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22 de julio de 2026

22 de julio de 2026

16 de mayo de 2025

IMÁGENES DE TROILO Y LA POLÍTICA

Juan Pablo Kryskowski

@jpkrysko
Dossier Troilo: lo viejo funciona
Tiempo de lectura: 10 minutos

                                              Troilo sobre Perón: “Era entrador, simpático y con un talento extraordinario”[1]

No soy un experto en tango, ni mucho menos. Las escuchas han sido pocas, sin embargo, en las investigaciones por otros temas me crucé con distintas cuestiones que hacen a la historia de los protagonistas de un género que talla la historia popular, las cuales a la vez se vinculan con nuestros procesos políticos y sociales.

Al cumplirse el cincuentenario de la muerte de Aníbal Troilo -una medianoche de mayo en el Hospital Italiano, tras ser internado de urgencia con un paro cardíaco y cuando venía de recitales en el Teatro Odeón-, al respecto de uno de los indiscutidos dentro del tango y su gran historia, lo que sigue es un pequeño recorrido por momentos de su vida que tuvieron que ver con los devenires políticos de Argentina.

Una mención, sobre la que ya volveré, a un sello discográfico que fue promovido por el peronismo y en el que Troilo fue protagonista. Se llamó TK, y existió entre 1951 y 1961.

Yo no era peronista ni antiperonista. Siempre me sentí libre y ninguna idea política pudo corromper mis sentimientos. Entonces de los 146, 145 se pusieron rigurosamente el escudito peronista en la solapa del saco. Yo no. Y nunca me dijeron una palabra (Troilo)

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Lugares y espacio

Troilo tuvo su presencia constante en los medios durante cuatro décadas, sin contar todas las recordaciones que se dieron con posterioridad a su muerte, con esquina incluida en Buenos Aires en la década del 80.

Esto incluye los formidables carnavales de verano que durante muchos años fueron lugar de convocatoria de multitudes y en los que de acuerdo a los tiempos, se fueron dando predominios o incluso exclusividades de un género; o una sucesión en una larga noche de cultores de tango, de folklore, melódicos, de jazz e incluso algo después del rock. Como casi todos, Troilo fue una presencia insoslayable año tras año en lo que se daba en Buenos Aires[2] (pero no solo allí) y nunca como un número secundario, sino como protagonista bien entrada la madrugada. Las actuaciones en los clubes, en los salones y en los cabarets se podían extender hasta las seis de la mañana.

Desde luego, estaban las orquestas y la radio, otro fenómeno popular que la televisión (iniciada aquí en 1951 con el 17 de Octubre) tardó mucho en eclipsar. Lo que más le interesaba a los artistas (extendamos esto incluso a la dirigencia política) era la radio. Se llegaba a todo el país, tanto desde lo que era Radio del Estado como “la radio” por excelencia para la presentación de las orquestas, que fue Radio El Mundo, con su histórico estudio.

Las innumerables presentaciones se sucedían cada fin de semana. Un viejo amigo, clarinetista, me relataba hace años la fascinación que tuvo en su juventud, cuando pudo recorrer parte de la inmensa oferta musical de esa Buenos Aires que no dormía, desde al jazz al folklore, y por supuesto al tango, que reinó hasta un momento. Que también, en esos vaivenes, aparecían notas sobre un posible final del tango (no las escribía Rosendo Fraga) hace ya seis décadas por lo menos. Hubo adaptaciones a los contextos, y Troilo no fue ajeno a ellos tampoco. Pero no hubo desaparición. Y en esa puja por, llamémosla, la actualización doctrinaria del tango, así como dijimos que Troilo no fue un peronista de la primera línea como sí lo fueron otros, menos aún fue de las voces que se trenzaban con ganas en las polémicas de turno. No era un descalificador de Piazzolla, para señalar un ejemplo conocido, sino todo lo contrario, fue bandoneonista de su orquesta, promovió su crecimiento, se admiraban mutuamente (al punto de grabar un disco solo con sus bandoneones) e incluso fue arreglista de muchas de sus grabaciones cuando ya no era parte de su conjunto.

