Un momento...

27 de julio de 2026

27 de julio de 2026

26 de julio de 2026

TRADICIÓN ORAL E IMAGINACIÓN: ENTREVISTA A SOFÍA DE LA VEGA

Pedro Yagüe

@peyague
Entrevistas Panamá
Tiempo de lectura: 7 minutos

En el primer poema de Los ángeles son vacas escribís “Las raíces empezarán a ceñirse muy pronto. / Eso es un problema/ porque no podré cortártelas”. Cuando lo leí pensé en la tradición. ¿Cómo aparece esto en tu experiencia de escritura? ¿Te sentís parte de una tradición argentina que piensa el territorio en relación con la voz?

Siempre me sentí huérfana en cuanto a lo literario. En el sentido que no heredé la biblioteca familiar ni ningún deseo frustrado de ser escritor, pero en un principio también huérfana respecto al canon argentino. Mi relación con los libros se profundizó en el colegio y después en la universidad. Estudié Letras en la Universidad Nacional de Tucumán, no me tuve que mudar a CABA, lo cual agradezco porque me ayudó a armar mi propia genealogía. A pesar de esto, en ese momento, los narradores que leíamos en Literatura Argentina eran todos de una tradición rioplatense clásica. Me gustaban pero los sentía ajenos, como si leyera algo de un país muy distinto al mío. Mi formación más potente fue en la cátedra de Literatura Latinoamericana donde di clases por unos años. Ahí sí encontré mi primer “pariente” que fue Juan Rulfo. También a Reinaldo Arenas, José María Arguedas, etc. En ese mismo año, recuerdo que leí a Faulkner y la explosión en mi cabeza fue total. A partir de ahí nunca pude salir de esa tradición “oral”. Siempre más latinoamericana, siglo XX, desarmada en la forma. No fue algo pensado y consciente, fue la literatura que en su forma tenía más que ver con la manera en que entendía el mundo y que, luego, cuando me puse a escribir fue lo primero que quise emular. Hasta hace no tanto no me sentía parte de la tradición argentina. Llegué tarde a Saer, a Sara Gallardo, a Libertad Demitrópulos, a Elvira Orphée. “Solo se puede tener voz en la medida que uno se arraiga al suelo” decía Gabriela Mistral y no es casualidad que todos estos autores tenían una relación muy particular con su tierra. Con muchas ausencias, los autores que nombré son con los que me interesa hacer familia, no solo por su trabajo tan particular con la voz sino también porque siempre están mirando más allá de ellos mismos.

¡Quiero ser tucumana profesional! Me gustó el oficio. Aunque creo que ser tucumana profesional no sería escribir desde el lugar común, sino justamente trabajar el material desde lo genuino

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¿Por qué te interesan tanto los animales, incluso asumiendo su punto de vista? ¿Qué encontrás ahí?

Me interesan los animales como me interesa el mundo entero. También porque me interesa la imaginación como el lugar desde donde escribir. Porque, entre otras cosas, la imaginación es el rastro del pasado digerido en forma de revelación. No hay nada más pasado que nuestra relación animal y, como dije que no había grandes bibliotecas en mi casa, también digo que siempre hubo muchos animales. Mi familia tiene un vínculo muy particular con ellos. Entonces mi herencia imaginaria familiar más antigua y más próxima tiene que ver con los animales. Donna Haraway plantea generar parentescos nuevos que nos acerquen a la realidad. Para eso está la imaginación, ¿no? Para hacer la realidad que desearíamos vivir o proyectar, una fabulación especulativa dice ella, donde se puedan pensar nuevos vínculos. Eso también me lleva a la palabra “fábula”. Por otro lado, me gustan mucho los géneros literarios primitivos, como el mito, la leyenda, los cuentos populares, y por supuesto, la fábula. El ser humano necesita de los animales para contar historias y para “aleccionar”. El primer cuento tiene un final bastante culposo y arrastra esta estela de fábula. Creo que mezclé muchas cosas pero espero que se entienda. ¿A vos te interesan los animales, por ejemplo?

Se entiende perfecto. También me interesan: por ejemplo, lo que hace Christian Ferrer con los pájaros al final de su libro sobre Martínez Estrada es hermoso. Pero vuelvo a este lugar más mitológico, este contar historias ancestrales. En tus textos tiene mucha presencia la liturgia católica. ¿Por qué y desde dónde trabajás el universo cristiano cuando escribís?

El porqué del tema católico es por algo muy simple: está en lo profundo de mi identidad como ser tucumana. Escribo sobre lo que más conozco y, al mismo tiempo, lo que más misterioso me parece (perdón la reiteración con el misterio). Me interesan mucho los escritores católicos, y una de mis grandes influencias, es Flannery O’Connor, ella misma decía hacer literatura de realismo católico porque trabajaba la revelación de la gracia en personajes pecadores. Hacía una literatura profundamente humana, porque el catolicismo está muy ligado al error, a los imperfectos que somos, más que a un equilibrio. Por eso, creo que me moviliza tanto pensar lo que escribo bajo la visión católica. Me gustaría que se dijera que hago una literatura que trabaja con la dignidad humana más allá de lo establecido. Y ese universo católico que trabajo no es el europeo, como el de Rosalía, ese catolicismo más estetizante y comercial. Me gusta habitar una religión que me incómoda, por lo que me pide y también por lo que hizo el catolicismo en su historia. Como ya comenté mi formación es latinoamericanista, por lo tanto pienso el tema con toda su complejidad: como pasó el Diálogo de Cajamarca entre Atahualpa y Vicente Valverde entre miles de episodios violentos por parte de la iglesia, también existieron figuras eclesiásticas que patearon el tablero contra la colonización: Bartolomé de las Casas, Fray Servando Teresa de Mier o Idelfonso de las Muñecas. En ese sentido, el catolicismo tomó también de otras religiones y culturas y fue también lo que entendieron los jesuitas en su momento, luego con la teología de la liberación. Con la llegada de Francisco, mi relación con el catolicismo se renovó y pude pensar mi quehacer desde otro lugar. Incluso qué hacer con la literatura y la imaginación. En 2024 Francisco dio  un discurso sobre la importancia de la literatura con el que me siento muy alineada.

