11 / 05 | Política

DERECHOS HUMANOS, CONTINGENCIA Y SOBREGIRO


Como dice Jerónimo Pinedo, sociólogo de la UNLP, el movimiento de derechos humanos es la columna vertebral de la democracia argentina. Seguramente hay otras constantes que caracterizan a nuestra sociedad, pero esta es una de ellas. Y sin embargo no lo es ni a priori ni de manera inmediatamente intuitiva. A cualquiera, inclusive a poderosos e influyentes que tienen por su propia condición y recursos un amplio panorama visual, se le puede ocurrir que “ya es tiempo de parar con esa cosa de los derechos humanos”  y ostentar evidencia para esa creencia y actuar de acuerdo a la misma para luego encontrarse con una respuesta social contundentemente contraria.

Esta es una columna vertebral que se regenera y crece cada vez que algunas conductas de cualquier gobierno o actor social amenazan tocar el piso que además es cada vez más alto. La composición de la marcha de ayer revela que el reclamo por los derechos humanos crece como una acumulación de camadas geológicas que se agregan generación tras generación con un cronograma que incluye las provocaciones fracasadas, los relevos generacionales, los “llamados de la historia” que permiten que los nietos del terror puedan afrontar con más fuerza lo que los antepasados tuvieron que padecer. Los que hace 10 o 15 años se iniciaban en los actos de repudio a los crímenes de la dictadura y asombraban por su juventud hoy son veteranos que no se han retirado mientras ven llegar las nuevas olas con el mismo júbilo que nosotros los vimos llegar a ellos que es el mismo con que nosotros fuimos recibidos por otros antiguos caminantes.

"el reclamo por los derechos humanos crece como una acumulación de camadas geológicas que se agregan generación tras generación"

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Esa sensibilidad en permanente formación transforma a las tentativas de olvido, impunidad y mentira en el anticuerpo que promueve febriles reacciones en contra. Cada vez que el poder y/o el gobierno intentan soslayar, minimizar o relativizar el terrorismo de estado la respuesta se vuelve más fuerte y cristaliza en formas de organización y sensibilidad que afirman y extienden esa constante que desde la época del fin de la dictadura regula parte de nuestra vida política. Luego de décadas hay más simpatía con el movimiento de derechos humanos que nunca en la historia: tanto que no debe asombrar que estas causas tengan simpatía entre votantes y dirigentes de Cambiemos (pese a la orientación general de su principal referente).


Sobregirados

Pero si algo de todo esto era previsible, ¿cómo es entonces que la Corte y el gobierno dieron el paso en que salieron trasquilados justo cuando iban por lana?

Autoconfianza desmedida y encapsulamiento en el propio nicho político y social: he ahí dos trazos que explican la recurrencia de situaciones como la protagonizada por el gobierno en relación al episodio que terminará por fortalecer aquello que el gobierno quería debilitar (la política de memoria, verdad y justicia). Situaciones que no son monopolio de Cambiemos sino también de distintos poderes sociales y fracciones políticas sobre todo cuando están en posición ejecutiva. No solo se trata del tradicional “ojo del amo” que engorda el ganado propio. Junto a esta condición estructural actúa otra condición que también es estructural: la división de la sociedad en cuartos de opinión política y social hace que los distintos liderazgos se encuentren de forma permanente con el calor nutricio de su inmensa minoría y se blinden respecto de las otras inmensas minorías. Viene pasando desde hace más de una década en la que los eventos políticos masivos funcionan al mismo tiempo tanto como jugadas para desbalancear un bloqueo como para generar un efecto “patio de las palmeras” que hace al gobernante insensible frente a su posible off side. Así es que puede haber sucedido tanto lo que hipotetizan Sebastián Lacunza o Irina Hauser. Para la última la corte es otra desde la renuncia de Zafaroni y sin necesidad de que el poder político de turno le de órdenes huele los signos de los tiempos y actúa en consecuencia. Para el primero hubo tal vez una conexión tal como lo escribió en facebook: “Pensaron que generaría algún disgusto acotado. Que Peña, Avelluto y Lombardi pondrían cara de circunstancia para aleccionarnos sobre la igualdad ante la ley. Que algún panelista de Inteligencia robaría cámara contando que un montonero está libre. Que la reconciliación de la Iglesia sería bien recibida por quienes se declaran hartos de lo que pasó hace 35 años. Que La Nación tomaría impulso para pedir una amnistía general. Que sólo protestarían 5000 personas, a quienes les tirarían con el choripán. Que los jueces federales podrían rechazar en dos líneas la apelación de un fiscal de Justicia Legítima. Que lo que opine la Cidh no tendría peso. Que el tema duraría 48 horas en la agenda. Les salió mal.”

"a la larga o la corta los dirigentes se ven obligados a afrontar la alteridad que niegan"

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Sea cual sea el camino por el que el gobierno dio este paso en falso (porque  empezó apoyando lo que repudió) es necesario entender que hay una estructura que condiciona e induce al “error no forzado” a los más diversos, preparados, focusgrupeados y encuestizados de los hombres de mando. Nuestros dirigentes políticos y sociales están expuestos a una lógica fatal: ellos, como nosotros en Facebook, pero en una escala más amplia, son hijos de efectos de burbuja que retroalimentan lo que es propio de todo humano: excluir del campo de la propia sensibilidad las malas noticias a las que solo puede acogerse con un esfuerzo enorme que no siempre se hace. Reciben de forma permanente el aliento de miles, decenas de miles y tal vez cientos de miles. Para el ánimo eso siempre es mucho se trate de Sergio Massa, Cristina Fernández o Mauricio Macri. Diversos filtros les hacen menos presente la indiferencia o las broncas que causan sus presencias y eso alimenta las ilusiones lineales que proyectan la multiplicidad de las adhesiones inmediatas al universo entero.

Una de las ventajas de la democracia es que las jugadas derivadas de esas percepciones tienen límites: a la larga o la corta los dirigentes se ven obligados a afrontar la alteridad que niegan por situación y por propensión subjetiva. A todos les estallan en las manos los proyectos de avance lineal y eterno y por ello luego les aparece que la sociedad es casquivana, indecisa, condicional. Como tantas otras veces el sobregiro y la cachetada social correctiva están en la base de lo que en esta ocasión termina consolidando en la sociedad la pregnancia por los reclamos de memoria, verdad y justicia. No habría que olvidar que esto no es el resultado de una ley histórica, sino un saldo contingente que subsigue a performances verdaderamente cuestionables de algunos líderes y dirigentes y que la renovación de este espíritu dependerá de lo que se siga haciendo y del hecho de que esta sociedad, como señala @tintalimon, alberga consensos simultáneos y contradictorios, que los derechos humanos son la columna vertebral de la democracia, pero que la sociedad argentina tiene varias columnas vertebrales.

"esta sociedad alberga consensos simultáneos y contradictorios"

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