Un momento...

22 de junio de 2026

22 de junio de 2026

18 de julio de 2025

LEONES

Sergio Wolf

@serdwolf
La hora del lobo
Tiempo de lectura: 8 minutos

-¿Viste ésto? -me dice un cineasta amigo, generoso como un campo de azúcar. Miro la foto de un león, dominante pero con la mirada perdida, casi como un conquistador solazándose del territorio conseguido, en medio de un campo más bien desértico, muy propio de la sabana africana. Al costado, una cámara permite ver esa misma imagen, encuadrada. Leo el aviso: “¿Documentales con potencial?” y debajo, el INCAA y la Secretaría de Cultura de la Nación como convocantes y un “Abrimos la convocatoria”.

Me quedo mirando un rato al león africano y soñando, porque qué cineasta no soñó alguna vez con filmar su propia Hatari!. Una inexplicable fuerza leonina me empuja a emprender la escritura y le pongo de título “Leones”. Leones en región subsahariana… Busco en el chatgpt: me dice que en Argentina no hay ni leones ni subsaharianos. ¿Tendrá el aviso algún truco oculto? ¿Será que hay que escribir algo sobre el “yo soy el león”, ya instalado como el nom de guerre presidencial? Miro el aviso de nuevo. ¿Qué será un documental con potencial? Pienso en varias opciones de documentales con potencial: con potencial de juicios, con potencial de riesgo de vida, con potencial de financiación, con potencial de quedar en nada. ¿Tendrá potencial el mío sobre “Leones”? Argentina potencial, Potencial Trabajo…

Melquíades, el león que hablaba demasiado.

Empiezo como siempre: tomando mis notas para la presentación. Arranco con los leones. Mis leones. Anoto: “Mis leones de infancia”. Leoncio, el de Canal 11, que tenía corona y cara de bueno y un nombre semiotizado: le/once. Y otro dibujito, Melquíades, un león rosado que Hanna-Barbera dotó de frac y soliloquios profundísimos. Y el más bueno de todos, Clarence, el león bizco de Daktari, la serie que usaba el nombre del doctor en idioma swahili. ¿Quizás pueda homenajear la mirada estrábica de Clarence y hacer el documental en 3D? Lo anoto como idea visual.

Mis leones, tus leones, nuestros leones. “Hola, yo soy el león”. Animales, animalitos. Animals!, le gritó la leonera de Wembley a Rattin cuando lo echaron en el 66 y estrujó el banderín inglés. Ser un león, ¿ahora está bien visto? Soy un león, decía un vendedor de vajilla en los ´70, porque era creativo y no se le escapaba una sola venta. Ser un león. ¿Qué es ser un león? Ser valiente, audaz y líder. Ponga un Peugeot en su tanque, o en el sillón de Rivadavia. Comerse a todos. Devorarlos. No seas león. El Jesús bíblico era “El León de Judá”. El león era el Rey de la Selva hasta que a Edgar Rice Burroughs se le ocurrió inventarle un competidor. Pobre, rivalizar con Tarzán debe haber generado un fenómeno nuevo de depresión general: todos los leones y leonas deprimidos.

Pruebo con el fútbol. El León por los pincharratas. El arquero más famoso de todos los tiempos era Lev (o León) Yashin pero en vez de llamarlo león le decían “Araña” y no “León”, quizás por aversión al pleonasmo “El león León”

Compartir:

Leo un instructivo y le hago caso: “busque sus motivaciones personales e inspiraciones”. ¿Y acá qué pongo? Los leones del cine argentino. “¡Cómo ruge la leonera, general!”, le decía el más Gatica que Gatica a Perón, en la película de Leonardo Favio. Y la otra Leonera, palabra que da título a la de Pablo Trapero, que alude en modo tumbero a las cárceles donde la pasan peor que en la cárcel común. Me anoto llamar a Jazmín López, que filmó su opera prima Leones. Ah, no te olvides de La parte del león, ese buenísimo noir de Aristarain (Todo argentino sueña con agarrar “la parte del león”, que de Grazia traduce como “¡cuánta guita!”). Y miro un rato de La león, la película gay de Santiago Otheguy que circulaba por el Tigre. Y el enigmático “Coronel” de Mariano Llinás que era un león extenuado, que rugía afónicamente, en ese final genial de Historias extraordinarias.

