19 de julio de 2026
Muchas veces las críticas a lo que fue hace creer una suerte de aval a lo que es. Y no, no es así, pero da esa impresión. El momento político es el más difícil de todos, porque vivimos un momento de trabazón, de impedimento. Una política de la nebulosa, de la nada, mientras Milei avanza.
El único “freno”, o piedrita en el zapato que se ve es la misma sociedad civil que muestra los límites. Es curioso, que el aparato simbólico que hoy está de moda rechazar es casi el único que se organiza contra el gobierno. Pero eso no le va a ser suficiente a la política para armar un frente o una coalición multisectorial. Hay demasiadas cosas para decidir entre los tiempos y los formatos electorales (desdoblamiento, PASO, etc.).
Más allá de todo, en algún punto tiene que haber una figura o unas figuras que, no digo sintetizar, que ya es mucho, al menos juntar, aglutinar. La misma dinámica que favorece al gobierno y lo convierte en la opción liberal frente a la populista, creará del otro lado una alternativa. No podría ser una Cristina, por caso, que excluye a demasiados sectores, todo en ella ya suena muy personal. Tal vez algún antiguo gobernador o alguien de peso que no tenga una identificación muy precisa. Con los nombres propios todo es complejo, pero se trata de pensar algo que no sea una eterna letanía contra Milei.
Si esta semana con eso no alcanza, se recurre al sublime objeto de la ideología libertaria: uno explícito, el trumpismo criollo, anti woke; el otro implícito: el cepo cambiario, del que probablemente no salgamos nunca, porque en Argentina no puede haber dólar libre, es así
Para la oposición la única salida hoy es sumar. No se trata de repetir lo mismo, no se trata de ser algo que no sos. Es otra cosa. La unidad no sirve, eso está claro. Alberto Fernández hizo de “mantener la unidad” su única política de Estado y así nos fue. Un gobierno que duplicó su propia inflación y transcurrió en la división más inútil, insípida e inservible. Nadie quiere volver a nada cercano a eso.
¿Pero si no es unidad qué es? Transversalidad, que la diversidad sea el lema (perdón si te suena woke). Objetivos limitados y no muy pomposos. Todos somos diferentes al fin y al cabo. Pero hay una parte de la voluntad y del ego que hay que vencer. Nuestro pragmatismo político tiene que ir unido a un proyecto de país (o un proyecto que sea más que nosotros mismos al menos). Por ahora, esta es la mayor de las utopías.

Mientras nos volvemos más y más caros en dólares. En Brasil nos relajamos en el hotel con playa mientras pedimos dos cervecitas, por si una se nos calienta. El turista plata dulce es así. En Uruguay dicen que en Punta del Este los precios no están tan mal. Argentina estaba en el otro extremo de los precios de los productos con la gestión anterior. Desde que llegó Milei el comercio de frontera en ciudades como Fray Bentos, a escasos kilómetros de Gualeguaychú, se reactivó gracias a que los precios argentinos volaron por las nubes.
En Argentina la reactivación es una lucecita pequeña, casi imperceptible. Es como el Flybondi de los indicadores económicos. Los datos de empleo que salieron de noviembre de 2024 son elocuentes, se perdieron 120 mil puestos de trabajo en el sector privado registrado. Es mucho. Mientras lo que creció son las diversas clases de monotributo, la clase precarizada y sobre y autoexplotada de hoy en día, la que nunca descansa, la que cobra tarde, pero tiene que pagar a tiempo.

El secreto a la vista de todos es lo caro que es Argentina. El clásico índice Big Mac de The Economist nos pone segundos después de Suiza. Ganamos más en dólares, pero está todo más caro en dólares. Para un país que necesita generar trabajo y exportar la cosa está complicada. Se genera poco trabajo y los supermercados reciben choclos de china. Mientras tanto, la industria un poco más pesada que ya venía tambaleando le suben los costos. Nissan en Córdoba y General Motors en Santa Fe, una que cierra y otra que reduce personal, son parte de los trabajos que se pierden y muestran el crecimiento de costos. La inflación de un dígito no crea empleos si estás cada día más caro.
En Argentina la reactivación es una lucecita pequeña, casi imperceptible. Es como el Flybondi de los indicadores económicos. Los datos de empleo que salieron de noviembre de 2024 son elocuentes, se perdieron 120 mil puestos de trabajo en el sector privado registrado
Pero claro, la economía muestra síntomas contradictorios y muy desparejos. La fe del empresariado y del emprendedor en el Presidente es de admirar. Por eso es que el sacudón no se ve tanto como se esperaba. Por otro lado, el gobierno va desfinanciando sectores en modo hormiga, de a poquito. De allí que la calle se gana cuando los reclamos no son de un grupo, sino de uno que aglutina a muchos: marcha del orgullo, universidades. En tanto, todo se va tapizando de anuncios de liberalización de tal sector o de otro, salidas de organismo internacionales y esas yerbas.
Si esta semana con eso no alcanza, se recurre al sublime objeto de la ideología libertaria: uno explícito, el trumpismo criollo, anti woke (anti progre); el otro implícito: el cepo cambiario, del que probablemente no salgamos nunca, porque en Argentina no puede haber dólar libre, es así. Ya sabemos que con un dólar libre no llegamos a ninguna parte, no hay gobernanza que valga. No es que estamos atrasados, sino que nunca vamos a llegar. Es como aquel chiste que contaba el filósofo esloveno Slavoj Žižek del toque de queda: “[En Polonia] las patrullas militares tenían derecho a disparar sin advertir a las personas que transitaban por las calles después del toque de queda (diez de la noche). Uno de los dos soldados de una patrulla ve a alguien con prisa cuando faltaban diez minutos para las diez y le dispara de inmediato. Cuando su colega le pregunta por qué ha disparado si faltaban diez minutos para las diez, él responde: “Conocía al tipo. Vive lejos de aquí y no hubiera podido llegar a su casa en diez minutos, o sea que para simplificar las cosas, mejor he disparado de una vez…”.



