06 de julio de 2026
Hoy, queridos amigos y amigas, voy a hablar de la música que me gusta. Lo hago porque quiero romper una idea muy vaga que circula mucho entre prestigiosos e intelectuales: que la música argentina murió, que ya no tiene raíces, que fue embestida por una avalancha caribeña. Una idea totalmente alejada de lo que pasa. Es así, últimamente los intelectuales están medio peleados con la realidad.
En un mundo donde cada semana se suben decenas de miles de canciones nuevas a plataformas como Spotify, Argentina hace patria, porque casi la mitad de la música que se escucha en el país es música nacional. En un océano infinito de oferta los oyentes locales siguen eligiendo voces propias, algo no tan común, ni en la región ni en los grandes mercados musicales. (Saco de la escena a Brasil por las cuestiones del idioma.)
Ese apego por lo nacional no es solo una cuestión de identidad, se refleja directamente en las preferencias de género. La cumbia es, hoy, el género número uno en Argentina. Viene creciendo de manera sostenida impulsada por nuevas escenas, relecturas barriales, fusiones y una renovación estética que recuperó vitalidad en todo el país. Detrás aparece el RKT, un híbrido criollo nacido en los barrios del Gran Buenos Aires, que combina ADN de cumbia villera con el pulso del reggaetón y el trap. Aunque no domina en volumen como la cumbia, sí se consolidó como uno de los lenguajes musicales de la juventud popular. Una marca estética propia de la Argentina urbana del siglo XXI.
Y, en tercer lugar, contra todo pronóstico global, surge un dato inesperado pero sólido: el rock nacional sigue siendo uno de los géneros más escuchados, especialmente entre los más jóvenes. La generación Z nació entre 1997 y 2010 y mantienen un consumo sorprendentemente alto del género, como si las nuevas camadas hubieran encontrado en ese repertorio una forma de herencia emocional. Pero del rock nacional no voy a hablar porque sé poco. Salvo excepciones, escucho principalmente cumbia pop y reguetón. Y estoy cansada de que teoricen sobre esos géneros personas que pasan el 80% de su vida escuchando música en inglés. Así que yo voy a hablar solo de lo que sé.
Cazzu desde el trap; Tini desde Disney; Lali desde el universo de Cris Morena; María Becerra desde YouTube; Emilia desde la cumbia cheta. Todas hicieron pie en la ola urbana y desde ahí construyeron carreras que hoy circulan en toda Latinoamérica, España y Estados Unidos
Argentina, entonces, muestra una particularidad cultural en la que, ante en un escenario global hipersaturado, el público local sigue eligiendo lo propio. Es cierto también que la música latina vivió una época de expansión mundial de la que fuimos protagonistas activos, sin perder ni un segundo nuestra subjetividad local. Pero, ¿es eso posible? 100%. Por eso hoy voy a contar la historia musical de la era en qué vivimos. Como se impuso el reguetón, de qué manera revolucionamos la industria, y qué se escucha hoy en los hogares de nuestro país.
Te prometo que al final, algún que otro temita vas a escuchar.
2. Todos querían ser latinos
¿Se acuerdan de Despacito? Pues deberían. En 2017, Daddy Yankee y Luis Fonsi lograron algo histórico, liderando los charts globales 16 semanas seguidas como la canción número uno en Estados Unidos. Superó a “La Macarena”, que estuvo 14. Y además fue el primer video de YouTube en llegar a 5 mil millones de vistas, coronándose como la canción de la década.
Este éxito determinó la estética global dominante de los próximos años, especialmente en dos vertientes: popetón (el reguetón más pop, más “radio Disney”) y trap latino, con raíces en el rap. El género urbano, como se le dice normalmente, le dio a la música en español una fuerza dominante y una oportunidad única que en Argentina supimos aprovechar.