Me gustaría que se dijera que hago una literatura que trabaja con la dignidad humana más allá de lo establecido. Y ese universo católico que trabajo no es el europeo, como el de Rosalía, ese catolicismo más estetizante y comercial. Me gusta habitar una religión que me incómoda, por lo que me pide y también por lo que hizo el catolicismo en su historia

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En De los potrillos nacen ríos hay todo el tiempo algo muy tucumano. ¿Existe el riesgo de caer en el “culto del color local”?

¿Qué es el culto del color local y por qué sería un riesgo?

Me refiero a aquello que desde Buenos Aires se espera que escriban quienes vienen de otras provincias. Hay algo de la maquinaria de acá que fagocita todo, a eso me refería con la idea de riesgo. ¿Cómo se escribe desde las raíces sin convertirse en una tucumana profesional?

¡Quiero ser tucumana profesional! Me gustó el oficio. Aunque creo que ser tucumana profesional no sería escribir desde el lugar común, sino justamente trabajar el material desde lo genuino. Volviendo a Flannery, hace poco fui a una clase de Esther Cross sobre ella y contaba que escribía literatura católica y sureña porque no quería que la encierren en ninguna de esas dos cosas porque era ambas, entonces ese doble juego la ayudaba a moverse más cómoda. Me gustaría pensarme así, y no encerrarme en ningún título. Por otro lado, también me parece agotador (y aburrido) estar escapando de lo que es ser tucumano y sus características simplemente por lo que piensan en Buenos Aires. Lo fundamental es diversificar. El Tucumán que yo creo y sobre el que me interesa escribir es el que construí con mi curiosidad y atención, es mío, quizás compartido por otras visiones, pero mío al fin. Sinceramente no me interesa escribir sobre otra cosa que no sea el Noroeste Argentino porque pienso que tengo una cantera enorme y fascinante por explorar. No me convoca estar peleando en el aire ni tampoco creo que los porteños me hayan puesto en un lugar, en todo caso yo supe construirlo. Para mí, fue muy grato haber recibido buenos comentarios de lectores tucumanos (que eran los que más temía). Ellos dijeron no haber encontrado pintoresquismo ni caricaturización. Creo que esto es porque escribo mi Tucumán, no un Tucumán que me contaron, sino uno que me atraviesa de verdad y que quiero compartir: que es ciudad, montaña, indios, universidad, judíos, etcétera, es un poco lo que traté de hacer en el libro de cuentos. No estoy pensando en el afuera cuando escribo, por suerte.  

En parte creo que justamente la crisis imaginativa está dada por la obsesión por las categorías: lo autobiográfico, lo mimético y lo que no lo es, el terror, la no ficción, no sé cada vez hay más categorías (algo muy yanqui además)

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Escribiste hace un tiempo un texto sobre la imaginación. ¿Cómo se vincula para vos con lo que se escribe en el presente y hasta con lo que se puede proyectar hacia el futuro?

Escribir ese ensayo sobre la imaginación en Los años 20 fue importante porque pude discernir desde qué lugar crítico me quiero posicionar. También salió hace dos años y hay muchas cosas que cambiaría. Una de ellas es el lugar un poco totalizante que le doy a la cuestión de la clase para pensar la imaginación. En ese sentido, creo que la ausencia u homogeneización de la imaginación tiene que ver sí con una cuestión económica, pero no únicamente de clase. También tiene que ver con otras cuestiones que todavía no puedo saber del todo. Lo que sí noto es una tendencia arrolladora por una literatura del yo cholula, es decir una literatura que entroniza un yo que solo quiere pavonearse y contar sus cositas, buscando una respuesta de su propio sector, no algo interior. Me molesta mucho esto porque la literatura autobiográfica me parece fascinante y llena de imaginación, se pueden hacer grandes montajes, también contar desde perspectivas nuevas y ser totalmente renovador. Por otro lado, hay una literatura de acción, llamémosla así, que busca llenar categorías políticas extranjeras: aunque se creen mundos, es una literatura de imaginación homogeneizante y destructiva porque también responde a la violencia del status quo, ocupa las categorías que la hegemonía le regala. También en este tipo de libros hay muchos aciertos y cosas que me gustan, pero percibo una especie de halo literal que los ubica rápidamente en feminismo, capitalismo, medio ambiente, etcétera, etcétera. En parte creo que justamente la crisis imaginativa está dada por la obsesión por las categorías: lo autobiográfico, lo mimético y lo que no lo es, el terror, la no ficción, no sé cada vez hay más categorías (algo muy yanqui además). Ahí te encerrás y terminás respondiendo a las clasificaciones del mercado y la góndola. Me interesa pensar la literatura más como algo espacial que se mueve, me pregunto qué espacio ocupa lo que está escrito ahí y qué espacio dejará. El problema, es algo que me dijo un amigo crítico, es preguntarse el sentido de estos libros: por qué existen más allá de este presente, qué imaginación están proponiendo. Y eso creo que es lo que verdaderamente me inquieta porque no encuentro respuesta.

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