Un momento...

19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

22 de marzo de 2025

OTRO DÍA EN EL PARAÍSO

Juan Di Loreto

@elchara
Café Panamá
Tiempo de lectura: 4 minutos

Cuando suceda no te vas a enterar por una cuenta de X (antes Twitter) verificada en azul que diga un viernes a las 23 horas: SE VIENE. Como siempre dice el analista financiero Leandro Ziccarelli: si la noticia está en la tapa del diario ya es tarde. ¡No hagas nada!

En Argentina la economía es sinónimo de vértigo. Siempre o casi. No por nada las consideradas grandes presidencias coinciden con la estabilidad económica y un tipo de cambio fijo o muy estable. De ahí que la primera imagen de Milei sea la de “bajó la inflación”, algo, digamos, un poco jugado en Argentina. No hay que apurarse tanto a dictaminar. Pero la realidad se dice a las apuradas. Entre tantas derrotas, una de las peores es que salieron a explicar el dato de inflación: “Sin la carne era menos”. Es como explicar un chiste. Perdiste.

Como bien se dice: peor que las malas noticias, es la incertidumbre. En los últimos días el Ministro Caputo habló mucho, pero dijo poco. La negociación está intacta, no hay nada certero. Todo empezó un viernes. Con movimientos raros en el dólar futuro. Se apostaba a que en los próximos meses esos dólares iban a valer más. A eso se sumó que muchos bancos salieron de sus inversiones en pesos y se “cubrieron”, como dicen en el mercado. En Argentina: se pasaron a dólares. Todo fue temblor hasta que se votó en Diputados y volvió una calma, tensa, pero calma al fin. Tampoco es que los dólares bajaron tanto y la sangría de reservas no paró. El panorama no es bueno, teniendo en cuenta el cronograma del Fondo Monetario Internacional: con suerte la plata está para fines de abril. Mientras todos nos agarramos del hilo delgado de la realidad.

Todo es una deriva y una atomización y una fragmentación que sólo puede capitalizar quien tiene capturado el Estado

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Más allá de los detalles del acuerdo con el FMI, la política local está en un punto crítico, bajísimo. Pero nada tiene que ver con los tumultos en Diputados o el nuevo verosímil de que se puede “decir cualquier cosa” y “hacer cualquier cosa”. Es un mundo en donde las acciones presentes no parecen tener consecuencias en el futuro. Todo fugan para adelante. Pero todos sabemos que la vida es corta, pero el porvenir es largo.

La política no puede, no quiere o no sabe articular nada más que su pequeña parcela. La interna Axel y Cristina habla a las claras de eso. Una alianza disruptiva será la que verdaderamente una lo distinto, no lo “crepuscular y ensimismado”, como dicen Pablo Touzon y Federico Zapata en su Edipo Rey. Por eso no se puede armar un proyecto o algo que tenga que ver con lo estrictamente coyuntural. Pero lo más problemático del caso es que las demandas sociales que se multiplican no son recogidas por ningún espacio o figura. Todo es una deriva y una atomización y una fragmentación que sólo puede capitalizar quién tiene capturado el Estado.

De ahí que no importe nada o no pase nada. Mientras no haya un liderazgo contra el gobierno todo se diluye. Los diputados solo legislan una suerte de performance para sus redes sociales, pero votan de acuerdo a distintas racionalidades. Si querés obras tenés que dar tu voto, es así. Tu provincia está primero y más en un contexto donde lo fiscal es una de las anclas de la economía. Si el recorte es infinito, tu voto hay que hacerlo valer.

Ahora bien, ¿era plausible no avalar el Decreto de Necesidad y Urgencia del acuerdo con el FMI del presidente Milei? Hay varias respuestas, pero una podría ser que con el FMI no alcanza, sin el FMI no se puede. La otra respuesta es directamente: no, había que aprobarlo. Si bien implica más deuda (de hecho, implica cambiar deuda en pesos del mismo Estado por deuda en dólares con un prestamista) y condicionalidades no especificadas (o peor: no negociadas aún), nadie querría tener en su haber la cuenta de más turbulencia económica de la que hay. 

Entre tantas derrotas, una de las peores es que salieron a explicar el dato de inflación: “Sin la carne era menos”. Es como explicar un chiste. Perdiste

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El esquema económico, que es de lo que depende todo el resto de las cosas, es más que frágil. Los datos de la economía real asustan, hay muchas suspensiones y cierres de industrias pesadas que no la levantas así nomás. Hay más ganas de creer que otra cosa, pero el rendimiento de la guita es todo en este tipo de esquemas. El empleo se pulveriza a la larga y todo es especulación. En el pueblo siempre contaban la historia del viejo García, un cobrador de una importante compañía de seguros local ya desaparecida. Imagínense: plena Dictadura militar, época de la “plata dulce”, timba, tasas de interés liberalizadas por la Ley de Entidades Financieras del ´77 y el que apuesta al dólar pierde. El tipo era una luz en lo suyo. Para el 4 o el 5 de cada mes tenía todo cobrado. Todo una época en que había efectivo. Cuestión que el Viejo iba a la financiera y con todo lo cobrado ponía la guita de los asegurados a “trabajar”. Luego se descontaba el interés y le llevaba todo a la compañía.

Estos días algunos economistas oficialistas se quejaban de que los inversores huían del peso ante mínimas turbulencias. En las corridas los vivos son los que venden, no los que compran. Los capitales golondrinas son así. Ven una vaca y lloran. Si no te gusta este esquema tenés que propiciar un capitalismo de inversión, no de huida. Como siempre en los carry trade, como todo en el mercado, es saber salir a tiempo. Te sentás sobre tu inversión en pesos y hacés dólares baratos. Pero en algún momento tenés que salir. En el riesgo siempre el tema no es qué puede pasar, sino cuándo. Mientras tanto, le rogás a Dios que te deje otra vez ese rendimiento en moneda dura y agradecés estar otro día en el paraíso, que mañana, mañana será otro día.

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