Pensá, pensá. Leones… La cinefilia sopla donde quiere. Los leones bolcheviques de Potemkin: se levantan y triunfan. Esa convicción debe contagiarme. Voy con este, con el león de Chaplin en El circo: la toma sin cortes, está ahí, sin dobles, el cómico y el director más famoso del mundo metiéndose en la jaula de un león vivo. O El león del desierto, ese león indomable que Anthony Quinn hizo como el libio Omar Mukhtar, que enloqueció a Benito Mussolini, el más leonino de los dictadores. Me la juego. Escribo una escena en el zoológico de Luján -quizás la Virgen me la pueda convertir en localidad subsahariana- pero me llama el productor, con un tono que me recuerda el de Dumont en La película del rey: -¿No sabías que está cerrado? La dejo igual. Acá no tenemos un bioma africano… Lo reescribo como denuncia: a los jurados de documentales eso siempre los conmueve.

El Coronel, el león de Historias extraordinarias.

Releo y se lo mando a mi productor. -Falta drama y pathos. ¿Qué hiciste? ¡Todos leones buenos! ¡Inspirate con algo! Pruebo con música. Pongo O leaozinho de Caetano, pero es otro leoncito adorable, cachorrito cariñoso, gosto de ficar ao sol, leãozinho. Hace falta algo que le de profundidad, el mundo interior. Ahí voy con el león melancolizado de Chico Novarro: “Lo cierto es que el zoológico deprime/Y el mal no se redime sin cariño/ Si no es por esos niños/ Que acercan su alegría/ Sería más amargo todavía”. Esos leones cantan, listen to the Lion, diría Van Morrison. Hace falta algo que le de profundidad, el mundo interior. Otro cineasta amigo me recomienda que siga el patrón presidencial, por aquello de Soy el rey, y te destrozaré, y que le meta furia. Transcribo a Marley y su Voy a ser hierro como un león en Sion o como el león de Bowie. O el León de Vicentico, Santillán, viejo peleador de San Telmo. Ese va bien.

Todos, todos, todos. Todos los leones. Pero todos es todos: todos los que se me ocurran. Una orgía leonística. Que sea obsceno por su afán totalizador. Es eso: un documentalista tratando de cumplir una consigna del INCAA. “El león nunca teme caminar solo”, como presentación del protagonista, un obsesionado con los leones. Hay que poner unas máximas, que a los jurados les suelen caer simpáticas. ¿Eso va o no va en un “documental de potencial”? Un documental con potencial de auto-ficción.

El productor me llama y brama: “empezá por donde quieras, pero metele que pusieron plazo corto”. Va. Escena 1. Proyección en un zoológico de la escena de Chaplin. ¿Cuál? ¿Queda alguno abierto? Recalculando. Lo llamo a Mariano Llinás y le pido los derechos de la escena de Walter Jakob con El Coronel, “su león”, filmado en Mozambique para el final genial de Historias extraordinarias. -Por supuesto. ¿Para qué la vas a usar? La pregunta de Llinás me inquieta y tardo dos días en responderle…

Los leones del cine argentino. “¡Cómo ruge la leonera, general!”, le decía el más Gatica que Gatica a Perón, en la película de Leonardo Favio

Compartir:

Nuestros leones: León Gieco (león falso: se cambió el nombre), León Klimovsky, Federico León, Curt Lowe (alemán, pero de acá, y apellido traducido: león), que casi fundó el noticiero publicitario argentino, Leo Sbaraglia, Lionel, León Benarós jurado de Feliz Domingo, Leónidas Barletta, Leo Rodríguez. Grandes leones de todos los tiempos: Leon Blum, Leon Trotsky, ¡Leo McCarey!, León Tolstoi, Pierre Leon, Leo G. Carroll como jefe de C.I.P.O.L, Sergio Leone, Lionel Ritchie, Leon XIV para darle algo de actualidad. Me llega un whatsapp del productor: -Ya te conozco. No enumeres. Ponele algo de color. Pruebo con el fútbol. El León por los pincharratas. El arquero más famoso de todos los tiempos era Lev (o León) Yashin pero en vez de llamarlo león le decían “Araña” y no “León”, quizás por aversión al pleonasmo “El león León”. En cambio, al que sí se apodó así fue al Loco Gatti, bautizado “El León de Kiev” por el partidazo contra la Unión Soviética en Kiev en 1976.

