción endémica de la “dirigencia”. En realidad, planes hubo y la corrupción es una consecuencia, no una causa.

Enumeremos los planes, el Austral, un plan técnicamente brillante, el de la Convertibilidad, logró frenar la inflación y atraer inversiones, luego el kirchnerismo nos introdujo en planes basados en el consumo interno financiado por la producción bioeconómica y la emisión de dinero sin límite.

La deuda externa pasó de USD 45.100 millones a finales de 1983, mientras que al cierre de 2023 se ubicaba en alrededor de USD 286.000 millones. Se multiplicó por 6, mientras la decadencia avanzaba sin pausa en educación, en infraestructura, en desarrollo económico, con una consecuencia calamitosa, el divorcio entre la “dirigencia” sin gente y la gente.

Hoy vemos a los supuestos “dirigentes” enfocados en ataques al gobierno y en roscas partidarias. Sin propuestas, sin análisis del camino duro que debemos emprender para reconstruir lo destruido. Argentina sin guerra destruyó más su tejido social que cualquier país que haya pasado por guerras interminables.

Argentina es un país que tiene un insólito diseño institucional. Un congreso que pelea por la distribución de la renta y no por la generación de renta. Un senado en el cual tiene mayor peso en las decisiones las provincias que no producen prácticamente nada en comparación con las que producen el 80% de la riqueza.

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No hay que buscar mucho, solo mirar a Vietnam. No ha parado de crecer y desarrollarse luego de más de 70 años de guerras continuas.

Entonces el tema no es planes ni corrupción, el tema a afrontar es crear una nación, con todo lo que ello significa, una voluntad en común en la cual todos los sectores se alinean para realizar el esfuerzo común que significa una meta a lograr.

Argentina es un país que tiene un insólito diseño institucional. Todos los gobiernos han padecido ese diseño. Un congreso que pelea por la distribución de la renta y no por la generación de renta. Un senado en el cual tiene mayor peso en las decisiones las provincias que no producen prácticamente nada en comparación con las que producen el 80% de la riqueza.

Si sumamos Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Neuquén, Entre Ríos, Tucumán, Salta, Chubut, Río Negro tenemos el 64.5% del PIB, CABA representa otro 20% lo que representa en el Senado 33 senadores, el resto es decir que las provincias que representan al 25.5 del producto tienen 39 senadores. ¿Cómo debatir un plan de desarrollo?

El resultante de ese diseño fue que los gobiernos con prebendas de poco monto compran los votos de esas provincias pobres y tienen la mayoría. Es imposible así construir una nación.

La reforma constitucional de 1994 incorporó a laconstitución el mandato de crear un nuevo sistema de coparticipación para distribuir los impuestos entre la Nación, las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Exige una ley-convenio con estrictos parámetros de equidad, solidaridad y automaticidad, sujeta a la aprobación unánime de todas las jurisdicciones.

Lo único vigente es la exigencia de la unanimidad, el reparto es el que se instituyó en 1988 y así quedó. De esa manera la Provincia de Buenos Aires aporta el 40% de los recursos y recibe el 20%. No es ni equitativa ni solidaria, sabiendo que más del 38% de la población vive en Buenos Aires.

Crear una nación productiva es el objetivo común; debatir el camino, el debate que debemos afrontar.

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Si alguien diseña institucionalmente una nación castigando a la producción este es el mejor ejemplo.

Sin embargo, los medios de comunicación, los pretendientes a ser dirigentes y los estudiosos del desarrollo hablan, escriben y opinan, sobre que la corrupción es la causa de nuestros males. Cuando la corrupción es alentada y sostenida por el propio diseño institucional de la República.

Lo ideal sería que las provincias productoras se junten y planteen una salida a este encierro so pena de dejar de depositar el producto del esfuerzo de sus habitantes expresado en los impuestos. O será la Provincia de Buenos Aires la que deberá denunciar el Pacto de San José de Flores por incumplimiento.

El camino es sólo uno, Renta o Desarrollo. Se pretende esconder el debate atrás de los necesarios ajustes en la matriz económica que nos llevó a la crisis. No es ese el camino, ese representa a lo criticones no a lo que con propuestas lleven adelante un proceso que es virtuoso en algunos aspectos y en otros deficitario.

La industria que se sostuvo a costa de proteccionismo y precio elevado con calidades dudosas deberá ser sustituida por industrias competitivas y con posibilidades de ser exportadas. En eso no hay marcha atrás posible.

Para lograr este objetivo sabemos que la distribución poblacional deberá cambiar. Los conurbanos que se crearon por falta de desarrollo en las provincias que vivieron de renta y no de producción deberían recibir población y por consiguiente los conurbanos aliviar una situación insostenible.

Crear una nación productiva es el objetivo común, debatir el camino el debate que debemos afrontar.

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