12 de julio de 2026
A los ocho minutos del primer tiempo del último cruce de los cuartos de final del Mundial, Messi recibió un pase limpio de Paredes en el extremo derecho, juntó tres marcas y le pasó la pelota a Mac Allister, que la acomodó y buscó la ratonera del palo derecho del arco suizo. Se desvió. Córner. A los nueve minutos, Messi tiró el centro y Mac Allister saltó en el primer palo, alcanzándola a rozar. La pelota cruzó toda el área y Embolo, delantero que no olvidaremos, también la desvió. Córner, otra vez, pero del otro lado. Messi trotó a su ritmo y cruzó el ancho del campo. A los diez minutos tiró el centro desde la izquierda y Mac Allister volvió a saltar en el primer palo, entre Sow y Embolo, y esta vez posicionó su cabeza, alejándola del cuerpo, para que la pelota golpeara de lleno y saliera con impulso. Un gesto justo, heredado, de cabeceador de elite. Salió con efecto y cruzó al arquero y al arco, y entró donde entran los goles más lindos: al costado de la red. Alexis corrió hasta donde estaba Lionel y se abrazaron. Tres conexiones en tres minutos, y un dato: Messi lleva diez asistencias en su paso por los mundiales. Cada una a un compañero distinto.

El primer tiempo nos traía algo que veníamos necesitando: un partido chato, mediocre, donde no pasara nada. Argentina se replegó y a Suiza no se le cayó una idea. Solo tenía que pasar el tiempo. Dibu intervino muy bien, Molina mejoró, y a Julián se lo notó enchufado, afinándose para parecerse al de hace unos meses. El mediocampo de Scaloni se afianzó con Paredes de cinco y con Enzo y Alexis más sueltos, llegando al área (los dos últimos goles de cabeza de Argentina son suyos – Enzo ante Egipto, Alexis ayer-).
Pasó el tiempo y Argentina defendió como lo hizo en varios tramos de la Copa: bloque bajo y todos atrás de la línea de la pelota. Los que estamos afuera, comiéndonos las uñas, jugamos a nuestra versión de ¿Quieres ser John Malkovich?: meternos en la cabeza de Lionel Scaloni. Desde ahí adentro, el repliegue parece una estrategia. Pero llama la atención cuando vemos a Messi, intranquilo, aletear los brazos para que el equipo presione más arriba; una, dos, tres veces. ¿Defenderse así es parte del plan o es una manera, la única, de regular y descansar mientras el partido sigue?
El primer tiempo nos traía algo que veníamos necesitando: un partido chato, mediocre, donde no pasara nada. Argentina se replegó y a Suiza no se le cayó una idea
Eso que inquietaba en el primer tiempo se agudizó en el segundo. Cada vez más erráticos, hubo tramos largos donde nuestros jugadores parecen ahogados. A veces da la sensación de que hubiéramos vaciado el tanque en las primeras tres fechas del Mundial. ¿Dónde quedó esa fluidez? Embolo, mientras tanto, aguantó y giró cada vez mejor, Xhaka y Freuler se comieron a los nuestros y Ndoye insistió tanto que empató el partido. Quedaban veinte minutos y nada ni nadie garantizaba qué podía pasar. Los jugadores que queremos que salgan, salen, pero los jugadores que queremos que entren no lo hacen. Por algo será, ya sé, ¿pero por qué? A los cinco minutos del gol suizo el azar nos regaló una oportunidad cuando Paredes pareció hacerle un foul de calentón al delantero suizo – Holanda 2022 – y lo amonestaron. Esa amarilla por “error de identidad” posibilitó la revisión del VAR. En este Mundial los árbitros pueden usar la tecnología para corregir una amarilla. Paredes no lo tocó y el suizo simuló, con una amarilla encima. Qué sal, querido Embolo. Afuera. Ese plot twist nos ilusionó unos minutos, pero Argentina volvió a quedarse seco, sin ideas. Recién a los 112 minutos, a ocho de los penales, Julián volvió a ser Julián mientras Otamendi, en el festejo, se acercó a los argentinos y se tocó el parche, recordándonos a todos que los campeones somos nosotros y que vamos a jugar una de las semis más espectaculares de nuestras vidas. En el banco, a Scaloni se le escapó su festejo habitual, ya una marca propia, condensando todos los tics que puede tener un ser humano, reaccionando como si recibiera una noticia trágica, irreversible. Nos emocionó a todos, una vez más.

