Un momento...

23 de julio de 2026

23 de julio de 2026

17 de mayo de 2025

PICHUCO EN LA NOCHE LÍRICA

Pablo Marchetti González

@marchettipablo
Dossier Troilo: lo viejo funciona
Tiempo de lectura: 6 minutos

Una noche,
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas.
Una noche,
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas.

Con estos versos comienza el Nocturno, del colombiano José Asunción Silva. Nocturno es una cumbre del modernismo latinoamericano. Un podio que comparte con otro Nocturno, en este caso el del nicaragüense Rubén Darío:

Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno… ¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre,
dentro de mi cráneo pasa una suave tormenta.

Un nocturno es uno de esos subgéneros poéticos que no tienen que ver con una forma, sino con una temática. En este caso, un tema muy puntual: la noche.

El nocturno es la expresión máxima del romanticismo. Y antes de ser género poético romántico, fue un género musical romántico. El nocturno existe desde principios del siglo XIX y se considera que su creador es el compositor irlandés John Field (1782-1837). Sin embargo, el máximo exponente del nocturno romántico musical es el polaco-francés Frédéric Chopin, autor de los nocturnos más populares. También compusieron nocturnos otros autores como Mendelssohn, Debussy, Satie o Shostakovich. Previamente había existido una forma similar, la serenata nocturna, que había sido abordada por Mozart o Haydn.

En cuanto a la forma literaria, antes de Asunción Silva y Darío, el nocturno había tenido una presencia muy fuerte en las letras hispanoamericanas, con Manuel Acuña, máximo exponente del romanticismo en México. El más popular, seguro. Y todo gracias a su Nocturno. Que no se titula Nocturno a Rosario, como se cree. El título es Nocturno. Y abajo hay una dedicatoria: “A Rosario”. El poema comienza así:

Pues bien, yo necesito decirte que te quiero,
decirte que te adoro con todo el corazón,

que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto y al grito en que te imploro.
Te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.

Cada uno de los tangos cantados de Troilo es una joya. Y su orquesta es, por lejos, la que mejor repertorio cantado tiene. Se trate de temas propios o ajenos. La obra de tango-canción de Troilo no tiene desperdicio

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Rosario de la Peña era una chica de la alta sociedad que hacía altas fiestas con gente cool de aquel momento. Fue musa de grandes escritores, como el cubano José Martí y del mexicano Manuel María Flores. Bueno, musa: Rosario era hermosa, inteligente, carismática, canchera, independiente, millonaria. Hacía lo que quería.

Cuando Manuel Acuña publicó el Nocturno que le dedicó, Rosario le puso los puntos. Especialmente por estos versos:

Figúrate qué hermosas las horas de esa vida.
¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba, en eso, mi santa prometida.
Y al delirar en ello, con alma entristecida.
Pensaba yo en ser bueno por ti, nomás por ti.

“¿Qué es eso de ‘mi santa prometida’?”, le recriminó Rosario a Manuel. Ni santa, ni prometida, ni nada. Y le aclaró un par de cosas: 1) Que ella estaba en cualquiera, pero él no formaba parte del plan de ella, ni siquiera como parte de aquel quilombo. 2) Que no se hiciera el gil llamándola “mi santa prometida”, cuando él también estaba en cualquiera: mientras publicaba su Nocturno, Manuel tenía una historia con otra mujer, al tiempo que había dejado embarazada a otra, la madre de su único hijo.  

Manuel Acuña se suicidó en 1873, a los 24 años, al ingerir cianuro. El éxito popular de su Nocturno, sumado a su suicidio tan joven, lo transformaron en un mito romántico. Eso que hoy se llamaría tóxico, y entonces se llamaba romántico. Esto que hizo que todo el mundo pensara que Acuña se mató a causa del amor por Rosario.

En el imaginario colectivo, Manuel Acuña se mató por el amor no correspondido de Rosario de la Peña. En verdad se mató porque era pobre y depresivo. Algo similar a lo que le pasó a José Asunción Silva, que se suicidó a los 30 años con un disparo en el corazón. Rubén Darío no se mató, pero casi: murió a los 49 años, de una cirrosis hepática, producto de su adicción al alcohol.

Otros autores en lengua castellana que escribieron nocturnos poéticos fueron Gabriela Mistral, Federico García Lorca, Leopoldo Marechal, Oliverio Girondo o Leopoldo Lugones. Es en ese contexto de un género tanto literario como musical que hay que entender el Nocturno a mi barrio, de Aníbal Troilo.

