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26 de septiembre 2021

Aurelio Tomás

¿UNA CARRERA NUCLEAR CON PARTICULARIDADES CHINAS?

Tiempo de lectura: 11 minutos

Diversas informaciones recientes, como la construcción de silos misilísticos en el desierto chino detectadas en imágenes satelitales el mes pasado, han puesto al mundo en alerta ante el posible inicio de una nueva carrera nuclear. En un contexto de creciente tensión bilateral entre Estados Unidos y China, agravada por eventos epocales inesperados, como el ascenso y caída de Donald Trump o la irrupción del Covid-19, invitan a volver a pensar en el riesgo de una conflagración nuclear global.

Este tema central de la era de las superpotencias y la Guerra Fría parecía hasta ahora una cuestión secundaria en la competencia que define el mundo actual. Pero los planes de modernización nuclear norteamericanos y rusos, el acuerdo de Australia, Estados Unidos y el Reino Unido para dotar al primero de una potente flota de submarinos de propulsión nuclear, los ajustes al alza de los stocks de potencias intermedias, como Gran Bretaña e India, y los indicios de una expansión del arsenal atómico chino y invitan al máximo alarmismo.

La creciente vinculación entre la industria nuclear civil argentina y la de China obliga a nuestra diplomacia a seguir con atención estos desarrollos. Si se confirman las peores predicciones sobre el futuro del programa nuclear militar de la nación asiática, el vínculo de nuestro país con China en materia atómica podría convertirse en un tema central del posicionamiento internacional de nuestro país. Sin embargo, antes de avanzar en conclusiones apresuradas, adelantar nuestro Reloj del Fin del Mundo a pocos segundos antes de la medianoche y ajustar la política exterior argentina a una nueva era del pánico nuclear, es preciso repasar algunas particularidades sobre el programa nuclear chino.

"Diversas informaciones recientes, como la construcción de silos misilísticos en el desierto chino detectadas en imágenes satelitales el mes pasado, han puesto al mundo en alerta ante el posible inicio de una nueva carrera nuclear."

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Coreografía de una explosión

El 16 de octubre de 1964, la primera prueba nuclear de la República Popular China fue presentada al mundo con una filmación digna del mejor cine soviético, con un toque de Hollywood. Una cuidada coreografía exponía la contradicción principal con la que nacía la política nuclear del país más poblado del mundo: el hongo nuclear y la aparatología que muestra la película exhiben la capacidad técnica china; las cargas de caballería y el avance de la infantería sobre la nube radioactiva reafirman, en cambio, la convicción maoista que definía a la política y las masas humanas, antes que la tecnología, como los factores de poder clave que mueven la Historia.

La única copia disponible de ese video en línea está en el documental Trinity and Beyond (1995), editado junto con la otra pieza propagandística clásica del programa nuclear chino: la primera prueba exitosa de un arma termonuclear el 17 de junio de 1967, con un potencial de destrucción cientos de veces mayor a la bomba que detonó Estados Unidos sobre Hiroshima.

A pesar de la estética amenazadora de estas piezas propagandísticas, el programa nuclear chino se caracterizó por un extremo bajo perfil y un desarrollo moderado de las fuerzas disponibles. De hecho, muchos especialistas sostienen que no fue hasta la década del 80 que la República Popular China inició un despliegue de fuerzas capaces de responder a un ataque de Estados Unidos o la Unión Soviética.

“China no desarrolló planes operacionales estratégicos hasta la muerte de Mao en 1976 y no desplegó sus primeros misiles balísticos intercontinentales hasta el inicio de los 80”, indica por ejemplo el experto en desarmé Jeffry Lewis, en el libro Paper Tiger (2014) publicado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS). Además, Lewis sostiene que no fue hasta el inicio de los 90 que China logró poner plenamente en operaciones el misil intercontinental DF-5 (DF corresponde a la palabra china Dongfeng, Viento del Este), su primer arma estratégica de porte.

En términos de doctrina militar nuclear, la opción adoptada por el Partido Comunista Chino fue la de adherir al principio de disuasión mínima. Entendida como el desarrollo de una capacidad de respuesta ante un ataque nuclear, suficiente como para disuadir a un enemigo de avanzar con esa opción.  La doctrina de la disuasión mínima o limitada contrasta con la que desarrollaron las dos superpotencias, basada en la garantía de destrucción mutua, que motivó una proliferación descontrolada de armas atómicas y el desarrollo de mecanismos de detección, toma de decisión y respuesta que permiten lanzar un contraataque masivo en pocos minutos.