Mundial x Mundial desde 1990 hasta el 11 de junio de 2026. Para estar más tranquilos (o no), o simplemente para poner en contexto, desde 1990 a 2026, Argentina en fases de eliminación directa jugó 23 partidos. Solo en uno goleó (contra Croacia en 2022). Después, sufrimos siempre. Siete veces definimos por penales. Doce en tiempo suplementario. Una constante que ordena estos tiempos que creemos únicos. No: siempre sufrimos.
1990:
En octavos el milagro: paseo brasileño, bidonazo, tres postes, apilada de Diego y golazo de Caniggia. Taffarel arrodillado, inolvidable.
En cuartos nació el buzo del Goyco: Argentina, después de empatar 0 a 0, ganamos por penales.
En semis empatamos 1 a 1 con Italia, local y candidato. Cani peina y empate. Diego hizo su penal y corrió a abrazarse con Galíndez. Goyco le atajó a Donadoni y a Serena.
En la final, Argentina perdió 1 a 0 con gol de ¿penal? del lateral izquierdo alemán Andreas Brehme.
1994:
32 años atrás, Argentina quedó afuera en octavos contra la Rumania de Hagi. Sin Diego, corrido del Mundial.
1998:
En octavos nos costó parar a Michael Owen pero Simeone (padre) hizo echar a Beckham y finalmente le ganamos por penales a Inglaterra. Atajó Roa.
En cuartos, Bati reventó el palo de Van der Sar y Ortega cabeceó al arquero. Acto seguido, Bergkamp bajó un misil que le tiraron y definió para dejarnos afuera.
2002:
Llegamos como la mejor Selección y ni siquiera clasificamos a la segunda fase.
2006:
En octavos, Maxi Rodríguez sacudió el tiempo extra del partido con México y ganamos.
En cuartos jugamos contra los locales y definimos por penales. Esta vez Lehmann tuvo un machete y adivinó un par de penales para eliminarnos.
2010:
En octavos sufrimos un buen rato, pero después le ganamos 3 a 1 a México.
En cuartos Alemania nos trituró. 4 a 0. Fin de la era Maradona en la Selección.
2014:
En octavos frente a Suiza, siempre brava. Definición exquisita de Di María.
En cuartos contra Bélgica ganamos 1 a 0. Acá, bombazo de Higuaín.
En semis ganamos por penales frente a la Holanda de Robben. Maxi Rodríguez metió el último penal y todavía recordamos la corrida desde mitad de cancha de Messi, con la cara deshecha por la emoción.
En la final perdimos contra Alemania pese a haber jugado un partidazo.
2018:
En octavos nos agarró el futuro campeón con un Mbappé MVP. Igualmente, el sampaolismo venía torcido.
2022:
En octavos 2 a 1 frente a Australia, con un final complicado con salvadas de los Martínez (Dibu y Lisandro).
En cuartos 2 a 2 contra Holanda. Topo Gigio, penales y “Qué mirás, bobo”.
En semis, el único partido que se resolvió fácil desde 1990 hasta acá.
En la final ganamos por penales.
2026:
En dieciseisavos le ganamos a Cabo Verde como pudimos.
En octavos, la reciente remontada histórica contra Egipto.
En cuartos de final lo de ayer con Suiza; otro suplementario cargado, muy exigente.
Estamos escritos en las variaciones del mismo tango que se repitió estos días: primero hay que saber sufrir, después ganar, después seguir…