El tema se grabó en 1968. En ese momento, Troilo estaba al frente del cuarteto que completaban Ubaldo de Lío (guitarra eléctrica), Osvaldo Berlingieri (piano) y Rafael del Bagno (contrabajo). En sus conciertos, Troilo había recitado los versos del Nocturno a mi barrio, y De Lío le propuso grabarlo. En realidad, le dijo de grabar “eso que recitás del Carbuña de la esquina”, pues no sólo no recordaba el título: ni sabía que era de Troilo.

Troilo era un poeta, tocaba el bandoneón como un poeta, componía como un poeta. El ritmo y la melodía de sus composiciones tiene el pulso, la sensibilidad y la claridad de las palabras

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Un día, Troilo aceptó. Le pidió a De Lío que vaya a su casa con la guitarra española y que lo ensayaran. “Hasta acá”, le dijo. Y agregó: “Después arreglate vos, que yo voy a recitar”. Así lo grabaron, así quedó. Nocturno a mi barrio es una excepción en la obra de Troilo, su pieza escrita, donde pone su voz y no su fueye. Pero en realidad, más que como una excepción, puede ser leído como una regla. Una regla poética de un compositor con una fuerte impronta poética.

El Nocturno a mi barrio es la llave poética en la obra de Aníbal Troilo. Un compositor que fue amigo de los más grandes poetas de su tiempo: Homero Manzi, Cátulo Castillo y Enrique Santos Discépolo. Y que, excepto con Discépolo, compuso con todos. Porque si bien Manzi y Cátulo aparecen como los autores más cercanos a Troilo, Pichuco también escribió tangos memorables junto a Enrique Cadícamo (Garúa, 1943) u Homero Expósito (Te llaman malevo, 1956).

Cada uno de los tangos cantados de Troilo es una joya. Y su orquesta es, por lejos, la que mejor repertorio cantado tiene. Se trate de temas propios o ajenos. La obra de tango-canción de Troilo no tiene desperdicio. Y tal vez por eso sus cantores fueron los que llegaron más lejos, como solistas, luego de dejar la orquesta. Muchos de ellos impulsados por el propio Troilo, que les veía potencial y los dejaba volar. Como pasó con Roberto Goyeneche.

Troilo era un poeta, tocaba el bandoneón como un poeta, componía como un poeta. El ritmo y la melodía de sus composiciones tiene el pulso, la sensibilidad y la claridad de las palabras. Troilo es un clásico sensible, llano y profundo. Un héroe romántico porteño. Por eso eligió el nocturno. Como Silva y como Darío, pero también como Chopin. Que no por casualidad, es también uno de los máximos héroes musicales de Charly García. Chopin, Pichuco, Charly: la tríada romántica y poética de la canción popular de todos los tiempos.

Nocturno a mi barrio es una excepción en la obra de Troilo, su pieza escrita, donde pone su voz y no su fueye. Pero en realidad, más que como una excepción, puede ser leído como una regla. Una regla poética de un compositor con una fuerte impronta poética

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Si pensamos en Diego Maradona y el tango, enseguida se nos viene a la mente El sueño del pibe, (1945, música de Juan Puey, letra de Reinaldo Yiso), que Diego interpretó por primera vez en el programa de Antonio Gasalla, en 1992. Pero D10s tiene también un lado B: Cucusita (1958, música de Alberto Castillo, letra de Carlos Lucero), tango que cantó en Tres Arroyos, ese mismo año. Del mismo modo, Troilo también tiene un lado B poético: Caliente. Así se titula este poema que, musicalizado, bien podría ser una milonga. Que además arranca hablando de milonga:

Milonga linda o fulera

empilchada o bien rasposa,

caliente como baldosa

que le da el sol de verano.

Más caliente que aquel tano

que lo afanaron debute

como el loco Farabute

cuando oyó ¡macho! Y dio el grito,

más ardiente que Benito

pintando en Pedro ‘e Mendoza.

Poco antes de morir, Troilo le envió de puño y letra el poema Caliente, completo, a Horacio Ferrer. Poco tiempo antes lo había recitado, con variaciones, en un programa de la televisión uruguaya. Allí se lo nota contento y a gusto. Queda claro que se tomaba aquello con la misma seriedad y pasión con que se tomaba la música.

Nocturno a mi barrio y Caliente son dos poemas troileanos que sirven para entender el mundo poético que habitaba Pichuco. La importancia vital de la poesía en su obra. Claro que el verdadero carácter poético hay que buscarlo en sus tangos, en los poetas que lo acompañaron, en el mundo del tango canción, que nunca voló tan alto como con su orquesta, con sus cantores.

Entre muchas otras cosas, Aníbal Troilo fue un hombre de palabra.

Dossier Troilo: lo viejo funciona