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29 de agosto 2021

Marcos Mizzi

VAN A SER LOS DIAS ESOS BARCOS

Tiempo de lectura: 12 minutos

“Hablás como marinero pero vos no sos un marinero.

Conozco el lenguaje, así que es como si lo fuese.”

Jack London

Los testimonios que se van a leer a continuación fueron recogidos por Panamá Revista en barrio El Churrasco, en la Zona Norte de la Ciudad del Rosario de Santa Fe, durante un asado con marineros, un práctico de puerto y un capitán retirado. El lector puede encontrar, en la forma en que presentamos los textos, influencias de Fray Mocho, de Rosa Wernicke, de Juan Pablo Hudson. Esas y otras relaciones, si es que se quiere trazarlas, no son en balde. Panamá agradece especialmente a Wally La Porta, maquinista de barcos y líder de la banda de rock Don Paladar, por su hospitalidad y predisposición a la hora de organizar el encuentro que hizo posible esta nota.

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Entonces agarré el retiro voluntario porque quería ponerme mi negocio. Tener algo propio. Me compré una lanchita, hablé con una madama, me apalabró a unas chicas. Tenía todo listo. (Chasquea dos veces la lengua contra las muelas) Mi target eran los cargueros que Prefectura no deja bajar. Te cae un carguero ruso con todos esos mutantes en vodka y te rompen medio Puerto San Martín, entonces no los dejan bajar. A ese público apuntaba yo. No tenía competencia. Esa era mi idea. Cuando el capitán viniera a tierra a hacer los papeles, encararlo, ofrecerle las chicas, sustancias. Cargar todo en la lancha y armarles la joda arriba del barco. Era un buen negocio. Yo sabía que me iba a ir bien. Porque era parecido a mi laburo de toda la vida. Yo siempre fui práctico de puerto en S… Para que entiendas fácil: estacionaba los barcos. Vienen barcos de todo el mundo, que no conocen el río, y yo oriento al capitán, ayudo para que no encalle la bestia. Y soy muy bueno en el trabajo. El río se aprende, ponele, pero el trabajo es sobre todo taca taca taca taca (extiende su dedo índice de forma horizontal delante de la boca y lo gira como un rodillo) tenés que tener don de gentes, ser entrador y comprador. Ser un poco coordinador de Bariloche, ofrecerles acá, llevarlos a hablar allá. Y no podés guiarte por la comisión que podés llegar a cobrar porque a veces los hacés comer un garrón y agarrás para la mierda. Así que hay que ser bueno en relaciones públicas. Y yo soy muy bueno. Pero creía que era mejor de lo que soy… Tenía la lancha, tenía las chicas, tenía unos cincuenta gramos, tenía arreglo con una vinería que me hacía precio. Consigo el primer trabajo. La mejor. Hago mi buena platita, pero me cansé tanto que dejé todo en la lancha, todo menos las chicas obvio (se ríe con amargura) y digo vuelvo mañana. A la noche siguiente voy al muelle de la guardería donde había dejado la lancha atada y ya de lejos no la veo. Me acerco corriendo. El cabo estaba suelto sobre el agua. Voy, le pregunto al sereno de la guardería, y qué querés que te diga me dice. A los tres días encuentran la lancha río abajo, en la costa de Beltrán, hecha mierda. Ni para chatarra. (Aplaude y se muerde el labio) Alguien me botoneó con los dueños de la joda, los que son dueños posta, no los que son como yo que nací para empleado. Y chau. Perdí. Me pasé de vivo. Tuve que volver a S… a pedirle la escupidera.

"Los testimonios que se van a leer a continuación fueron recogidos por Panamá Revista en barrio El Churrasco, en la Zona Norte de la Ciudad del Rosario de Santa Fe, durante un asado con marineros, un práctico de puerto y un capitán retirado."

