Un momento...

19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

5 de julio de 2025

YA NO TENÉS 20

María Antonella Jaime

@Antonegra_ar
Política y Comunicación
Tiempo de lectura: 9 minutos

Hay un momento en la vida de cualquier adulto en el que te cae la ficha: ya no tenés 20. Te volvés consciente de la brecha generacional que te separa de los más jóvenes, y no solo en lo físico, sino también en lo estético, lo musical, lo cultural, y podría seguir. Y, obvio, la política no escapa a esa lógica.

En el balotaje de 2023, Milei arrasó entre los menores de 25 años con casi un 70 % de apoyo. Es decir, el núcleo electoral más fuerte del oficialismo no fue el Conurbano, ni los jubilados, ni las pelo de cocker: fue la juventud. Hoy, los argentinos de menos de 25 se sienten más cerca de la derecha, algo que hace 15 años hubiera sido impensado. A este dato se le suma otro bastante complementario: según encuestas, más del 60 % de esa franja etaria cree que Cristina Fernández de Kirchner es culpable en la causa Vialidad.

Definitivamente, ya no tengo 20. Porque cuando los tenía -allá por 2013- vivía en Berazategui, trabajaba en un quiosco, Agapornis estaba de moda y los pibes eran la columna vertebral del peronismo kirchnerista. Ahora, la situación no podría ser más opuesta. ¿Qué cambió? Ante la duda, lo mejor es hablar con los protagonistas. Así que entrevisté a diez adultos menores de 25 años para charlar sobre política y futuro, y tratar de entender qué se rompió entre la juventud y el peronismo.

Lo que sí aparece mucho es la idea de que la oposición en general, y el peronismo en particular, no entienden de qué hablarles a los menores de 25

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Algunos votaron a Milei, otros no lo bancan, pero ninguno se entrega a la esperanza peronista. Todos tienen cosas en común: nacieron entre 2000 y 2006, viven en la tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires, se consideran de clase baja o trabajadora y, a diferencia de lo que se viene leyendo en redes sociales, no son ningunos boludos. Tienen opiniones, y son capaces de fundamentarlas. Varias veces dudan de lo que quieren expresar, pero eso no significa que no tengan algo para decir. Y así como tienen sus propias ideas, también arrastran sus propios problemas.

Creo que el principal motivo por el que no pienso en el peronismo es que la realidad de los jóvenes es complicada. Así que tampoco es que vivo pensando en Milei”. Así arranca Luana, que viaja todos los días de Temperley a Parque Patricios para laburar. Todos tienen cosas para decir. Juntos llegamos a algunas conclusiones.

La década ganada, un recuerdo prestado

Alguien de mi edad o menos no vivió con razonamiento la mejor parte del peronismo, así como tampoco pasamos una crisis tan grande como la del 2001. Eso lleva a que vivimos con gobiernos donde año a año nos daban menos. Obviamente vas a rechazar un modelo que viene hace tanto tiempo gobernando, cuando vivís en una realidad tan difícil para progresar”, dice Kevin. Trabaja en un taller con su cuñado. Ida y vuelta, tardan 5 horas entre trenes y colectivos.

Para alguien que en 2014 tenía apenas 10 u 11 años, las historias sobre el asado de los domingos o el mejor sueldo de Latinoamérica no significan mucho, porque se acuerdan de poco. Y no son culpables por eso, eh. Pero no pueden idealizar a aquella CFK porque ya tuvieron una: la del período 2019–2023. “Mi papá me decía que no sea boluda, que con Cristina estábamos mejor. Y por eso la voté con Alberto”, dice Brisa, una orgullosa estudiante de enfermería en Jauretche que en el balotaje lo votó a Milei.

Es que sí, CFK fue la vicepresidenta de un gobierno que se basó en la promesa del regreso a la década ganada, en una idea de recuperación. Y la garantía de esa promesa en el Frente de Todos era, justamente, Cristina. Por lo menos así lo ve Thiago, que votó por primera vez en 2019.  “Cuando a Macri le empezó a ir medio mal, al toque se sabía que donde se postule Cristina o el que diga Cristina, va a ganar y se va a ir el macrismo. Y como ahora siento que no, que ahora ya está y no importa lo que pase va a seguir Milei”. Para estos chicos, CFK no es la de 2011: es la del Frente de Todos. La que eligió a Alberto. La que formó parte -y no de manera secundaria- de un gobierno que fue incapaz de contener el desgaste económico y recuperar la confianza. La consideran parte del problema.

“Lo de considerarla chorra más que nada por neuronas quemadas repitiendo cosas sin ponerse a investigar. También hay como una frustración de no poder progresar o el que sea tan difícil como jóvenes darnos una vida cómoda, entonces tratando de buscar un culpable y como se apuntó todo contra CFK ella siempre va a parecer la principal culpable”. Eso dice Tomás, que votó a Massa en las generales y faltó al ballotage.

