20 de junio de 2026
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Uno de los grandes filmes noir argentinos de la era dorada lleva de título “No abras nunca esa puerta”. Dividida en dos episodios, la película dirigida por Carlos Hugo Christensen -elegida por quienes saben como una de las mejores cintas nacionales- sitúa a una puerta en el corazón de dos historias distintas. El bien y el mal se disputan frente a una delgada línea. Años más tarde otra puerta -esta vez: la puerta de una camioneta, la que debe abrir o no Meryl Streep para cambiar su destino amoroso- es la protagonista de la escena central del film dramático “Los puentes de Madison”, del gran Clint Eastwood, cuya imagen de la mano apoyada sobre el picaporte ya es un clásico del cine.
Para la política argentina la puerta definitiva de la judicialización se acaba de abrir fundando prácticamente una novedad después de 42 años ininterrumpidos de democracia. La política estaba judicializada, pero siempre bajo un umbral y un acuerdo más tácito: las figuras presidenciales no se tocan (tanto). El portal que se abrió escribe un nuevo capítulo en el devenir de nuestra vieja historia acostumbrada a golpes militares, resistencias, violencia pero que en los últimos años venía demostrando una sana alternancia. El castigo en las urnas era la justicia divina de los nadies. Porque, sin necesidad de tanta perorata, los comunes llevaron al sillón de Rivadavia a Alfonsín, creyeron en Menem, apostaron por De La Rúa, castigaron a todos en el 2001, premiaron a los Kirchner (primero a Néstor, luego dos veces a Cristina), acariciaron a Macri, ungieron a Alberto y desafiaron con Milei. Un pueblo que, encima, en dosis crecientes, parece que se venía dando el gusto hasta de no ir a votar (como en las últimas elecciones porteñas) demostrando apatía y descontento, de nuevo, hacia toda la clase política. Todo con una civilidad que acaba de astillarse (aunque aún no se sepa en qué acabará toda esta alteración que arrastra la condena a Cristina). No solo por ella, sino por lo que representa esa justicia mezclada con política. Lo que hoy muchos festejan deja el interrogante si en el futuro no se tornará una preocupación para sus propios destinos. Pues ya sabemos que este álbum no acaba con esta foto. Los límites que se corren, luego los aprovechan otros en esta Argentina pendular.
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A mitad de la semana próxima Cristina ha prometido presentarse y ponerse a disposición de la justicia. Quienes la aman juran acompañarla mientras flota la pregunta sobre qué otra puerta está por abrirse. Porque junto a la pena y la condena asoma la idea de humillarla y ponerla de rodillas, algo que algunos sectores desearían. Mirar LN + se parece a un festín imaginando celdas, cuchetas, horarios de visita, restricciones. Incluso, muchos de esos periodistas no se reponen de verla a Cristina más en pie, dando gestos de entereza, como si para ella la condena fuera también otro clásico relanzamiento. Esa audacia punitiva les puede costar caro. No ya en términos políticos, porque ella está fuera de juego, sino como un fantasma que recorre cualquier plan a futuro. Los que amarían hacer un espectáculo con su detención, además, están en problemas ya que no hay nadie en política más preparado para montar su propio espectáculo que Cristina. Al igual que otra diva, Mirtha Legrand, que en su larga carrera perdió marido, hijo y hermano, sabe que se debe a su público. Y Cristina tiene un público cautivo, potente y tan histriónico como ella, que pueden estar horas bajo el balcón de su departamento organizando sus propios shows mientras espera que ella se asome y salude, vestida impecable, para hacer de la vida de los Majul un tormento (porque parece que nada les calma la obsesión, ni siquiera se toman el trabajo de explicar la causa judicial). Y al margen de lo que ella haga con la humillación, esa puerta puede serles peligrosa de abrir. No solo por la reacción previsible de quienes la aman, sino por lo que puede pasar con los indiferentes, con los millones que vieron pasar la noticia como algo más del menú morboso de la política, pero les empieza a hacer ruido el ensañamiento.
El festejo televisivo de Jorge Lanata cuando Carlos Menem fue detenido en el 2001 no duró demasiado ni cambió el rumbo de la Alianza que, a fin de año, se encontró con un país que clamaba por la promesa económica
Patear a un caído resulta ya no solo poco elegante sino conmovedor para quien mira de lejos el espectáculo de los más politizados, esos que aman y odian profundamente y viene protagonizando esta película de la grieta. El festejo televisivo de Jorge Lanata cuando Carlos Menem fue detenido en el 2001 no duró demasiado ni cambió el rumbo de la Alianza que, a fin de año, se encontró con un país que clamaba por la promesa económica.
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Mientras el peronismo se ordena, o al menos lo intenta, el gobierno quizás comparta la preocupación por el futuro. Como si Cristina fuera un elefante en un bazar y no supieran a ciencia cierta qué hacer con ella. Pues la estrategia de competirle en las urnas y desgastarla en una elección, donde descendía a un puesto menor, se ve ahora entorpecida por este giro narrativo que no tiene comparación con nada del pasado. Una novedad que obliga a todos a ponerse creativos. Mientras parte del peronismo sueña con hacer un remake de la resistencia peronista de los años 50 y 60, olvidándose quizás de los tiempos volátiles donde hoy creemos en héroe colectivo de El Eternauta y mañana estamos en otra, al gobierno –y más allá de mostrarse como quien cumplió con el deber moral de no entorpecer a la justicia con esta detención- le queda la complicadísima tarea de empezar a escribir el futuro.
Por ahora en términos económicos viene premiando a los que más tienen con el blanqueo, un dólar planchado y el levantamiento del cepo, aunque también porta la cucarda de haber controlado la inflación que afecta siempre a los que menos tienen, haciendo que muchos de sus votantes sigan manteniendo la fe. Pero en el horizonte empezó a aparecer el reclamo por deudas que está contrayendo en otras áreas de la economía: la caída del consumo en amplios sectores medios y medios bajos que, si bien aceptaron el sacrificio del ajuste en pos de un futuro mejor, en breve querrán ver su paga. Sumado al pluriempleo y el cansancio. Pero además siendo los dueños del relato oficial del “mercado salvador” deberán reflejar ese punto en la economía real. Porque ya sabemos que ningún relato duró mil años y menos sin sustento.
Los que amarían hacer un espectáculo con su detención, además, están en problemas ya que no hay nadie más preparado para montar su propio espectáculo que Cristina
De hecho, es muy interesante como la ficción de plataforma, la más pochoclera, de a poco empieza a mostrar pequeñas fisuras sobre cómo transitamos estos tiempos. “Sirenas” es una miniserie estadounidense producida por Netflix de cinco capítulos, donde una mega millonaria, su asistente-esclava y la hermana de esta, rota y fuera del sistema, a partir de un reencuentro dejan al desnudo que el arte del buen vivir (la filosofía del “soltar”, trabajar 24 horas creyendo que no se trabaja y ser vigilado por cámaras todo el tiempo) no vendría a ser, precisamente, el paraíso, aunque en Instagram las fotos queden hermosas.
Así que esta semana estamos todos expectantes porque si bien muchos quisieran cantarle a Cristina ese bolero de Luis Demetrio popularizado por Luis Miguel (“La puerta se cerró detrás de ti y nunca más volviste a aparecer”), si no se toma la decisión correcta se puede abrir ya no una puerta sino una caja de Pandora.
Continuará…