En el libro China Builds the Bomb (1988), de John Wilson Lewis y Xue Litai, considerada la obra definitiva sobre el proyecto nuclear chino, se muestra cómo la guerra de Corea, la crisis en el estrecho de Taiwán y la guerra en Indochina “constituyen la causa de la decisión china de construir un fuerza estratégica nacional” entre 1954 y 1955. En una primera etapa, el proceso estuvo signado por la asistencia soviética gracias a seis acuerdos firmados entre 1955 y 1958. El programa también recibió un impulso menos conocido, el de Irène Joliot-Curie a través de su discípulo Qian Sanqiang, el Robert Openheimmer del programa chino. Según Lewis y Xue, la hija de Marie Curie proveyó un elemento fundamental para el inicio de la reacción en cadena de la bomba detonada en 1964.


Imagen de la primera prueba nuclear china en 1964

Además de esta asistencia, sin duda fundamental, el programa requirió una movilización interna de recursos y capacidades locales inéditas. Desde la formación de miles de científicos nucleares a una movilización monumental de recursos materiales (se estima que el costo fue de 27 mil millones de dólares a valor actual) y humanos (como el despliegue de decenas de miles de campesinos con contadores gaiser, en  busca de fuentes nativas de uranio).

La ruptura con la Unión Soviética en 1960 ocurrió en el momento en que se debían transferir algunos elementos fundamentales, como el diseño de la bomba y la maquinaria requerida para finalizar la primera planta china de enriquecimiento de uranio en Lanzhou. Un dato clave para pensar la actualidad es que ocurrió en coincidencia con el inicio de las negociaciones entre la Unión Soviética y los Estados Unidos para acordar una moratoria a las pruebas nucleares.

El relato de Lewis y Xue muestra cómo el programa nuclear chino enfrentó el contexto de las privaciones del Gran Salto Adelante y la violencia de la Revolución Cultural. Múltiples anécdotas, como la caza de venados para alimentar a los científicos ante la falta de alimentos o el rápido despliegue de un regimiento militar para detener el intento de copamiento por parte de jóvenes guardias revolucionarios del campo de pruebas nucleares en Lop Nur, muestran cómo la dirigencia del Partido Comunista Chino buscó proteger al programa estratégico de las privaciones y las convulsiones internas. Otro dato que los autores destacan es que muchos cuadros que formaron parte de este programa, entre ellos Deng Xiaping, se contarían entre los dirigentes más importantes de la era postmaoista.

A pesar de que tuvo algunas intervenciones fundamentales para el avance del programa, el involucramiento de Mao fue muy limitado. En el inicio de la era atómica, había dicho que las armas nucleares eran “un Tigre de Papel” usado por Estados Unidos para extorsionar al naciente bloque comunista. En algún sentido, el programa nuclear chino estuvo en su primera etapa orientado a mostrar el carácter no excepcional de estas armas. China demostró que dominaba el átomo y en particular la bomba de hidrógeno, pero no se sumó a la carrera de las potencias.

"A pesar de la estética amenazadora de estas piezas propagandísticas, el programa nuclear chino se caracterizó por un extremo bajo perfil y un desarrollo moderado de las fuerzas disponibles. En algún sentido, el programa nuclear chino estuvo en su primera etapa orientado a mostrar el carácter no excepcional de estas armas. "

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Silos nucleares en el desierto chino

Un misil intercontinental disparado desde Estados Unidos, tarda apenas media hora en llegar a las principales ciudades de Rusia. Si se introducen en el tablero las fuerzas de alcance intermedio, como las que las dos superpotencias desplegaron en Europa, la ventana de advertencia se estrecha a pocos minutos. Ante este escenario, se optó por multiplicar exponencialmente el número de armas disponibles y se redujo al mínimo el tiempo necesario para activarlas. La clave estaba en garantizar una respuesta contundente ante un ataque masivo de “contrafuerza” (en criollo, usar bombas nucleares para destruir las armas nucleares del enemigo).

El arma característica de la estrategia de destrucción mutua garantizada (MAD, por sus siglas en inglés) es el silo nuclear. Bajo tierra, un grupo de individuos pasa el día de guardia listo para dar vuelta a dos llaves e iniciar el armagedón en pocos minutos. Dado que resulta sencillo para el enemigo conocer su ubicación, son armas particularmente desestabilizantes, porque en caso de crisis se exponen al dilema de “usar o perder” (use or loose).

Por esta razón despertó tanto temor el informe de expertos de la Federation of American Scientists que, a partir de imágenes satelitales, detectó la construcción de dos campos con unos 230 silos nucleares en los desiertos de Gansu y Xinjiang. Además, también se ha observado la construcción de otros 40 nuevos silos en cercanías de la ciudad de Ordos, Mongolia interior, y la ampliación de otra base misilística ya conocida en la provincia de Henan (1). Estas instalaciones estarían adaptadas según los expertos para incorporar los misiles de cuarta generación DF-41, de combustible sólido y con capacidad de llevar 10 cabezas nucleares independientes. Por lo tanto, en el peor de los panoramas, este desarrollo implicaría la capacidad de contar con 2700 cabezas nucleares desplegadas. Un crecimiento más que suficiente como para declarar iniciada la carrera nuclear del siglo XXI.

