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MATT HONGOLTZ-HETLING: “EL LIBERTARISMO ES OPORTUNISTA”

Tiempo de lectura: 9 minutos

Matthew Hongoltz-Hetling es un periodista freelance residente en New Hampshire, Estados Unidos. Colaboró en Foreign Policy, USA Today, Popular Science, The Atavist, The Associated Press, entre otros medios. Fue finalista del premio Pulitzer y ganó el premio George Polk en 2011. Publicó las investigaciones “A Libertarian Walks Into a Bear” (2020), sobre la llegada de una colonia de libertarios al pueblo de Grafton, que terminó invadido por osos ante la falta de intervención estatal, y “If It Sounds Like a Quack…” (2023), sobre el peligro de las terapias alternativas sin supervisión médica en Estados Unidos. En esta entrevista, hablamos sobre su primer libro, la ideología libertaria y su mirada sobre el gobierno de Javier Milei.


—¿Cómo te enteraste de la historia de Grafton y por qué decidiste convertirla en un texto más extenso? Inicialmente empezó como un artículo para la revista The Atavist.

—Estaba averiguando sobre un asunto no relacionado en Grafton para The Valley News, un diario local, cuando una mujer que estaba entrevistando mencionó algunas conductas de osos muy extrañas. Cuando empecé a investigar por qué los osos se estaban comportando de manera tan agresiva en ese pueblo, me enteré de la presencia de los libertarios, y fue fácil conectar las dos ideas. Después de que mi artículo inicial sobre el tema se publicó en The Atavist, un editor me llamó y me preguntó si me gustaría escribir un libro, y acepté con entusiasmo.

—Los libertarios buscaban llevar la libertad a sus últimas consecuencias, llegando al punto de recortar el presupuesto en áreas clave como la seguridad, lo que provocó que todos estuvieran armados. Esto hizo que la libertad chocara y hubiera contradicciones para la paz social. ¿Qué otras complicaciones destacarías entre las que se generaron para la convivencia en general?

—Los osos, por supuesto, fueron el tema central. El ideal libertario de la autosuficiencia tuvo una consecuencia no intencional cuando las personas que manejaban su comida y basura de manera independiente terminaron entrenando a los osos para que buscaran a los humanos como fuentes de alimento. Aparte de eso, y de los problemas de seguridad, hubo muchos otros efectos negativos. Las estadísticas del pueblo mostraron más delincuentes sexuales, más quejas de vecinos, peores rutas, fallas en la infraestructura del pueblo y más violencia, incluyendo el primer y segundo asesinatos en la memoria viva.

—¿Qué consecuencias del experimento libertario persisten en Grafton en la actualidad? En tu libro te enfocás en la inseguridad y problemas con la recolección de basura, pero también mostrás la quiebra de negocios e industrias, además del desfinanciamiento cultural.

—Después de que se publicó el libro, hubo un tercer ataque de osos. Pero creo que aún más importante es que los esfuerzos cívicos por mejorar la calidad de vida continúan siendo socavados por el sentido general de conservadurismo fiscal miope. La biblioteca apenas está abierta; los recursos históricos están vulnerables a todo tipo de riesgos; la capacidad de tener algo tan simple como un equipo de fútbol del pueblo está obstaculizada. Como resultado, menos personas se mudan a Grafton, lo que en realidad aumenta la carga fiscal para los habitantes de la comunidad.

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—¿Notaste algún rasgo en común entre las personas que defienden esta ideología? Género, edad, clase social, nivel educativo alcanzado, orientación sexual, salud mental, etc.

—Aunque había individuos de muchos orígenes, la gran mayoría eran aquellos cuyas imaginaciones son estimuladas por una visión de “vida en la frontera”, defendiéndose de amenazas físicas como ladrones y osos. Y, por supuesto, me refiero a jóvenes, hombres blancos estadounidenses. Algunos eran ricos, pero la mayoría no tenía familia ni trabajo, lo que les permitió mudarse a una comunidad rural aleatoria sin comodidades ni industria.

—En un capítulo de 1996, Los Simpson predijeron lo que ocurrió en Grafton con el chiste de la patrulla anti osos. Además, los libertarios son ridiculizados en un capítulo de Family Guy sobre el Tea Party. Y más recientemente, esta ideología fue representada en el cruel personaje del Sheriff Roy Tillman en la quinta temporada de Fargo. Quería preguntarte qué tan parecido es el libertario promedio al personaje de Ron Swanson (Parks and Recreation).

—En muchos aspectos, Ron Swanson es el ideal libertario: tiene muchas habilidades, es muy masculino y, aunque puede ser antipático, se supone que lo veamos como un cascarrabias admirable, en lugar de verdaderamente cruel. Muchos de los libertarios que conocí eran más como chicos de quinto grado interpretando a Ron Swanson en una obra de teatro: eran inseguros, se enfocaban en la arrogancia y carecían del tipo de habilidades que realmente los ayudarían a ser autosuficientes. También les voy a dar un poco de crédito: creo que la mayoría de los libertarios eran bastante cultos, inteligentes y disfrutaban de una importante tradición estadounidense de debatir y discutir puntos de vista políticos desde una perspectiva idealista.

