16 de junio de 2026
13 de junio de 2026
“AL FIN SOMOS VISIBLES”, O QUÉ PASA CUANDO LA POLÍTICA DEJA DE SER SÓLO ROSCA
Clara De Paula
Antropóloga y militante de la Agrupación Reconquista
Silvana[1] vive en Güemes, un barrio de la localidad de Francisco Álvarez, en el partido de Moreno. Es mamá de dos hijos, la más grande está terminando la primaria, el más pequeño empezando el jardín. Ese es su hogar, ella y sus hijos. Para sostenerlo, es fundamental el ingreso de la Asignación Universal por Hijo, y lo que logra sumar con la venta de cuadernos, un emprendimiento que arrancó hace un tiempo, pero que ahora está medio parado porque se le rompió una máquina. Intentó varias veces reclamar la cuota de alimentos que le corresponde a sus pibes, pero se perdió en los laberintos de la Justicia, está frenado, nunca termina de entender bien por qué. Después de tantos años de desgaste, lo que queda es la resignación. Desde hace un tiempo que llegar a fin de mes es casi un lujo, por eso, cuando en el barrio abrieron una olla popular, no dudó en acercarse para aliviar un poco la carga de sostener su hogar.
Un día del año 2024, en el camino de regreso a casa después de la escuela, se cruza con Gisela, una de las vecinas que arrancó la olla de los miércoles, en un local con una bandera que decía “Reconquista”. Silvana pasaba a retirar la comida de la olla, pero no tenía mucho más tiempo para saber quiénes sostenían ese espacio y qué otras propuestas tenían en ese local que hasta hace poco estaba vacío.
Esa tarde Gisela la saluda como de costumbre, pero además le deja una invitación: mañana nos juntamos con mamás que están criando solas, para poder conversar sobre lo que les pasa. Le deja un folleto: “Si estás criando sola, acercate. Hogares Monomarentales” decía. Nunca había escuchado esa palabra, le parecía medio trabalenguas. Pero también se dio cuenta que ella era hija de un hogar monomarental, y además ahora le tocaba ser la jefa del suyo. No tenía mucha idea a lo que iba, pero se acercó, de pura curiosidad.
Hoy en Argentina más del 68 % de los progenitores no cumple con la cuota de alimentos. En la provincia de Buenos Aires, uno de cada diez hogares tiene solo una jefatura, si se hace foco en ese 10 %, 84.3 % son mujeres.
En esa ronda conoció a mujeres que participaban de espacios políticos, como el Movimiento Evita y el Reconquista. La política, esa palabra de la que ella solía diferenciarse, porque la vinculaba con algo oscuro, con “roscas” y discusiones tan lejanas a los problemas de su vida cotidiana. De todas formas, se queda, porque estas mujeres le contaron que estaban haciendo un relevamiento de los hogares liderados por mujeres, para poder conocerlos y pensar cómo acompañarlos, “entender que lo que nos pasa no es un problema individual” dijeron también. En esa ronda estuvo Micaela Rodríguez, militante y periodista, quien recuerda:
“(…) Volviendo al encuentro, y la magia que ocurre cuando las mujeres decidimos juntarnos para poner sobre la mesa todo aquello que la sociedad intenta tapar bajo la alfombra, esconder o excluir, les cuento que como suele pasar, la charla empezó tímidamente, para luego transformarse en una especie de maremoto imparable de palabras, descargo, detalles, risas y algunas lágrimas. Intercalando la escucha con el habla, interrumpiendo lo menos posible, pero con la respuesta siempre en la punta de la lengua, el asentar con la cabeza constantemente como diciendo, ´uf si me pasa igual. Te entiendo.´
Identificarse y verse reflejada en las palabras de otra es de las cosas más profundas que creo puede sucederle al ser humano, y más si se trata de ver en la otra el reflejo de nuestra lucha silenciosa. El silencio desaparece de la escena, entonces la carga se aliviana. Así como dejamos las carteras, bolsos o mochilas en el piso al llegar, fuimos dejando la pesada carga del miedo, la culpa y la vergüenza que a veces nos atraviesa. Nos empezamos a sentir livianas y unidas, al menos por un rato.”

