16 de junio de 2026
Esto recién empieza
Es un mundial distinto: mientras repetimos que no hay clima estamos cada día más adentro del show. A esta altura de la soirée, se juega como se consume. Con deportaciones, interrogatorios, nuevas reglas, más selecciones, más partidos, más estímulos. Pausas de hidratación y de venta, cámaras de acción gamer en los árbitros, saturación de IA y streamers. Siga, siga. Pese a lo nuevo, a lo viejo y a lo prestado, el mundial nos atrapa porque durante un mes el tiempo funciona distinto: un batacazo, una contra épica, una expulsión boluda. Todo cambia todo el tiempo y al final, la contingencia y el drama son los activos más poderosos del fútbol. Por eso es el deporte más hermoso.
Vamos seis días intensos: ya tenemos un árbitro somalí que, como vino, se volvió, convirtiéndose en héroe de su patria. Una selección, como la de Irán, que no puede estar más de un día en territorio estadounidense y hace base en México para jugar en Los Ángeles. Un delantero, figura de Irak, Aymen Hussein, que estuvo más de siete horas detenido en el aeropuerto de Chicago.
America first. Dios es redondo, escribió Juan Villoro. Ahora sí: el planeta entero mira hacia el norte americano. Trump pisa el mundial y se lo apropia. Su última cruzada quizás sea la única rescatable: dejar de llamar soccer al fútbol.

El fútbol es un lenguaje con sus poetas y sus prosistas
Pasolini en un ensayo del año 1971 decía que el fútbol es un sistema de signos; un lenguaje. Puede haber un fútbol como lenguaje prosístico y un fútbol como lenguaje fundamentalmente poético. Un gol, una gambeta, son exclusivamente poéticos. En cambio, un fútbol de prosa se basa en el juego colectivo y organizado, en la “ejecución razonada del código”: el sistema. El fútbol cambió, Pasolini. Ahora puede haber poesía en el conjunto y prosa en la gambeta o en el gol.
La Selección llega en su peak con sus intérpretes. Campeón de todo, buen presente, aura, unión. Lo más importante, sin embargo, es su adaptabilidad. Una marca de este equipo -y de este ciclo- tiene que ver con ir corrigiendo y mejorando en tiempo presente la manera de jugar. Scaloni lo confesó en su momento: arrancamos pensando en el vértigo y terminamos jugando “a la nuestra”. Después del mundial consagratorio siguió la incómoda y desafiante tarea de reconvertir el equipo a medida que Messi se iba haciendo adulto mayor e iba perdiendo presencia física. Lo logró. A tal punto que el mejor partido de los últimos tiempos fue el baile a Brasil en El Monumental sin el 10. Messi, más que nunca, regulará energías, suelto, esperando su momento. En este buen artículo piensan a Messi como un quarterback (mariscal de campo): el cerebro ofensivo que necesita Argentina, aunque sea en dosis más pequeñas e infrecuentes, para que dé un pase gol, junte tres o cuatro rivales o meta una de sus viejas apiladas para romper una defensa. Para que eso pase, Scaloni armó el mejor mediocampo del mundo. Volantes que vuelan; todos con sesgos de enganche, que reparten juego y matchean entre sí. Una teoría del cerco por la positiva.
A esta altura de la soirée, se juega como se consume. Con deportaciones, interrogatorios, nuevas reglas, más selecciones, más partidos, más estímulos. Pausas de hidratación y de venta, cámaras de acción gamer en los árbitros, saturación de IA y streamers. Siga, siga
Los tres que son irremplazables lo son por distintas razones: De Paul tiene el cuero duro y forma parte de esa raza que se destaca por jugar siempre bien en su selección: ex 10, devenido tractor y “todocampista”, cubre grandes tramos del terreno garantizando despliegue y entrega. Bad boy, canchero, guardaespaldas incondicional de Messi. Cada final que jugó, la rompió. Alexis y Enzo son parte de la elite del fútbol: líderes y con calidad automática, pueden jugar y cumplir roles distintos en la mitad de la cancha. Tocan, se mueven, se entienden. A ese mediocampo “líquido”, que rota a medida que lee el partido, Scaloni lo ajusta según la circunstancia: si necesita más tenencia y equilibrio, puede sumar a Paredes o a Palacios. Si necesita más presencia ofensiva, elige a Almada, Barco o a Nico Paz. Además, Argentina completa su equipo con una columna de primer orden: Dibu-Romero/Martínez-Messi-Julián/Lautaro. ¿Alcanza?
Al pack fútbol habrá que acompañarlo con una buena salud, picos de rendimiento, el pito más a favor que en contra, un plantel largo y a la altura, el azar y el temperamento del equipo. También habrá que ver qué tendencia se impone en esta copa del mundo. Un bello misterio que iremos develando a medida que avance el torneo. ¿Un mediocampo fuerte como el argentino, el español o el portugués? ¿O una apuesta más osada, del vértigo y el golpe por golpe a la francesa, a la brasilera o a la de un Estados Unidos que sorprendió a todos goleando y jugando seriamente?
Esto recién empieza. Hoy, Argelia.



