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La Argentina libertaria aún no se decide entre ser Irlanda en cuarenta años, volverse Suiza en menos o, más atemporalmente, arribar a la tierra prometida cruzando el desierto de la mano del minarquismo. En todo caso, y más allá de la exuberancia retórica, en estos casi seis meses al frente del Poder Ejecutivo Nacional, Javier Milei ha ido estableciendo desde su liderazgo, y con figuras un poco megalómanas como norte, un perfil de lo que podrían ser los años venideros.

Por un lado, en términos internacionales vemos una consolidación de su marca propia en tanto una versión mejorada de la nueva derecha global. Este aspecto de superación es importante; no solo interactúa con ellos, en su mayoría conservadores y proteccionistas, sino que se coloca por encima, más allá, y así aparece la construcción de una imagen que acentúa su carácter agresivo y poco dado a la diplomacia (arte que parece dejarle a la casta global). Se presenta como el más loco de todos, el elegido, una mezcla de Moisés, “Chizo” de La Renga y Murray Rothbard. Sin dudas, su viaje último a España y el posterior enfrentamiento con Pedro Sánchez es un botón de cómo piensa exhibirse en los escenarios internacionales: poco elegante, con carencia de cordialidad, pero con sobrante de agresividad algorítmica. “La gira demostró que soy el máximo exponente de la libertad a nivel mundial. Estoy en otra liga, donde voy genero un terremoto”, dijo al referirse a los resultados de su viaje cuasi oficial.

Quienes hayan tenido la dicha de pasearse por el Hall de Honor de Casa Rosada podrán decir que han tenido la posibilidad de mirar a la historia a los ojos

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En la escala nacional, lo sabido: propuesta de leyes amplias y draconianas, con un gobierno radial y delegado en pocos ministros de confianza y un relato histórico crispado que se ancla en un pasado de gloria, con un mojón lo suficientemente móvil como para reivindicar un pasado que por momentos aparece casi mitológico; una Argentina potencia coartada en 1916, 1924, 1945, 1983 o 2003, todo se puede customizar al gusto del profeta.

La operación de construcción de un panteón por parte de Milei y del libertarianismo marca una diferencia con la propuesta política de Macri, sobre todo en la peak perfomance de la presidencia del hijo de Franco en la que huyó tanto de la historia que logró los billetes más lindos, pero sin memoria. En ese sentido, el actual gobierno no tiene complejos ni falsos desprendimientos esnobistas: lo que estos cuarenta años de democracia han demostrado, y Milei reivindica, es que la Historia definitivamente juega, y al gobierno no le ha temblado ni el pulso ni la voz, aunque sea acompañado con alguna lágrima, para posicionarse dentro de ella. No es casual entonces que, a poco de iniciar su gobierno, haya aprovechado para colocarse dentro de un relato histórico. Es algo que ha venido haciendo hace tiempo, ya sea con invocaciones a Alberdi o Roca, pero en estas semanas ha sido más explícito, acto con el busto del ex primer magistrado Carlos Saúl Menem mediante.

Quienes hayan tenido la dicha de pasearse por el Hall de Honor de Casa Rosada podrán decir que han tenido la posibilidad de mirar a la historia a los ojos. Es una experiencia hoy esquiva ya que el sitio de visitas a la Rosada no está disponible y, huelga decirlo, incompleta, ya que faltan los ejemplares de María Estela Martínez, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde, Adolfo Rodríguez Saá y Cristina Fernández de Kirchner.[1] La llegada del riojano más famoso al hall fue sinuosa y enredada: hubo una publicitada propuesta por parte de Alberto Fernández, pero, como en otros ámbitos, el entonces mandatario quedó a mitad de camino, en parte por la pandemia, en parte por la polémica que suscitaba el reconocimiento. Al colocar el busto del dos veces presidente, Milei subsanó un vacío importante en la línea de tiempo, pero por supuesto que sus motivaciones fueron mucho más profundas que la mera pasión filológica.

el actual gobierno no tiene complejos ni falsos desprendimientos esnobistas: lo que estos cuarenta años de democracia han demostrado, y Milei reivindica, es que la Historia definitivamente juega

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En este nuevo contexto tan sobregirado en el tono de la conversación pública, está claro que el evento tuvo ribetes mucho más interesantes que el mero cumplimiento administrativo del panteón y podemos tomarla como lo que fue: una declaración de principios, la búsqueda de un lugar. Entre anécdotas y emociones, el presidente Milei hizo guiños y loas a quien es su mandatario favorito, el mejor de la historia en su ranking, y no cumpliendo con el protocolo -algo más que lo une con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner- presentó una reorganización en el orden de los bustos, colocando al riojano junto a Bartolomé Mitre, enfrentado a Roca, con Sarmiento y Carlos Pellegrini cerca. Todos estos, junto con una tangencial mención a Urquiza, fueron los protagonistas del discurso presidencial, que no perdió oportunidad de emparentarse uno a uno con ellos, ya sea por ruptura, por tormenta o por locura. En concreto, “mitrismo para la gilada”.

Y está claro que, entre el mitrismo para la gilada y el revisionismo palermitano, Milei ya eligió. Abrazado a un Monte Rushmore decimonónico, haciéndolo suyo y no aceptando condiciones, se adueña del Estado porque se para sobre sus bases, el Estado soy yo… y el jefe, pretendida águila bicéfala imperial local. Por supuesto que dicho armado viene a reforzar el gesto de amputación performativa que se dio con el switcheo del Salón de las mujeres a un seco y patriarcal Salón de los Próceres promocionado por Karina Milei. En esta revolución de sentido historiográfico ya no hay lugar para las agendas progresistas de los últimos años, claramente ubicadas en el lugar de los vencidos. A contramano de su predicado Menem, que intentó con un gesto poderoso al repatriar los restos de Rosas unir a los argentinos y dejar las diferencias atrás con un ni vencedores ni vencidos de fin de siglo XX, el presidente anarco libertario se referencia en los constructores del Estado que detesta, sin condicionamientos. Mitre, unificador del territorio, adentro, Sarmiento, al que le decían loco como a mí, a la bolsa; Roca, quizás quien haya legado el manual de instrucciones de cómo domar al tigre pampeano, mío, el piloto de tormentas Pellegrini, también. Todos estos próceres, ¿insospechados de populismo?, tienen lugar en el relato caleidoscópico, vertiginoso y acaso poco riguroso de nuestro Presidente.


[1] https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/245000-249999/248169/norma.htm

https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/decreto-1872-2006-123112/texto

https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/7054942/19730517