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LA VUELTA AL SOL

Tiempo de lectura: 10 minutos

Le lleva a la tierra 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos, aproximadamente, completar su vuelta estelar. Esa vuelta, en Ucrania, lleva incluso más tiempo.

La madrugada del 24 de febrero de 2022 dio inicio a la segunda fase del conflicto que enfrenta directamente a ucranianos contra rusos y que hoy no tiene fecha de caducidad. Este conflicto tuvo una fase de confrontación indirecta desde el 2014 al 2022; la presente fase de conflicto interestatal y probablemente una tercera que puede ser propiamente catalogada como guerra con Rusia ampliando su misión con el objeto de destruir Ucrania y apelar a todos sus resortes de poder.

Hace poco más de un año el desenlace que ponía delante de una cámara a Vladimir Putin declarando el inicio de la Operación Militar Especial, lejos de ser una obviedad, se gestaba en la opacidad que separa el análisis desde la razón de aquel que contempla la dimensión de las emociones.

No solo la cadena de sucesos nos presentaba el desafío teórico de encontrar lógica al comportamiento de los actores sino que nos ponía en un problema mayor: ¿cuantas racionalidades estarían los actores dispuestos a tolerar?

El análisis de costos que se presentaba ante un escenario de conflicto ponía a la Federación Rusa en una situación sumamente complicada. La evaluación de una economía rusa privada de sus principales compradores hacía sospechar que la dureza de la posición del Kremlin llevaría necesariamente a presionar sobre sus interlocutores europeos en términos diplomáticos en la esperanza de que ellos mismos pudieran contener las posiciones de Zelenski en un ejercicio racional de buckpassing: que la propia Europa suplante el liderazgo ucraniano. A su vez, los antecedentes construidos al calor del conflicto interno ucraniano permitían sospechar que el interés nacional ruso todavía no se encontraba en una situación de emergencia considerando que tras ocho años la federación no había reconocido a las repúblicas ni había expresado comportamientos hostiles en el Mar Negro por ejemplo ni había tenido retaliaciones con Turquía por el derribo de un caza o intervenido en Libia. Es decir, la amenaza rusa se limitaba a la financiación de los otrora autonomistas ahora independentistas.

En paralelo, la sospecha de Profecía Autocumplida iba en aumento con Polonia y los Estados Unidos sumando combustible y estableciendo que Rusia iba a invadir sin importar las discusiones dentro del cuarteto de los acuerdos de Minsk. Estados Unidos, por caso, pretendía que Rusia demostrara que no iba a invadir Ucrania invirtiendo la carga de la prueba. En tanto los propios rusos presentaban demandas para negociar que eran de imposible cumplimiento: pretendía que los Estados Unidos, tutor del sistema, desconozca su rol; que Alemania y Francia reduzcan su influencia y que los estados fronterizos regalen soberanía. Por otra parte, la noción auto percibida rusa de una patria extendida llevaba a que varios funcionarios se hicieran eco de una necesidad de protección a los “rusos de otras tierras”. 

Es menester tener en cuenta que los involucrados tienen una forma de entender el mundo y entenderse a sí mismos muy diferente. Mismo caso para cómo asignan identidad a sus vecinos. Ucrania, Rusia, Estados Unidos son lo que ellos se entiendan de sí y lo que los otros interpretan. No suelen ser lo mismo, casi nunca. En algunos ensayos escritos repasé sobre sus características: Rusia es un estado vigoréxico con un problema serio de deformación de su reflejo[1] por el que considera que su estado permanente es de indefensión y debilidad aun cuando su vecindad la observe con terror. Sufre del síndrome Basile-Iutch por el que establece al otro como un contra. Los Estados Unidos tienen una problemática semejanza con Batman. Y no, no es algo bueno parecerse a Batman[2].

Con el transcurso del tiempo pudimos ir aprendiendo y familiarizándonos con información que en su momento no disponíamos o que con la inundación de rumores, propaganda y posteos no podíamos identificar. Especialmente la forma en que Ucrania, Alemania y Francia utilizaban los Acuerdos de Minsk como buffer para, en palabras de Merkel, “ganar tiempo”[3]. También conocimos que por una conversación entre Macrón y Putin filtrada por los franceses[4] existía una fuerte disputa por la legitimidad del acuerdo en tanto no existía un acuerdo básico de representatividad: para los franceses los reclamos de las autoridades del Donbass no podían ser tenidas en cuenta en tanto no representaban las demandas ucranianas ya que Zelensky era el vocero legítimo de aquellas: (Macron) “I don’t know what lawyer will be able to tell you that in a sovereign country, the texts of laws are proposed by separatist groups and not by the democratically elected authorities.”

