19 de julio de 2026
Como se separó y vivía en la casa de ella, tuvo que empezar a pagar alquiler. Como tuvo que empezar a pagar alquiler, cayó en la cuenta de que su sueldo en IOMA era un descanso y se quedaba sin plata el 20. Como tenía un auto, el sueldo era un descanso y tenía que pagar el alquiler, se bajó la aplicación y probó empezar a manejar. Como probó para ver qué onda y vio que se hacía billete rápido, empezó a trabajar más horas.
Como había más plata de noche, empezó a recorrer la ciudad hasta bien entrada la madrugada, primero los días que las chicas estaban con Anto, después todos los días; si total, las chicas se quedan durmiendo. Como todo marchaba tranquilo y se sentía seguro, empezó a agarrar esos viajes que otros no agarraban: ese barrio, esas horas, esa calle cortada, ese asentamiento.
Como necesitaba estar despierto para aguantar las largas jornadas, se compró una bolsita; como nunca tuvo consumo problemático, la bolsita le duraba un montón, tanto que a veces se olvidaba que la tenía en la billetera.
Como esa noche estaba cansado y se acordó de que tenía el bolsín, prefirió seguir trabajando a volver y se pegó un tirito. Un tiqui, no un lagarto, un tuki con la puntita de la llave.
Como se había pegado un tirito, cuando vio que en lugar de la señora que le había pedido el viaje subieron dos pibes, no se preocupó demasiado. Como además es militante, o lo fue, pensó en que no tenía que estigmatizar y que los pibes por ahí venían de pegar o iban a pegar o solo estaban duros.
Como se separó y vivía en la casa de ella, tuvo que empezar a pagar alquiler. Como tuvo que empezar a pagar alquiler, cayó en la cuenta de que su sueldo en IOMA era un descanso y se quedaba sin plata el 20. Como tenía un auto, el sueldo era un descanso y tenía que pagar el alquiler, se bajó la aplicación y probó empezar a manejar
Como a mitad del viaje él no hablaba y los pibes no hablaban, se empezó a perseguir un poco; cuando miró por el espejo y vio que los pibes venían con la cabeza gacha y la visera les tapaba la cara, se dijo a sí mismo: “Soy pollo”.
Como cuando llegó a destino le chorearon todo, incluso el auto, tuvo que caminar 15 cuadras hasta la Octava; como los de la 8.ª le dijeron que no correspondía por jurisdicción, le dijeron que se vaya a la 12.ª. Como él no tenía plata y ellos no disponían de ningún móvil, se fue caminando hasta la otra comisaría, que estaba a unas 20 cuadras. Como ya era tarde, tuvo que tocar el timbre varias veces para que le abrieran.
Como no tenía los papeles del auto, no pudieron terminar de tomarle la denuncia y le dijeron que vuelva al otro día. Como uno de los policías además hacía DiDi moto, se compadeció de él y le pidió al oficial a cargo que lo autorizara a trasladarlo a su hogar. Como a la mañana tenía que volver a hacer la denuncia, el policía que lo estaba llevando le aconsejó que no diga que estaba trabajando, porque el seguro no te cubre.
Como le hizo caso al policía que lo llevó, a la mañana estaba haciendo la denuncia de manera que el seguro lo cubriera. Como parte de la denuncia ya la había tipeado y justo llegó el jefe de calle, le dijo que no podían cambiar la denuncia. “Viste, por la fiscalía”, le dijo el jefe de calle, agarrándose el fierro que tenía en la cintura. “Viste que si mentís en estas cosas es peligroso”, le dijo otro de calle que mandó el jefe a decirle.
Como los de calle no tenían ni apuro ni problemas y él sí, lo fueron sogueando; lo llevaron a la oficinita del fondo y lo soguearon bien despacito. Como él temía quedarse sin nada y estaba cansado y harto, les preguntó: ¿cuánto? Como a los de la brigada les chupa un huevo todo, le pidieron un palo.
Como él les dijo que se pongan en su lugar, que estaba manejando porque no llega a fin de mes, que “somos todos estatales” la policía que le estaba tomando la denuncia le contó que ella para hacer unos pesos extras es animadora en fiestas infantiles.
Como los de calle no tenían ni apuro ni problemas y él sí, lo fueron sogueando; lo llevaron a la oficinita del fondo y lo soguearon bien despacito. Como él temía quedarse sin nada y estaba cansado y harto, les preguntó: ¿cuánto?
Como ya se hacía tarde para todos, le dijeron que con 400 se arreglaba todo. Como les dijo que no tenía esa plata en efectivo, le pasaron un alias. Como los de la brigada tienen un mínimo de precaución, le pidieron que, una vez hecha la transferencia, no les pase el comprobante al wasap, solo un ok, que ellos iban a entender.
Como no consiguió 400, les transfirió 200. Como mandó el ok, recibió un ok como respuesta. Como necesitaba la denuncia para presentar en el seguro, pasó por la comisaría al otro día y le avisaron que en un operativo habían recuperado su auto, pero en la persecución había chocado contra un patrullero y otro auto. Como no lo podía creer, se tomó lo que le quedaba de la bolsa en la billetera, se fue al bar de la esquina y empezó a escabiar para ver si empezaba a cambiar su suerte.
Como al otro día no había cambiado su suerte, descargó la app de Rappi, le pidió la bici al primo y salió a entregar pedidos.



