Un momento...

19 de junio de 2026

19 de junio de 2026

9 de mayo de 2026

¿QUÉ FUE INTOXICADOS?

Alejandro Droznes

@deamerica_
Música
Tiempo de lectura: 6 minutos

El pasado veinte de diciembre a eso de las tres de la tarde salí de la casa que estaba habitando en el Valle de Punilla, a la vista del cerro Las Gemelas, y abrí y cerré la tranquera y pisé la calle de tierra: en los primeros ciento cincuenta metros vi y saludé, como siempre que hacía ese trayecto, a un caballo primero y a una llama después. Y creo que esto es importante porque en Intoxicados hay una idea de la naturaleza.

¿Qué fue Intoxicados?

Me esperaba, a tres horas de viaje, la capital provincial: ahí, en el Kempes, se presentaría Cristian “Pity” Álvarez después de volver de la muerte de Cristian Díaz en una calle interna del complejo de monoblocks Cardenal Samoré.

En el viaje decidí escuchar algún disco completo, y no solamente las canciones de él que ya sé que me gustan. Descubrí, mientras se desarrollaba el paisaje cordobés, cosas nuevas: la genial reflexión sobre el hecho de que gracias a la imaginación los amigos siempre están cerca, y la elección lexical de la palabra “terceros” en «Una vela» para dar cuenta de cómo, en los barrios en los que hay más roce policial, la gente empieza a hablar así.

¿Qué fue Intoxicados?

Pity salió y tocó la primera estrofa de «El rey»: “De vez en cuando la vida te juega mal, / estás colgando de una soga, / tu chica dice que no te aguanta más, / y en tu cabeza pasan cosas”. Un flaco que estaba al lado mío lo saludó como yéndose y dijo: “gracias Pity, estuvo buenísimo, ya valió la pena pagar la entrada”. Mirada, reconocimiento instantáneo, palmadas en la espalda y despedida para siempre.

En un momento me fui a la tribuna que estaba enfrente del escenario, y por lo tanto lejos de donde se desplegaba la cosa que habíamos ido a ver. Arriba de todo me esperaba el inmenso cielo cordobés. Y en ese momento Pity dijo que había un invitado. Dijo que aunque tocaba muy bien la guitarra en esta oportunidad sólo cantaría. Yo no alcancé a captar quién era el invitado que había subido para «Una vela». Averiguaciones subsiguientes me aclararon: la persona que había subido a cantar era Felipe Barrozo, el guitarrista de Intoxicados.

¿Qué fue Intoxicados?

La banda tenía dos caras. Por un lado el repertorio para el público barrial que seguía a Pity desde Viejas Locas: «Una vela», «Un tema de mierda», «Te la vamos a dar», «Transan», «Comandante». Por el otro «Se fue al cielo», «No tengo ganas», «Nunca quise», «Fuego», «Casi sin pensar»: las canciones de clase media que pueden gustarle a un muchacho nacido y criado en Colegiales, o sea yo. Son dos sistemas de relato, dos líneas paralelas, dos imaginaciones distintas.

Pity ha dicho sobre «Una vela»: “el día que escribí este tema no tuve que pensar nada más que lo que hacía yo cuando me iba desde mi casa hasta la sala de ensayo”. La primera frase dice: “es que cerca de mi casa vive una piba / que por cinco mangos te chupa la pinga”. Reflexiones sobre la inflación aparte, la sordidez continúa a lo largo de toda la canción: mi puntero, fierro, balas, camino de tierra, Echeandía, la yuta, el Mundial de Japón, esos putos. (Me gusta pensar que Pity, inconscientemente, incluyó el Mundial de Japón en una canción en la que aparecen tantas otras cosas ásperas).

¿Qué fue Intoxicados?

Ese sería el lugar de Pity: espacios como Piedrabuena, el Barrio Cardenal Samoré, Ciudad Oculta. La zona que se ve en los mapas de la Capital Federal en la que hay lagos y grandes y misteriosos predios verdes y se juega la Copa Davis: terra incognita para mí

Pero Pity también se acercó a una cultura que no es la cultura barrial que pregonara desde Viejas Locas.

“Los zapatos son de Moris” dice Pity en ese falso almuerzo con Mirtha Legrand que se ve en el DVD Otro día en el planeta Tierra. El relato subyacente del disco habla de un mundo invadido por hormigas que tienen cautivo a Federico Moura, líder de Virus y verdadero antípoda estético de toda impronta chabona; además la frase “estamos enfermos”, de «Fuego», viene de «Pecados para dos». Justamente «Fuego» es cantada a dúo con Calamaro: fue Calamaro el que le pidió participar a Pity, y no al revés. En el ámbito internacional la referencia a los Rolling Stones desaparece y empieza a verse a los Beatles: “Disculpá si te parece raro / pero comparto la opinión / que escuché en una canción («Let it be»)” se escucha en «Nunca quise». También hay altas dosis de Pink Floyd («Felicidad, depresión») y de James Brown («Jaime Marrón»). Su hija se llama Blondie, como la banda estadounidense.

