Un momento...

10 de julio de 2026

10 de julio de 2026

7 de julio de 2026

HOY NO

Leandro Mora Alfonsín

@lmoraalfonsin
La pelota no se mancha
Tiempo de lectura: 5 minutos

Algún día vamos a perder. Hoy no. El que quiera ver caer al Campeón del Mundo va a tener que esperar. Se ganó poniendo a prueba la resistencia de los adminículos inventados por Favaloro, otra gloria nacional. Se ganó con huevos. Cuando todo lo demás falla; cuando el arquero rival es el muro que divide el infierno de los campos elíseos; cuando te pegan una y dos veces; cuando te están superando en lo físico y parecen tener confianza. Ahí se va con huevos. El que quiera brillo que nos lustre las tres estrellas doradas que tenemos cosidas en la camiseta. Hoy se avanza así. No nos quedamos afuera. Hoy no.

La novedad de hoy no es tanto la racha que se estira como la identidad que se fortalece. La selección argentina de Scaloni siempre se destacó por “saber sufrir”. Para cierto imaginario popular, bien caracterizado como “nene Scaloneta”, somos una máquina inexpugnable que viene a romper la hegemonía del fútbol que toquetea la pelota hasta aburrirla y propone romper líneas con cuatro enganches maleducados en cancha. Y es cierto; claro que es cierto. Y pregúntenle a Brasil si recordando el 4-1 del año pasado no es cierto. Pero el ADN del ciclo Scaloni que ese imaginario olvida radica en la gestión eficiente del sufrimiento; la administración de la adversidad; una selección que podría estar al frente del BCRA en una corrida cambiaria. El ciclo Scaloni es su meme; 25 minutos del mejor fútbol que vimos en la vida; 25 minutos de “hay alguna cosa que ajustar” y segundos tiempos de “por favor que termine”.

Se sufrió todo el ciclo. Así fue en la Copa América de 2019, en la que con la conquista del 3er lugar y el nacimiento del Messi-maradoneano-que-putea-a-la-CONMEBOL se exorcizó al frente-todismo de Sampaoli 2018. Se sufrió mucho en la ganada Copa América 2021, en los penales contra Colombia –mirá que te como, hermano– y un Neymar que la descosió en la final. Ni que hablar en el Mundial 2022, donde arrancamos perdiendo con Arabia Saudita; encontramos la luz en los últimos 20 minutos ante México; transpiramos contra Australia y nos empataron en pocos minutos y sobre la hora dos partidos “ganados” ante Holanda en Cuartos y ante Francia en la Final. Hasta sufrimos la Copa América 2024, donde la final con Colombia fue una guerra y Lautaro Martínez un bombardeo.

No existe profesional de escritorio de bien que no sea un futbolista frustrado. La Revista Panamá le da espacio a un economista para escribir sobre fútbol. Ya lo hizo en 2022 y lo reporte ahora porque acá tenemos principios esotéricos además de políticos. En aquel momento, en una serie de tres notas que se escribieron como esta, de raje y en caliente, decíamos sobre la Argentina de Scaloni: La construcción del proyecto Scaloni tiene algo que lo diferencia de las experiencias anteriores en la “era Messi” (2008 en adelante): todas las pelotas ya no van a Messi para ver qué hace, volviéndonos predecibles, haciendo que lo marquen de a seis y obligándolo a buscar la pelota adelante de la zaga central los 90 minutos (…) En el Scalonismo, fase superior del Bilardismo; hoy Argentina juega a tener la pelota, ocupar los espacios sin una pizca de ingenuidad en defensa y a buscar a Messi cuando es preciso. Argentina usa a Messi de lo que Messi jugó toda su carrera. Dejamos de llorar que “Messi no juega como en el Barcelona”, para hacerlo jugar como lo hacía en el Barcelona; con un equipo atrás que lo explota de forma inteligente y no desesperada.