Lo doy vuelta. El león herbívoro (¿el cobarde de El mago de Oz?). El león sin dientes. Y los mitos. Escena 2: Ser león. Sansón era león hasta que Dalila le corta el pelo. Biedermann dice que el símbolo del león es el sol y lo dorado, y que puede mirar fijamente el sol sin parpadear. Heracles se jactaba de haber vencido al león. La diosa egipcia Sejmet tenía cabeza de leona. Rubens pintó a Daniel arrojado al foso de los leones por desobedecer a Darío antes de escapar milagrosamente. La damnatio ad bestias: condena a las fieras.

Rubens, Daniel en el foso de los leones.

Los leoninos, en su jactancia de reyes no solo de la selva sino también del zodíaco suelen decir: “todos son leo, o les gustaría serlo”. El leo se hace desear: como el león rugiente de la Metro Goldwyn Mayer, al que hubo que filmar con nueve leones difderentes. Leoninos. El leonino doble: Leo Di Caprio. El cineasta más leonino del mundo (Hitchcock, que honraba el signo apareciendo antes de que empiece la película) podría dialogar con el leonino que más honra al signo por su exceso de pelo (Nanni Moretti, como otro leonino peludísimo: Fidel). Leoninos dominantes: Napoleón, Cleopatra, Bolívar, Obama.

Clarens, el león bizco de Daktari

El productor me escribe con un juego de palabras sobre la estructura narrativa del proyecto: “arrancás como un león, salís como un cordero”: al final hay que conmoverlos. Cabeza de león y no cola de ratón, me repito. Escena 3: La filosofía del león. “¿Para qué se precisa que haya un león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?”, de las tres transformaciones del espíritu en los discursos nietszcheanos de Zaratustra. Más filosóficos que los de los dibujos animados no hay: el león freudiano de Madagascar y el león shakesperiano El rey león.

Miro unos libros de pintura y ahí están las parejas de leones con leonas, majestuosos, elegantes y circunspectos de Rose Bonhur y los de Henri Rousseau, que nos enseñó a mirar y pintar leones, con el voraz “León hambriento atacando un antílope”, con “La comida del león”, en la selva y ¿qué come? ¿un tigrecito? ¿un cocodrilo bebé? y con la belleza increíble de “La gitana dormida” y su león, en modo noche americana casi de set de Hollywood, que parece cuidarla. Y “El sueño”, con la mujer desnuda observada por dos leones o leonas.  Hay una clave ahí: los leones de Rousseau vigilan y son devoradores naîve. Te comen mientras te fascinan. La tengo: Escena 4: Cómo representar un león.

Rousseau, La gitana dormida

Para cuando detalles del equipo técnico, te aviso que los contratos van a ser leoninos”, me dice el productor y clava un jajaja, que no me hace reír. Busco la raíz, aunque son la moneda corriente de estos tiempos de empresas rapaces y encuentro que el término “leonino” viene de la fábula de Esopo sobre el león que se queda con la mayor parte del botín en una cacería, dejando poco o nada a sus compañeros. Me faltan las fábulas, la parte de te queda esto para pensar. Escena 5: Los leones siempre nos hacen pensar. Escribo. Quizás por ser y pretenderse rey, el león es el que tiene más fábulas. casi con todos los animales, con el ratón (un león atrapa a un ratón, pero decide perdonarle la vida y más tarde queda atrapado en una red y el ratón, recordando la bondad del león, lo libera roiendo las cuerdas), con la tortuga, con el zorro, con el burro (que se disfraza de león y termina pagándola… ¡cómo se atreve!), con la cabra… Si sos león te serán dadas las fábulas.

Ya casi termino y pongo un león como sticker y epílogo y como contraseña, por el club de los leones, que no es igual que decir El Club de Leones, aunque pocos sean los que son invitados a pertenecer. Pertenecer tiene su cabellera… ¿Habrá más INCAA? Con Potencial de extinción del cine. Quizás ya queden pocos concursos y termine siendo el rey de un mundo perdido.

La hora del lobo