Un momento...

08 de julio de 2026

08 de julio de 2026

11 de febrero de 2025

JAVIER TRÍMBOLI, LA SEGUIMOS

Joaquín Sticotti

@Higosfrescos
In Memoriam
Tiempo de lectura: 4 minutos

I

No es común ser contemporáneo, poder conocer personalmente y encima tener la oportunidad de trabajar con un ídolo. Me pasó con Javier Trímboli. Lo conocí en el colegio secundario en sus clases que, como dice Iván Schuliaquer acá, eran como recitales. Muchos quedábamos tocados cuando salíamos y nos acordamos, aún hoy, de la peculiar mezcla de referencias que incluía a Roberto Arlt, Rodolfo Walsh, Edgar Allan Poe, Domingo Faustino Sarmiento, Walter Benjamin y Leonardo Favio. Después de eso, uno quería aprender a vivir y trabajar como Javier. Tuve la oportunidad de trabajar con él en diferentes proyectos. Me marcó de una manera que no termino de dimensionar y que me cuesta poner en palabras. Pero como somos muchos en esta, me gustaría empezar a pensar, todavía muy tomado por la tristeza, algo de ese legado.

II

La conversación con varias personas fue, en estos días, en torno a cómo nos marcó, las cosas que recordamos aún hoy, aunque hayan pasado diez o veinte años. Ninguna experiencia personal es generalizable, pero cuando muchos decimos algo similar es porque había algo ahí que se salía de la norma. Que desplazaba los límites, que te acercaba a cualquier experiencia de una manera diferente. Decía Walter Benjamin que “no hay instante que no traiga consigo su oportunidad revolucionaria” y Javier los aprovechaba todos. Las clases, los programas de TV, la coordinación pedagógica en escuelas secundarias (como destaca León Lewcowicz acá), el trabajo en el archivo histórico de Radio y Televisión o las conversaciones más cotidianas. Había algo distinto en su forma de habitar todos los espacios desnaturalizando las lógicas burocráticas que los estructuran. Javier los pensaba de otra manera: siempre a partir de los diálogos que se podían armar, de las complicidades que se podían tejer y del potencial comunitario que podían tener para transformar la realidad.

El saber no era algo para ostentar sino para disfrutar, con el placer de poder compartir las obsesiones de turno. La pasión por el conocimiento, con Javier, estaba mezclada con el humor. La carcajada estaba siempre al acecho

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III

Javier tenía estilo. Su voz, su forma de moverse, sus pausas dramáticas. Sus formas eran inseparables de sus convicciones, que transmitía siempre de una manera firme pero plácida: conocer y pensar el país, priorizar las conversaciones cara a cara, no quedarse en los lugares por inercia y pensar en el trasfondo político de todas las formas de conocimiento. Se acercaba a muchos temas y cultivó, en su escritura, diferentes géneros. La crónica en el recorrido por el país que arma en Mil novecientos cuatro. Por el camino de Bialet Massé; la novela en el experimento alucinante que es Espía vuestro cuello. Memorias y documentos de trabajo (2004-2007); el ensayo político en Sublunar. Entre el kirchnerismo y la revolución yla recopilación de entrevistas en el más reciente Tulio Halperín Donghi. La herencia está ahí. Diez entrevistas comentadas.Pero su obra no es solamente escrita. Incluye múltiples programas de televisión que se pueden ver online como Huellas de un siglo o Guerra Guasú, por nombrar algunos. E incluye, más recientemente, un género que marida de manera excepcional con el estilo de Javier como es el podcast Un poco sucio, junto a Julia Rosemberg. Acá hay una muestra espectacular de la diversidad de temas a los que se podía acercar Javier con su estilo.

IV

Su labor fue fundamental como profesor, como le gustaba definirse, pero también como investigador, trazando diálogos múltiples que incluían docentes, escritores, investigadores del CONICET, funcionarios públicos y militantes. La investigación era para Javier un espacio abierto liderado por la curiosidad desacralizadora: no había que saber alemán para leer a Benjamin, te podías quedar obsesionado unos días cotejando diferentes traducciones. A la vez, entender a Benjamin era poder cruzarlo con Walsh y de ahí saltar a nuestro tiempo. El método Trímboli pasa en gran medida, como marca Julia Rosemberg acá, por conjugar el pasado con el presente. Pero además, hay algo de esa curiosidad que resultaba refrescante por su ausencia de pedantería y solemnidad. El saber no era algo para ostentar sino para disfrutar, con el placer de poder compartir las obsesiones de turno. La pasión por el conocimiento, con Javier, estaba mezclada con el humor. La carcajada estaba siempre al acecho.

V

El mosaico de intereses amplios lo llevó a Javier a la televisión. Sin ser fanático de la tele, hizo programas espectaculares y colaboró, de forma decisiva, en el armado del Archivo de Radio y Televisión Argentina, bautizado Prisma. La recuperación del material incluyó el imprescindible trabajo de catalogación que permitía contextualizar históricamente los documentos audiovisuales. Para recuperar ese material y ponerlo a disposición del público Javier estableció diálogos y tejió vínculos con actores muy diversos. Y logró la construcción de un archivo vivo, que nos devuelve imágenes del pasado que van resonando en diferentes momentos del presente. En estos días, la página de Prisma, volvió a subir una emisión del programa Los Siete Locos donde Javier explica la importancia del archivo. Ese legado está ahí y muchos lo seguimos aprovechando bastante seguido.

Sus formas eran inseparables de sus convicciones, que transmitía siempre de una manera firme pero plácida: conocer y pensar el país, priorizar las conversaciones cara a cara, no quedarse en los lugares por inercia y pensar en el trasfondo político de todas las formas de conocimiento

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VI

Con la tristeza (que continúa) nos toca juntarnos a pensar cómo seguir. Algunas primeras ideas me vienen: me genera un poco de resistencia la idea de homenaje, no se me conjuga con Javier. Sí creo que nos tenemos que juntar a conversar y pensar, compartir la tristeza y ver qué pasa. Somos muchos y la marca es bastante indeleble. Seguro hay obra por recuperar y poner en valor. Seguro hay ideas para continuar. Desde que lo conocí a Javier, nos mandamos muchos mails y siempre cerraba diciendo “la seguimos”. Como con tantas cosas, lo incorporé. Veremos cómo la seguimos nosotros ahora, el legado está ahí.     

In Memoriam