05 de julio de 2026
Podría haber sido una noche más larga y un mundial más corto. Nos dimos cuenta. Terminó siendo un susto largo, de tiempos extras. Argentina jugó mal (feo, como dijo Scaloni) los ¡139! minutos que duró el partido. El calor, algunos rendimientos (muy) bajos y, sobre todo, la forma en que lo planteó no funcionaron. Un equipo pesado, pegajoso, predecible. Del otro lado hubo lo que ya habíamos visto: disciplina, buen pie, método y soltura. Los africanos hicieron copy paste y jugaron igual que contra España y Uruguay. Se van de la Copa sin perder un partido en los 90 minutos. Ninguno fue capaz de quebrarlos. Se van de pie.
Un mundial está hecho de Cabos Verdes, también. Cuántos hubo, cuántos habrá. Camerún en el 90, para Bilardo; Arabia Saudita, para Scaloni en 2022. ¿Significará algo parecido? Por lo pronto, cortó el empalago. Scaloni y sus muchachos quedaron agotados, pero tomaron nota. Reconocieron la dificultad y probablemente haya cambios y conversaciones. Ojo: el homenaje a Messi se empieza a parecer a un fetiche. No hay ideas por fuera del diez. No aparece el plan alternativo -que sí hubo en las eliminatorias-. Después de un comienzo fresco con tres partidos ganados, parecía que íbamos a ver el Mundial desde el fan fest. Pero no: volvimos a bruxar y a sentir el sabor amargo y el vértigo de una posible eliminación. Vendrán ajustes. Julián deberá entrar y algo vamos a tener que hacer en el lateral derecho. Ninguno, ni Molina ni Montiel, hoy, están a la altura. Palacios, Simeone, ¿podrán ser una alternativa? ¿Y si Nico Paz o Nico González van por Almada? ¿Scaloni mantendrá el trío clásico del medio o se meterá Paredes, que es el cinco más cinco de todos y que su presencia, en partidos de riesgo, puede venir bien?
Recordemos: el ciclo Scaloni nació con fórceps; en su primera Copa América estuvo a punto de quedar afuera con Paraguay. En su primera Copa del Mundo, en 2022, perdió el primer partido y estuvo hasta la mitad del segundo -contra México- en una situación crítica, al borde de la eliminación. Qatar, de hecho, tuvo varias escenas similares a la del viernes: una atajada salvadora de Martínez para cuidar el 2 1 en la última bola contra los australianos en octavos. Los penales en cuartos versus los holandeses. Y la final con Francia. Scaloni nos recuerda: sabemos sufrir. De esto también está hecho un mundial. Ahora sí: empiezan los días en que vivimos en peligro.

En el picoteo virtual post partido que necesitamos para aflojar, en ese zapping desbocado entre franuí y franuí, apareció un clip de uno de nuestros bronces para hacer pie nuevamente: a la salida de un partido chivo del Mundial 2010 -¿habrá sido el 3 1 a México?- Bilardo nos aclaraba: “La palabra respeto. Respeto por el rival. No hay rival chico. Son siete exámenes (hoy ocho). Tomalos siempre. Son siete exámenes finales”. Parecía un rezo, una advertencia, de quien era en ese Mundial de Sudáfrica, el Director General de Selecciones Nacionales de la AFA (una suerte de institutriz que puso Grondona para vigilar a Diego versión DT). Una respuesta exagerada y necesaria la del doctor: le estaba hablando a su país y a su gente para que entendamos lo que a veces no entendemos tanto: que no es joda un mundial.
Podría haber sido una noche más larga y un mundial más corto. Nos dimos cuenta. Terminó siendo un susto largo, de tiempos extras
Estamos en octavos. En el mejor de los casos serán treinta y nueve los días que pausamos nuestras vidas para ver a la Selección llegar a otra final. Calma el fuego: ese corchete de IN/OUT que le pongamos al Mundial depende de seguir aprobando exámenes, de a uno. La novedad es que apareció el peligro y eso puede ayudarnos a acomodar las cosas. Scaloni probablemente lo sepa y probablemente lo logre.
Se viene Egipto: a partir de ahora desconfiemos.