Este conflicto tuvo una fase de confrontación indirecta; la presente fase de conflicto interestatal y probablemente una tercera que puede ser propiamente catalogada como guerra con el objeto de destruir Ucrania .

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Esta conversación tuvo lugar el 20 de febrero, un día despúes de la mayor violación del alto al fuego por parte de Ucrania registrado por los observadores de la OSCE[5]  y un día antes del reconocimiento de la independencia de las repúblicas del Donbass por parte de Rusia, proceso que formalmente con la aprobación de la duma tuvo lugar días después. Dos cosas quedan claras: 1) Francia nunca tuvo intención de reconocer a los separatistas como interlocutores básicos, 2) Esta declaración se da en un momento de extrema tensión con Rusia desplegando sus fuerzas en la frontera, Ucrania violando sistemáticamente los acuerdos de alto al fuego y Volodomir Zelensky declarando un día antes (19 de febrero) que desconocería los acuerdos de Budapest si Ucrania no recibía garantías de seguridad reales de los signatarios (Estados Unidos, Reino Unido y Rusia) y consideraría nulas todas las disposiciones del acuerdo de 1994 por el que su país había renunciado a su arsenal nuclear[6][7]. Algo que los rusos venían declarando pero una y otra vez se los desestimó[8].

Es decir, en el marco de unos pocos días tuvimos una escalada tanto verbal como militar que no se había experimentado en los últimos años tras un período de tiempo en el que tanto ucranianos como rusos buscaron formas de calmar las aguas; si se repasan las declaraciones de los primeros días de febrero ambos presidentes parecieran haber entendido que el punto de no retorno estaba a la vuelta de la esquina. No se equivocaron.

Ahora queda pensar en lo que sigue y lo que vemos no es alentador. La salida de este conflicto no parece estar en el corto o mediano plazo. Varias cosas complotan contra ello. Y esa dificultad nace de cómo ambos actores leen los cimientos de legitimidad que ambos tenían previo al conflicto: Los acuerdos de Minsk.

Los ucranianos no tienen incentivos para la negociación porque su interpretación de la realidad dicta que cuentan con apoyo; que la norma internacional claramente los posiciona como víctimas de una agresión; que son representantes de un actor colectivo mayor a ellos (Occidente, Europa, El mundo Libre) y por tanto su capitulación es la caída de todo aquello que representa; que Rusia no tiene una estrategia cohesiva para ser más resolutivos en el terreno y que tienen de su lado el poder comunicacional. Es decir, siguen teniendo la potestad de contar el qué, el cómo y el porqué. Aparte, la integridad de su territorio es una demanda constitucional previa a la invasión por lo que reconocer el nuevo status quo implicaría dar la espalda a un mandato constitucional.

Los ucranianos no tienen incentivos para la negociación porque su interpretación de la realidad dicta que cuentan con apoyo; que son representantes de un actor colectivo mayor a ellos .

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Los rusos en tanto no tienen incentivos porque: a) aquellos en los que depositó la confianza -“nuestros socios en el Cuarteto de Normandía, Alemania, Francia[9]”- declararon abiertamente que la traicionaron y por tanto no le quedan interlocutores con los que mediar. b) ya incorporaron formalmente a las repúblicas por lo que devolver esos territorios es una afrenta al mandato popular, c) los costos de la invasión fueron infinitamente menores a los esperados y la federación pudo sortear, al menos en lo inmediato, las dificultades para sostener la aventura militar y a la vez “despegar” a la población rusa del mismo. d) y algo a tener muy en cuenta, varios actores al interior de la toma de decisiones son más proclives a profundizar la intervención militar y declarar formalmente la guerra. Esto es transversal a los distintos grupos de poder, ya sea funcionarios del Kremlin, políticos opositores, militares de todo rango y hasta Wagner, una fuerza “privada” que hizo, y bastante efectivamente, de ariete del ejército ruso.[10] [11] [12] [13]

Luego tenemos el problema de aquellos actores que forman parte “indirecta” del conflicto pero cuyo presente y futuro se ven íntimamente ligados con la forma en que el mismo se resuelva.

