21 de julio de 2026
If you want to know where your heart is,
look where your mind goes when it wanders
Walt Whitman
Hay muchas formas de viajar y muchos lugares hacia donde ir. Se puede viajar solo o con algunas personas. Existen viajes que dan la vuelta al mundo en ochenta días, viajes al centro de la tierra, viajes alrededor de mi cuarto, Viajes con Heródoto, al Río de la Plata y hasta viajeras crónicas. No importa el tipo de embarcación o transporte ni cuántas dificultades haya que afrontar: se viaja igual. Se puede viajar con Ulises y se puede viajar alrededor de Don Quijote. Los viajes que se emprenden pueden tener varios sentidos.
En el Canto XXVI del Infierno de la Divina Comedia, Ulises cuenta su última y, hasta entonces, desconocida aventura: después de abandonar la isla de Circe, navega hacia occidente. Sabía que debía volver a su hogar, Ítaca, pero el deseo de conocer el mundo y la curiosidad por saber más sobre la naturaleza humana fue tan grande que prolongó su viaje y navegó, junto con sus compañeros, cinco meses hacia el oeste y el sur.
Don Quijote -más allá de que la novela trata sobre la historia de un loco como dice Riquer- es un manchego de cincuenta años que emprende un viaje caminando, a caballo, por medio de su imaginación. Varios son los viajes en los que crea su realidad. Las salidas de Quijote son tres: primero, solo y algunas veces cree que es Valdovinos y otras, Reinaldo de Montalbán, personajes de ficción que se hicieron famosos a través de romanceros; luego, con Sancho por tierras de La Mancha y Andalucía; la última salida corresponde a la II Parte: Don Quijote quiere ir a Zaragoza, pero con la aparición del Quijote apócrifo de Avellaneda, cambia su itinerario y se va a Cataluña.
Así como Ulises decide no volver a su hogar, en donde lo esperan su esposa, padre e hijo, no hay forma de que Don Quijote, viejo y flacucho, vuelva a su aldea. Tres veces intentan que regrese. Las tres veces vuelve a salir en búsqueda de aventuras. Después de todo, viajar es no soportar el encierro.
No hay un tiempo, no hay un lugar certero: no sabemos cuánto viajan ni por qué parte de Sudamérica. Yomurí es tirarse a la travesía que viven juntos los personajes y con ellos, los lectores
Le ocurre algo similar a Kovacs, el personaje de Yomurí, novela de la escritora chilena Cynthia Rimsky. La historia comienza así: “En el vestíbulo del edificio, al que Eliza ha entrado con la misión de sacar al padre de su quinto noviazgo, la recibe el olor de los balones de gas que suben clandestinamente por las escaleras después de que clausuraran el sistema oficial; percibe la humedad del jardín interior que se tomó la base de los muros, el desinfectante con el que trapean las escaleras donde los viejos y viejas propietarias temen resbalar, el fondo del caldo recalentado en el microondas (…)”. En ese edificio vive Kovacs, ex famoso diplomático e intelectual; ahora, viejo y terco que ya va por su quinta esposa, Cristiana, que le pide a la hija sacarlo de su casa, primero, porque duerme mucho; después, por insomnio; y, por último, porque ya no lo aguanta. Entonces, Kovacs va, llevado por su hija Eliza, a un hogar de ancianos. El lugar le ofrece cuidados, comida, diversión, atención las 24 horas. Pero, sobre todo, una mirada condescendiente por parte de la administradora: “Tu padre fue un famoso diplomático, un intelectual. Encontrarlo viejo y enfermo debe ser difícil. Angustiante”. La hija recuerda la última vez que viajaron, el atracón que se dieron con comida y alcohol y, después, cómo a Kovacs le subió la presión. Recorren el lugar, hay un intento de que Kovacs se quede ahí, en ese espacio que parece ser una segunda casa, pero no es la casa: tiene que estar con otros en la habitación y para leer el diario, buscarlo en el comedor en común.

