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GUERRA EN UCRANIA: UN JUEGO PARA LOS VIVOS

Tiempo de lectura: 6 minutos

La invasión rusa a Ucrania del día 24 desencadenó un movimiento telúrico en las fallas del sistema internacional y sacó a flote enormes alteraciones de aquel mundo en el que creíamos vivir. 

Lejos quedaron aquellas noches menemistas de CNN anunciando los bombardeos a Irak de la mano de Wolf Blitzer y Bernard Shaw. La guerra en aquellos tiempos era un programa más y el horror de una conflagración se camuflaba con el asombro de trazadoras naranjas surcando el cielo de Bagdad. Era aquello: asombro y un ejercicio en vivo de directo de colocación de marca en términos de marketing.

La noche del 24, tras los primeros tweets que mencionaban la hora 5.45am de Moscú, quedamos absortos al observar cómo, una vez más, la realidad nos metía de lleno en un conflicto cuando todavía pensábamos en las consecuencias de la retirada estadounidense de Afganistán. Para peor, en el teatro de operaciones europeo, cuyo recuerdo de un conflicto armado remonta a la mayoría a las instancias más tristes de nuestra especie, pero que el recuerdo próximo nos conduce a la caída de Yugoslavia; y con ella el fin de Rusia como actor relevante.

Lo que finalmente desencadenó el conflicto fue el producto de una lucha sumamente despareja. A la racionalidad, campeona conceptual de las teorías internacionalistas, se le subieron al ring dos emociones viscerales: el temor y el rencor. Con el anuncio de Volodomir Zelenski de revisar el memorándum de Budapest el 19 de febrero se terminó el último vestigio de esperanza diplomática y la paranoia de seguridad rusa puso poscombustión.

"Lo que finalmente desencadenó el conflicto fue el producto de una lucha sumamente despareja. A la racionalidad, campeona conceptual de las teorías internacionalistas, se le subieron al ring dos emociones viscerales: el temor y el rencor."

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Lo que tenemos hoy es un mar de incertidumbre navegado por cuantiosa propaganda que inunda las redes sociales. Los logros defensivos ucranianos parecen estar dando batalla pero la realidad es que Rusia ha estado peleando con una mano atada propia de una estrategia renga e improvisada. La campaña de desmilitarización rusa parece honestamente destinada a reducir el daño de civiles pero algunos factores parecieran debilitar esa opción: por empezar, se han notado gruesos errores logísticos que evidenciaron escenas de camiones y tanques abandonados por falta de combustible (¡); por otra parte el stock de munición de precisión comenzó a agotarse, implicando el uso de artillería pesada que golpea indiscriminadamente: eso significa más muertes civiles. Es decir, avanzó con poco y sufrió serias e inesperadas bajas, pero aun así están a punto de tomar Kiev.

Lo que depara el siguiente mes en el horizonte es imposible de saber: Si toman Kiev, ¿retrocederán? ¿Hasta dónde? ¿Qué hará la OTAN? Si no toman Kiev en los próximos días ¿bombardearán con todo lo que tienen? ¿Se quedará Rusia con un corredor terrestre para abastecer de agua a Crimea que imperiosamente la necesita? ¿Le negaran a Ucrania la salida al mar? Hay un millón de preguntas, una más preocupante que otra.

"Lo que tenemos es un mar de incertidumbre navegado por cuantiosa propaganda que inunda las redes. Los logros defensivos ucranianos parecen estar dando batalla pero la realidad es que Rusia ha estado peleando con una mano atada propia de una estrategia renga e improvisada."

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Lamentablemente incluso podemos pensar que hay más ejercicio de marketing para continuar la guerra que para detenerla. Estados Unidos tiene varios incentivos para ello: puede derrotar a Rusia sin tirar un tiro y consolidando su liderazgo en Europa, o al menos su dependencia. Lo vimos desde noviembre en términos oficiales con la instalación de la inminencia y hoy bajo canales no oficiales alentando el surgimiento de guerrillas para atrapar al ejército ruso en un escenario de urban warfare (pesadilla estadounidense en Afganistán). Pero esa búsqueda debe ser mortal, un escenario con Rusia revigorizada en el mediano plazo y cercano a China es uno “pesadillesco” para los Estado Unidos. Sería la segunda ocasión en que Rusia se levanta de una piña demoledora.

En los días que siguen podemos tener el control efectivo ruso sobre el sur ucraniano consolidando sus posiciones en Odessa (principal puerto en el mar negro) y el cerco tanto del donbass como de Kiev. Ya podemos ver escenas de desabastecimiento que se incrementarán. Si la estrategia rusa apela a limitación de víctimas civiles ese debería ser el camino. Por otra parte, es llamativo el poco uso de drones, de denegación de acceso a servidores y por lo tanto de un aislamiento digital de Ucrania: ¿obedecerá a que Putin busca que atestigüemos el “castigo”?.

"Lamentablemente incluso podemos pensar que hay más ejercicio de marketing para continuar la guerra que para detenerla. Estados Unidos tiene varios incentivos para ello: puede derrotar a Rusia sin tirar un tiro y consolidando su liderazgo en Europa, o al menos su dependencia ."