Un trabajo publicado el año pasado por Hans M. Kristensen y Matt Korda en el Bulletin of Atomic Scientist, sostiene que “China tiene un stock de aproximadamente 350 cabezas nucleares, de las cuales cerca de 272 están adaptadas para ser utilizadas en unos 240 misiles balísticos terrestres, 48 misiles balísticos marinos y unas 20 bombas de gravedad que pueden ser utilizadas en bombarderos”. (2) Esta estimación es la base del panorama nuclear anual que publica el SIPRI -considerado internacionalmente como la fuente más confiable- y coloca a China como la tercera potencia atómica, detrás de Estados Unidos (5550 cabezas totales) y Rusia (6375).

Esta fuerte diferencia en números con las dos cabezas del ranking es la justificación que utiliza China en los foros de desarme para explicar su rechazo a una política más transparente sobre su stock atómico. También surge cada vez que se la presiona para que ingrese en las negociaciones sobre reducción de stock nucleares. Un diplomático argentino con experiencia en la OIEA indicó que usualmente la respuesta del representante de la nación asiática es: “Cuando lleguemos a tener la mitad de bombas que tienen ustedes, comenzaremos a hablar de desarme”.

Más allá de la enorme distancia que aún la separa de sus competidores, de comprobarse que China quiere elevar el número de sus armas nucleares desde 350 al orden de miles de ojivas, sería el aumento porcentual más significativo desde que Ronald Reagan y Mijail Gorbachov acordaron comenzar a negociar un tope máximo de armas nucleares.


Construcción de silos nucleares en el desierto chino detectadas por la Federation of American Scientists

Además de las acciones en el terreno, diversas declaraciones de fuentes oficiales y de medios estatales han sugerido que existen planes para llevar el stock de armas a más de 1000 cabezas nucleares. Uno de los registros que más alarma despertó fue el editorial de Global News (medio del estado chino en EEUU), dónde el periodista militante del PCCh Hu Xijin indicó que su país debía elevar el número de cabezas atómicas hasta mil armas activas, esto es triplicar o quintuplicar su capacidad actual según se tome la estimación ya citada o el número de 200 cabezas listas para ser utilizadas declarado por los representantes militares norteamericanos en el congreso.  ( 3 )

Sin embargo, hay dos cuestiones a tener en cuenta antes de dar por cierta la idea de que podría llegar a ese volumen de armas de destrucción masiva en el corto plazo.

El primer factor a tener en cuenta es que hay sobrados antecedentes de construcción de silos nucleares como mecanismos de confusión. Por ejemplo, durante el gobierno de Carter Estados Unidos proyectó construir una enorme red de centenares de silos conectadas por trenes que moverían de manera oculta unos 50 misiles MX “Peacemaker”. El objetivo era que si un ataque sorpresa soviético buscaba eliminarlas, debería utilizar cientos de bombas para destruir todos los silos. Cada misil Peacemaker contaba con 12 cabezas nucleares independientes MK 21, de 300 kilotones, equivalentes a 20 bombas de Hiroshima cada una. Por lo que sí tan sólo una pequeña proporción de los misiles sobrevivía, tenían la capacidad de destruir decenas de ciudades rusas.

Con este tipo de antecedentes en mente, algunos expertos creen que China podría utilizar una estrategia similar: multiplicar los silos para desplegar un número limitado de misiles. Es el caso de James Acton, co-director del Programa de Desarme del Carnegie Endowment, quien comparó las acciones chinas con los planes norteamericanos de la década del 70. Desde su perspectiva, China está atemorizada por el crecimiento de las capacidades de Estados Unidos para derribar misiles nucleares, algo que podría anular la capacidad de responder a un ataque nuclear masivo sorpresa. Esto es, si Estados Unidos logra anular los medios navales chinos y dispara miles de armas contra sus instalaciones, las pocas que quedarían disponibles podrían ser interceptadas. En materia de estrategia nuclear, el riesgo a evitar es que el contrincante crea que cuenta con la capacidad de realizar un ataque sin sufrir consecuencias.

"Más allá de la enorme distancia que aún la separa de sus competidores, de comprobarse que China quiere elevar el número de sus armas nucleares desde 350 al orden de miles de ojivas, sería el aumento porcentual más significativo desde que Ronald Reagan y Mijail Gorbachov acordaron comenzar a negociar un tope máximo de armas nucleares."

