19 de julio de 2026
La imagen de un joven vestido como para ir a un evento de música electrónica parece no combinar con la intervención de ese mismo joven afirmando que asistirá en esas condiciones a la Plaza de Mayo para presenciar las acciones de un sacerdote cumpliendo la función de DJ ahí, justo al lado de la catedral.
¿Pero hay tanta incompatibilidad? No la hay al menos para las más de cien mil personas que asistieron a un encuentro que, como tituló TN en la web, “combinó fe, música electrónica y el legado del pontífice argentino al cumplirse este mes un año de su fallecimiento”. Si me preguntan cómo pudo armarse esto que para algunos es una ensalada inconcebible diré que no me parece inconcebible y que entiendo el evento del sacerdote DJ Guilherme Peixoto como parte de la cosecha de la siembra de Francisco. ¿En qué se sostiene esta interpretación?
1-No debería haber asombro por el hecho de que exista una relación íntima entre religión y música sea cual sea el género musical y sea cual sea la práctica religiosa. Religión y música están asociadas desde el inicio de los tiempos tanto que podría decirse que muchas veces han sido una y la misma cosa o, más matizadamente, que la música y la religión se provocan y retroalimentan de forma constante. En ese contexto lo específicamente novedoso es que la música haya sido electrónica. En otros tiempos el catolicismo no sólo se asoció a los géneros innovadores sino que también incidió en su creación. Tal vez está recuperando el tiempo perdido y llegando apenas un poco más tarde que el progresismo a la valoración de la música electrónica antes demonizada por ambos bandos.
La limpieza del evento y la calma en la que ocurrieron las cosas hablaba de una voluntad de compartir y vivir si no en comunidad al menos sin molestar al otro. Esa apertura a la diversidad y la empatía es también la que sembró el Francisco que entendía que la Iglesia Católica debía ser para todos
La disposición que producen las actividades rítmicas y sonoras ayuda a dejar en segundo plano lo inmediato, el ruido y permite la conexión con lo importante. La música ha sido siempre un camino para hacer puente con niveles superiores sea cual sea la teología en juego en esa experiencia. Si no nos vamos muy lejos en el tiempo, apenas al 1600, tenemos la música de Bach, protestante y barroco, que configuró una de los hitos del cristianismo occidental en la búsqueda de elevación por la vía de la música. Y en la variante variante católica más reciente encontramos expresiones popularísimas que van de Bob Dylan a Roberto Carlos, del Papa Juan Pablo II a nuestra entrañable Misa Criolla. Esto sin contar que muy buena parte del rock nacional nace en danza y contradanza con la vida eclesial a la que muchas veces intentó darle nueva voz. Y hay que vivir en un presente chiquito, inmediato, sin la mas mínima atención a la historia y las huellas de expresiones musicales evangélicas en obras y géneros (a los que doble vara no hace pasar por una deconstrucción seria): cuando los santos vienen marchando no es “un temardo de jazz” sino, antes, un himno gospel, alegre y funerario al mismo tiempo. Todo esto sin contar cuanta religión afrobrasileña hay en decenas de canciones de Caetano Veloso. En fin, religión y música, aún cuando se separan se mantienen entrelazadas.
2-Es parte de la siembra de Francisco haberle dado lugar a prácticas renovadas de transmitir el mensaje cristiano y, específicamente, el mensaje papal. Peixoto comenzó su actividad de sacerdote musicalizador a partir de su cargo inicial de capellán del ejército portugués. Continuó ese despliegue durante una misión en Afganistán y lo prolongó en la parroquia de Laundos en su retorno a Portugal. Durante la pandemia se ganó el apodo de Sacerdote DJ cuando empezó a mezclar música y mensajes religiosos y folclórica con música electrónica. Su recorrido le abrió las puertas a una participación consagratoria en la jornada Mundial de la Juventud en Lisboa en el año 2023 en una Iglesia Católica ya transformada por los impulsos del Papa Francisco. En el lío al que el Papa convocó en los inicios de su pontificado se renovaron y ampliaron las expresiones de adoración y alabanza así como las prácticas de los clérigos (aunque, como todo en el Catolicismo, esto tenía antecedentes de larga data, sólo faltaba que alguien viniese a legitimar y blanquear además de recrear). Convengamos también y de pasada, porque es otro debate, que la obra musical del Sacerdote es un lío para la música electrónica.
