Un momento...

12 de junio de 2026

12 de junio de 2026

10 de junio de 2026

LA MULTITUD HERIDA

Pablo Semán

In Memoriam
Tiempo de lectura: 7 minutos

La fila avanzaba lenta, nadie parecía querer llegar al salón en que estaba el féretro del Indio Solari. Muchos se detenían en algunos puntos donde sonaba la música y se armaba un pogo. Otros intentaban cantar desde la columna que caminaba lenta, como quien no quiere llegar. Pero  el entusiasmo se quebraba un poco antes de los momentos cúlmine de la danza o la canción. Emergían ahí las lágrimas y la angustia. El Indio ya no estaría con ellos de la misma forma que lo había estado hasta acá. Lo que visto de lejos podía parecer una caravana más, un show del Indio y su banda más, asumía la forma de un duelo colectivo cuyos contornos surgían paso a paso, sin mucho guión pero tampoco totalmente a ciegas. Como escribió un amigo, Nestor Borri, era una multitud herida. Una multitud que en su marcha inició el proceso de elaboración de una perdida y dio cuenta de una lección de décadas.

Todo lo que sucedió y suceda alrededor del Indio Solari no se puede entender sin capas y sin tiempo. La multitud que lo acaba de despedir comenzó a formarse hace más de 40 años y si hay algo que le explica en su singularidad es el permanente ida y vuelta que hubo entre Solari y los seguidores, primero de los Redonditos de Ricota y luego de las diversas formaciones musicales con las que el Indio continuó su obra.

El encuentro entre el Indio y las trayectorias de quienes fueron su público y seguirán su memoria funcionó como una habilitación de doble vía para la comunicación de juegos de palabras que nunca eran naderías (tampoco era tan críptico)

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Esta relación permanentemente renovada, y al mismo tiempo continuamente sostenida, tiene un mojón clave: a finales de los años 80 un público capturó una banda cuando muchas veces se piensa, y se da efectivamente, en otros casos, que las bandas conquistan públicos. Provenientes del under y de lecturas heterodoxas, muchas veces eruditas, los integrantes de Patricio rey y los Redonditos de Ricota se vieron enfrentados a la tarea de metabolizar una transformación de la escala y la composición social de su público. Desde esos años en adelante se ha configurado un proceso de aprendizajes recíprocos de todos las camadas de actores que se se fueron sumando. Solari no hizo concesiones en sus compromisos estéticos, pero encontró la manera de abrazar a todo tipo de caídos en desgracia con plabras que permitían a sus oyentes subirse a una comunicación. Una empatía elegante y discreta acompañó siempre el espectáculo de luz, sonido. Todo viajaba en el vehículo de su voz.

La nota más saliente de ese proceso ha sido, y probablemente siga siendo, el encuentro entre la poética del Indio Solari y la poética de los grupos sociales y sujetos sometidos a las más diversas iniquidades sociales y a las más dramáticas circunstancias personales (desde la indolencia pauperizadora del menemismo y la confrontación de la policía con multitudes que le resultaban peligrosas hasta los más diversos quiebres subjetivos). El encuentro entre el Indio y las trayectorias de quienes fueron su público y seguirán su memoria funcionó como una habilitación de doble vía para la comunicación de juegos de palabras que nunca eran naderías (tampoco era tan críptico). A través de esa doble vía muchos aprendieron a entender el mundo en que vivían y muchos también entendieron su propia subjetividad: si lo colectivo y lo comunitario es parte de la historia de los ricoteros también lo es el vector que apunta a una reflexividad que permite explorar y reconocer las propias angustias sean ellas sociales o puramente individuales. Esa vertiente de reparación subjetiva es individualista e íntima y no necesariamente voraz o antisocial. A veces es desconfiada: hay mucho vino malicioso y poco vino del mejor.

Como efectivamente existió ese proceso de polinización recíproca entre el público y el artista la multitud de ayer exhibía los rasgos de un aprendizaje enorme: más allá de la muy responsable organización del evento, que garantizó que nadie estaría fuera de la posibilidad de despedirse del ídolo, esa multitud había aprendido a cuidarse. Y sí: había fernet y había vino y había coca-cola, y había whisky y habían chorizos, tortillas, banderas y pogo y todo lo que podría haber estado en cualquier caravana o en cualquier recital del Indio Solari. Pero, repito, el éxtasis de otras ocasiones engendraba esta vez otra deriva, la del desconsuleo, la de la despedida en amor-dolor.

La cultura del rock no fue el pacifismo ridiculizado desde trincheras opuestas pero inscriptas en un mismo régimen de lectura de la política: derecha izquierda

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Todavía es necesario decir algo más: esta multitud funcionó como una inteligencia colectiva capaz de resistir las capturas y las vampirizaciones. Había pocas banderas políticas y es obvio e indiscutible que entre el público predomina el animo opositor y el cercano al peronismo. Pero también es cierto que pocos, más bien poquísimos, se prendían a interpelaciones político partidarias porque para ellos ese día se trataba de otra cosa. Y esto no implica que si uno los buscaba no encontraba los efectos de esos compromisos. Sin embargo el murmullo, la conversación, lo que se decía espontáneamente era otra cosa.