Aunque no somos tierra de reguetoneros al estilo de Colombia o Puerto Rico, contamos con una camada de jóvenes traperos en las plazas. El epicentro fue El Quinto Escalón, un semillero de freestyle y creatividad de la que salió una generación entera. En 2016 Duki lanzó No Vendo Trap (para muchos, el primer tema de trap argentino), En 2017 se grabó Loca con Khea y Cazzu, y en 2018 llegó el remix con Bad Bunny, que entonces era una promesa y hoy es el artista más escuchado del mundo. La periferia musical argentina estaba entrando, de lleno, a la conversación global.
A la par, una camada de artistas mujeres se consolidaba desde lugares inesperados. Cazzu desde el trap; Tini desde Disney; Lali desde el universo de Cris Morena; María Becerra desde YouTube; Emilia desde la cumbia cheta. Todas hicieron pie en la ola urbana y desde ahí construyeron carreras que hoy circulan en toda Latinoamérica, España y Estados Unidos. Hacía mucho que Argentina no tenía una generación femenina tan amplia y exportable.
Argentina, entonces, muestra una particularidad cultural en la que, ante en un escenario global hipersaturado, el público local sigue eligiendo lo propio
Y acá, como experta autodeclarada que soy, quiero dejar en claro algo importante. El género urbano no esuna invasión sino una industria, un negocio que funciona como cualquier otro rubro en una economía globalizada, con lógicas de oferta y demanda. Es un mercado donde somos un exportador fuerte, pero no porque Miami lo pidiera, eh. Losartistas locales todavía entran con dificultad a la escena de la música centroamericana, donde compiten con gigantes como Colombia, Panamá y República Dominicana. ¿Dónde nos volvimos realmente competitivos? En Europa, y especialmente en España, nuestro mayor comprador de trap y popetón local desde la pandemia. En 2020 Bizarrap entraba como un meteorito al mercado español con la Session junto a Nathy Peluso que les dio un disco de platino. Años después, en 2022, su Session con Quevedo se convirtió en la canción más escuchada del año en Argentina y España, número uno en Spotify y número uno en YouTube. Industria nacional, señores.
El mundo entero vivía una fiebre hispana, y en 2022, el género urbano alcanzó su pico. El reguetón llenaba estadios y sacaba discazos: Un verano sin ti, La nena de Argentina, clásicos instantáneos. Todo el planeta quería ser latino, la manija era total y el desgaste fue inevitable. Nos empachamos de reguetón y se viró al tecno y al pop. Después del mega boom 2020-2022 llegó la saturación, y con ella el desafío de darle una vuelta de tuerca al mercado de música hispana. Era el momento de otra etapa, la vuelta a las raíces. A principios de este año Bad Bunny grabóDTMF con ritmos folclóricos de las Antillas. Karol G, Rauw Alejandro y otros mainstreams hicieron lo propio. Resurgieron la salsa, la bachata, la plena. Desde España, Rosalía abandona el regueton y el dembow para crear publicó un álbum mucho más ligado a influencias europeas. Tanto ella como Bad Bunny son referentes con trayectorias parecidas y que expresan muy bien las búsquedas y caminos de esta era. Cuando pasó la espuma global, empezaron a mirar hacia adentro.
Argentina no fue la excepción. Latinaje de Cazzu y La vida era más corta de Milo J también salieron en 2025 y exploran melodías autóctonas. Dos artistas que vienen del palo del trap y demuestran con su obra que la música nacional está más fuerte que nunca. Mención especial para Cazzu y mi canción favorita del año: “Con otra”, que en YT se convirtió en el video más visto de 2025 por una artista mujer en solitario, con más de 170 millones de reproducciones, superando incluso a Lady Gaga. Y todo con una cumbia que suena al mismo tiempo en oficinas, autos, boliches y motitos.
Por eso no se dejen engañar: en Argentina no hay ninguna avanzada cultural mara ni conspiración caribeña. Lo que hubo fue una explosión global, un mercado enorme y una tendencia que aprovechamos con inteligencia y talento. Pero acá, por fuera del negocio, seguimos haciendo lo que hicimos siempre: escuchar cumbia, folclore, rock nacional y lo que se nos canta.