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El peor trabajo que tuve fue en carga de cereal. Muy largo, loco. Ganaba bien, pero quería volver a casa. Y no es que me cansaba en el medio del viaje y podía renunciar… Mi mejor laburo fue haciendo lo que se llama bunker. Esperábamos a los barcos que venían haciendo línea, por ejemplo uno que cargaba que venía de Vicentín. Ellos ahí cargan el cereal pero no combustible. Y no hay estaciones de servicio en el agua. Entonces íbamos nosotros a Campana o Dock Sud, nos llenábamos de combustible y le cargábamos a los demás en la desembocadura del río. Bien tranquilo… El trabajo que más disfrute fue cuando era más joven, transportábamos melaza para ron en el Caribe Sur. Anduve en Panamá, Costa Rica, esa zona. Es un paraíso. Como se ve en Piratas del Caribe, así es, pero sin tiros. Eso estaba bueno. En cambio, en pesca, es todo más violento…. Yo como capitán tengo portación de arma. También puedo cazar gente. Nooo (se ríe ante nuestra confusión) no cazar de cacería, casar de casamiento. He casado muchas parejas, legalmente, en el mar y en la tierra. Aunque también, a veces he cazado gente a los tiros (vuelve a reir). Pasa que por ejemplo tengo el dato de una marca de langostino. Pero mi barco camina más lento que el tuyo, y cuando llego estás vos pescando y te comiste los langostinos. Saco una máquina y te tiro a la timonera pla pla pla, pongo otro cargador, pla pla pla pla. Pasa que es mucha guita, una marca de langostinos son tres millones de pesos en un día. Porque nos pagan por producción. Si al barco le va bien, gano por tonelada. Ahí termina la marea: cuando llené la bodega. Por suerte la monada se baña tres veces por día. Duermen seis en un camarote, entonces no se pueden pajear ahí y se tienen que ir a la ducha. Y cada ducha es menos agua, y cada litro de agua dulce que perdemos es más espacio para la carga.

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Básicamente los extranjeros se adaptan ellos, porque están trabajando acá. Eso con los barcos que zarpan de acá, después en otros lados, es más con el inglés… (Mira alrededor, como invitando al resto a participar en lo que dice, pero nadie más en el patio está prestándole atención. Se ofusca, se acomoda la campera, y sigue) Acá se adaptan a las palabras que conocen. Como compañero de sector en el barco les digo apenas nos conocemos: tenemos que tratar de llevar esto adelante, nos esperan doscientos cincuenta metros de agua helada abajo, tratemos de no terminar ahí. Se lo decís en castellano, si te entienden (toma un trago) o por seña. Por señas o con la puta linterna. Vos estás laburando, estás reparando algo y le señalás la llave con la linterna. Es un idioma común, el haz de luz. Si tenés buena linterna, apuntás bien (hace como si tuviera una linterna en la mano y señala un sifón que está sobre la mesa) y pum, tráeme la soda. Porque si hago así (ahora apunta un vino con el dedo) a la distancia, no sabe si digo el vino, el pan, un cuchillo y trae cualquier cosa… Lo que siempre me llamo la atención fue los asiáticos, laburé con japoneses, chinos, coreanos, indonesios, vietnamitas, y hay como un escalafón. Un indonesio para un japonés es lo mismo que un boliviano para cierta gente de Argentina. Los re verduguean. Y los tratan re mal. A veces los quiero matar, pero bueno. Entiendo que es así la cuestión, no puedo estar salvando a todos los indonesios del mundo, pero si se sarpan mucho, por ahí me meto. ¡Porque les pegan y todo! Les pegan de verdad, con una llave, con una silla, con lo que tengan a mano. Bien picantes. Son re locos. Pero laburan el triple. Todos. Les tengo que decir “¡Loco paren que están haciendo quedar mal al resto!” Porque les das un pincel y te pintan un barco en media hora los hijos de puta. Un indonesio lo defendés del japonés pero después le tenés que pegar vos para que deje de trabajar. “¡Pará un poco! ¡Pintá un metro cuadrado por día, pará!”

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Todas las empresas areneras, de Misiones a San Pedro, se manejan mal. Hay doscientos millones pero son todas iguales. Son empresas familiares que sacan 200 mil metros cúbicos por día. Pero siempre pijotean, no quieren hacer la liquidación. Como cualquier empresa de cualquier rubro, bah. Entrás a la parte de administración, ves que son diez, y decís pero cómo, somos cuatro en el barco, dos en el silo y acá son diez y no pueden hacer la liquidación. Tenés muchos chupavergas, hijos de prefectos, laburando ahí, que como son el hijo de tal quieren manejar el barco. Los padres hablan con los dueños de las areneras: Cuando tenga un hueco me metés al pibe, yo cuando haya la próxima inspección de casco, de hidrocarburos, vos la pasás tranquilo. Y así también no se renueva la maquinaria. (Bufa). No hay un arenero, en la zona, que esté navegando, que no tenga menos de cincuenta años, salvo solo uno que está en Baigorria. Hay muchos barcos que están remachados. O sea, son de antes de que hubiera barcos hechos con soldadura, o sea son de antes de la Segunda Guerra Mundial. Pasa que en las areneras está muy metida Prefectura. Y son unos hijos de puta pero también boludos, porque si renovasen, podrían meter más turnos. Un turno básico es de doce, quince horas. Salís del muelle y te piden tal arena. Hay de muchos grosores, desde finitas para fundición, hasta muy gruesas, como la grava para las rutas. Entonces vas, el capitán te dice acá hay la arena que necesitamos. Paran la máquina, se tira el ancla, aguantás la patada, bajás el caño, chupás y sacás dos pañales, un moncholo y un chabón muerto por la Dictadura. Acá no hay arena gruesa le decís. Bueno a ver que le damos una patadita para acá. A ver otra patadita para allá. Y te dan ganas de cagarlo a piñas. Hay que saber leer el río. Como si vos que sos periodista no sabés leer el diario. Tenés que mirar el río. (Ensoñado de repente)  Cómo cambia de color, cómo se mueve.  Donde está medio picadito así es porque el agua se choca con algo abajo, y al chocarse sale para arriba: ahí es playo, tenés arena fina. En los remansos, en cambio, hay un pozo hondo, y ahí es gruesa. Y esa es más lenta de levantar, capaz tardás seis horas, porque los pozos esos tienen como veinte metros, y la máquina es vieja… (Volvió al tono áspero de antes) Estoy dragando y si veo que no chupa más arena, pido que se corra el barco. Si me acuerdo. Porque pasa que a veces me mamo, me calzo las gafas y me olvido. Una vez que pescás la arena que buscabas, te tomás dos vinos y después metés siesta. Y como todos están en la misma, a veces el barco queda cargado hasta la pija. Me he despertado y pasaba una pava flotando por la cubierta, había así de agua.

