Un momento...

22 de julio de 2026

22 de julio de 2026

12 de diciembre de 2025

SINATRA CUMPLE 110

Gerardo Fernandez

@GerarFernandez
Cultura
Tiempo de lectura: 4 minutos

Veinte años atrás recorrer disquerías significaba buscar hasta encontrar ese disco único e irrepetible. Cada día que me sobraban dos mangos esa adrenalina hervía como la primera vez. Y, entre otras cosas, porque el dinero me alcanzaba solo para un disco, que naturalmente debía acompañar mi regreso glorioso en el 60, leyendo de punta a punta una y otra vez la información que contuviera la tapa, tanto en la era vinílica como en la del CD.

Comprar discos ha sido una de mis pasiones más fuertes, sino la más potente y la desaparición de las disquerías es indudablemente lo que más le reprocho al ¿progreso? He llegado a cometer actos de alta irresponsabilidad, como aquella tarde que me avisaron que en una disquería de Pueyrredón casi Corrientes había aparecido un archivo de cd’s originales de Fania Records y me fui volando. Regresé a casa con cinco originales de Cheo Feliciano y tres de La Lupe y algunos más. Ceci estaba con Maite, recién nacida, en brazos y largó un “No te habrás gastado la guita en esos discos si no tenemos para comprar pañales”. Me quedé mirándola en silencio. No iba a entender cualquier explicación que osara pronunciar. Además, tenía razón. Una típica escena donde confrontan la responsabilidad implacable de una madre frente a la fragilidad boba de un melómano débil, incapaz de comprender que a veces un pañal para una hija recién nacida es más importante que un disco. Me fui a la habitación donde alojaba la música, miré el tesoro recién adquirido y así como chistándoles para que no sufrieran los dejé al costado del equipo de audio con gesto de “ni bien pueda vengo y nos hacemos la fiesta”.

No fue estrictamente un “cantante de jazz”, ya que no recurrió nunca al scat ni a usar su voz como instrumento para tocar notas, pero cantó jazz mejor que nadie…

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Cuando era pibe en Tres Lomas no había disquerías, a lo sumo algún negocio de fotografía y chucherías traía algún LP, pero siempre del pop de moda. Entonces no perdía oportunidad de ir a Trenque Lauquen a comprar discos, recuerdo que ahí compré Animals de Pink Floyd. Ah, mis memorias de provincia ponen a colores estas esquirlas de modernidad que podía atesorar.

Pero el punto al que quiero llegar es que se están cumpliendo 110 del nacimiento de Frank Sinatra, a quien me animaría a definir como el cantante perfecto cuyo fraseo inspiró al de Miles Davis, nada menos. Sinatra es como esos esos futbolistas que hacen todo tan bien que hasta llegan a pasar desapercibidos por las tribunas. No fue estrictamente un “cantante de jazz”, ya que no recurrió nunca al scat ni a usar su voz como instrumento para tocar notas, pero cantó jazz mejor que nadie… En su larga carrera contó con arregladores y directores de orquesta soberbios como el sofisticado Nelson Riddle, el potente Billy May y nada menos que Quincy Jones, por nombrar sólo algunos. Sinatra grabó también con Duke Ellington, Count Basie y Claus Ogerman, que arregló su disco memorable junto a Tom Jobim -y al que en cada oída le sigo encontrando cositas, detalles, sabores-.

La historia cuenta que Jobim estaba chupando con sus amigos en el bar Veloso -el que ahora se llama “Garota de Ipanema”- y recibió un llamado de Sinatra en el teléfono del boliche proponiéndole grabar un disco juntos. En esos años Tom era todavía una promesa, no el maestro inalcanzable en que se transformó luego. El asunto es que Jobim viajó a Los Ángeles y se encontró con Ogerman para empezar a delinear los arreglos del listado de temas que grabarían. Sinatra en tanto estaba en otro lado solucionando su interna con Mía Farrow. Pasaban los días sin novedades hasta que apareció y empezaron a grabar y mucho de lo planeado en materia de arreglos quedó en el tacho de basura cuando Sinatra impuso su modo de entender el disco sabiendo que se metía en el terreno suave y sutil de la Bossa. Fue por eso que en esos días llegó a decir: “la última vez que canté tan bajo fue cuando tuve laringitis”. Los músicos tampoco se la llevaron de arriba y tuvieron problemas para lograr el sonido delicado y suave que impone la Bossa. El asunto es que arrancaron con Dindi para luego seguir con el resto de las canciones, como la versión de Garota de Ipanema que es, definitivamente, algo fuera de serie. Sinatra sabía lo que quería, tenía el disco en la cabeza y solo faltaba concretarlo. Luego de grabar a dúo con Jobim Frank dice “esto es exactamente lo que tiene que ser el disco” y Jobim acota “esto es Bossa Nova”. Este disco fue amado por Frank Sinatra. Se dio cuenta muy temprano que la Bossa era cosa seria y no estaba dispuesto a dejarla pasar.

La Bossa Nova, eso que algunos denominaron Samba + Cool Jazz y que socialmente fue la música de las acomodadas clases medias cariocas recibiría el gran espaldarazo definitivo en 1967 cuando Frank Sinatra junto Tom Jobim concretaran ese disco que no cesa de asombrar mientras van pasando los años.

Este centenario no es uno más, y aquellos que quieren pegarse una escuchada de maestro les recomiendo, además del álbum con Jobim, “Sinatra en Sands” (disco en vivo junto a Quincy Jones dirigiendo la big band de Count Basie) y “Come fly with me” (con Billy May dirigiendo la orquesta).

Este video que dejo abajo, es donde junto a Quincy Jones Sinatra hace una versión memorable de “Mack the knife” nombrando a las estrellas que lo acompañan y donde se puede escuchar en el comienzo al bajista Major Holley scateando con su vozarrón único.

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