La mayoría de estos jóvenes no votaron a Milei y son críticos de la situación social y económica que los agobia. Pero no polarizan con él, ni se ubican de un lado de la grieta

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Ojo, la nostalgia de la década ganada fue una estrategia bastante efectiva para ganarle a Macri. Pero la verdad es que ya pasaron diez años desde el segundo gobierno de Cristina. Otra década entera. Y esta, definitivamente, no fue una década para recordar. Entre 2015 y 2023, la vida material de los jóvenes se fue a pique. Entonces, es entendible que cuando alguien les habla de “íbamos a Disney con el dólar a cuatro”, no solo no los moviliza: les da bronca, les resulta lejano, o directamente les chupa un huevo. Porque para ellos nunca existió esa posibilidad.

Ya no sos igual

Aunque muchos la minimicen -peronistas y libertarios por igual-, la pandemia fue un hecho político estructurante de época: definió subjetividades y percepciones sobre el Estado, sobre la vida, y sobre todo marcó a fuego a quienes tenían entre 13 y 20 años cuando empezó. Esa franja, hoy, ya vota.

Entre tanta extensión, las medidas restrictivas se fueron debilitando y el gobierno del Frente de Todos empezó a perder legitimidad social, al mismo tiempo que sostenía un discurso moralizante y restrictivo que no dialogaba con la experiencia concreta de muchos jóvenes. En el medio: una juventud precarizada, encerrada, sin recursos ni espacios, marcada por la soledad, la angustia, la incertidumbre y la imposibilidad de proyectar. Mientras las fiestas clandestinas se multiplicaban, la distancia entre la línea oficial y la vida cotidiana se volvió insalvable. Así lo recuerda Bianca, que terminó la escuela en 2020: “Pasamos bastante tiempo encerrados y después siguió toda la persecución, si te querías juntar con tus amigos eras un ortiba o un irresponsable. Ya habían pasado como dos años y todavía caía la policía a una fiesta a pedir plata.”

Durante años, “ser peronista” significó irreverencia, resistencia. Para las nuevas generaciones, el peronismo no es nada de eso. Es el gobierno que los trató de “inconscientes”, de “irresponsables”, de poner en peligro la salud pública, de matar a los abuelos. Para estos pibes, el peronismo es lo contrario a la rebeldía. Es el mono relojero. Y cuando dejás libre un lugar, otro viene a ocuparlo. No falla.

Oriana tiene 22 años, estudia manicura y cuida a sus hermanas cuando no está su mamá. Recuerda haber conocido a Milei durante la pandemia: “Los libertarios que me aparecían en pandemia hacían esa de tirar supuestos titulares, esos discursos armados para un TikTok, que se entendían o te dejaban pensando en algo, o al menos te llamaban la atención. Y para mí, eso acercó mucho las ideas de esa ideología.” ¿Y cuáles eran esos temas que los libertarios tiraban? Bueno, básicamente, expresaban el malestar, la resistencia al encierro, la invitación a rebelarse. Encima lo hacían desde TikTok, que no paró de crecer durante el aislamiento y llevó el mensaje de “la libertad” a cada rincón del país.

Ser lo opuesto a un fanático

No es cierto que todos los jóvenes viven lobotomizados o que se dejan llevar por lo que dice alguien más, y tampoco es cierto que el antiperonismo sea el gran estructurador de la realidad política argentina. Lo que sí aparece mucho es la idea de que la oposición en general, y el peronismo en particular, no entienden de qué hablarles a los menores de 25. Es más, ni siquiera se cuestionan cómo hablarles. Porque a diferencia de los millennials y afines, a estos pibes lo solemne no les mueve un pelo. No buscan la épica en cada rincón ni se dejan conmover por la mitología de un partido.

Lauti viaja todos los días desde Hudson hasta Microcentro, donde trabaja de administrativo. Se considera anti-Milei y viene de una familia afín al peronismo, pero no comparte los cortes de ruta: no le parecen inteligentes. No encuentra la diferencia entre los inconvenientes que le genera Milei y un corte. Al final, el perjudicado siempre es él, nunca la casta. “El otro día salí a las 16 del trabajo y llegué a las 19 a mi casa. Estaban cortando la autopista. Por ahí no pasan los jueces que encarcelaron a Cristina, ni Milei, ni Bullrich. Entiendo lo que hay que romper los huevos y bla bla. Pero a ellos les chupa un huevo, les sirve que hagan todo ese quilombo, por algo no mandan a la policía a sacarlos. A lo que voy es: por ejemplo, te cortan la luz. Cortas la autopista, joya. Para liberar el tráfico capaz mandan una cuadrilla de Edesur. Acá les chupa un huevo, ¡no van a rectificar el fallo! Secuestren un juez, maten un policía, no sé.”