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En el río se toma cerveza, vino. En el mar, mucha ginebra y rivotril. Se labura veinte horas por día. Cómo hace un individuo si no. Estamos todos dados vueltas. La misma empresa hace firmar una política de alcohol y drogas, que no se puede consumir ni vender ni nada, pero a la misma vez los empleados se ponen a transar antes de zarpar. Uno tiene que firmar por si cae al agua re drogado, así ellos quedan limpios. Pero todos se drogan igual, nos drogamos igual… (Se pellizca inconscientemente la nariz) Los motores de un barco, en ácido, no sabés cómo suenan. En un tiro lo escuchás que estás adentro del motor y después que estás a 150 metros. No pasa nada, te ponés en piloto automático y ya una vez que tenés las maniobras en la cabeza. Ya si el primer día te tomás un ácido vas a hacer muchas cagadas, una vez que ya te afianzaste, a la semana que estás en el mar, ya ahí empezás a tomar de todo.

"En el río se toma cerveza, vino. En el mar, mucha ginebra y rivotril. Se labura veinte horas por día. Cómo hace un individuo si no. Estamos todos dados vueltas"

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Hay un viento del orto, un barco del orto, y los muchachos de las máquinas están abajo y no se enteran. Si pido máquina para un lado, me tienen que dar, y si no tengo buena onda, me dan la máquina que quieren, me hacen dar contra el muelle. Porque aparte arriba pero es como el Titanic, yo no puedo poner los cambios ni acelerar el motor, yo le pido punto muerto a los de abajo con la palanca adelante (hace la mímica) y casi siempre lo ven. Casi siempre. A veces no… Que no tenga mando directo es una locura. Tendría que ser un mando auxiliar, que si se me rompe el principal, yo tenga la chance de… (Suspira. Después de una pausa, sigue) Imaginate si al maquinista le baja la presión, porque está laburando encerrado con sesenta grados de calor, cagué. No baja la marcha y nos metemos en el puerto y rompo todo. Eso ha pasado. Y cosas peores también. Veinticuatro mil personas por año mueren solamente en el Litoral Argentino.