No hay forma de encerrar a Kovacs: es un espíritu libre y se niega a quedar reducido a un asilo. Así que padre e hija emprenden un viaje a Yomurí, un lugar ficcional, que los lectores no podemos ubicar. Ambos toman un tren en busca de una media hermana. ¿Cuál es el sentido del viaje de Kovacs? El deseo de no estar encerrado y el sueño del padre de unir a su familia desunida. En ese viaje, atraviesan aventuras: se encuentran con un grupo que va en la misma dirección para recuperar tierras ancestrales y padre e hija se suman a esta misión. El viaje a Yomurí está lleno de personajes y la novela propone reencontrarnos con la imaginación y curiosidad. El viaje de un padre y su hija que, en vez de meterlo en un asilo, decide vivir y acompañarlo. No hay un tiempo, no hay un lugar certero: no sabemos cuánto viajan ni por qué parte de Sudamérica. Yomurí es tirarse a la travesía que viven juntos los personajes y con ellos, los lectores. ¿Qué motiva a este viejo viajero? Un deseo: abrirse a algo que no son las normas establecidas para los viejos. Como siempre, la literatura nos propone imaginar otros mundos posibles, otros mundos mejores.
—Da la impresión de que Yamorí está más cerca de lo que parece del mundo. ¿Tú sabes dónde estamos exactamente? — le pregunta Eliza.
—Es El desierto de los tártaros—
Así como Ulises decide no volver a su hogar, en donde lo esperan su esposa, padre e hijo, no hay forma de que Don Quijote, viejo y flacucho, vuelva a su aldea
Yapa. Breve glosario para el viajero
Brújula
- Instrumento de orientación que utiliza una aguja imantada. Fue creada en el siglo XI para determinar las direcciones en mar abierto.
- Actual GPS.
Caminante
“Por su parte, así como detesto la compañía en las caminatas, también me sé pésimo acompañante. De ahí que prefiera estar solo. Me han dicho que, cuando un arrebato temperamental aparece, no hay nada mejor que salir a caminar o cabalgar a solas y dejar que las ideas se ordenen y el propio espíritu se aplaque. Sé que esto puede ser visto como un gesto de mala educación, como una desatención hacia el resto, y es por eso que, en las salidas, con cierta culpa, uno piensa todo el tiempo que debe regresar”. (William Hazlitt, “El placer de caminar”, en El placer de odiar)
Estar de viaje
“Este desajuste supone a su vez la idea de fraude: el sujeto ‘está de viaje’ cuando se ausenta del lugar donde se esperaba que estuviera. Para el sujeto del acto, ‘estar de viaje’ también equivale a estar ausente o separado”. (AAVV, El Torreón del Sueño)
Hogar de ancianos
“Deja en sus manos dos folletos iguales. -Ahí encontrarás todo lo que necesitas saber. Y en la última página -señala dos columnas enfrentadas- podrás consultar los Principios y los Valores” (Cynthia Rimsky, Yomurí)
Irse
“Porque es precisamente a través de esa pregunta que la gente se va conociendo acá: por qué viniste”. (Juan Forn, La tierra elegida)
La combi
Camioneta. Vehículo de transporte público para pocos pasajeros. “La combi sale con unos minutos de atraso. Que el viaje empiece de una vez” (Ángela Pradelli, Combi).
Motivación
“Motivo. Para mayor exquisitez recomiéndose el uso en plural. ‘Las motivaciones del viaje que te dije no son misteriosas’. (Leandro N. Scofer, Cocina criolla)”
(Adolfo Bioy Casares, Diccionario del argentino exquisito)
Turista
“A mi lado dos señoras hablan en guaraní y se ríen mucho. —No entiendo nada—digo. —Mejor—me dicen—. Es muy grosero”. (Hebe Uhart, Viajera crónica)
viajar
- “Ser otro constantemente/Por el alma no tener raíces/De vivir solamente”
(Fernando Pessoa)
- “La idea de viajar me provoca náuseas”.
(Fernando Pessoa, Livro do Desassosego)