3-Una tercera arista fue visible en el evento: la fermentación de una levadura plural y compleja tal como se la puede apreciar en la diversidad del público y de las motivaciones de asistencia entre quienes concurrieron este sábado a la noche. En términos generales había de todo: familias, grupos de amigos vinculados por lazos estéticos, sentimentales o religiosos, grupos que fueron con asistencia organizativa de la parroquia o el colegio; había personas de todas las edades y de todas las orientaciones sexogenéricas así como una diversidad social marcada en la que predominaban las diversas gamas de las clases medias que habitan el AMBA (en caso de la CABA había más gente de Floresta y Paternal, de cuando Paternal era Paternal, que de Palermo y Colegiales o de Barrio Parque). La limpieza del evento y la calma en la que ocurrieron las cosas hablaba de una voluntad de compartir y vivir si no en comunidad al menos sin molestar al otro. Esa apertura a la diversidad y la empatía es también la que sembró el Francisco que entendía que la Iglesia Católica debía ser para todos.
Creer no se elige. Esa es la lectura utilitaria, individualista y calculadora de la fe. Siempre el creyente es llamado. Como el enamorado es atravesado por la flecha de cupido el creyente es el fruto de la flecha de la alteridad. Creer es así estar instalado en la incomodidad de una relación
4-Y aquí otra dimensión: cinco modos de asistencia con los que me pude encontrar. No son modos totalmente aislados uno del otro, pero son actitudes dominantes en distintos grupos de asistentes. Tampoco es una enumeración total y exhaustiva: es lo que encontramos mientras estábamos ahí preguntando a los asistentes casi al azar. EL conjunto de estos modos puede ser computado como la activación tangible de una periferia social del catolicismo que, de no mediar este tipo de renovación, rumbearía para el lado del escepticismo o de las manifestaciones más individuales, racionalizadas y privatizadas de la fe. En todos estos modos se ve hasta donde fructifica la siembra del Papa Francisco.
Una primera modalidad de asistencia era la de personas que sobre todo eran jóvenes-aunque no solo jóvenes- que forman el resultado más interesante del papado de Francisco en términos demográficos y culturales. Jóvenes comunes, pertenecientes a todas las gamas del precariado argentino, orgullosos de agarrar la pala. Ellos encontraron en Francisco una posibilidad de reencuentro con la espiritualidad adquirida por adscripción en la familia, luego perdida en algún momento de la adolescencia y recobrada en juventud en tiempos de crisis en los que la palabra de Francisco desempeña el doble papel de guía social y espiritual. Son una masa mucho más sutil y más interesante que los que buscan en la religión anabólicos para sus proyectos políticos. Son jóvenes con una conciencia social que surge de una muy sincera compasión frente al sufrimiento del prójimo, que es muy parecido al suyo. Es tal vez la mayor consecuencia política del papado
Una segunda modalidad de asistencia es la de aquellos que tienen vivencias espirituales que, muy malamente, podrían llamarse de la Nueva Era dadas sus creencias en seres y energías superiores que van más allá de lo humano. Pero para muchos de esos asistentes Jesús y el catolicismo son una encarnación privilegiada y edificante a la que han querido acogerse aunque sea por un instante. En estos dos grupos fructifica y reverbera el llamado integrador y aperturista del catolicismo preconizado por Francisco.
Superpuesto con los dos públicos anteriores y en parte independiente de ellos estaba un tercer público. La gente de música electrónica, con toda la parafernalia del público de música electrónica (vinchas, equipos de audio, anteojos, disfraces, etc.). Ese público que, sin saber, muchos externos al mismo caracterizaban como cheto, individualista, superficial, punchi-punchi, tuvo siempre un componente popular que en los últimos lustros no ha hecho más que crecer incluso entre los sectores populares (cómo lo muestran trabajos académicos en Brasil y Argentina o como lo presentó en en su momento Jeremy Deller en su muestra el ideal infinitamente variable de lo popular).
