24 de junio de 2026
¿Si todavía puedo bailar? ¿El papa es católico?
Muhammad Ali, en la previa de la pelea con Foreman, 1974, Zaire. (Facing Ali, 2009)
Aire limpio
Como si no fuera suficiente, Lionel Messi nos regaló a todos una primera semana eufórica. Lo sabemos: no es lo mismo mirar Escocia Marruecos o Brasil Haití si de reojo estamos haciendo cuentas desde tan temprano. Aire limpio. Ahora nos damos cuenta que también importa cómo empezamos. Ojos bien abiertos para leer las loas del mundo sobre nuestro diez, o para regodearnos viendo en loop las mil repeticiones de sus goles.
Como si fuera poco, después del hat-trick, Messi también nos acomodó la agenda y nos recomendó qué ver entre partido y partido: estamos mirando la serie de Rafa Nadal y me identifico mucho, dijo. La serie documental de Netflix tiene cuatro capítulos que repasa la vida y la carrera del tenista español. Después, en esa misma zona mixta, pegó una declaración personal: confesó que lloró después del primer gol a Algeria porque está pasando un mal momento. Messi a corazón abierto; nos habla de sus series y de sus dolores. Nos entrega su corazón y nosotros le entregamos el nuestro. No la caguemos.
El capítulo II de la docuserie de Rafa se llama una bola más y termina con un off del tenista: “La gente se cree que yo era un ganador. Yo no soy un ganador. Yo soy un competidor. La victoria dura lo que dura. Es momentánea. Lo que siempre me ha motivado son las ganas de seguir luchando porque entiendo que la satisfacción viene de la dificultad”.
Una a favor de la época y de los contenidos: mejores o peores, el formato documental biográfico de all access, permite romper una cuarta pared, acompañar a tu ídolo hasta la mesa de luz, humanizarlo, encariñarse y, también, ver de cerca el nivel brutal de presiones y exigencias que padecen para encarar sus objetivos. Asombra ese espíritu. Messi, Nadal, ¿de qué están hechos? De sufrimiento. Aguantar una bola más, que ya va a llegar. Nadal arrastró un dolor crónico y sin cura en el pie desde ¡2005!, a sus ¡11! Messi empezó a inyectarse a diario hormonas de crecimiento. Rafa peleó hasta ganar su mundial: Wimbledon. Encontró en Roger Federer su némesis; el anzuelo para superarse y seguir. En la serie cuenta que el miedo a que su dolor de pie volviera hizo que viviera su carrera al máximo, pensando que en cualquier momento se podía cortar. Messi padeció un país que muchísimas veces lo destrató. Su Wimbledon no llegaba. Al igual que Rafa, ganaba y ganaba, rompía récords. Su Roland Garros eran los balones de oro (8) y su Federer era CR7, pero le faltaba algo. La satisfacción para Messi, también vino de la dificultad. Mientras, seguía compitiendo.

Los Simuladores
Las frustraciones se destrabaron en el 21, en la Copa América de Brasil. A partir de ahí, Argentina viene construyendo el mejor ciclo de su historia: campeonatos, forma de juego, personalidad. Scaloni, y sus ayudantes, armaron la remake de Los Simuladores; el plan de resolverle los problemas a la gente viene funcionando. Parece que sabían qué hacer: se encargaron de hacer el fit perfecto con los jugadores. Un primer gesto que plantó la semilla: un cuerpo técnico acomodándose a las necesidades humanas de los protagonistas. Menos pizarrón, más sobremesa. En El Método Scaloni, que está en Flow, el entrenador profundiza ese modelo. Que si el que está al lado mío es un amigo, yo voy a dar un extra por esa pelota. Hay que estar juntos, tomar un mate, dice. Hablar y ver cómo están; acompañar. Desde el otro lado, Tagliafico lo confirma: hay muchos técnicos que juegan más al ajedrez que al fútbol, mientras tienen cero feeling con el jugador. La confianza y el ida y vuelta a esa altura es más importante.
Messi, Haaland, Mbappé, Kane arrancaron a la altura. Es importante ver a aquellas selecciones que todavía no lo hicieron. La fecha dos debería darnos más de España y Portugal, por ejemplo
Scaloni pareciera enfatizar ese rol que tiene junto a su equipo. A veces da la sensación que es más una declamación: un gesto simbólico, ultra modesto, una postura para adentro y para afuera -lo hago y digo que lo hago-. En cualquier caso, en el plano táctico, Scaloni viene consolidando y aceitando una estructura y un dispositivo que funciona cada vez mejor. Él los junta, los acerca, los mezcla para después correrse de la escena. Ideas claras.
Denominación de origen
En el canal de The Athletic analizan el juego argentino. ¿Por qué jugamos distinto a todos? Un ejemplo: cuando el equipo sale desde abajo con los centrales conduciendo, los medios -incluyendo a Messi- se acercan y se amontonan en el centro de la cancha. Tensionan la zona generando tráfico. Las opciones de pase son varias en pocos metros cuadrados. Lo interesante acá es ver cómo los jugadores se ofrecen como opción de pase mientras se posicionan con el cuerpo de diferentes maneras (foto 1), pensando en lo que podría ser la próxima asociación.