El relevamiento que impulsaron el Movimiento Evita y el Reconquista durante el 2024 fue el primero del país. Se realizaron capacitaciones con el equipo de la Unidad de Género y Economía de la Provincia de Buenos Aires (UGE), se articuló con 25 organizaciones comunitarias, se desarrolló en 30 barrios del distrito. Los datos fueron alarmantes: de 200 hogares relevados, el 72 % no reciben cuota de alimentos, mientras que el 11 % manifiesta no recibirla en tiempo y forma. El 76 % trabaja de manera informal y el 68 % percibe ingresos por debajo de 1 salario mínimo vital y móvil. Estos datos se suman a los que arrojó un informe sobre brechas de género en los municipios de la provincia de la UGE que observa que en Moreno la tasa de empleo para las mujeres es del 48,5 % mientras que para los varones es del 70 %. La desocupación en las mujeres es del 13,3 % y para los varones del 7,2%.
Lo que sucede en Moreno, es parte de una problemática estructural que sucede a nivel nacional y mundial. Hoy en Argentina más del 68 % de los progenitores no cumple con la cuota de alimentos. En la provincia de Buenos Aires, uno de cada diez hogares tiene solo una jefatura, si se hace foco en ese 10 %, 84.3 % son mujeres.
Criar tiene rostro de mujer, hay que explicarle al corrector de palabras, que se empeña en “corregir” monomarental por monoparental. Y sin dudas, son los hogares más golpeados por las crisis, según Unicef las principales estrategias que tienen para afrontarlas son tres: la primera es endeudarse, le sigue restringir consumos básicos y luego limitar el consumo de alimentos.
Para las compañeras de las organizaciones de Moreno, los números del relevamiento y del informe de la UGE tenían cara y tenían historia: la de las compañeras, de las vecinas que se acercan a los merenderos, la de nosotras mismas. Por eso, durante el 2025 se siguió pensando cómo generar herramientas que acompañen esos hogares. Porque en Moreno, donde desde 2019 gobierna Mariel Fernández, primera intendenta mujer, el relevamiento no quedó archivado: se convirtió en insumo para discutir política pública.
Fueron meses de muchas discusiones, horas de intercambiar posturas, de pensar qué se podía proponer desde una política local, en un contexto cada vez más adverso, donde el gobierno nacional retiene los Fondos que debería repartir a las provincias, y estas, a su vez, a los municipios. Un gobierno que, además, desde su primer día de gestión eliminó el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, desmanteló el Programa Acompañar —que en 2023 acompañaba a más de 100 mil mujeres en situación de violencia— y recortó casi un 98% el presupuesto de la Línea 144. Un gobierno que en los foros internacionales pone en duda el concepto de femicidio y describe al feminismo como un gasto burocrático inútil.
Es en este contexto político de retroceso, donde estas discusiones impregnaron la esfera del poder legislativo y ejecutivo: pensemos una norma local que permita visibilizar esta problemática, ponernos los “anteojos de la monomarentalidad”, para que la carga que llevan sobre las espaldas tantas mujeres, sea al menos un poco más liviana.
Es así como nacen una serie de Ordenanzas que van a tener como horizonte reconocer y acompañar la difícil situación por la que atraviesan estos hogares. Entre ellas, la que establece el Acceso Prioritario a Derechos de los Hogares Monomarentales, los cuales previamente deberán estar inscritos en el Primer Registro de Hogares Monomarentales. El registro funciona principalmente como una política de reconocimiento, en el sentido que le da Nancy Fraser[2] a ese término: nombrar públicamente una injusticia es ya un acto político, al mismo tiempo que habilita redistribución concreta de recursos y accesos.