En otros tiempos el catolicismo no sólo se asoció a los géneros innovadores sino que también incidió en su creación. Tal vez está recuperando el tiempo perdido y llegando apenas un poco más tarde que el progresismo a la valoración de la música electrónica antes demonizada por ambos bandos
En este grupo y en los dos anteriores están los participantes de las más diversas diversidades. Ellos estaban ahí, con sus creencias y con su escepticismo, con su diversidad y sus orgullos, con sus consumos y con sus ganas, con nadie en guerra contra ellos y ellos en paz con todo el mundo. Creer que la electrónica y las manifestaciones religiosas, incluso las cristianas, se excluyen puede ser el resultado bien de una presentación rabiosamente anti religiosa de la cuestión (una presentación que cree que la música electrónica es sólo pastillas y agua mineral y que los consumidores de éxtasis no podrían ser creyentes de ninguna manera). A esa presentación se opone lo que todos sabemos: en la viña del señor hay de todo (y mucho). Y todo esto sin olvidar la tradicional danza que permitía entrar en trance metabolizando el veneno de tarántulas que picaban las piernas de danzarines que habitaban una de las tantas zonas de frontera entre lo popular y lo dogmático (¡oh sí la famosa tarantela!).
Un cuarto público es pequeño pero notable: militancias. Dado que el Papa Francisco tuvo una especie de signo integrador en su reinado el catolicismo obtuvo una nueva consideración entre los politizados. Los había de varias layas: Francisquistas que luego de haber sospechado que el Papa era un enviado del imperio venido a derrocar al peronismo. También sus sucesores rebeldes: los que luego del declive progresista contemporáneo encuentran en la obra del Papa un llamado a los viejos valores (Machado decía: “Gran pagano se hizo hermano de una santa cofradía, el jueves santo salía, llevando un cirio en la mano, aquel trueno vestido de nazareno!”). Y también estaba la militancia de las parroquias: catequistas, coordinadores e integrantes distintos segmentos internos de las mismas, educadores etc.

Hay que notar un quinto modo: muchísima gente acudió al evento de Plaza de Mayo porque tiene ganas de divertirse, porque el evento era gratis y nadie tiene un peso. No desmerecería el papel de este contingente ni el hecho de que es un público al que el mensaje religioso le importaba menos pero tampoco le pesaba negativamente. Para muchos de quienes formaban parte de esa veta del público el catolicismo que otrora los hubiera espantado les proponía algo de lo que podían participar incluso sin comulgar.
5-Llevo casi 40 años investigando grupos religiosos y leyendo una bibliografía académica que no para de crecer. Mi conclusión más general es que no hay mezcla que no sea posible entre ideales y experiencias religiosas de distinto cuño, entre ellas y otras experiencias sociales, económicas y políticas. La supuestamente sofisticada expresión sincretismo supone que hay algo puro, cuando en verdad no hay nada mas común que las ensaladas, los estofados, las mezclas y las síntesis. En la vida social la pureza pídansela a ya saben quién.

6-Creer no se elige. Esa es la lectura utilitaria, individualista y calculadora de la fe. Siempre el creyente es llamado. Como el enamorado es atravesado por la flecha de cupido el creyente es el fruto de la flecha de la alteridad. Creer es así estar instalado en la incomodidad de una relación. Están muy bien, o muy mal, las búsquedas identitarias. Pero eso es para ser, para ser uno mismo. Para existir y para existir socialmente es necesario asumir el riesgo en que, de todas maneras, uno está implicado. La creencia es incómoda, inestable, plural y por eso tiene juego, movimiento, reequilibrios transitorios. Lo demás es dogma. Y el lío de Francisco lo cuestionó explorando fronteras, incluyendo el más allá de las mismas, poniendo en el lugar de la infalibilidad papal la perplejidad ante un mundo radicalmente nuevo en que el otro destino del catolicismo era la reducción del Catolicismo a disciplina académica.



