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21 de julio de 2026

21 de julio de 2026

11 de mayo de 2025

POR QUÉ ES UN BUEN MOMENTO PARA SER INTENDENTE (Y TENER TIK TOK)

María Antonella Jaime

@Antonegra_ar
Política y Comunicación
Tiempo de lectura: 5 minutos

Hace poco volvía de CABA hacia La Plata, un viaje largo que tuve la suerte de hacer sentada y aproveché este privilegio para hacer una de mis cosas preferidas: mirar tiktoks. Después de un rato apareció uno que me pareció entretenido: era una mujer que hablaba con otros sobre el arreglo de calles y la colocación de un semáforo. Sí, tik tok es así. Te atrapa con lo que te atrapa. La dama del video era una intendenta, algo que descubrí rápido, después de chusmearla un poco. Me llamó la atención lo que estaba haciendo, su manera de dar órdenes, y me cruzó un pensamiento que últimamente se volvió bastante recurrente: che, es un buen momento para ser intendente. ¿Por qué? Por varias cosas. Algunas tienen que ver con la comunicación, pero la mayoría están relacionadas con cómo viene la mano en la política. Trataré de explicarlo.

Cuesta encontrar un orden en la política nacional. Lo que hay, más bien, son tensiones, idas y vueltas, y liderazgos que no terminan de afirmarse. Incluso Macri y Cristina, que fueron figuras centrales durante años, tienen cada vez más problemas para imponerse en sus propios espacios. Y este quilombo, para quienes están gestionando municipios puede ser una ventana interesante. Acá podemos ver a Rossana Chahla, intendenta de San Miguel de Tucumán, en acción.

La política se rompió, el barrio no

Las gestiones locales están ganando volumen político en un momento en el que los armados nacionales no logran articular ni siquiera sus propias internas. Y no es porque se esté gestando una “revolución de intendentes” ni nada parecido, es más que nada porque el contexto lo permite. Con las PASO suspendidas y el calendario electoral desdoblado en varias provincias, lo que antes se definía sí o sí en la rosca nacional ahora tiene más espacio para moverse desde el territorio. Intendentes con buena gestión y estructura se están metiendo en la discusión de listas provinciales, posicionando sucesores y jugando con margen propio. Hacen valer su capital en un esquema más fragmentado, participan activamente de las decisiones, organizan, suman, escuchan, disputan, tejen alianzas. Mucho más sólidos y relevantes que la mayoría de los dirigentes nacionales que hoy no logran conectar con nadie más allá de sus equipos de comunicación.

Difícil que un video de cinco personas señalando un mapa o tomando mate de cinco termos distintos capte la atención de alguien en situación de scroll

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Mayra Mendoza y Jorge Ferraresi, por nombrar algunos, son casi protagonistas en la disputa por el liderazgo del peronismo bonaerense. En Formosa, Jorge Jofré y Manuel Celauro -exintendente de Clorinda- lograron imponer candidatos propios y sueñan en silencio con disputar poder al histórico dominio de Gildo. Al mismo tiempo, varios intendentes del PRO coquetean con La Libertad Avanza, buscando hacerse fuertes en los armados provinciales y ganar músculo legislativo de cara a un futuro políticamente incierto.

En Rosario, Juan Monteverde viene creciendo desde Ciudad Futura con una agenda bien enfocada en los problemas urbanos. Hizo una gran elección provincial dentro del frente Más para Santa Fe: ganó su interna con el 75 % de los votos y fue la fuerza más votada en la ciudad. Monteverde es un ejemplo de cómo una construcción política local puede escalar y desafiar las estructuras establecidas a nivel provincial. Y encendió alertas en la política santafesina.

Pero no es solo una cuestión de internas o de nombres propios. Se trata de tener herramientas para adaptarse a los tiempos que corren. Porque hacer política ya no es como antes, requiere de nuevas capacidades y skills que a veces tienen muy poco que ver con la gestión pública o la capacidad de militar un territorio. La calle ya no alcanza sola, porque las redes sociales -especialmente el video corto- se metieron de lleno en la vida cotidiana, y por supuesto en la dinámica electoral. No estamos en 2015, cuando la presencia en Facebook y los retweets en twitter alcanzaban para “estar”, ni en 2023, cuando los TikToks se veían como un chiche del equipo de comunicación. Ahora son parte del juego. Y en un año donde hay elecciones legislativas en varias provincias, y con la política nacional en piloto automático, las gestiones locales aparecen como el lugar donde todavía hay algo para mostrar. Algo que pasa.