—Narrativamente, tu libro es como una novela, por su estilo literario y la descripción detallada de sus personajes. ¿Cuáles dirías que son tus influencias?

—¡Gracias por el halago! Mientras escribía, pensé mucho en algunos de mis autores de no ficción favoritos, incluyendo a Bill Bryson, Jon Mooallem, Jon Ronson, Erik Larsen, Laura Hillenbrand y David Sedaris. También busqué oportunidades para adaptar técnicas de algunos de mis autores de ficción favoritos: Susanna Clarke, Donald Westlake y Douglas Adams me vienen a la mente.

Matthew Hongoltz-Hetling.

—¿Hay planes para traducir el libro o adaptarlo a otro formato (por ejemplo, un podcast o un documental)?

—El libro está disponible actualmente en japonés, francés y polaco, y se está preparando una edición en español (aunque no estoy seguro del cronograma). Las conversaciones para una adaptación cinematográfica están en marcha, y tengo la esperanza de que den frutos, aunque no hay nada concreto de lo que pueda hablar en este momento.

—Además del caso de Grafton, en la historia reciente hubo numerosos proyectos libertarios fallidos basados en la creación de micronaciones artificiales que buscaban fundar paraísos fiscales para legitimar la evasión fiscal. También hay experiencias de países libertarios virtuales, sin territorio físico, o proyectos como la colonización del mar, como propone Patri Friedman (nieto de Milton Friedman). ¿Por qué creés que se sigue insistiendo en estas ideas, a pesar de los fracasos demostrados por la historia?

—Creo que la idea simplemente es atractiva a un nivel muy básico: “Sé lo que el mundo necesita y me voy a unir con personas de pensamiento similar para crear un microcosmos utópico del mundo que imagino”. Hemos visto esfuerzos fallidos en todo el espectro político, pero creo que los libertarios son especialmente susceptibles a este error porque no ha habido comunidades realmente dirigidas por libertarios en la historia, y por lo tanto ansían lo que no han probado. Aunque creo que el mundo está observando a Argentina en este momento para ver hasta dónde llegará insistiendo en esa filosofía.

Mi libro, “Ghost Lab”, analiza el auge de un movimiento espiritualista New Age en Estados Unidos que abarca creencias en fantasmas, críptidos y ovnis, y lo vincula con la disminución de la confianza institucional que mencionamos antes

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—¿El libertarismo solamente es “de derecha”? Milei reivindica, entre otros, a Ayn Rand, pero algunos libertarios recuperan ideas de Thoreau, Emerson y Spencer. El caso argentino se muestra como un “populismo de derecha”, una forma más desarrollada de neoliberalismo. Tu libro describe casos en los que los libertarios son socialmente progresistas. Nuestra versión, en cambio, es conservadora.

—Creo que el libertarismo es oportunista y se expresará en cualquier extremo del espectro que más lo empodere. La aplicación práctica de los principios libertarios está muy poco definida; en este momento, estamos viendo una expresión casi exclusivamente conservadora, porque la derecha ha adoptado una postura de outsider y es más tolerante con el extremismo. Pero si fuera más oportuno, algunos “libertarios naturales” estarían menos enfocados en los impuestos y más en ideas progresistas, como los derechos LGBTQ, la desregulación de la marihuana, la brutalidad policial, etc.

—En Estados Unidos, ¿el Partido Libertario defiende las mismas ideas que el ala más conservadora del Partido Republicano y el Tea Party, o representan intereses diferentes?

—Los libertarios se volvieron casi indistinguibles de los republicanos en 2020, porque la pandemia impulsó un movimiento masivo de libertad médica que alineó a los dos grupos. Pero ahora, creo que hay más divergencia: los republicanos dicen que les gusta la libertad, pero no la ejecutan a satisfacción de los libertarios, particularmente cuando se trata de las tendencias autocráticas de Donald Trump. Es probable que hayas visto que Trump habló en la convención de nominación libertaria recientemente y fue abucheado con enojo por una gran mayoría de la multitud como un dictador en potencia.

—Mientras que en Estados Unidos el Partido Libertario existe desde 1971, en Argentina el partido surgió recién en 2018 y creció exponencialmente a partir de las protestas contra la cuarentena del COVID-19, durante 2020. Sin embargo, según tengo entendido, también en Estados Unidos es un partido marginal, como la izquierda, es decir, los extremos ideológicos. ¿A qué le atribuís que esta identidad política crezca en esta época?

—Creo que la adopción generalizada de Internet y la elección de Donald Trump se han combinado para crear una intensa polarización política. Tanto liberales como conservadores están incentivados a ser más extremos, como contrapeso a los extremistas del otro lado, que tienen una huella digital desproporcionada a causa del empuje algorítmico del contenido extremista emocionalmente cargado. Mi comprensión de la política argentina es muy limitada, pero parece que el movimiento por la libertad médica puede haber radicalizado a los conservadores de una manera que dio a los libertarios una oportunidad para tomar el control.