Finalmente, sobre como la televisión pasó a tener otro lugar, hay varios registros visibles de Troilo, en la recuperación de imágenes de su participación central en tres programas que se emitían en Canal 7 entre 1966 y 1967 (Calle 7, Tango 7 e Historias que cuenta el tango) y de su concierto, junto a Piazzolla,  en el Teatro Colón en agosto de 1972 -con presencia del presidente de facto Lanusse, con presentación de Antonio Carrizo-, que fuera parte de dos actividades en ese teatro, la primeras dedicada al tango y la segunda dedicada al folklore, con Mercedes Sosa como protagonista (y nuevamente con presencia del dictador).

En 1946, poco después de que Perón asumiera su primera presidencia, concurrió en representación de los músicos radiales en huelga, a una reunión en la Secretaría de Trabajo y Previsión

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Alrededor de la política y el peronismo

Como decía, hubo quienes adscribieron muy claramente al peronismo y como tantos otros, sufrieron las consecuencias. Durante los gobiernos justicialistas, Discépolo, el más jugado de todos desde su personaje radial “Mordisquito”. Rápidamente , ante la caída, Hugo del Carril (detenido en la Penitenciaría Nacional) y Tita Merello, entre algunos de los hostigados por eufóricos públicos de acuerdo con la caída de Perón, como Oscar Alonso, que grabó los “Versos de un payador a Eva Perón” (de Homero Manzi) y fue asiduo partícipe de los actos centrales del Día del Trabajador y otras celebraciones anuales, u Alberto Marino, llamado “la voz de oro del tango”, que fuera el cantor de la orquesta de Troilo entre 1942 y 1947, y ese año interpretó la “Oda a Perón”. Pero Troilo no tuvo una exposición similar a los mencionados. Sin embargo, podemos mencionar algunas cuestiones respecto a cómo fue su vinculación[3].

En 1946, poco después de que Perón asumiera su primera presidencia, concurrió en representación de los músicos radiales en huelga, a una reunión en la Secretaría de Trabajo y Previsión. En una foto de esa visita, se lo ve junto al relator deportivo y empresario radial Lalo Pelliciari; y en otra, junto a la delegación de los músicos.

En enero de 1950 al inaugurarse los comedores del Hogar de la Empleada de la Fundación Eva Perón (en la avenida de Mayo al 800, donde hoy funciona la ANMAT) la primera orquesta que se anunciaba iba a actuar en la planta baja era la que él dirigía, seguida de conjuntos de jazz y orquestas típicas. Como una curiosidad, mencionemos cuáles fueron los platos que iniciaron las actividades de los comedores: “melón con jamón crudo; crema parmentier; panqueques de humita la gratín; entrecot a la parrilla; papas fritas; torta de chocolate”, según se indicaba en el diario El Laborista[4].

Poco después, en junio de 1950 participó en “la audición extraordinaria a difundirse por L.R.A. Radio del Estado y la Red Argentina de Radiodifusión” por los cuatro años de gobierno de Perón, organizada por la Subsecretaría de Informaciones. Junto a su actuación, se dió la de Enrique Muiño, Sabina Olmos, Luis Sandrini. Alberto Vacarezza, Narciso Ibañez Menta, Malisa Zini, Juan D´Arienzo y Julio de Caro, entre otros.

En ese cruce de amistades, cuando muere Manzi en mayo de 1951, Cátulo Castillo escribe un poema que dice “Fueron años de cercos y glicinas, de la vida en orsai del tiempo loco” y será Troilo quién lo llamará rápidamente para decirle que tiene la música.

