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13 de julio de 2026

13 de julio de 2026

14 de septiembre de 2024

REPORTE 3: LOS USOS DE CHARLY (parte I)

Ernesto Semán

@ErnestoSeman
Menos de mil palabras
Tiempo de lectura: 4 minutos

Hubo un tiempo que fue hermoso, un tiempo en el que la producción cultural e intelectual de la Argentina no tropezaba a cada paso con una cita a Charly García. En aquellos años, disputados e intensos, estallaba una cultura que desconcertaba, que construía puentes y los quemaba en el tiempo que uno tarda en pasar del lado A al lado B. Sonidos del pasado, cortes de pelo, letras del futuro, melodías de afuera, saltos al vacío. Un aire de época como a… como a Charly García.

Sabiendo de su poderoso radar, podríamos pensar que en 1983, cuando grabó “él se cansó de hacer canciones de protesta y se vendió a Fiorucci”, García no se estaba riendo sólo de los que criticaban sus transformaciones artísticas y comerciales, sino que también estaba anticipando aquel futuro en el que su sonido se hiciera dominante, la música funcional de un país convertido en una sala de espera eterna, mientras lo que de verdad ocurre, está pasando en otro lado.

Si todo lo dijo García, ¿de qué vamos a hablar? Se trata en todo caso de caminar por un desfiladero estrecho entre las raíces de una idea y la búsqueda de otras verdades

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Llevamos casi un par de décadas en la ubicuidad de García. En libros y en canciones y en la radio y en las notas sobre política y en los streamers y en las reflexiones sobre Maradona. Para una generosa franja social y generacional, daría la impresión de que Charly dejó una frase perfecta para cada cosa que teníamos para decir. La era de los usos de García.

Claro que esto presenta un problema. Sin pasado no hay lenguaje, pero la cita, como las frases hechas o los clichés, insiste en ponernos ante la realidad presente y su proyección futura una especie de lente protector a través del cual lo novedoso se nos torna demasiado inteligible. Si todo lo dijo García, ¿de qué vamos a hablar? Se trata en todo caso de caminar por un desfiladero estrecho entre las raíces de una idea y la búsqueda de otras verdades. (Ahí, por ejemplo, “por un desfiladero estrecho” se la saqué a Alfonsín, de quien recuerdo que la usaba mucho, porque en el fondo creía, no sin razón, que absolutamente todo era un desfiladero estrecho. Es una cita que aceita otras ideas o palabras, las orienta sin hundirlas. Pero sería imposible hacer lo mismo con “felices pascuas” o “a vos no te va tan mal gordito”, porque el peso de su historia -la historia del evento al que refiere una frase y la historia de la frase en sí- es tanta que posa una niebla sobre aquello nuevo que estábamos tratando de describir, oscureciendo lo que buscábamos iluminar.)

La forma consagratoria con el que la figura histórica de García retorna al centro de la escena va en paralelo a un obvio decrecimiento de su producción. Esta presencia sacralizada tuvo su punto más alto en los homenajes que recibió Charly alrededor de su cumpleaños 70 en el 2021, donde el mejor cuestionamiento a ese eterno reverdecer lo ofreció el mismo músico, sin temor a mostrarse etéreo y pesado, sin voz ni cuerpo ni suficiente energía para terminar una verdad sobre el escenario que no fuera su propio cansancio. Contra viento y García, habrá discos nuevos y arreglos a sus espaldas y tecnologías de la perpetuación, porque, como dice el músico y escritor Martín Liut en su próximo libro, No llores por mí Argentina. De Charly y Evita a María Becerra y Trueno, “la alquimia pretende concederle a García una especie de fuente eterna de juventud performativa, algo por lo que Charly jamás pareció preocupado. En ese sentido, su estilo tardío no es nostálgico, ni tampoco compone para la Historia (así, con mayúsculas de la que sabe que forma parte)”.

Charly García avanzó a base de un compromiso permanente con la ruptura y la traición, gritándole “psico bolches” a los periodistas que le pedían más pasado, asustando a los nuevos fans con cambios bruscos y descensos al infierno, construyendo una audiencia ahí donde sólo había vacío y precariedad, cobijo e intemperie

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¿Qué diferencia hay entre Charly García y Bruce Springsteen o los Rolling Stones, cuya fuerte presencia en los escenarios se mantiene a pesar de no haber agregado nada relevante en las últimas décadas? La diferencia García es abrazar esa historia en lugar de estirarla, desnudar el voraz paso del tiempo y saberse tributario de aquel pasado enorme, invitarnos a sumergirnos en aquella magia, sin fingir ni por un instante que aún estamos ahí. La próxima salida de La lógica del escorpión será una nueva prueba para esa autoexigencia.

Contra este gesto garciano de sinceridad total y mientras se toma una conciencia colectiva de la magnitud de su obra, también avanza una canonización de su producción, sobre todo la de las décadas del 70 y 80, o, muy groseramente, lo que va desde Vida de Sui Géneris, lanzado en 1972, a Say No More, lanzado en 1996. En el medio hay un pedazo enorme de la historia argentina musicalizada por Charly desde los bordes, con canciones del futuro y discos que muchas veces (¿la mayoría?) ni siquiera asomaban a los primeros puestos en venta. Esa canonización genera una distorsión casi inevitable en la historia de esa época, en la que Charly García avanzó a base de un compromiso permanente con la ruptura y la traición, gritándole “psico bolches” a los periodistas que le pedían más pasado, asustando a los nuevos fans con cambios bruscos y descensos al infierno, construyendo una audiencia ahí donde sólo había vacío y precariedad, cobijo e intemperie. El famoso día en el que, fuera de sí, pintó con aerosol las oficinas de Daniel Grinbank, el productor estaba unos pisos más abajo arreglando cuentas con la madre del músico, como cuenta Grinbank en Te amo, te odio dame más, un libro que por lo que cuenta el autor y por su protagonismo en la cultura juvenil democrática merecía una edición más cuidada por parte de Planeta.

De esa presencia renovada y de ese pasado canónico también está hecho la lenta transformación de García en la banda sonora del cine nacional. Esa parte de la historia de los usos de Charly, ésta, continuará…

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