Hay que arriesgar y confiar (perderla ahí sería un grave problema). Juntar rivales para liberar otros espacios del campo. Argentina comprime y propone esta opción de juego porque cree en la técnica de sus jugadores. Cuando la conexión funciona y ese primer pase -que también puede ser de quien esté jugando de cinco- se logra controlar veinte metros más adelante, el equipo ahora puede cambiar la marcha, expandirse y atacar.

Hay campo abierto para jugar. Se puede avanzar profundo por los laterales con Medina/Almada por izquierda, o Molina/De Paul por derecha. O se puede seguir tocando por el medio a un toque, lanzados en carrera, como flechas, preparando el próximo movimiento para llegar al área con espacios.

Argentina y su denominación de origen. Otra vez la nuestra: que se adapta, se corrige, se mejora. Un proceso de, más menos, cinco años, constante, irrepetible, con identidad y sello propio. Un equipo que emociona, que tiene un pacto de cuidar y proteger al diez, para que el diez pueda seguir siendo el jugador más determinante del mundo. Un equipo que también es vanidoso y que le gusta ocupar el centro de la escena -que lo celen, incluso-. Una Selección, en definitiva, que llega plantada, segura de sí misma, sin esa carga dramática que arrastró por tantos años sin copas. No sabemos hasta dónde lo hará. Lo que se sabe y lo que está en el aire es que la Selección va a competir como compiten los grandes equipos y los grandes deportistas. Como Rafa, y como nuestro capitán.

Fecha dos
“El fútbol cuando se expande con toda su potencia tiene el poder de cambiar el rumbo de cualquier viento. Todo lo dicho antes es papel picado. Sale del debate la pausa de hidratación y entran los 16 goles de Messi en los Mundiales”. Así da vuelta la primera página del mundial Marcelo Gantman en su newsletter Big Data Sports. Una compañía imprescindible para este mundial.
La única certeza es que el mundial gusta: hay buenos partidos, hay buenos equipos y hay sorpresas. Messi, Haaland, Mbappé, Kane arrancaron a la altura. Es importante ver a aquellas selecciones que todavía no lo hicieron. La fecha dos debería darnos más de España y Portugal, por ejemplo. Confirmamos que Japón y Marruecos juegan un fútbol técnico y dinámico y que Estados Unidos puede llegar muy lejos si sigue así de tenaz y obstinado.
Un primer gesto que plantó la semilla: un cuerpo técnico acomodándose a las necesidades humanas de los protagonistas. Menos pizarrón, más sobremesa
Preocupa la flojera -por ahora- de algunos equipos sudamericanos. Despertó Paraguay con épica, pero Ecuador y Uruguay aún son equipos que jugaron por debajo de sus posibilidades. Tienen suerte que clasifican 32 selecciones de 48 a la próxima ronda. Interesa ver a Inglaterra nuevamente con su capitán -Kane- jugando de casi todo. A Francia, también, para ver cómo administra tanta marquesina. Holanda, Alemania. Ahora sí estalló el mundial.
A nosotros se nos viene Austria; una selección dura, con jugadores intensos (muchos de la Bundesliga) y tácticos. Su entrenador, el alemán Ralf Rangnick, rechazó ir al Bayern para quedarse en esta selección. Lleva cuatros años y armó un equipo que tiene las cosas claras; que presiona alto y constante. A diferencia de Argentina, apuestan a transiciones rápidas sin tanto pase, yendo al ataque. Veremos qué partido piensan. Veremos qué podemos hacer nosotros frente a un rival que puede llegar a ser incómodo. Mientras tanto disfrutemos a Messi y a nuestra Selección.