—El anarcocapitalismo o minarquismo de Milei es una concepción intelectual y académica, a nivel teórico, que no resiste la realidad e implica sufrimiento para la mayoría. Aunque declaró que los impuestos son un robo, él mismo recaudó y aumentó impuestos. Al mismo tiempo, tuvo que retroceder en su idea de “libertad de mercado”, por ejemplo, con la medicina prepaga privada, ya que su marco teórico se desmorona cuando se pone en práctica. Además, se peleó públicamente con representantes de otros países por razones ideológicas. Teniendo en cuenta todo esto, ¿Milei representa una ideología antes que un país?

—Sí, sin duda. Milei es un león cuya pata está atrapada en una trituradora de carne llamada realidad. No hay duda de que sus ideales serán triturados en algo mucho menos grandioso que su retórica. La única pregunta es cuántas personas lastimará en el camino.

—Para Milei, el progreso tecnológico podría reducir el alcance del Estado, de manera que solamente se encargue de la seguridad y la justicia. Y hay quienes proyectan que el desarrollo de la IA puede reemplazar las tareas del Estado, para recortar empleos y reducir gastos. Además, algunos piensan en la posibilidad de fundar comunidades utópicas sin impuestos en el futuro, en Marte u otros planetas a partir de la exploración espacial. En ese sentido, ¿cómo ves el acercamiento de Milei a Elon Musk?

—Curiosamente, la idea de un Estado que se extingue por falta de demanda fue planteada por Karl Marx, ¿no? Para mí, la visión de Marx, aunque igualmente impráctica, era mucho más razonable que la de Milei porque preveía que la mayoría de las decisiones se tomaran a nivel comunitario. Las propuestas de Milei a Musk y la industria tecnológica están equivocadas, porque no transfieren poder al pueblo. Transfieren poder a un puñado de multimillonarios que controlan sistemas masivos sobre los cuales no tenemos voto. Podés estar seguro de que la realidad fundamental subyacente de la tecnología capitalista será mantener a las personas trabajando y comprando tanto como puedan. El gobierno debería protegernos de los gigantes tecnológicos, no insertarlo en nuestros sistemas democráticos.

—El inversor Stanley Druckenmiller calificó a Milei como “un experimento interesante”. Argentina actualmente es un laboratorio para el mundo: estamos viviendo la singularidad de ser gobernados por un presidente libertario. En el Reino Unido, la también libertaria Liz Truss duró apenas 44 días como primera ministra. ¿Por qué creés que este hecho excepcional ocurrió acá?

—Creo que, en cualquier momento, hay cientos de ideas, planes y movimientos políticos por ahí que están latentes, esperando tener suerte. Eso es lo que pasó con los libertarios en Argentina: tuvieron suerte. Para ellos, la fortuna fue que durante mucho tiempo habían defendido una posición antivacunas, de manera tal que cuando ocurrió la pandemia, estaban en el lugar y el momento justos para capitalizar. Alguna versión de esto sucedió en muchos países, pero no estoy seguro de por qué específicamente Argentina es el país que llevó esta filosofía a la cima. Quizás la gente estaba tan hambrienta de cambio que buscaba extremismo, y Milei fue simplemente la mezcla correcta de extremista y visible.

—¿Cómo refleja el experimento fallido en Grafton lo que podría llegar a pasar en Argentina? Quiero decir, ¿cuál podría ser el equivalente a los osos para Milei?

—Esa es una gran pregunta, y toca algo en lo que estuve pensando mientras escribo mi tercer libro, que trata sobre la desconfianza institucional en Estados Unidos. Creo que Argentina se está orientando hacia un estado de colapso institucional: la ciencia, las universidades, la iglesia y el gobierno se degradan, lo que crea espacios culturales para que los pensadores alternativos difundan conocimientos que no están basados en la ciencia. Un impacto obvio de esto sería en el ámbito de la atención médica: Argentina ya puede estar viendo un crecimiento de la charlatanería y la medicina ineficaz que llevará a muchas personas a la tumba prematuramente.

Tanto liberales como conservadores están incentivados a ser más extremos, como contrapeso a los extremistas del otro lado, que tienen una huella digital desproporcionada a causa del empuje algorítmico del contenido extremista emocionalmente cargado

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—¿Cómo pronosticás que puede terminar el gobierno de Milei? En este momento, se consideran las siguientes posibilidades: juicio político, renuncia, destitución por insania mental o completa su mandato hasta 2027.

—Lamento decirte que van a tener que aguantarlo hasta 2027, y eso podría ser algo bueno: deja que esta locura se consuma, para que más personas vean la verdad de las cosas.

—Leí que estás trabajando en un libro sobre la comunidad de entusiastas de lo paranormal, desde una perspectiva antropológica. ¿Qué nos podés contar sobre ese proyecto?

—Gracias por preguntar. Mi libro, “Ghost Lab”, analiza el auge de un movimiento espiritualista New Age en Estados Unidos que abarca creencias en fantasmas, críptidos y ovnis, y lo vincula con la disminución de la confianza institucional que mencionamos antes. En el futuro, Estados Unidos podría estar en un período de individualismo radical, ¡quizás lo mismo se pueda decir de Argentina!