15 / 06 | Política

EL PERÓNEXIT


“Yo quiero mi pedazo”. Como el Juanse paranoico, Cristina cerró este martes una etapa de su propia parábola política reclamando lo suyo, la parte del poder que es suya y de nadie mas, en un cierre natural del proceso iniciado en 2011. Podría decirse que si algo no tiene en este punto el cristinismo, como movimiento político específico, es misterio. Con la notable excepción del giro en el aire luego de la trasmutación de Bergoglio en Francisco en 2013, las decisiones de construcción política de CFK se caracterizaron siempre por su propia coherencia interna. Un plan quinquenal explícito de reemplazo del peronismo como herramienta política en todos los sentidos posibles (sea por considerarlo indeseable o innecesario, o alguna combinación de ambas) conducido por una suerte de Anti-Perón que, echando a la otra mitad de la Plaza, superaría el trauma original e inauguraría un nuevo ciclo político argentino. Unidos y Organizados constituyó el primer intento fallido de darle carnadura institucional, algún tipo de organicidad que no fuese la del poder duro del Estado, al nuevo fenómeno. Este, el que nació hoy, es el segundo.

La mayor parte del peronismo oficial de los años cristinistas osciló entre la disidencia de café (la de aquellos “machos del Off”) y la práctica del fetiche cómodo de la Unidad, que operaba como un justificador ideológico de la inactividad política. Bertolt Brechtiano, ante cada avance institucional de la odiada “progresía”, se limitaba a esperar que “no toquen a su puerta”. Scioli como el abanderado de la venganza invisible que, sola, por alguna astucia de la razón, alguna vez se concretaría. Otro sector, mucho menor en porte y geografía pero denso en términos electorales en la Provincia de Buenos Aires, enfrento y derrotó al PJ bonaerense en 2013, faena que luego concluyó con éxito y premio Cambiemos en 2015. El PJ mais grande do mundo ,“intervenido” por el kirchnerismo, sufría así como los polacos en 1939: escorado tanto por los soviéticos como por los alemanes.

PJ Nisman Ottavis

Sin embargo, el massismo primigenio ( el de la “rebelión de los intendentes”) se veía en ese entonces a sí mismo casi exclusivamente como una “formación especial” en los términos del viejo General, destinada a volverse a fundirse en algún momento de su futuro con el resto del “Movimiento”. Un ruptura táctica y provisoria, funcional hasta que mutase la conducción central o, mas precisamente, hasta que se ganasen las elecciones ejecutivas: “al peronismo se lo conduce desde el Estado”, un homenaje póstumo a Nestor Kirchner. Tuvieron que intervenir la victoria de Cambiemos, la derrota a escala nacional del PJ y la resiliencia de su dirigencia kirchnerizada para que lo que fue concebido como provisorio comenzase a dotarse de elementos de una política mas permanente.


"una suerte de Anti-Perón que, echando a la otra mitad de la Plaza, superaría el trauma original e inauguraría un nuevo ciclo político argentino"

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La ruptura cristinista de ayer, es, por el contrario, estratégica. El corolario de un lustro de decisiones políticas. Y una victoria estructural para el macrismo. Si la fórmula original de la Coca-Cola kirchnerista fue ese blend virtuoso entre peronismo y progresismo, la constitución de un cristinismo autónomo, a salvo de PASOS, sella su ruptura definitiva. Un destino posible para el kirchnerismo dentro del peronismo podría haber sido el de empezar a ser una parte y no el todo. Un sector permanente dentro del peronismo, su ala izquierda, aunque no ya (o sí, pero a través de los votos) su conducción. La decisión de Cristina sostiene lo inverso: “si no puedo ser el todo, me llevo la parte”, fracturando de manera (ahí sí, irreversible) la oposición al gobierno de Mauricio Macri.

El gesto de autonomía de Randazzo de alguna manera precipitó esta decisión, ya que le impidió a CFK transformar al peronismo bonarense en el kirchnerismo porteño, en donde el PJ funciona como una suerte de banco solidario de candidaturas progres, modelo de “la unidad” soñada por el cristinismo. El riesgo en este “afuera” político que corre el randazzismo es reproducir en clave de secuela el 2013 pero en 2017. La disidencia tardía que tuvo que haber sido y no fue. O inventar algo que ya existe. Cabe preguntarse si existe el lugar político y electoral para dos peronismos disidentes en la Provincia de Buenos Aires.

"el problema central del Partido Justicialista actual: todos quieren derrotarlo, pero nadie quiere conducirlo"

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¿Forzará la larga crisis terminal del PJ bonarense una desconurbanizacion forzosa del peronismo? Córdoba y Pichetto en las alturas podría ser un esquema posible de emergencia, restableciendo parcialmente la Liga de Gobernadores desmantelada por Kirchner en 2003. El problema es que sin un liderazgo y una voluntad política efectivas, puede terminar siendo la mera organización de la “paritaria” de los gobernadores frente al poder central, y no un embrión de alternativa política en vistas a 2019.

En este punto, el nacimiento del Frente Ciudadanos parece darle la razón a Durán Barba. Crisis de los partidos, movimiento de opinión, territorialidad de baja intensidad y demás etcéteras que demuestran en cierto sentido el aspiracional modernizador de Cristina. Jugar con las reglas de la época, que son las reglas de Cambiemos. Inventemos un Podemos. Formato de partido-moderno-que-derrota-y-luego-conduce-a-centenario-partido. Y resume el problema central del Partido Justicialista actual: todos quieren derrotarlo, pero nadie quiere conducirlo.

peron2


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1 Comentario

  • […] con otro analista político. El autor, Pablo Touzon, que escribió un artículo inteligente, El Peronéxit, en la revista digital Panamá, que se ha convertido -me parece- en un vocero informal del […]

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