Un momento...

21 de julio de 2026

21 de julio de 2026

11 de marzo de 2025

LA LUNA LLENA TURCA

María Constanza Costa

@constanzacost
Mundo
Tiempo de lectura: 5 minutos

Turquía aumenta su influencia no sólo en Oriente Medio sino también en África y ahora presiona para tener un lugar de decisión dentro de Europa. Intervención militar, diplomacia y proyectos económicos son los ejes de su estrategia.

La caída del régimen de Bashar Al Assad en Siria, por un lado y  el acuerdo que pondría fin de la guerra en Ucrania y la transformaría en una suerte de protectorado de la OTAN, por el otro, abren una ventana de posibilidad para que el gobierno de Recep Tayyip Erdogan se fortalezca como un actor regional clave para “reconstruir al seguridad de Europa”. Las nuevas aspiraciones del presidente llegan a tal punto que afirmó que sólo la entrada de Turquía en la Unión Europea podría ayudar a al bloque regional a salir del “callejón sin salida” al que la diplomacia extorsiva de Trump  la está arrinconando.

Turquía se manifestó por una solución que “respete la integridad territorial y la soberanía” de Ucrania como una condición no negociable para la paz. Desde el comienzo del conflicto Erdogan intentó mostrarse como un mediador e incluso Estambul fue sede de las primeras conversaciones de paz en el 2022. Pero el apoyo a Ucrania tanto político como militar no implicó romper relaciones con Rusia, con quién mantuvo un intercambio bilateral que le fue funcional en términos económicos (Rusia es el principal proveedor de alimentos y energía) y también diplomáticos.

Otra consecuencia de la caída del gobierno sirio es el fortalecimiento de la posición de Turquía en Irak, en regiones de mayoría sunní pero que estuvieron controladas por milicias shiíes que responden la Irán

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Por ejemplo, en Ankara en 2022 se produjo el intercambio de prisioneros entre Rusia y Ucrania. Esto permitió que el gobierno turco refuerce su imagen de pacificador en un orden global multipolar que aspira a fortalecer, y a su vez fortalezca su imagen, también, al interior de la sociedad turca. Pero Europa desconfía de Turquía, su antioccidentalismo, que en muchos casos es simplemente pragmático, ha hecho que el ingreso a la UE sea un horizonte que se fue alejando década tras década.

La larga marcha de Turquía hacia la UE comenzó con el Acuerdo de Ankara de 1963 para consolidar una unión aduanera, siguió con el cumplimiento de requisitos para el proceso de adhesión en 2005, que incluyeron la abolición de la pena de muerte, la garantía de derechos culturales a las minorías, la prohibición del uso de la tortura dentro de las fuerzas de seguridad y de la penalización del adulterio. Este proceso se desvaneció en 2018 cuando fue suspendido porque Europa evaluó que el gobierno turco estaba en una deriva autoritaria, que incluía el referéndum Constitucional en 2017, la cual permitió un cambio en el régimen de gobierno que pasó de parlamentario a presidencialista, y la represión de las movilizaciones del parque Gezi en 2013.

Con este historial detrás es difícil pensar que la Unión Europea vaya a aceptar un rol protagónico de Turquía por más desesperada que se encuentre frente al nuevo orden global que le quiere imponer la administración de EE.UU.

Pero no sólo sobre su posición estratégica en relación con Europa se sostienen las ambiciones turcas. La reciente caída del régimen de Assad le dio al gobierno de Erdogan la posibilidad de influir sobre el nuevo esquema de poder en Siria. La relación entre Erdogan y Al Shaara, el presidente interino sirio, líder de la fuerza islamista radical Hayat Tahrir Al Sham (HTS) no es nueva. Durante los años que HTS lleva gobernando la región de Idlib, en el norte del país, recibió ayuda de Turquía para garantizar su seguridad en contra del régimen assadista y de su aliado ruso. Esa misma seguridad es la que permitió que millones de desplazados internos sirios pudieran establecerse en Idlib. Si bien Turquía jamás condujo ni militar ni políticamente a HTS, en los últimos años las relaciones fueron fluidas. Turquía apoyó tácitamente la ofensiva de HTS para derrocar a Bashar Al Assad, en la cual también participó el Ejército Nacional Sirio (ENS), una milicia financiada y entrenada por Ankara.

