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22 de julio de 2026

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13 de noviembre de 2024

TRUMP, ¿EL PACIFICADOR?

María Constanza Costa

@constanzacost
Mundo
Tiempo de lectura: 5 minutos

De todos los líderes del mundo que esperaban el resultado de las elecciones en EE.UU hubo dos que lo hicieron con más expectativa que el resto: Benjamìn Netanyahu y Volodimir Zelensky. El primero recibió la noticia de Donald Trump de manera exultante; el segundo, más cauteloso. Es que el presidente ucraniano percibe la tormenta negra que se avecina.

Una Rusia que avanza mientras EE.UU se retira

Zelensky tiene motivos para estar preocupado. Por un lado, la imprevisibilidad es la marca de agua de Trump. Saber hacia dónde irán sus decisiones y cómo alterarán el orden mundial es imposible. Pero hay una certeza: las ideas de Trump de “America First” proponen una reducción de las intervenciones de Estados Unidos en algunas partes del mundo para dar prioridad a China.

Por el otro, Estados Unidos bajo cualquiera de sus administraciones viene repitiendo el patrón de no jugarse mucho para defender a sus aliados. En 2021 abandonó Afganistán dejando a su suerte al gobierno aliado frente al avance de los talibán, y ya había hecho lo mismo en el norte de Siria dejando solos a los kurdos frente al ataque de Turquía (una situación similar a lo que había sucedido con los rebeldes sirios que luchaban contra Bashar Al Assad).

Durante la campaña electoral, Trump hizo la ambiciosa promesa  de poner fin a la guerra de Ucrania, la cual aseguró poder resolver en 24hs. El presidente electo considera tener una capacidad negociadora superior a la de su antecesor, Joe Biden, para poder obligar a Putin y a Zelensky a que se pongan de acuerdo en un conflicto que nadie esperaba que durara más que algunos meses y ya se acerca a los tres años.

Durante la campaña Zelensky visitó tanto a Kamala Harris como a Donald Trump para darles a conocer un documento de estrategia sobre cómo considera Kiev que puede fortalecerse frente a Rusia y ganar la guerra. Sin ayuda occidental no hay victoria.

Su denominado “Plan para la Victoria” tiene cuatro puntos fundamentales: la aprobación de la utilización de misiles de largo alcance contra Rusia, la invitación formal para unirse a la OTAN, un paquete de disuasión estratégica no nuclear y sustituir algunas tropas estadounidenses en Europa por tropas ucranianas, durante la fase de posguerra. 

Zelensky insiste en reforzar su ejército para obligar a Rusia a negociar sin tener que ceder territorio ucraniano, algo que parece poco factible. A cambio de la ayuda, además de garantizar la seguridad de Europa, Ucrania proporcionará a los aliados acceso preferencial a la explotación de recursos estratégicos como uranio, titanio, litio y grafito.

En el Congreso los republicanos resistieron durante meses la aprobación de un nuevo paquete de ayuda para Ucrania, y al final terminaron cediendo para no correr el riesgo de que Ucrania sea derrotada y Trump responsabilizado por esa derrota. Dentro del universo de los asesores de política exterior de Trump está claro que la línea neocón de Mike Pompeo perdió terreno, ya que Trump anunció que su ex secretario de Estado no será parte de su gabinete.

En un artículo publicado por The Wall Street Journal, a principio de este año, Pompeo propuso que los aliados europeos de la OTAN aumentaran su gasto de defensa hasta el 3% del PBI y aportaran el 80% de un préstamo de 100 mil millones de dólares para armar Ucrania. EE.UU le seguiría proveyendo de armas porque una cosa es parar las guerras y otra muy distinta perjudicar los intereses de Estados Unidos en cuanto al desarrollo de su complejo militar. Además, contemplaba aumento de las presiones contra Rusia y la posibilidad de que Ucrania se uniera a la OTAN.