Estados Unidos enfrenta un dilema. Por una parte, la guerra ha demostrado y acentuado la dependencia europea al proyecto estadounidense (finalmente la plata de la OTAN que reclamaba Trump llegó en tiempos de Biden). Hoy los Estados Unidos han tomado el lugar preponderante como proveedor energético y ha confirmado su papel como garante de seguridad de la región logrando, “casualmente”[14], debilitar la posición alemana en la región y posicionando a Polonia como su alfil. La guerra, en tanto, sigue confirmando a EE.UU. como el árbitro de las cuestiones en Europa y ha convertido a Ucrania en un mercado para su complejo industrial militar. Por otro lado, la prolongación del conflicto presenta un problema respecto a dónde y cómo reaccionar frente a China. La involución de la relación comenzó con un reconocimiento. Entender que China era un competidor, pero uno dentro del marco de normas y costumbres de Occidente. Luego China superó al resto en el propio juego estadounidense y la dimensión militar empieza a perfilarse como aquel dominio donde se dirimirá la disputa[15]. Estados Unidos comenzó a crear el cerco con el pacto AUKUS (Australia, United Kingdom, United States) y se ve en una situación en la que su ventana de oportunidad para frenar a China se reduce si Ucrania sigue necesitando de los recursos estadounidenses. Querer recuperar la hegemonía, y estar en todos lados, todo el tiempo, tiene estos costos. Es llamativo, y preocupante, que los tonos de las declaraciones de ambas cancillerías[16][17] y de funcionarios de todo tipo sean sumamente hostiles. Con la visita de Nancy Pelosi a Taiwán se cruzó una línea roja y no parece haber voluntad de retroceder hacia un punto previo.

Luego tenemos el problema de aquellos actores que forman parte “indirecta” del conflicto pero cuyo presente y futuro se ven íntimamente ligados con la forma en que el mismo se resuelva.

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Alemania y Francia están poniendo el cuerpo a una situación que no quisieron ni supieron sobrellevar. Les quedó grande el traje de líderes de su continente. Hoy sus propias tensiones internas los ponen en jaque. Con economías que deben reorientarse por la inflación pero sobre todo porque se saben a sí mismas las locomotoras del tren europeo, el peso sobre los hombros de las políticas de estos países es cada vez mayor: el desafío ambiental, la creciente derecha, la posición y el equilibrio en la relación con China, el alcance de la distancia con Rusia (recordemos que ambos países siguen entendiendo el peso de Rusia en el continente y han tenido declaraciones a favor de no romper las pocas relaciones existentes). Se le suma la frustración alemana respecto del Nord Stream 2 y la responsabilidad ya asumida de suministrar armas a Ucrania. Están cavando para salir de un pozo.

Otro problema que complota contra una pronta resolución del conflicto viene dado por la dinámica en la que se ha envuelto: si bien la mirada del mapa podría arrojar un estancamiento del conflicto (pocos avances/retrocesos en zonas particulares), no necesariamente debemos creer que Rusia necesita de una conquista de los espacios como prioridad. Personalmente creo que la prioridad en la guerra de atrición sigue siendo la desmilitarización: ello implica reducir considerablemente y en forma cuantitativa la capacidad ucraniana de recursos humanos. A ellos se le suma por supuesto el ataque a depósito de municiones y la infraestructura energética; pero donde apunta Rusia es a diezmar en hombres a Ucrania. Sin hombres, no hay plata o sistema de armas que cambie la ecuación. El avance sobre los espacios podrá venir después.

Lo que tenemos con esta situación es que Ucrania se ve imperiosamente necesitada de golpes de efecto buscando magnetizar a los estados europeos al conflicto y demandando un flujo de ayuda que llega pero nunca es suficiente: Eso pone en evidencia a los estados que tienen una respuesta pública y otra institucional. Por ejemplo, el primer ministro británico Rishi Sunak fotografiado con Zelenski con cascos de aviones de guerra un día[18] y días después las declaraciones del ministro de defensa inglés sosteniendo que no habrá aviones para Ucrania sino un suministro de aviones para aquellos países que provean los aviones de origen ruso/soviético.[19] Esto se condice con la actitud alemana y estadounidense respecto de los tanques Leopards 2[20] y Abrams[21] respectivamente. La ayuda llega como un goteo sin impactar significativamente en el terreno como una droga paliativa.