Durante años, “ser peronista” significó irreverencia, resistencia. Para las nuevas generaciones, el peronismo no es nada de eso. Es el gobierno que los trató de “inconscientes”, de “irresponsables”

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La mayoría de estos jóvenes no votaron a Milei y son críticos de la situación social y económica que los agobia. Pero no polarizan con él, ni se ubican de un lado de la grieta. Coinciden en algunas cosas, discuten otras; no compran el cuento de la escuela austríaca y les importa cero la batalla cultural, aunque no niegan su impacto sobre otros. Rechazan el fanatismo y no pierden un segundo en buscar héroes salvadores o una madre, solamente quieren cumplir algunos de sus objetivos. Eso significa que no tengan posturas y opiniones políticas. Ori, por ejemplo, analiza la situación desde su experiencia y la de la gente que conoce: “Primero no sabía nada de la condena, ahora estoy más con conocimiento de causa. Pero cuando me enteré pensé listo, Milei va a ganar. Porque a la gente le gusta eso. Es como mi novio, mi novio está re feliz porque Cristina vaya presa, y yo es tipo gordo, no te van a aumentar el sueldo por eso, jaja. También está la gente que ok, la banca, pero entiende que los últimos tiempos fueron malas decisiones una tras otra. Capaz son más objetivos, pero también llevar todo al extremo fanatismo hace que varios deciden ignorarlas”

No te sorprenda volverme a ver

“Muchos lo apoyamos en algún momento, pero a nosotros nos gusta más el poder vivir bien y no al límite de lo que se puede y lo que no. Porque el chabón desde que está casi no alcanza para nada. Yo no trabajo, pero igual me afecta” dice Eluney, que este año termina el colegio.

¿La situación entre el peronismo y la juventud es definitiva? No soy quién para decirlo, pero me da la sensación de que no. Los argentinos que tienen entre 16 y 25 años sueñan con cosas comunes y, a pesar del pesimismo reinante (que no es exclusivo de esta generación), no se casan con la época dominante y no se dejan atravesar por la dicotomía peronismo-antiperonismo. En un mundo donde las oportunidades laborales escasean, estudiar es un privilegio e independizarse es imposible, esa tensión ya no les parece relevante. Para el grueso de la gente ya no lo es.

Sé que es más cómodo convencerse de que la realidad política argentina se explica por el gorilismo en sangre de nuestra sociedad, pero la respuesta acá parece ser más simple y más desafiante: el que mucho se ausenta, pronto deja de hacer falta. “El movimiento que está generando la derecha hace quedar al peronismo como algo negativo. Me doy cuenta de que fomentan el individualismo y muestran lo social como algo malo. Eso, más las peleas internas del peronismo hace años, y que no hay un líder que sobresalga y que tenga un pensamiento claro y con fundamentos”, dice Tomi, que divide sus horas entre el call center y la carrera de programación.

Que el peronismo no sea atractivo no significa que no se pueda expresar disconformidad. Todos estos jóvenes están a favor de las movilizaciones, e incluso algunos han participado. Ninguno siente que la única forma de enfrentarse a Milei sea volver a Cristina. “Para mí, aunque no esté Cristina, la gente va a seguir haciendo protestas como la de los jubilados o la de la otra vez, porque a veces Milei quiere hacer cosas que nada que ver”, dice Bianca. Esa es su esperanza.

Y es que, a pesar de todo, se puede ver una juventud atravesada por las dificultades y con mil piedras en el camino, pero dispuesta a bancar alternativas frescas frente a la realidad que les toca vivir. A lo que no están tan dispuestos como nosotros a votar al mal menor. Son pibes y pibas que engrosan la estadística del ausentismo electoral en todo el país. Y tienen sus motivos: eligen directamente no participar, porque sienten que votar porque sí se parece demasiado a ser cómplices de un sistema que no los ayuda en nada. “Un modelo”, en palabras de Kevin.

Los argentinos que tienen entre 16 y 25 años sueñan con cosas comunes y, a pesar del pesimismo reinante (que no es exclusivo de esta generación), no se casan con la época dominante y no se dejan atravesar por la dicotomía peronismo-antiperonismo

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¿Y cómo conectamos con esa frustración? Gran pregunta. Definitiva. Los consultores y agencias de marketing ganan miles al año intentando responderla. Pero quizás, para poder leer de verdad lo que pasa, entre el peronismo y los +30 deberíamos cortarla con la subestimación: reducirlos a virgos, boludos, adictos al teléfono (¿no lo estamos nosotros?) no sirve. Habría que dejar de tratarlos como nos trataban a nosotros los viejos meados de la década del 2010.

Si no aparece un candidato nuevo o no hay una buena autocrítica, yo lo veo cuatro años más. Se viene una ola de jóvenes que están re desinformados y que tiran un montón para la derecha, y ahí están los votos. Los votos que nadie está yendo a buscar, y que se van a ir para la nueva candidatura de Milei”, dice Luana, que trabaja en un call center y atiende a unas 50 personas por día.

Esta nota, para variar, no tiene moraleja. Pero creo que, para poder entender el momento histórico y actuar en consecuencia, los que ya no tenemos 20 deberíamos charlar menos con mutuals y más con personas. Y por eso elijo terminar con las palabras de Franco, un chico de 24 años que sueña con irse a vivir solo y algún día viajar en avión: “Para mi hay tres partes: los que es el peronismo o Cristina, lo que es Milei, y más que nada los que no están representados por nadie. Yo soy uno de esos.”

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