En abril de 1953, estuvo a cargo del cuarteto musical en la obra “El patio de la morocha” en el Teatro “Enrique Santos Discépolo” con libro de Cátulo Castillo, que le dijo que había un pedido de la Subsecretaría de Prensa y Difusión, dirigida por Apold, para que fuera el encargado de la música. Recordaría que “lo más lógico era que la hiciera Marianito (por Mores), al autor de la música. Yo creía eso, pero viene Cátulo (Castillo) y me dice que en la Subsecretaría (de Prensa y Difusión) querían que fuera yo. Más todavía: que si no aceptaba la obra no se hacía. (…) Yo no era peronista ni antiperonista. Siempre me sentí libre y ninguna idea política pudo corromper mis sentimientos. Entonces de los 146, 145 se pusieron rigurosamente el escudito peronista en la solapa del saco. Yo no. Y nunca me dijeron una palabra”.[5]

Al morir, se publicó en la recordada primera etapa de la revista “Crisis” una larga nota que incluyó el largo reportaje que le hiciera María Esther Gilio, en el que el bandoneonista dijo que Perón “hizo lo imposible para que una orquesta típica llegara al Colón”. Una de las características de aquel primer peronismo fue que espacios vedados desde siempre a las mayorías les fueron abiertos, y seguramente, que en el teatro más importante del país se presentaran orquestas de tango fue parte de esa misma lógica de democratización social.

Su experiencia personal respecto al Colón se remonta al segundo gobierno del General, en diciembre de 1953, cuando dirigió la orquesta en la reposición de “El conventillo de la paloma”  de Alberto Vacarezza, que por entonces dirigía el “Discépolo” (ex Cervantes) y había recibido la Medalla de la Lealtad Peronista. Recordaría bastante después que “toqué, pero integrando una orquesta de 40 músicos, desde el foso”[6]. Dicha orquesta ejecutó la marcha “Los muchachos peronistas”. Perón concurrió a esa función, con puesta a cargo de la Peña Cultural Eva Perón, y fue recibido por el actor Enrique Muiño, otro de los perseguidos tras el derrocamiento, al punto que fue sacado violentamente de un estudio radial donde estaba trabajando[7].

En mayo de 1955, cuando se renovaron por última vez las autoridades de SADAIC  antes del golpe de septiembre, fue electo como integrante de la Junta Consultiva. Presidía, una vez más, Cátulo Castillo, que tendría funciones oficiales con el regreso del peronismo al poder político en 1973, y José María Contursi era el secretario.

Puede decirse que la etapa del primer peronismo es una etapa de gran expansión del tango, a la vez hay, contemporáneamente a su caída, el surgimiento de algo casi impensado, la apertura hacia trabajos que incluyan a otros géneros, con un obvio y claro exponente en Piazzolla, que tras formar su propia orquesta, actuando en diversas radios, irá a calificar más su formación en Francia y andará por Estados Unidos, entre otros destinos.

Al morir, se publicó en la recordada primera etapa de la revista “Crisis” una larga nota que incluyó el largo reportaje que le hiciera María Esther Gilio, en el que el bandoneonista dijo que Perón “hizo lo imposible para que una orquesta típica llegara al Colón”

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La historia del sello musical peronista: TK

Poco conocida es la historia de un sello musical que solo existió bajo el primer peronismo y que sobrevivió unos años a su caída. Fue el sello TK, que pudo producir su catálogo a partir de conseguir la pasta para discos por vías alternativas, cuando los dos grandes proveedores, RCA Victor y Odeón retaceaban ese material indispensable para la producción discográfica nacional, en medio de discusiones que iban mucho más allá de esta cuestión en la relación de Estados Unidos con el primer gobierno justicialista. Incluso hay dudas respecto al por que del nombre de la discográfica local, la T tendría que ver con un hombre de apellido Traboulsi, la K parece un enigma.

Más allá de esto, Troilo fue quién más discos produjo considerando el conjunto de lo hecho desde TK. Fueron nada menos que 43 discos que, cabe recordar, considerando como eran los discos de pasta (entonces de 78) constaban de una canción por lado, sumando 86 canciones. Aún no existían los long plays y esa producción sería recuperada muchos años después en 5 CDs por Miguel Ángel Fernández, con su sello Euro Records. Entre esos temas estaba “Discepolín”, con letra de Homero Manzi y voz de Raúl Berón, cuya grabación original data de abril de 1951.