La historia de la relación entre rock y politica se entiende mejor desafiando las premisas bajo las cuales se narra el encuentro entre Charly García y David Viñas. Para algunos García habria recibido influencias del intelectual en una reunión que se dio a instancias de Jorge Álvarez. Para otros el encuentro fue efímero y sin mayores consecuencias. Lo que deberiamos interrogar es lo naturalizado en conclusiones tan opuestas: para mí no se trata tanto de saber si el rocker recibió la lección sino de averiguar por qué el literato no tuvo la oportunidad de recibir algo parte del músico. ¿Acaso no es García un productor de ideas influyentes? ¿Qué otra cosa es un intelectual? ¿¡Alguien que fuma en pipa!? El sistema de jerarquías culturales que le dio a Viñas el rol del político y el intelectual frente aun García ingenuo es como mínimo estrecho, dependiente de una época que estaba superada ya en aquellos tiempos. Ya la sociedad se volvía irreconocible para quienes aspiraban a conducirla e interpretarla. El intelectual era García  y sus ideas eran influyentes y transformadoras. Mutatis mutandis lo mismo con el Indio Solari.

La cultura del rock no fue el pacifismo ridiculizado desde trincheras opuestas pero inscriptas en un mismo régimen de lectura de la política: derecha izquierda. Tampoco era, como se piensa desde teorías elitistas de la política el apéndice del proyecto revolucionario, de la subversión o, incluso, de la distracción de las masas como lo imaginaban las cúspides de la época. La cultura juvenil de la época de emergencia de Solari y sus proyectos (también era la época de García) era portadora de valores antijerárquicos y de un espíritu anti-institucional que movilizó, emancipó y les dio nuevas orientaciones estéticas a varias generaciones. Para bien o para mal abonó un sedimento que hoy a veces interfiere, a veces acompaña, a veces oblitera, a veces modula, a veces envuelve tanto las circunstancias políticas como los llamados políticos y sus resultados.  Y esto tampoco quiere decir que dese esa cultura no surgieran o no puedan surgir conexiones con los procesos políticos que implican disputas por la hegemonía  y por el control del estado. En todo caso estas posibilidades del encuentro entre cultura y política encuentran un terreno históricamente singular en la actualidad, en la Argentina trabajada por el encuentro entre “los redonditos y las masas”.

Provenientes del under y de lecturas heterodoxas, muchas veces eruditas, los integrantes de Patricio rey y los Redonditos de Ricota se vieron enfrentados a la tarea de metabolizar una transformación de la escala y la composición social de su público

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Al final del camino, el Indio se reconoció peronista. Fue por una vía muy propia definida. La de la Unidad Básica Jack Kerouac. Sin rastros pedagógicos del ministerio de educación peronista. La formación intelectual del Indio Solari afincada como él mismo decía hasta los últimos tiempos en la psicodelia fundaba un acercamiento al peronismo basado en ideales que contenían supuestos beatniks y hippies apuntalaba, también, un anarquismo erudito y renovado. Los sectores subalternos -como lo observó hace muchísimo tiempo Horacio González- son portadores de una pulsión crítica de las jerarquías y del Estado incluso aunque asuman plenamente una identidad política y otras veces hagan paritarias con proyectos político partidarios. Esa pulsión configura una especie de anarquismo masivo, una desconfianza eterna hacia las interpelaciones políticas, algo que se ha visto incrementado por la sucesión de decepciones políticas que ha vivido el país en los últimos 40 años. Entre un anarquismo de masas, pragmático, paralelo al anarquismo erudito del intérprete, se vienen produciendo puentes desde hace varias décadas.

Por eso, entre otras cosas, la mayor consecuencia política que pueda extraerse del proceso y la experiencia entre Solari y los públicos no es de orden político partidario o electoral sino de orden cultural. Y esto es político en un sentido específico: cultura es un campo en que se constituyen concepciones del mundo y tiene un peso enorme en el surgimiento de formas de legitimidad que modelan formas de obediencia. Por su propia materialidad los símbolos siempre padecen tensiones interpretativas. Por eso esas formas en que consiste la cultura son móviles, retráctiles y constantes. Siendo esa la arquitectura del paño de fondo en el que intenta hacer minería partidaria se entiende que la cultura ricotera haya podido tener declinaciones ambiguas e incluso opuestas: una parte de los votantes mileistas de 2023 eran ricoteros e incluso tal vez algunos se mantengan en silencio en esas posiciones. Y justamente porque es una forma cultural escurridiza no cede fácilmente a las tentativas de capitalizar el evento. Y obsérvese qué obsceno es que se haya naturalizado entre anti neoliberales la idea de que algo se puede capitalizar. Justamente esa tentativa de captura que objetiva a la multitud como insumo de una maniobra de ingeniería política es lo que rechaza en su inteligencia esa misma multitud. Si alguie podrá aprovechar políticamente algo será el que a los ojos de todos se comporte sin esperar la recompensa: Buscad el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas dice la Biblia y no se vuelvan locos por la añadidura me decía un pastor pentecostal.

Todavía es necesario decir algo más: esta multitud funcionó como una inteligencia colectiva capaz de resistir las capturas y las vampirizaciones. Había pocas banderas políticas y es obvio e indiscutible que entre el público predomina el animo opositor y el cercano al peronismo

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Frente a esa multitud la actitud del gobierno nacional fue contra sus propios intereses: parece que no le importara ofender a todo el mundo enajenando apoyos posibles y poniendo en su contra muchos que hasta ayer, en nombre de la repulsión plebeya por las jerarquías de los acomodados, admitían con alguna empatía su ánimo anticasta. Ese movimiento le agrega energía a la potencial aceleración y fusión de lo que ocurre en los planos de la cultura y lo inmediato de la coyuntura política. Lo que tal vez no logren los vampiros apresurados -la intensidad pública-, tal vez lo logren los vampiros excluyentes.

In Memoriam