La fuerza del videíto

TikTok, Instagram Reels, Facebook Reels, YouTube Shorts. A esta altura, ya no son solo redes sociales, son el espacio donde se mueve gran parte de la conversación pública. No solo sobre actualidad, también sobre cultura, consumo, identidad. Porque el video corto -en vertical, directo, rápido- se volvió el formato dominante. Lo usan las marcas, los medios, los influencers, los espacios políticos. Lo usa la gente.

Argentina no escapa a este fenómeno transversal. Los miran los grandes, los chicos, las mamás, las tías, el colectivero, cualquiera que tenga un rato muerto en el día y el celular en la mano. Tiktok e Instagram son terreno de adolescentes y milenials, pero en Facebook y en YouTube, por ejemplo, los Reels y los Shorts circulan sobre todo entre personas de más de 35. No es solo una moda: es una forma de narrar la realidad, las relaciones, incluso la política.

No estamos en 2015, cuando la presencia en Facebook y los retweets en twitter alcanzaban para “estar”, ni en 2023, cuando los TikToks se veían como un chiche del equipo de comunicación. Ahora son parte del juego

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Ojo, hay que tener mucho cuidado. Creer que las redes sociales son el centro de la opinión pública te puede llevar a cometer horrores de comunicación o de perder el alma en pos conseguir métricas. Pocas cosas se sienten más forzadas que ver a un candidato desviviéndose por ser gracioso o, mucho peor, intentando ser viral. Pregúntenle a Larreta como le fue con esa estrategia.

Pero lo que sí es cierto es que, si TikTok y sus derivados apuestan a lo visual, lo de impacto, lo que entretiene, entonces las gestiones locales corren con una ventaja que no tienen sus primos diputados, senadores, concejales o presidentes de partido: pueden mostrar transformación.

Un legislador en cambio corre con la desventaja de ejercer una práctica que es muy buena para la política institucional pero muy mala para los algoritmos: el reunionismo. Difícil que un video de cinco personas señalando un mapa o tomando mate de cinco termos distintos capte la atención de alguien en situación de scroll. Bastante aburrido ser diputado. Los intendentes también rosquean -y mucho-, pero tienen algo más: una conexión cotidiana con sus comunidades que, en este contexto, ningún otro actor de la política puede transmitir con la misma potencia.

Seis personas, cuatro mates. ¡Nunca visto!

Donde no hay centro, se mueve el margen

Hace años que la pregunta dejo de ser si hay que estar en redes, sino desde dónde se comunica, qué se muestra y, sobre todo, quién tiene algo para mostrar. Porque si la política nacional juega a ver quién sobrevive entre internas, egos heridos y discursos gastados, en el territorio hay dirigentes que, en un contexto que roza lo imposible, todavía asfaltan calles, limpian arroyos, visitan merenderos, hacen eventos culturales, se sacan selfies torcidas y suben un reel con subtítulos gigantes. Y eso, en este momento, parece un punto de partida. Porque donde no hay centro, hay margen. Y en ese margen, se mueve el territorio. Pero sería un error pensar que todo esto es una cuestión de “comunicación”. El verdadero punto es otro: las gestiones locales no solo tienen una ventaja narrativa, tienen una oportunidad política real. Pueden construir desde abajo hacia arriba.

Con las PASO suspendidas y el calendario electoral desdoblado en varias provincias, lo que antes se definía sí o sí en la rosca nacional ahora tiene más espacio para moverse desde el territorio

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No sé qué va a pasar en este año electoral. No sé si los intendentes van a crecer en fuerza o si las cabezas de las listas nacionales se van a terminar decidiendo en un chat de whatsapp. Pero soy una chica a la que le gustan la política y los TikToks en partes iguales. Y siento que, teniendo en cuenta cómo están las cosas, aquel actor político que pueda mostrar en redes sociales algo que además se pueda tocar en la vida real tiene muchas más chances de ser reconocido por los miles de trabajadores de todo el país que vuelven a su casa mirando videítos en el celular.

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