Hoy con 85 años, en la conversación que tuvimos, Fernández recordaba que pudo reconstruir prácticamente el total de la producción de TK y que además de ese papel central de Troilo, otros artistas que produjeron allí fueron Atahualpa Yupanqui -una vez más, los márgenes dentro de la tirante relación entre el peronismo y el comunismo al que Yupanqui adscribía- Horacio Salgán, Homero Manzi con voz de Jorge Casal, Astor Piazzolla, Raúl Kaplún, la mezzosoprano tanguera Mercedes Simone y otros. Además en ese sello se iniciaron solistas y grupos que dejarían una marca importante en la historia del folklore argentino: Eduardo Falú y Los Fronterizos, entre los más destacados.[8]

El catálogo de TK fue adquirido por el creador -también en 1951- del sello Music Hall, Néstor Selasco, en 1965, luego que en 1961 detuviera su producción de discos de tango y folklore. Lo mejor del sello “peronista” lo reeditó a mitad de precio con la colección Difusión Comercial. Music Hall fue un sello muy importante, que produjo long plays y luego CDs hasta que en 1993 la sociedad anónima propietaria del sello quebró, quedando su material paralizado y en proceso judicial. Lo que sobrevivió del catálogo de 3000 obras producidas por Music Hall fue adquirido por el Instituto Nacional de Música en 2016, en 2500000 pesos.

Pequeña conclusión

Una pequeña hipótesis: para Pichuco su posicionamiento político no era relevante, no era anti peronista, tampoco fue un fervoroso adscripto como lo fueron otros grandes de esa escena (Homero Manzi, Discépolo, Cátulo Castillo), pero no estuvo alejado de los círculos cercanos a ellos. Y desde luego, no se ubicaba lejos como otros protagonistas; los casos de Osvaldo Pugliese y un novel Astor Piazzolla, que suelen ser señalados como los más notables (a la vez, con muy distinta participación política en un caso y en otro, e incluso en el primero de los casos con un acercamiento inédito tras el retorno del General, cuando el Partido Comunista al que Pugliese adhería había resuelto apoyar la fórmula Perón – Perón en setiembre de 1973, tras haber sido base para la APR que postuló a Oscar Alende).

Podemos agregar que el tango no tuvo una adscripción política definida, e incluso eso se da muy escasamente en sus letras, con las diferencias en ese sentido respecto a otros géneros. Un ejemplo de ello está en la renovación del folklore de los años 60, con un rango muy definido y explícito. Hubo un folklore político o incluso de protesta, pero no puede decirse que hubiera un tango en el mismo sentido. Los tópicos clásicos del tango fueron y aún hoy son otros.

Finalmente, decir que hay artistas que trascienden estas cuestiones por lo su excepcionalidad o simplemente porque su relación con sus pares artísticos se define desde otras cuestiones. En el caso del tango, la amistad y el compartir la noche  y sus secretos, sin la pretensión de caer en lugares comunes ni prejuicios. Troilo fue un cultor de todo ello y además un artista que promovió el desarrollo de quienes estaban a su lado y a la vez fue probando variantes sin quedarse en el facilismo de tener una “fórmula exitosa”. 


[1] https://milcampanas.com.ar/el-descamisado/ consultado 7/4/2025

[2] Para dar un ejemplo, en una noche de 1965 se presentaba en el Club Social Sportivo Buenos Aires, de Gaona 1249, junto a “ritmos tropicales y jazz amerciano”. La misma noche, Los Shakers se presentaban en San Lorenzo. Archivo personal

[3] Una anécdota: en los años 70 en la ciudad de La Plata existía un bar llamado “Troilo”, al que concurría asiduamente una de las personalidades más importantes del antiperonismo: el líder radical Ricardo Balbín. Foto del bar en archivo personal

[4] Diario El Laborista 24/1/1950, archivo personal

[5] https://milcampanas.com.ar/el-descamisado/ consultado 7/4/2025

[6] https://milcampanas.com.ar/el-descamisado/ consultado 7/4/2025

[7] Perón, en uno de sus primeros libros realizados en el exilio, diría erróneamente que Muiño había muerto en la cárcel, fruto de esa persecución.

[8] https://inamu.musica.ar/actividades/la-historia-del-catalogo-de-music-hall_549955 consultado 7/4/2025

Dossier Troilo: lo viejo funciona