La banda tenía dos caras. Por un lado el repertorio para el público barrial que seguía a Pity desde Viejas Locas. Por el otro, las canciones de clase media que pueden gustarle a un muchacho nacido y criado en Colegiales, o sea yo. Son dos sistemas de relato, dos líneas paralelas, dos imaginaciones distintas.

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¿Qué fue Intoxicados?

Inversamente, Pity empezó a ser reconocido fuera de su ámbito de pertenencia. Cantó «La sal no sala» con Charly: en los términos de García, y por las guitarras octavadas de canciones como «No tengo ganas» y «Fuego», Intoxicados puede entenderse como la “maravillización” de Viejas Locas. Spinetta dijo en público “me gusta Pity Álvarez, loco divino”, y según Juanse solía elogiarlo aún más en privado. Fito lo invitó a cantar «Cable a tierra» y antes de empezar se dirigió al público: “yo les pido silencio porque lo que hace Pity es de una orfebrería emocional tan fuerte”. Cerati lo enalteció. Dárgelos cantó con él. Paco Amoroso y Andrés Ciro han hecho, cada uno por su lado, versiones de «Aunque a nadie ya le importe», que es de Sergio Toloza, guitarrista de Viejas Locas, pero tiene infusa la gracia de Pity. Leo García y Usted Señálemelo han hecho versiones de «Nunca quise», pero es la versión de Ainda Dúo la que por su atmósfera lounge podría formar parte de un eventual Bossa ´n´ Pity: excelente música de fondo para los locales gastronómicos de la parte más favorecida de la ciudad.

¿Qué fue Intoxicados?

Felipe Barrozo estuvo recientemente en el programa Goura´s Music. Es la persona que está detrás de los solos de Intoxicados: de esos solos que no parecieran hechos por alguien sino que simplemente aparecieron en el tiempo. El conductor, refiriéndose a su manera de tocar, le dijo: “el audio que está en los dedos”. Y ese flaco que imantó la primera década del siglo con el color de su guitarra eléctrica respondió: “yo no soy mucho de enchufar la eléctrica en mi casa; ni siquiera de tener una eléctrica”. ¡Tan dilatado y tan incalculable es el arte, tan secreto su juego!

Barrozo entró en Intoxicados a los quince, y refiriéndose a algún hábito infantil dijo: “eso fue a los doce, mucho antes de Intoxicados”. La banda fue también la fábula de un rockero drogón y un niño, y las indefinidas posibilidades de reacción de cada carácter sobre el otro.

Barrozo es la única persona que Pity unge como coequiper: fue el único invitado en el Kempes y hace unos días tocaron en un bar de Castelar.

En la entrevista Barrozo cuenta que en su momento fue a ver a Viejas Locas dos veces “con todo el prejuicio y todo” y que se sorprendió de lo que se encontró. Mágico: el que hizo que tantos nos sorprendiéramos con Pity fue el que primero se sorprendió. Es una pregunta que ya se formulaban hace milenios en Oriente: el asombro que se siente ante la belleza de una flor ¿es una percepción de quien observa o está en la flor de la misma manera que, por ejemplo, el color?

 Maravillado por lo que fue el sonido de la banda, alguien le pregunta qué escuchaba en esa época. Y él mira para arriba y dice: “no sé qué escuchaba en esa época… siempre escucho de todo… pero era… como… hacer la melodía”.

¿Qué fue Intoxicados?

La aventura del regreso fue extrema; un nivel de rock que no creo que vuelva a vivir y que, creo, solamente experimenté en 1997 cuando fui a ver a Los Redonditos de Ricota en el Anfiteatro Municipal de Villa María. El show había terminado (yo lo cerré con un “chau, Cristian” para mis adentros) y había salido del Kempes un poco después de la medianoche. Tenía que llegar a mi casa del Valle de Punilla. El micro salía a eso de las cuatro de la mañana. Y ahí fue que me vine a enterar de que en la capital cordobesa no hay transporte público nocturno. La terminal estaba a unos ocho kilómetros y la lucha por conseguir un auto era feroz. Obviamente se puso a llover en forma torrencial y la zona se inundó. A mí me faltaban, en el mejor de los casos, unas ocho horas para apoyar mi cabeza en la almohada, así que tenía que mantenerme seco. Me fui abajo de una autopista y juro que se puso a llover de manera horizontal. Mientras tanto las peleas empezaban pero terminaban rápido porque debajo de la tormenta eran demasiado incómodas. En fin. Caminé unas veinte cuadras y terminé rogándole a un taxi que llevaba pasajeros que me permitiera subir en el asiento delantero. Lo hizo. Llegué a tomarme el colectivo de las cuatro de la mañana. Fueron tres horas tratando de no enfermarme y viendo una parte de la sociedad que jamás veo: adolescentes volviendo a su casa, después de salir, en micros de media distancia que cruzan la serranía. El cerro Las Gemelas apareció ante mi vista a eso de las siete. Bajé y me puse a caminar por las calles desiertas. Solamente me crucé con una madre y su cochecito; ella me dijo “Buen día”. Estaba viendo el solsticio. Empezaba el verano. Era el día más largo del año. Pajaritos a full. Saludé primero a la llama y después al caballo. Caminé por la calle de tierra. Abrí y cerré la tranquera, y entré a la casa.

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