Un momento...

08 de julio de 2026

08 de julio de 2026

8 de julio de 2026

MADE IN ARGENTAIN

Diego Valeriano

@corderoeditorok
2 Minutos
Tiempo de lectura: 3 minutos

Como nunca compró ropa en Argentina, Toto Caputo nunca tuvo la alegría de tener una camiseta del ascenso. Esas casacas hermosas con sus Islas Malvinas en el pecho, sus diseños ingeniosamente sobrecargados, sus múltiples y bizarros auspiciantes, sus sublimaciones a veces dudosas, a veces malas, a veces apuradas. Camisetas que se muestran orgullosas en las tribunas del mundo. ¿Odia tanto a la Argentina que odia el fútbol de acá? Los colores de acá, los diseños de acá, los laburantes de acá. 

Ni la de Sacachispas, que es tan bonita ; ni la de Chacarita, con su combinación de colores inconfundible; ni la de Chicago, que se ve tan brava; ni la de Morón, con ese Milo J enorme. ¿Viste la de Sportivo Italiano con Romulo y Remo tomando la teta de la loba? Una belleza que no encontrás en un mall de Miami, una locura que Temu no entiende.

Tampoco compró una camiseta de un equipo de rugby de esos de zona norte donde algún hijo, primo, sobrino, ahijado o hermano habrá jugado alguna vez, aunque sea en M19. Ni el conjunto del club para la gira a Sudáfrica o Inglaterra. Ni la camiseta de hockey de Sanfer. Imagino que la ropa de golf se puede comprar toda afuera, pero las camisetas para el equipo de polo las hace el mismo taller que las de cualquier equipo de fútbol 5. 

¿Nunca le compró una remera de Floricienta a la hija en la vereda del teatro? ¿Ni un pulóver en Mar del Plata; ni un gorrito de lana a la salida del aeropuerto para ir a Lago Escondido, ni un chaleco de esos de cardón tan pitucos para ir al campo? ¿Una feria?

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¿Nunca le compró a la mujer un vestido de algún diseñador exclusivo de acá, aunque más no sea por un capricho de ella? ¿Algo de Paz Cornú para su amante? ¿Etiqueta Negra es muy grasa para él?

Obvio que nunca caminó por la calle Avellaneda de Flores un 23 de diciembre a las 8 de la noche con los puños cargados de aguinaldo. Con la  ansiedad y el  temor a no conseguir lo necesario para poner en el arbolito. Ni entro a vestirse por dos mangos a Le utthe, el H&M argentino, porque a él de lo  argentino solo le interesa lo que se pueda fugar. 

¿Nunca le compró una remera de Floricienta a la hija en la vereda del teatro? ¿Ni un pulóver en Mar del Plata; ni un gorrito de lana a la salida del aeropuerto para ir a Lago Escondido, ni un chaleco de esos de cardón tan pitucos para ir al campo? ¿Una feria? No seas villero. No te digo que en su juventud usara en Angelo Paolo como yo, pero ¿ni siquiera una un jean Kosiuko o remerita Via Vai de Alan Faena y Paula Cahen D’anvers? No todo es economía, pero la economía se interesa en todo. 

Caputo nunca sintió la alegría de comprar una remera de rock en Locuras de Morón. Ni la de Sumo, o de Luzbelito, o de los Stones en River. Ni el buzo de egresados Promo 2002 para su hijo, si es que tiene. ¿Qué música escucha? Hay una remera hermosa con la icónica tapa del disco Unknown Pleasures de Joy Division, ¿esta no la tiene?

Ni los bóxers ni los pijamas ni las medias; ni una malla comprada en Cariló cuando cae en la cuenta que la chica se olvidó de ponerla en la valija cuando le armó el equipaje.  Cuando ya no le quedan soquetes en el cajón, ¿manda a la esposa a Milán a comprar? Tampoco compra en argentina el uniforme de la mujer que limpia en su mansión; ni la ropa de grafa del jardinero; ni el chaleco del custodio, ni el traje del chofer. 

Ni un shortcito para ir a jugar al tenis. Una lástima que se pierda de comprar uno de esos shorts medio oversize estilo potrero, tan piolas, llenos de publicidades, que se consiguen en la feria de Solano.

Ni siquiera manda a su secretaria a Mimo o Petit Enfant, aunque ya deben importar todo, a las apuradas a comprar una ropita de bebé de compromiso para regalarle a alguien que acaba de ser padre. No lo hace porque sus compromisos son otros, con otros.

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