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Otro gran fenómeno por seguir es la modificación de la constitución de Bielorrusia para hospedar armas nucleares rusas en su territorio. Esto empeoraría la discusión porque abre un nuevo frente para la OTAN, a la posibilidad de emplazamientos en Kaliningrado tendríamos que sumar todo el territorio bielorruso. Además tenemos la noticia que Japón comienza a considerar la posibilidad de hospedar las armas nucleares estadounidenses lo que significaría una necesidad de modificar la estrategia rusa pero también la china. Estamos viviendo días que van a 1000 kilómetros por hora; con cambios significativos en posturas de política exterior: Alemania aumentando sus gastos de defensa, Suecia y Finlandia buscando institucionalizarse con la OTAN, Suiza abandonando su histórica neutralidad… mucho, muy rápido.

El mundo que se viene es indiscutiblemente preocupante y eso empieza a evidenciar la problemática ya estudiada por la teoría de las relaciones internacionales con Kenneth Waltz: siempre un mundo multipolar es más inestable que uno unipolar o bipolar. Obedece entre otras cosas, al entramado de alianzas poco estables, a múltiples narrativas y a la instalación de escenarios de mejor postor, de cortoplacismos. En definitiva, estructuralmente un mundo que ofrece menos certezas y que en consecuencia promueve conductas y aventuras peligrosas. Podemos pensarlo también como planetas o estrellas super densas que doblan el espacio y alteran las orbitas gravitatorias de unidades más pequeñas. A más opciones para gravitar, más probable es que un país se “desgarre” entre el tironeo.

"Otro gran fenómeno por seguir es la modificación de la constitución de Bielorrusia para hospedar armas nucleares rusas en su territorio. Esto empeoraría la discusión porque abre un nuevo frente para la OTAN."

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Pero también es necesario decir que la multipolaridad es más discursiva o deseada que real. Ese cambio tan anunciado tardará en materializarse. Existe una sola superpotencia global que impera en todas las dimensiones: militar, tecnológica, económica y cultural. Y por si quedaba algo domina tierra, mar y espacio. El competidor más próximo es China, y si bien hay enormes razones para avizorar un futuro en el que ambas potencias se equiparen, cierto es que solo será, al menos según los indicios, en la dimensión económica y tecnológica. Aquello sin duda potenciará el crecimiento en otras áreas, pero es menester señalar que en el más decisivo de los poderes, el soft power, lleva casi cien años de desventaja. En todas las redes que leemos (y eso incluye casi la totalidad de los países), TODAS, tenemos titulares que replican la visión statoquista. Hoy con Rusia, mañana con China.

"Existe una sola superpotencia global El competidor más próximo es China, y si bien hay enormes razones para avizorar un futuro en el que ambas potencias se equiparen, cierto es que solo será, al menos según los indicios, en la dimensión económica y tecnológica."

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El inmenso atractivo del soft power en clave “americana” viene de la mano de una construcción narrativa y cosmogónica: convenció al resto de un statoquismo necesario. Para voltear ese entendimiento del mundo no solo es necesario sobrepasar esas capacidades sino detenerlas: por un canal/cuenta de redes sociales/radio rusa o china hay 300 estadounidenses. Las elites políticas tienen la oportunidad de divergir sus intereses pero muy probablemente no solo queden presas de la circunstancialidad sino que no puedan transmitir a la opinión pública la necesidad de repensar esas identidades ya forjadas. Cada cuatros o seis años hay un posible nuevo comienzo. Todo el tiempo. Alberto puede convencernos de la necesidad de acercarnos a los chinos por necesidades económicas, pero nosotros no vamos a descubrir o buscar descubrir un spotify chino por eso. Las barreras idiomáticas y culturales son muy altas. Esa diferencia puede graficarse perfectamente haciéndonos las siguientes preguntas: ¿Cuál es tu película favorita China? ¿Cuál es tu serie favorita China? ¿Tenés artista chino en tu playlist de Spotify? ¿Qué pintor chino te moviliza? ¿Jugador chino preferido de cualquier deporte favorito? ¿Autor de ficción chino favorito? ¿Superhéroes de origen chino favorito? ¿Cuento infantil chino favorito? ¿Dibujo animado chino favorito? ¿Cuantas películas chinas tenés en tu lista de Netflix? ¿A cuantos intelectuales chinos seguís en Twitter? ¿Cuántas cadenas de noticias chinas seguís en Twitter? ¿Qué app China utilizas con más frecuencia? ¿Marca de zapatillas China preferida? ¿Cuantas franquicias chinas tenés en tu barrio? ¿Ídolo chino del automovilismo? ¿Diseñador chino de indumentaria favorito? ¿Referente tecnológico chino favorito? ¿Cuántos  científicos chinos conoces? ¿Qué gaseosa China consumís? ¿Cigarrillos? ¿Obra de teatro/musical chino favorito? Reemplacen china por Estados Unidos y van a tener tres hojas de respuestas. Eso es Poder.

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