El problema de la proyección es que, en paralelo, tenemos múltiples teatros de operaciones con actores que corren en la periferia (o no tanto): Irán, Israel, Turquía, China. Después tenemos conflictos abiertos y otros latentes: Yemen, Sahara Occidental, Siria, Baluchistan, el valle de Galwan (la frontera indo-china), los problemas irresueltos en Afganistán, las tensiones con Pakistán y un largo etc. En definitiva son varios frentes en los que los actores centrales de una u otra forma ven sus intereses afectados. Eso no implica que se apaguen interruptores para prender otros. Simplemente son más luces prendidas en el tablero.

Alemania y Francia están poniendo el cuerpo a una situación que no quisieron ni supieron sobrellevar. Les quedó grande el traje de líderes de su continente. Hoy sus propias tensiones internas los ponen en jaque.

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En definitiva, con el correr de las semanas, aún sin cambios significativos en el mapa, la situación sigue deteriorando las capacidades de los actores externos para influir positivamente sobre el conflicto. Esto es, llegar a un acuerdo de paz. Lograr la victoria militar, para ambos bandos, parece estar muy lejos. Para Ucrania por lo anteriormente descrito, y para Rusia por lo mismo: mientras más cerca se encuentre Rusia de vencer militarmente más incentivos tienen países como Polonia de interceder directamente en el conflicto.

Ese escenario nos lleva a preguntarnos si un hipotético ingreso de Polonia al conflicto significa necesariamente un enfrentamiento entre la OTAN y Rusia. No necesariamente es así; primero porque para activar el artículo 5 Polonia debería ser la agredida y la opción referida permite que otros estados del pacto tengan la potestad de acompañar o no (recomiendo esta entrevista[22]).

En conclusión, ¿podemos pensar en una Ucrania desprovista de salida al mar? ¿Llegaremos a un escenario de “paralelo 38” alla Corea? Lo que sí estoy seguro es que este conflicto no será el último. No veo forma en que se resuelva de forma cabal y completa porque la solución militar no resolverá los problemas de fondo: la aceptación de las identidades de los actores involucrados y el entendimiento de sus intereses básicos.

La vuelta al sol quizás sea de carácter joviano y tendremos una década esperando que Ucrania finalmente concluya su viaje.


[1] https://www.academia.edu/37443293/Rusia_estado_vigor%C3%A9xico

[2] https://martosonic.wixsite.com/mrosses/single-post/gotham-la-luz-que-todo-lo-ilumina-que-nada-alumbra

[3] https://www.zeit.de/2022/51/angela-merkel-russland-fluechtlingskrise-bundeskanzler

[4] https://nypost.com/2022/07/06/leaked-call-reveals-fiery-exchange-between-putin-macron/

[5] https://www.osce.org/files/2022-02-20-21%20Daily%20Report_ENG.pdf

[6] https://kyivindependent.com/uncategorized/zelensky-wants-to-gather-budapest-memorandum-signatories-to-have-new-security-guarantees-for-ukraine

[7] https://newsreadonline.com/ukraine-may-abandon-the-agreement-under-which-it-got-rid-of-nuclear-weapons-zelensky/

[8] https://tass.com/world/1407773

[9] http://kremlin.ru/events/president/news/67123

[10] https://t.me/RKadyrov_95/2911

[11] https://www.radiosvoboda.org/a/skhemy-rosiyski-polkovnyky-perekhoplennya/31875531.html

[12] https://twitter.com/RWApodcast/status/1624122659691692045

[13] https://t.me/s/medvedev_telegram

[14] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-63678447

[15] https://twitter.com/HuXijin_GT/status/1627976656328740865

[16] https://twitter.com/MFA_China/status/1629094301044178945

[17] https://edition.cnn.com/2023/02/19/politics/us-china-relations-lethal-aid-russia/index.html

[18] https://www.telegraph.co.uk/world-news/2023/02/08/rishi-sunak-british-ukraine-support-fighter-jets-weapons/

[19] https://www.theguardian.com/world/2023/feb/24/british-typhoon-jets-ukraine-ben-wallace

[20] https://www.washingtonpost.com/world/2023/02/23/ukraine-training-tanks-leopards-germany/

[21] https://english.nv.ua/nation/us-looking-for-ways-to-expedite-transfer-of-abrams-tanks-to-ukraine-news-50306471.html

[22] https://www.youtube.com/watch?v=oAUD1gxEWxE

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