Turquía se manifestó por una solución que “respete la integridad territorial y la soberanía” de Ucrania como una condición no negociable para la paz

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El apoyo al gobierno interino es político y militar, gran parte de los funcionarios del gabinete son sirios con ciudadanía turca. El área más fuerte de cooperación es la defensa, Turquía planea construir dos bases militares en Siria y desplegar allí cazas F-16 como parte de su continuo apoyo a Damasco. Además, el acuerdo de Defensa proporciona a Siria apoyo turco en caso de amenaza e incluye el entrenamiento de las Fuerzas Armadas de Siria y el suministro de equipamiento militar avanzado. Otra consecuencia de la caída del gobierno sirio es el fortalecimiento de la posición de Turquía en Irak, en regiones de mayoría sunní pero que estuvieron controladas por milicias shiíes que responden la Irán.

También en África la presencia de empresas turcas y las inversiones económicas se multiplicaron en el último tiempo. Además de establecer, relaciones diplomáticas con casi todos los países de África, Turquía lleva invertido más de 10 mil millones de dólares en todo el continente. Las empresas turcas realizaron proyectos de infraestructura como aeropuertos, puentes, infraestructura, estadios de fútbol etc., con inversiones de más de 65 mil millones de dólares.

Durante la última década la influencia de Irán en Medio Oriente fue creciendo, mediante las guerras lideradas por sus proxies, pero la denominada “media luna shií” se viene debilitando después de los ataques de Israel contra Hezbollah y el derrocamiento de Assad. En su lugar viene creciendo la luna llena turca[i].

La influencia turca en Oriente Medio preocupa a Israel, pero también a Arabia Saudita porque no es lo mismo rivalizar con Irán y exprimir el enfrentamiento sectario con su histórico rival shií, que competir con Turquía a la cual no le faltan credenciales, ni recursos, para liderar el islam sunií y disputar el lugar con las monarquías del Golfo.

Los cambios de equilibrio de poder en la región también surgió la necesidad de comenzar un nuevo proceso de paz con los kurdos. La idea fue impulsada por los socios del partido ultranacionalista MHP. La guerrilla kurda PKK está en guerra contra el estado turco desde hace cuatro décadas, y es considerada como una fuerza terrorista tanto por Turquía, como por la Unión Europea y EE.UU. El gobierno turco tiene miedo de que Israel o Irán le brinden apoyo tácito o explícito al PKK que tiene su centro de operaciones en la frontera entre Irak e Irán. Tener ese conflicto abierto en un momento donde el gobierno busca consolidar su poder regional, los hace vulnerables. De la misma manera los kurdos temen una nueva intervención militar turca en el norte de Siria.

El líder del PKK, Abdullah Öcalan,  desde la cárcel de prisión de Imrali, que está ubicada en una isla del Mar de Marmara, en la que cumple su condena a cadena perpetua en aislamiento, le pidió a la guerrilla que se desarme y se disuelva. El mensaje lo transmitió el partido de izquierda prokurdo Partido Popular por la Igualdad y la Democracia (DEM), que cuenta con representación en la Gran Asamblea de Turquía y es la tercera fuerza del país.

El acuerdo de paz puede hacerle perder a Erdogan el rédito electoral que le otorga la lucha contra el terrorismo pero también puede hacerle ganar el visto bueno a una reforma constitucional por parte del DEM. La reforma que necesita si quiere volver a presentarse para un nuevo mandato presidencial en 2028.


[i] Concepto utilizado por el periodista Sirio Hassan Hassan en esta nota de The Guardian

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