19 de julio de 2026
No llegás a fin de mes, no llegás al trabajo a horario, no llegás a cargar el celu, no llegás al chino porque cierra a las nueve. No llegás. Estamos sin tiempo propio y así vamos organizando nuestros días. Salimos y no sabemos si volvemos. Volvemos y no sabemos si salimos. Esperamos el bondi y no sabemos si pasa. Pasa y siempre viene lleno. Para y no sabemos si subimos. Nos acostamos y no sabemos si dormimos. Escribimos y no sabemos si nos leen. Leemos y no sabemos quién escribe.
¿Cuánta frustración te entra en el cuerpo esperando el 269 a Lemos? Primero, ansiedad por llegar a casa; a los diez minutos, aburrimiento. Después prendo un pucho a ver si al prenderlo viene el bondi y tengo que apagarlo casi entero. Media hora y no llega. Un WhatsApp avisando que llegás tarde a fútbol, a la juntada, que no podés pasar a buscar a Mechi por inglés, que no podés pasar a comprar las milas de pollo.
¿Alguna vez esperaste en Constitución tipo diez de la noche el Costera o el 129 a La Plata? Siempre fue una trampa, hoy ni lo intentes, hoy es mortal. Si este bondi sigue así, todo pasajero es… preso.
El enojo con Macri lo canalizamos a través de Alberto y Cristina, el enojo con ellos a través de Milei, hay que dejar de canalizar el enojo por dos años. El enojo con el transporte público lo canalizo elevando mi cortisol. Hay que dejar de esperar el bondi por lo menos dos años.
En las pantallas anuncian que suspendieron el último tren y un pequeño terremoto emocional se desata dentro tuyo. ¿Qué hacer? ¿Para qué hice lo que hice? Los bondis, que siempre son pocos, hoy son menos; tu tiempo, que casi no te queda, ya no es tuyo, ya ni eso. La angustia va tomando tu cuerpo. Primero la boca del estómago, la panza, el ánimo, la capacidad de razonar. Las caras de desconcierto y apuro saliendo desde el hall central a la calle se parecen a la tuya, pero no las podés ver.
Te quitan el tiempo propio. No hay bondis, no hay plata, no tenés nada. Salvo una casa en allá lejos a la que tenés que llegar y la imposibilidad de calcular el tiempo que te separa. Y cuando llegues ya es tarde, muy tarde.
¿Cuántas horas perdemos viajando? Seguramente más que hace un año, muchas más que hace cuatro, mucho menos que mañana y sin mucho cuerpo para aguantar. Mucho menos sueldo para que valga la pena. ¿Cuánta vida regalamos viajando?
¿Cuánta precariedad desde que salgo de casa puedo aguantar a cambio de qué? ¿Quién canaliza mis desesperanzas? El enojo con Macri lo canalizamos a través de Alberto y Cristina, el enojo con ellos a través de Milei, hay que dejar de canalizar el enojo por dos años. El enojo con el transporte público lo canalizo elevando mi cortisol. Hay que dejar de esperar el bondi por lo menos dos años.
¿Alguna vez esperaste en Constitución tipo diez de la noche el Costera o el 129 a La Plata? Siempre fue una trampa, hoy ni lo intentes, hoy es mortal. Si este bondi sigue así, todo pasajero es… preso
No hay bondi, no hay plata, no hay ganas, no hay tiempo, no hay vida. Ya casi no hay un momento de disfrute, aunque sea una astilla. Las pantallas no me angustian, me angustia salir de casa, esperar el bondi, subir al tren a los empujones, correr en Liniers, subir a la General Paz, esperar otro bondi y todo esto para ir a trabajar. Oye, me hace falta sertralina!!
Deprimido, angustiado, meado, en tránsito. No sé cómo logré subir, tampoco sé para qué. Tal vez no pueda bajar. En un esfuerzo corporal enorme consigo sacar el teléfono del bolsillo. Chequeo WhatsApp, casi todos los mensajes son del trabajo y recién son las 7.46, ella me clavó el visto, se suspende el fútbol de las ocho, Cielo me dice que la mamá necesita plata.
Tengo el celu casi pegado a la mochila que tengo en el pecho. Entro a Instagram, Juanma está en Brasil, Pedro hace una clínica de escritura, la hija de Andrea está en el gimnasio, un japonés habla de Gaza. Voy a X, la mitad de las cosas no las entiendo. Grabois, Moreno, Roberto Chuit Roganovich, Samantha, ruido.
De vez en cuando levanto la vista, entre el chabón que tengo pegado y una doña que respira de milagro, logro ver por la ventanilla que estamos a la altura de Beiró, vamos a paso de hombre. entro de nuevo tuiter, Kicillof en la UBA, Irina sirviendo concha, los sticker de la escribana de Adorni. Seguimos en Beiró. Fin.