Con el Registro se conoce en profundidad sus realidades: condiciones laborales, situaciones de salud y discapacidad, hijos con problemas con la ley penal, situaciones de consumo, acceso a la cuota de alimentos, violencia de género, entre otras dimensiones. Se llevan una credencial digital y física, que le permite acceder de manera prioritaria a todos los ámbitos del gobierno local: a los espacios comunitarios de cuidado para la primera infancia, a las colonias de verano, a las escuelas deportivas municipales, a los turnos de las Unidades Sanitarias, a los espacios de comercialización de las Ferias y Mercados de la Economía Popular, al otorgamiento de créditos y microcréditos, a la inscripción a cursos, talleres y capacitaciones laborales, orientados en la economía de cuidado, oficios y emprendimientos productivos, al asesoramiento jurídico gratuito para el acceso a la cuota de alimentos, a las Mediaciones Comunitarias, a la asistencia por situaciones de violencia de género, a la atención de la Secretaría de Desarrollo Comunitario en situaciones de vulnerabilidad social. También tiene acceso gratuito al Parque Municipal Los Robles, Lago San Francisco y Estancia el Dorado en su estadía diurna, porque el ocio y el tiempo de esparcimiento también es un derecho para ellas.
Silvana recuerda cuando accedió al Registro y lo describe con precisión:
“En mi caso yo venía de una etapa muy dura, muy oscura, y en el momento que llegó esta noticia fue sentir: al fin somos visibles, hay alguien que nos está viendo, que está pensando en nosotras. Porque lamentablemente nuestra situación está socialmente naturalizada, es normal que una madre sea la única responsable de mantener a los pibes”.
No alcanza con recibir recursos ni con ser nombrada, si no se tiene voz para también definir las reglas del juego.
Además de la visibilización en términos políticos, describe cómo ese acceso prioritario a derechos mejoró su calidad de vida, en términos de distribución – diría Fraser:
“Poder tener un turno en la Unidad Sanitaria implicaba que los chicos falten a la escuela, perder tiempo de laburo, y ni siquiera así tenés la certeza de que vas a conseguirlo. Y este programa permitió revertir esta situación. Además de poder acceder a la justicia, porque era otro tema donde siempre hay trabas, es un camino muy largo que te desgasta completamente día a día. Te endeudas para pagar abogados y pareciera que nunca llegás a tener justicia, y todo esto te desanima porque lleva muchos años, y en paralelo tenés que seguir con la rutina diaria de mantener un hogar, de conseguir plata, de mantener a los pibes, de darle mínimamente las necesidades básicas que necesitan. Mientras tanto, el progenitor sigue su vida tranquila.
Yo pude tener un espacio donde puedo vender mis productos y puedo estar con mis hijos a la vez y estar tranquila que están conmigo, y eso es algo que también, yo simplemente tengo palabras de agradecimiento. A nosotros nos cambió la vida, nos mejoró y nos abrió puertas, y también conocimos personas que van a estar siempre en mí, porque realmente nos dio luz donde había mucha oscuridad”
Cuando Silvana accedió a su credencial, su hija también estaba feliz porque por fin iba a poder compartir con su mamá ese lugar que había conocido gracias a la salida educativa que había hecho con la escuela, un bosque tan cerquita de su casa, que le llaman Los Robles. Silvana empezó a dar apoyo escolar en el local al que solo se acercaba para retirar la comida y descubrió que era un Centro Cultural y tenía muchas propuestas para las vecinas y vecinos del barrio. Después se formó en el Programa Lee y Escribe para alfabetizar infancias, empezó un espacio literario los sábados, marchó por primera vez un 24 de marzo a Plaza de Mayo, junto a sus hijos y hasta le dieron ganas de retomar sus estudios de abogacía en la Universidad. Y en esa capacidad de participar como interlocutora legítima en un espacio político, Fraser identifica el punto culminante de la justicia: no alcanza con recibir recursos ni con ser nombrada, si no se tiene voz para también definir las reglas del juego.
La Silvana de 2024 nunca hubiera pensado que esa palabra de la que ella se diferenciaba y que le parecía tan lejana, podía ser una herramienta tan poderosa para al menos intentar una vida un poco más justa y con horizontes más amplios.
[1] El nombre de la protagonista fue modificado para preservar su identidad, no así su historia
[2] Filósofa política y feminista estadounidense