La administración Biden Harris, aunque mantenía las formas al denunciar la situación humanitaria de los civiles palestinos o abogar por la solución de los dos estados, nunca dejó de proveer ayuda militar al gobierno israelí

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La otra figura que puso sobre la mesa un plan de pacificación, totalmente opuesto a lo diseñado por Pompeo, fue el vicepresidente electo, J.D.Vance. En sintonía con una línea aislacionista propuso poner fin a las hostilidades a través de la congelación de las líneas de frente y que se establezca una zona desmilitarizada fortificada para impedir que Rusia vuelva a invadir Ucrania. De esta manera se garantizaría la seguridad de Ucrania a cambio de ceder territorio y de su neutralidad, es decir, queda bloqueada su adhesión a la OTAN. Además, la reconstrucción de Ucrania quedaría bajo la responsabilidad de Alemania.

Vance, al igual que Trump sostiene que hay que convencer a los ucranianos de que no es posible una recuperación total del territorio y que es necesario un acuerdo negociado para el conflicto. Los críticos de esta posición dicen que esto le daría tiempo a Rusia para reorganizarse y volver a atacar. Además un acuerdo que contemplara la merma territorial y limitara la capacidad de Ucrania en política exterior sería percibido como una victoria de Rusia.

Para el equipo de Trump un acuerdo que beneficie a Rusia puede servir como excusa para un acercamiento que permita alejarla de China. Pero también es cierto que a Trump le gusta ser percibido como un hombre exitoso en todos los frentes y sería muy difícil despegarse de una derrota ucraniana en su gestión. Si se descuida Ucrania puede ser para él, lo que el retiro de tropas de Afganistán fue para Biden.

Medio Oriente: un escenario que puede empeorar

En su primera presidencia Trump apoyó total e incondicionalmente a Israel y a su plan de colonización ilegal. A juzgar por la reacción del primer Ministro israelí, Benjamin (Bibi) Netanyahu no pareciera que eso vaya a cambiar. Bibi celebró la victoria y calificó el retorno de Trump a la Casa Blanca como el “mayor regreso de la historia”, sus ministros de ultraderecha Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir, fueron los primeros en felicitarlo incluso antes de que Trump se declare ganador.

La desproporcionada respuesta de Netanyahu al ataque cometido por Hamas, el 7 de octubre de 2023, ha sido respaldada tanto por demócratas como por republicanos.

Trump sostiene que hay que convencer a los ucranianos de que no es posible una recuperación total del territorio y que es necesario un acuerdo negociado para el conflicto

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La ayuda estadounidense es la que habilita la masacre que lleva adelante el gobierno israelí contra civiles palestinos en Gaza. La administración Biden Harris, aunque mantenía las formas al denunciar la situación humanitaria de los civiles palestinos o abogar por la solución de los dos estados, nunca dejó de proveer ayuda militar al gobierno israelí incluso bajo la presión de muchos de sus votantes que le terminaron dando la espalda. La intensificación del conflicto es la manera que ha encontrado Netanyahu para mantenerse en el poder y contentar a sus socios ultraderechistas en el gobierno que niegan cualquier salida negociada.

Otro objetivo de Netanyahu es debilitar a Irán atacando sus bases nucleares, algo que la administración Biden se negó a respaldar. Pero con Trump esto podría cambiar, ya que en su primera presidencia fue él quien decidió terminar con el pacto nuclear con Irán que Barack Obama había logrado y que sus socios europeos querían preservar.

El único atenuante puede ser la relación con las monarquías del Golfo, la cual es fundamental para Trump. Si éstas se niegan a reanudar el proceso de normalización de las relaciones con Israel o tensionan la relación con EE.UU hasta que haya un cese al fuego. Pero hasta ahora los países de la región sólo han lanzado retóricas encendidas contra Israel, pero no han ejercido presiones concretas contra EE.UU para ayudar a los palestinos.

El periodo de transición entre una y otra administración va a ser clave. Mientras tanto, Netanyahu puede aprovecharlo para intensificar su ofensiva en El Líbano y culminar su limpieza étnica en el norte de Gaza, frente a una administración demócrata en retirada y un regreso de Trump a la Casa Blanca que promete mantener el respaldo político aunque la ayuda militar disminuya.

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