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Venimos del palo del agua. Mi abuelo también fue maquinista. Dos hijos suyos, dos tíos míos, también. Uno se ahogó en un naufragio, otro sigue vivo. Eran maquinistas de antes. Un maquinista hoy hace la conducción de la sala de máquinas. Ya no hay maquinistas tan maquinistas. Por una parte sindical no nos metemos en los arreglos. Eso lo hacen subordinados. Pero a veces no te queda otra y uno lo hace igual, por amor al arte. Un buen maquinista siempre tiene los mejores repuestos a bordo: poxilina y alambre (Sonríe, irónico) Con eso podés hacer lo que quieras. A menos qué… . Bueno, la cuestión es que más o menos, algo hacemos, y piloteamos esto. Es lindo… Yo creo que la nota la tendrías que titular “Vivir Flotando”. Porque para vivir flotando hay que… ¡A la noche hay muchos ruidos en los barcos! O ponele, ponete en escena, ponete en situación, que estás en un camarote. Los barcos se mueven (extiende sus brazos con las palmas abiertas hacia abajo y balancea su cuerpo de un lado a otro) y el clac clac clac clac, clac clac clac clac clac, clac clac clac clac clac. Dentro de la nota tenés que poner, mirá, vení, vamos a sacar esto (se aleja de la parrilla y va hacia el equipo de música) y te voy a hacer unos mamparos que grabé y nunca escuché acá por parlantes (pausa la canción que está sonando, rebusca en su celular un archivo de audio) Acá grabo todas las cosas, ¿ves? Ponés el celular, tiqui, y grabás… Mamparos, mamparos… Ahí va… (Encuentra el archivo, lo reproduce, sube el volumen. En la grabación se escucha un rumor marítimo, lejano; otro ruido mecánico, más cerca, y en primer plano un golpeteo metálico, constante, insoportable) Así crujen los mamparos de un camarote. Por ahí se planca el barco, menos de un minuto, pero enseguida vuelve, ahí, ¿ves? La soldadura que está floja. La estructura cruje. Mira, esté barco es del año 79, el Sureste 502. Cuesta dormir así ¿no? Pero dormís igual, o más o menos. Echate en la litera, encomendate a la Virgen de los Vientos, encomendate a tu dios, si tenés, y te veo luego. Así se vive: el mar y los motores de fondo, y los mamparos todo el tiempo sonando. Imaginate meses así. Quedás en un trance. Por eso te digo que le tenés que poner “Vivir Flotando”. El ruido ese te vuela la cabeza, y yo lo sufro, porque como músico sé que me voy a quedar sordo, todos los maquinistas terminan sordos, así que trato de disfrutar… Escuchá (sube el volumen del equipo) ¿se escuchan los mamparos?

"Venimos del palo del agua. Mi abuelo también fue maquinista. Dos hijos suyos, dos tíos míos, también. Uno se ahogó en un naufragio, otro sigue vivo. Eran maquinistas de antes. Un maquinista hoy hace la conducción de la sala de máquinas. Ya no hay maquinistas tan maquinistas."

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En altamar el único bicho que anda es el albatros. Tiene envergadura de punta de ala a ala de acá a allá (abarca con el gesto una distancia de tres metros, y después forma un “cachito” con sus dedos de unos diez centímetros) y un pico así. Se te suben al barco y les decís y vos quién sos, perdóname, y te querés tirar al agua. Hay un poema precioso de Charly Bodelier (sic) sobre los albatros… Vos los ves cuando te asomás por borda para mear, y hay veces que andan cerca del agua, entonces los tiburones los prenden de las patas y se los quieren llevar para abajo, pero el albatros una vez que se acomoda, pim pim, le da picotazos en el ojo y le dice soltame, te metiste con la persona equivocada y sale. Y vos ves toda la secuencia mientras meás y te quedás así, te da miedo moverte y que venga volando y te coma la pinchila.

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¿Los naufragios? Hay. Muchísimos son por fuego. Los barcos tienen combustible y electricidad con mucha potencia y combustible. Todo el tiempo en el mismo lugar.  Mucha energía junta, mucho calor, un generador que se pasa de vuelta, una chispa y se hace un desastre que si no controlás te hace fallar un arqueo en una soldadura y después… Yo tengo un dicho de mierda, pero que lo uso para ponerle humor frente a alguna situación que puede desesperar al resto: “Quedate tranquilo que más abajo del fondo no vamos a pasar”… El tema es tener siempre para hacer espiches a mano. Eso es ingeniería de primera. Si no tenés un espiche, vas muerto. Espiche es… (gira la cabeza, ve una escoba contra la pared, se levanta, la agarra) ¿esta es tu escoba? Ahora no es más tu escoba ahora es un espiche. Parto la escoba, le saco punta (la deja caer al suelo) y cubro el agujero. Ojo, los flujos de agua casi nunca son del casco, no vienen de afuera. El barco tiene doscientas mil cañerías. Agua fría, agua caliente, agua dulce, líquido de compresión, agua destilada, líquido refrigerante, de todo, es un quilombo. Y son caños así de gruesos, y eso te cambia la presión y te hunde. Pasa que vos toda esa cañería no la ves. Están los pisos, son chapones, que son los pisos de la sala de máquinas. Vos no ves la cañería, va toda para abajo. Lo mejor que hay, lo he hecho una vez, es un garrón, pero ahí sí que conocí el barco en el que andaba, fue sacar los chapones y dibujar todos los planos de las cañerías. Pero me quería largar a llorar. Me fumé un porro y miraba y decía esto no puede ser (se sostiene los parietales con ambas manos, sacude la cabeza) Tardé horas. Pero fue algo bueno. Porque durante todo ese viaje pasaba un problema, algún manómetro marcaba algo raro, y yo decía mirá el problema está allá, sacaban la chapa y estaba ahí y lo arreglábamos enseguida. De ese barco fui El Jefe de Máquinas. El Jefe. 

* Fotos del autor 

Correo Argentino

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