Si hablamos de música, Argentina es principalmente dos cosas: cumbiera y rockera. Algunos más una, otros más la otra; a veces se mezclan, a veces se distancian. Pero la cumbia y el rock nacional son los dos pilares estables de nuestra identidad musical del s XXI. El mainstream cambia, y cuando la tendencia global tambalea, nuestro péndulo vuelve a esos lugares.
Mientras los argentinos que se pegaban en el mundo, acá seguimos haciendo algo que nos encanta hacer. Es que a nosotros las cosas nos gustan argentinizadas. Así como en los 2000 agarramos el reguetón y lo mezclamos con cumbia para hacer cumbietón (Magoman, Román El Original, todos esos hits que te siguen sonando), ahora mezclamos trap + cumbia para crear el RKT, que explotó en pandemia con L-Gante, Callejero Fino, temas de la Joaqui, y toda una camada que se mezclaban muy bien con la escena del trap y de la cumbia tradicional.
Nos empachamos de reguetón y se viró al tecno y al pop. Después del mega boom 2020-2022 llegó la saturación, y con ella el desafío de darle una vuelta de tuerca al mercado de música hispana
Si 2017 y Despacito abrieron las puertas del mercado global a la música en español, 2022 fue otro año clave para entender dónde estamos parados hoy en Argentina. Fue el pico del género urbano. La ola era tan grande que la desaceleración fue inevitable y empezaron a tener más espacio otras propuestas de cumbia, RKT, rock nacional, folclore, etc. Y cuando parecía que la escena RKT estaba para dar un salto gigante, el 3 de junio de 2022, a los 25 años murió El Noba, en el peak de su carrera. Lautaro Coronel era un pibe de Varela que tenía todo para romperla con la música. Sin él, lentamente, el RKT y el trap empezaron a apagarse y aunque siguen sonando no volvieron a tener esa fuerza.
Y mientras eso pasaba, otros pibes de Varela llegaban para quedarse. Tobias Medrano y Matías Rapen, La T y La M, una bandita de covers de covers, sacan Pa’ la Selecciónel mismo año que Argentina sale campeona. Y la cumbia vuelve al centro del mapa.
Pero si queremos entender bien el renacimiento de la cumbia, hay que volver a la pandemia, cuando una banda de Concepción del Uruguay recibió la bendición divina del mismísimo Diego Maradona.
4. Maradona y el renacer tropical
La cumbia nunca dejó de existir, pero tuvo momentos de extrema supervivencia. La explosión del urbano la golpeó fuerte y resistía, pero con una profunda crisis de identidad. Hasta que en la pandemia apareció una señal divina: Maradona comenta que le encantan los temas de Ke Personajes. La banda hace un streaming para él y se convierte en fenómeno. Hasta hoy suena en cada Navidad. A partir de ahí la cosa fue en subida, para Ke Personajes y la cumbia entera. Con ese gesto y sin saberlo, Diego marcó el futuro de nuestra amada movida tropical, que iba a tomar fuerza gracias a YouTube, historias románticas, buenas voces y futbolistas. Los futbolistas son los grandes aliados de la comunidad cumbiera, porque no importa hace cuánto que se mudaron a Europa, ellos siempre están escuchando música local.
Este resurgimiento tiene varias causas: la caída del reggaeton, trap y RKT y la búsqueda de nuevas referencias estéticas frente a otras que ya estaban agotadas. No es casualidad que haya vuelto la cumbia romántica en formatos clásicos del género, con canciones melódicas y boy bands humildes que también responden a una necesidad del mercado. Como me dijo mi amigo Ale: “en la era del trap y el RKT había muy poco de eso y mucho de lo otro”. Había un vacío de ternura e historias de amor, reemplazadas por la cultura del fronteo propia del rap. Hoy no priman tanto las canciones sobre autos de lujo y zapatillas caras, y las nuevas propuestas de la movida tropical son jóvenes en una versión más amiguera (como Kingto o Poné la premier), cumbia RKT “de superación” como en el caso de Nuke, o reinas románticas con voces increíbles para cantar a los gritos, como Eugenia Quevedo. Y cuarteto, MUCHO cuarteto.
