07 / 02 | Cultura

SIN TETAS NO HAY SOCIALISMO

En 1924, el grupo “Abajo la vergüenza” organizó una manifestación nudista en la Unión Soviética. Liderado por mujeres y acompañado por hombres, el tetazo reafirmaba el valor del cuerpo libre. Hoy, en Argentina, las mujeres luchan por lo mismo: por no ser amedrentadas ni hostigadas.
Mariano Schuster @schusmariano Jefe de redacción de La Vanguardia. Editor en Revista Nueva Sociedad. Editor de la Nueva Revista Socialista.


Para luchar por la liberación hay que estar en pelotas. Sacarse de una vez por todas las miserias que llevamos encima, descargarse un poco la ropa y sacar el pito al aire y las tetas al viento. Para liberar una sociedad, se necesitan tetas antes que fusiles, cuerpos antes que pistolas, sonrisas antes que pelotones de fusilamiento.

Eso pensaban, al menos, las gloriosas chicas de la Unión Soviética en 1922. Sí, seamos sinceros…no todas. Pero sí estas. Ellas eran las jovencitas más rebeldes de la Juventud Comunista de Moscú y Kharkov. Ellas eran las muchachas que acusaban a su revolución de prohibirles ser quienes querían ser. Tenían ganas de mostrar sus tetas y de recibir plácidamente los rayos UV en las playas rojas de la URSS. Habían acompañado a Lenin hasta la victoria. Ahora pedían que la victoria fuera la del cuerpo libre.

Llevaban un nombre tan rebelde como la letra de La Internacional y buscaban, afanosamente, ser respetadas. “Abajo la vergüenza” era una sociedad hermosa: liderada por mujeres y acompañada por varones. Si el feminismo de Alexandra Kollontai iba a hacerse realidad, no solo debía despenalizarse el aborto y acabar con las miserias de la sociedad patriarcal: también debía habilitarse que los cuerpos fuesen percibidos de otra manera. De una manera revolucionaria.


El nudismo soviético era, convengamos, un movimiento contradictorio. La revolución ya había comenzado a andar, y las peleas contra los enemigos “burgueses” eran la prioridad del Estado. Para muchos, esas “pequeñas batallitas” de un grupo de feminas eran una causa menor. Afortunadamente, no todos pensaban lo mismo.

En las recovas y callejones, el pintor Ivan Myasoedov  redactaba el Manifiesto del Nudismo declarando que el cuerpo desnudo era más bello que el vestido y que, por lo tanto, era la verdadera alternativa para forjar el socialismo. En 1922, un grupo de muchachas decididas, organizaban las Noches de los cuerpos desnudos. Los simbolistas Nikolai Evreinov, Nikolai Kulbin y Nikolai Kalmakov, salían en defensa del exhibicionismo como arma de guerra.

Nadie prestó, sin embargo, mayor atención a las jóvenes hasta que en 1924 organizaron su tetazo público. Mientras los burocratones del Partido se concentraban en la estatización de los medios de producción, ellas salieron, a cuerpo pelado a exigir lo suyo. Acompañadas de un buen número de muchachos con puños levantados y pitos al viento, las chicas gritaron “Abajo la vergüenza”. No importaba si sus tetas eran grandes o pequeñas. No importaba si los hombres tenían la pija más corta o más larga. El cuerpo debía ser respetado y amado. Si Lenin se bañaba en pelotas con su mujer, todas las muchachas tenían derecho a hacerlo. Abajo con la superstición burguesa, Vivan los cuerpos – gritaban las jóvenes. Pero solo conseguían risas y desprecio.

"El grupo 'Abajo la vergueza' manifestaba que la revolución y el socialismo solo podían realizarse entendiendo la libertad del cuerpo"

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La policía “revolucionaria” actuó como lo hacía habitualmente: golpeando y amedrentando a las muchachas. El comisario de Salud, Nikolai Semashko, escribió desde las páginas de Izvestia que el comportamiento de las muchachas debía “ser condenado categóricamente. Están muy equivocadas si piensan que andar desnudo, dejarse crecer el cabello y las uñas, es un acto revolucionario”. Semashko no ahorró estalinismos a la hora de masacrar con su pluma a las y los nudistas: “Es inaceptable desde un punto de vista higiénico exponer el cuerpo bajo el polvo, la lluvia y la suciedad (…). En el momento que vivimos, en el que no se han eliminado todavía las deformidades capitalistas como la prostitución y la intimidación, la exposición no puede contribuir a la moralidad sino a la inmoralidad. Por eso considero absolutamente necesario detener esta situación, si es necesario, tomando medidas represivas”.

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Rápidamente, las manifestaciones de “Abajo la vergüenza” comenzaron a ser objeto de burla. La revista Avispa Roja se rió abiertamente de los nudistas, y los escritores satíricos Ilf y Petrov, utilizaron toda la carga de su machismo para descargar su “humor” sobre las mujeres en sus tiras cómicas.

Muy pronto, las muchachas y muchachos de “Abajo la vergüenza” abandonaron su lucha. Antes, mucho antes, la revolución los había abandonado a ellos. El terror estalinista estaba cerca y de los esbozos de una vida libre ya no quedaría absolutamente nada. Los cuerpos, como en todo totalitarismo, serían penalizados y hostigados. Las mujeres serían, una vez más, confinadas a las ropas que tapaban sus cuerpos. No habría tetas recibiendo rayos UV en la Bahía de Nakhodka o en las playas de Anapa.

Pasaron más de noventa años de la rebelión de las chicas soviéticas. Una parte de la izquierda, sin embargo, sigue teniendo los mismos reflejos. Con prejuicios reaccionarios, el cuerpo aparece como maldito. Siempre hay una causa “más importante” que la del cuerpo libre. Siempre hay un asunto prioritario frente a la libertad sexual. Siempre hay una lucha más urgente que la de evitar el machismo y el acoso a la mujer. “El capitalismo, la desigualdad y la pobreza, compañero…cuando terminemos con eso, se terminará con la explotación de la mujer y su falta de libertad”. – afirman algunos. Carecen de reflejos. Y desprecian su lucha.

Hoy, cientos de mujeres argentinas saldrán a mostrar sus tetas al viento. Como las viejas camaradas, reclamarán algo sencillo: que les permitan, sin más dilaciones, disfrutar de sus cuerpos. Que las dejen ser libres, y que en la playa – por favor amigos – no les rompan las pelotas.

Serán cientos de tetas. Llegarán de pares caminando firmes hasta el Obelisco. Las habrá grandes y chicas, arrugadas y operadas. Las habrá suaves y tersas, las habrá con mil batallas libradas en camas y callejones. Se unirán, en danza triunfal, en un elogio de fraternidad y belleza.

Una marea convocada para luchar por la esperanza y la alegría. Contra la intimidación policial y los edictos reaccionarios. Tienen tetas y tienen razón. Ofrezcamos respeto.

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