El que quiera brillo que nos lustre las tres estrellas doradas que tenemos cosidas en la camiseta. Hoy se avanza así. No nos quedamos afuera. Hoy no

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Eso hoy tiene una nueva transformación. Argentina sigue siendo ese equipo donde el todo es más que las partes y donde lo que hacemos y a lo que nos entregamos es más importante que nosotros mismos. Pero la madurez de Messi tiene una nueva evolución; aunque el equipo busque funcionar como siempre, el 10 con 39 años decide hacer todos los goles, jugar más suelto que nunca y ser una pesadilla para rivales como si tuviera nuevamente 24. Como este aspecto está fuera de lo terrenal y es francamente indescriptible no voy a ir mucho más allá.

Yendo al partido; hoy se jugó muchísimo mejor que contra Cabo Verde, aún con infarto incluido. Si los mundiales se juegan de menor a mayor, vamos bien. La Argentina de Scaloni sabe ajustar; aún con la generación lógica de nuevas vacas sagradas en la sana costumbre de ganar todo lo que se juega, el equipo mete cambios, prueba cosas. La fase de 16vos con Cabo Verde fue un cachetazo necesario. Se jugó mal y casi se paga muy caro. Hoy fue distinto. Argentina mostró intensidad y orden. Con sus fallas, sí. Con imprecisiones en Enzo y De Paul en el primer tiempo, con un lateral derecho que no hace pie. Con un arquero adorado, pero con el que tenemos que hablar algunas cosas. Pero con otro protagonismo y carácter de equipo grande, en un fútbol donde las distancias se acortan ya hace bastante.

Egipto fue un grandísimo rival que cuando pegó hizo sangrar; no gastó energía sin sentido aun siendo más físicamente. Y supo jugar con su gol a favor desde los primeros minutos. Tenía cómo y con qué jugar de contra. Pero se mareó ante la falta de desánimo de Argentina; que siguió yendo y que descontó ni un minuto antes ni un minuto después del momento en el que conviene descontar para ganar enjundia y marear al que va ganando. Y lo demás fueron huevos y chapa. Sobre todo, huevos. Con un Messi de PlayStation 2, jugando de extremo derecho y un Leandro Paredes, volante central del Club Atlético Boca Juniors, que jugó como para comérselo a besos. Cuando más complicados estuvimos, más precisos nos volvimos.

Se cuela definitivamente un nuevo gol en mi ranking de los más gritados de la selección. Desde hoy acompañan al zapatazo de Maxi Rodríguez de 2006, al agónico de Palermo en 2009 bajo la lluvia (y al del 2010 a Grecia), al de Di María contra Francia y al de Di María contra Brasil y al de Zanetti contra Inglaterra este segundo gol de Messi hecho de volea y con ellos cordones como extensión de su virilidad (los editores de esta revista no me dejan escribir groserías).

No por breve menos importante, vaya este párrafo al patoterismo sano de Lautaro Martínez; que no tiró un centro, sino un pase a la cabeza y que cuando se pone en modo Nelson Vivas me conmueve hasta el tuétano. Y para Cuti Romero / Lisandro Martínez, que pese a cierta merma física que se ve de a momentos, entregan todo en las dos áreas y con Paredes adelante juegan aún mejor.

El ADN del ciclo Scaloni que ese imaginario olvida radica en la gestión eficiente del sufrimiento; la administración de la adversidad; una selección que podría estar al frente del BCRA en una corrida cambiaria

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Its not over until its over

Una selección grande se tiene que meter entre los 8 mejores para cubrir la línea de flotación de la grandeza que acusa su pasaporte. Estamos a un paso de un excelente mundial, a dos pasos de coronar el ciclo más exitoso de la historia de la Selección Argentina y a tres pasos de algo que no me sale escribir porque mi corazón necesita madurar el sentimiento que hoy solo es anhelo.

Llegamos a esta recta final siendo campeones vigentes, pero con el traje de Rocky puesto. Otros tienen el traje de Ivan Drago. Los mismos que lo tenían en Qatar, incluidas algunas sorpresas. Como argentino y bostero, bienvenidos sean los cachetazos que nos mantienen con este traje puesto. El mismo que, más ajustado a derecho, se mide en la sastrería Marruecos.

Si llegamos hasta acá es porque competimos a tal fin. Estamos entre los 8 mejores del mundo. A partir de Cuartos de Final, todos son candidatos. Nosotros también.

La pelota no se mancha