Esta consolidación es posible a través del verdadero motor de la escena, YouTube. Fácil de piratear, accesible, y perfecto para el remix, clave para el adn cumbiero. YT propicia el compilado eterno, como una tarde de Pasión de Sábado en la TV o la versión digital Diversión Bailable. Cumbiatube, Sin Miedo, los remix deFer Palacio, todo ese ecosistema siguió creciendo, hasta que en 2023 llegó la frutilla del postre: Un Poco de Ruido (UPDR). Un programa de stream que captó la pasión por escuchar cumbia desde YouTube, y también la tendencia global a volver a la nostalgia y soltar el popetón urbano. Rompió todos los récords imaginables y puso a la escena cumbiera a competir en cualquier ranking. ¿La prueba? está en los números: Un Poco de Ruido de Uriel Lozano tiene 250 millones de visualizaciones.
No se dejen engañar: en Argentina no hay ninguna avanzada cultural mara ni conspiración caribeña. Lo que hubo fue una explosión global, un mercado enorme y una tendencia que aprovechamos con inteligencia y talento
Y, fiel a la lógica argentina, siempre hacemos sonar nuestras propias versiones, como en el caso de “Te hubieras ido antes” por el santiagueño Huguito Flores, que tiene más vistas en YT que la del grupo mexicano Reik. Pero la cosa no termina ahí. El consumo de música local también impulsó al folklore y al chamamé, que hoy se meten en los charts: Cuidado que te supero de Sharon y Los Camperos del Chamamé tiene 82 millones de views, top 7 de videos musicales. Y artistas como Christian Herrera y Sele Vera juntan millones de reproducciones haciendo folclore.
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Post 2022, nada fue igual. El popetón bajó la guardia, y las canciones más escuchadas del país fueron todas cumbias o cruces con cumbia.
En 2023 fueron Un Finde de Big One, FMK y Ke Personajes y Ya no vuelvas, un cuarteto de Luck Ra, La K’onga y Ke Personajes. En 2024 el tema más escuchado fue Hola Perdida de Luck Ra y Khea. En segundo lugar piel, Piel de Tiago PZK y ,si, él, Ke Personajes. En 2025 todavía no hay resumen oficial, pero hasta ahora lideran Tu jardín con enanitos, Con otra y Si un día estás sola, todas cumbias. Siempre cumbia, y hasta cuándo cumbia.
4. Avanzada mara: argumento de boludos
Y así volvemos a 2025, donde los números confirman lo que los parlantes ya sabían: la cumbia es el género más escuchado del país y la Generación Z está reviviendo al rock nacional como si fuera nuevo, propio, recién inventado. La música local, lejos de diluirse en la avalancha global del urbano, ocupa un lugar central en la vida cotidiana.
Argentina es, antes que nada, muy argentina. Escucha música propia, la produce y la discute. Y aunque desde la ignorancia y el prejuicio se intente bajarles el precio a estos años llamándolo “avanzada mara”, o “colonización caribeña”, lo que pasó fue exactamente lo contrario, porque Argentina vivió un momento histórico en el que sus artistas se instalaron en la escena global y el país se consolidó como exportador real de ritmos, productores, feats y nuevas estéticas.
Una cosa es la industria, con su lógica de exportación y negocio, y otra muy distinta es lo que seguimos escuchando acá adentro. Lo que suena en las casas, autos, cumpleaños, navidades, domingos.
Mientras el urbano global revisaba sus raíces y los mercados se reconfiguraban, Argentina empezó a reorganizar su propio ecosistema interno eligiendo lo que hacen los argentinos, ya sea cumbia, rock nacional, trap local, folklore, chamamé, cuarteto. Y aunque somos LITERALMENTE el mejor público del mundo para cualquier artista internacional que se lo merezca, también somos un país que participa activamente de su propia escena.
La música global va a ir para donde tenga ganas, poco podemos hacer para evitarlo. Pero en Argentina, como siempre, primero nos escuchamos a nosotros.