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En cualquier caso, incluso si se comprueba que China está construyendo silos fantasma, estas acciones muestran que bajo la conducción de Xi Jinping, la potencia asiática está desarrollando una estrategia nuclear global a tono con sus aspiraciones. Es importante recordar que, además del desafío norteamericano, el PC Chino también debe incluir en sus cálculos a India y Rusia, dos potencias nucleares con las que ya hubo enfrentamientos armados en el pasado.

El segundo factor que se debe considerar a la hora de calibrar el temor a un aumento a corto plazo del stock nuclear chino se refiere a la materia prima nuclear. Diversos trabajos han indicado que los planes armamentísticos de Xi Jinping tienen como límite la disponibilidad de material nuclear fisionable.

Esta es también la posición oficial de la Secretaría de Defensa de los Estados Unidos, que el año pasado indicó en su informe al Congreso sobre  Desarrollos Militares y de Seguridad en la República que el material disponible sólo permitiría a China pasar de unas 200 armas nucleares a no mucho más de 400. Un detallado y voluminoso estudio sobre el desarrollo nuclear civil chino elaborado por el Nonproliferation Policy Education Center este año reconoce las limitaciones actuales, pero advierte sobre posibles cambios a futuro. Allí se anticipa que “la trayectoría de la industria nuclear civil china tendrá como resultado que una enorme cantidad adicional de plutonio de grado armamentístico estará en las manos del gobierno de China, a medida que el país avanza en el reprocesamiento de plutonio en gran escala para producir una nueva generación de reactores” ( 4 ).

"La asociación entre China y la Argentina en este campo, podría convertirse en un tema central de la relación con Estados Unidos. El dilema para nuestro país se completa con un último dato: ningún país occidental puede ofrecer en la actualidad una alternativa comparable, en materia de transferencia de tecnología y financiación, a la cooperación que ofrece China en materia nuclear."

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Implicancias para la Argentina como socio nuclear chino

Si, como afirman los expertos citados, la producción nuclear civil china podría tener la llave para hacer posible el camino a una nueva carrera armamentística, el dato debe ser tomado en cuenta por la diplomacia argentina. Nuestro país es considerado un ejemplo destacado de política de no proliferación nuclear, al punto que un diplomático argentino está al mando de la Organización Internacional de Energía Atómica. Rafael Grossi tiene sin duda méritos personales suficientes para estar en el cargo, pero su llegada a ese puesto responde a un reconocimiento a la política de desarrollo pacífico, transparencia y contribución internacional al desarme y el control de los materiales nucleares peligrosos.

Desde que la ex presidenta Cristina Fernández firmó con el entonces primer ministro chino Wen Jiabao un Acuerdo de Cooperación Nuclear en 2012 (al que seguirían varios convenios en la materia y el plan de construir dos nuevas centrales) el vínculo ha sido visto con recelo por los Estados Unidos. Testimonios de especialistas norteamericanos, diplomáticos argentinos y estadounidenses recabados en múltiples coberturas periodísticas realizadas por este autor, coinciden en apuntar que hay una creciente presión norteamericana para desactivar estos planes. Durante los gobiernos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, el tema surgió de manera recurrente en la agenda bilateral. La crisis de la deuda primero y la pandemia después han puesto un paréntesis en los planes para la construcción de nuevas centrales, pero declaraciones de los funcionarios del gobierno de Alberto Fernández apuntan a una intención de reactivar una parte del plan original e iniciar la construcción de una central de tecnología china. 

Expertos consultados para este artículo coincidieron en señalar, en estricto off como es usual en estos temas, que la presión sobre la Argentina en este tema será cada vez más grande, a medida que crezca el enfrentamiento de Estados Unidos con China. Más aún, si se comprueba que los planes civiles chinos son parte de un programa que permitirá en el futuro el crecimiento exponencial del stock nuclear de la potencia asiática, la asociación entre China y la Argentina en este campo, podría convertirse en un tema central de la relación con Estados Unidos. El dilema para nuestro país se completa con un último dato: ningún país occidental puede ofrecer en la actualidad una alternativa comparable, en materia de transferencia de tecnología y financiación, a la cooperación que ofrece China en materia nuclear.


Puerta de un bunker nuclear norteamericano de la Guerra Fría, como la famoza pizzería, prometían entregar un misil en tan sólo 30 minutos.

( 1 )

https://www.nytimes.com/2021/07/26/us/politics/china-nuclear-weapons.html

https://fas.org/blogs/security/2021/07/china-is-building-a-second-nuclear-missile-silo-field/

https://thebulletin.org/2021/09/chinas-nuclear-missile-silo-expansion-from-minimum-deterrence-to-medium-deterrence/

( 2 )

https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00963402.2020.1846432

( 3 )

https://www.globaltimes.cn/content/1187766.shtml

( 4 )

http://npolicy.org/article_file/2102_Chinas_Civil_Nuclear_Sector.pdf

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