Un momento...

19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

25 de febrero de 2026

EL SANTO PATRONO DE LOS PRECARIOS

Diego Valeriano

@corderoeditorok
2 Minutos
Tiempo de lectura: 3 minutos

Me mato trabajando, como consigna; no te queda otra que matarte trabajando, como consejo; te mato porque estoy trabajando, como amenaza velada en cada esquina; me muero trabajando como realidad; él mató a un trabajador precarizado, como absurdo de esta vida que ya no es vida.

Cuando unos pibitos lo estaban choreando y le pegaron un tiro porque no quiso darles la moto, el problema no eran ni los pibes, ni la moto; el problema era el tiempo muerto sin matarse laburando. ¿Cómo se mata trabajando si lo matan antes?

No sé si esto que está pasando es una pesadilla, un mal viaje, un chiste horrible o mi culpa. “Por mi culpa, por mi culpa, por mi precarísima culpa”. Me mato trabajando para poder sobrevivir y nunca alcanza. Me exijo y no me cumplo; me exprimo y ni jugo; me mato y no me muero.

Matarse trabajando es la única certeza absoluta en esta vida, una verdad ineluctable que estructura la existencia y le da sentido. A diferencia de todas las demás experiencias vitales, que están marcadas por la incertidumbre, matarse trabajando es la única posibilidad que siempre se cumplirá. Aunque mueras de viejo, vamos a morir matándonos trabajando.

El nuevo régimen es el necrotrabajo, porque la vida es esa especie de lujo que no merecemos. Me muero trabajando porque me mato trabajando. Ni vacaciones, ni vivienda, ni ocio, ni un futuro mejor, ni vida en esta sobrevida espantosa

Compartir:

No tengo idea cuánta crisis aguanta Milei ni cuánto Milei aguanta esta crisis. Ni si es una crisis o si así van a ser todos los días por venir: “El día de la marmota” de la subsistencia. Creo que ya no importa; moriremos trabajando. Ya no alcanza con romperse el lomo; ahora hay que romperse la vida, que ya no es vida, que es apenas sobrevida. Me mato trabajando como mantra que se repite a ver si algo cambia.

Estamos al borde de un abismo; esa es la sensación que nos invade cuando pensamos en el futuro, cuando procesamos el presente, cuando salimos a la calle, cuando entramos a X, cuando vamos al súper, cuando nos despertamos. ¿Quién es el culpable de mi abismo inminente? Yo, porque no me mato trabajando lo suficiente; yo, porque no muero en vida lo suficiente.

Ya no alcanza con el viejo relato del esfuerzo; ahora es vida o muerte. El nuevo régimen es el necrotrabajo, porque la vida es esa especie de lujo que no merecemos. Me muero trabajando porque me mato trabajando. Ni vacaciones, ni vivienda, ni ocio, ni un futuro mejor, ni vida en esta sobrevida espantosa.

En la billetera, una estampita de San Cayetano; en el teléfono, un sticker de San La Muerte. Rezar por trabajo. Rezar porque hay que matarse trabajando. San Necrotrabajo santo patrono  de los precarios.

Llevar y traer cosas, comidas o personas es hoy casi la única forma de subsistencia que se presenta, casi la única forma de matarte trabajando, después de ocho horas de estar trabajando. Entonces, un segundo, un choque, un choreo y la vida se desmorona. Porque el seguro puede pagar el robo de la moto, el arreglo del choque, por ahí alguna costilla fisurada; ¿pero cómo sobrevivo en el tiempo muerto en el que no me mato trabajando?

¿Quién es el culpable de mi abismo inminente? Yo, porque no me mato trabajando lo suficiente; yo, porque no muero en vida lo suficiente

Compartir:

Me muero trabajando, me muero si no trabajo; por eso arriesgo la vida. San La Muerte con su guadaña, San Cayetano con su tristeza, San Necrotrabajo con su realidad.

Una discusión de tránsito, insultos, amenazas, unos pares de piñas, un fierrazo por la espalda de uno que está trabajando y grita que está trabajando a otro que está trabajando y suplica que está trabajando; todo se acelera, se desborda, los autos pasan, alguno filma, nadie se mete. Que la moto, que el Corsa, que la motobici; que lo uso para laburar, que somos laburantes. De repente, de alguna manera absurda, sucede como en “No habrá más penas ni olvido”, pero en lugar de gritar “Viva Perón” antes de matarse, los dos gritan “Me mato trabajando”. 

Un destino necrotrabajo: uno ya está muerto, el otro preso y la consigna cumplida.

2 Minutos