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21 de julio de 2026

21 de julio de 2026

6 de julio de 2025

FEDERICO BERARDI: “SI NOS QUEDAMOS EN LO PENDULAR, PERDEMOS EL FRANCISCO MEDULAR”

Marcos Mizzi

@serunbardo
Dossier ¿Qué hacemos con Francisco?
Tiempo de lectura: 13 minutos

Qué hacer con Francisco es una pregunta clave. Como suele ocurrir con las figuras importantes, hablar de Bergoglio no remite solo al Papa que fue, sino al país que somos. Al tiempo que habitamos y a lo que estamos dispuestos —o no— a construir.

La consigna es un poco atípica en estos tiempos. La época tiende al ruido y al bait. Parecería que hay poco espacio para la conversación, y menos para las preguntas abiertas.

Pero toda inquietud anhela la calma. Tras la muerte de Francisco, un sacudón atraviesa no solo a los católicos, sino a todos los que buscan sentido en este presente deshilachado. Federico Berardi es uno de ellos.

Militante de Encuentro Peronista, padre de familia, director de Redes Comunitarias de la Provincia de Buenos Aires y laico delegado en la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina, Berardi es una versión original, sin cosplay, del revival Dios, Patria y Familia que atraviesa el justicialismo.

Su recorrido lo ubica en un lugar atípico. Formado en la parroquia San Bernardo -la del Cristo de la Mano Rota del Adán Buenosayres- trató a Francisco cuando todavía era Jorge. Cuando la estridencia de las redes y la visita obligada a Santa Marta, vuelta ya fetiche, como si se tratara del Coliseo o la Fontana di Trevi, eran cosas que ni el más delirante podía imaginar.

En la primera década de los 2000, Bergoglio y Berardi se conocieron por el trabajo pastoral. El joven habló por primera vez con el obispo porteño a raíz de una situación que atravesaba entonces la fundación Locos Bajitos, que aquel había armado con su amigo del colegio secundario el P. Tano Angellotti, antes de hacerse cura en La Matanza. Cuentan que de ahí surgió lo que después sería una consigna papal: “hagan lío”.

A partir de ahí, comenzaron una relación con todo el cariño -y toda la distancia- que hay entre un obispo y un miembro joven de su diócesis. Y que se continuó después, cuando uno se transformó en Obispo de Roma y otro en referente de confianza del P. Carlos Accaputo, director de la Pastoral Social de Buenos Aires.

Acaso esa historia compartida es la que le permite entender la figura del Papa argentino en una dimensión distinta. Berardi no necesita inventar anécdotas o forzar recuerdos. Conoció a Francisco antes del mito y lo piensa ahora, mientras dura el duelo.

En esta conversación, más íntima que programática, repasa con voz propia lo que muchos sienten pero pocos se animan a decir: que no alcanza con los homenajes. No se trata de apropiárselo. El verdadero desafío no es donde metemos al legado de Francisco, sino cómo ser fieles a la tarea que convocó.

"Su recorrido lo ubica en un lugar atípico. Formado en la parroquia San Bernardo -la del Cristo de la Mano Rota del Adán Buenosayres- trató a Francisco cuando todavía era Jorge. Cuando la estridencia de las redes y la visita obligada a Santa Marta, vuelta ya fetiche, como si se tratara del Coliseo o la Fontana di Trevi, eran cosas que ni el más delirante podía imaginar."

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La primera pregunta es la que da nombre a este dossier. ¿Qué hacemos con Francisco?

Dejame darle una vuelta. Para mí, la pregunta central es ¿qué hacemos con nosotros, ahora que no está Francisco? ¿Cómo trabajamos con su obra y su pensamiento, sin su presencia, sin su conducción? Francisco, desde el punto de vista de su obra, gestos y pensamiento consolidó los mejores cimientos de la Iglesia y dejó marcada la huella en el camino para seguir. Francisco hizo mucho en nosotros. Eso es su legado. La cuestión ahora es qué hacemos nosotros con él… ¿Qué hacemos con Francisco? Nos hacemos cargo. Me parece linda esa imagen de Ignacio Ellacuría, el jesuita asesinado en El Salvador a fines de los 80: hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad. En este caso de Francisco.

¿Quién fue Francisco?

Primero y principal, fue un hombre de Dios.

Algo que a veces se deja de lado…

Sí. Francisco fue, en primer lugar, un religioso, entendiendo a la religión por su definición: lo que liga, lo que ata, lo que vincula a los hombres con Dios. Y por ese llamado, se transformó en el mayor liderazgo universal contemporáneo. Desde ahí supo construir una agenda hablando de tres temas medulares que tomó de San Francisco de Asís, a quien honró al elegir su mismo nombre: los pobres, la paz y la fraternidad. Y no solo entre el género humano sino con toda la creación. Pero también tuvo una tercera dimensión: fue uno de nosotros. Pienso en su costado estrictamente humano. Fue hijo, hermano, nieto, amigo. Fue un nene, un joven y luego un hombre, de su barrio, de su ciudad, de su Patria. Eso moldeó su corazón y configuró la forma en que luego lideró la Iglesia. Me tocó participar desde la Pastoral Social en la elaboración de un libro suyo llamado “Nosotros como ciudadanos, nosotros como pueblo”, que recomiendo. Porque ahí el Jorge que después sería Francisco ya planteaba todo esto. Fue impresionante verlo universalizado en Evangelli Gaudium cuando se refiere al gusto espiritual de ser pueblo.

Vos decías recién “tomemos a todo Francisco”. ¿Qué significa eso?

Lo que la frase misma nos dice. Francisco habló mucho con sus palabras, mucho, muchísimo pero  también con sus gestos. Es muy linda la imagen que usa Francisco en un mensaje a universidades, para que no queden solo en la instrucción académica: se educa en la armonía de los tres lenguajes, el de la cabeza, el de las manos y el del corazón. Para que uno piense, haga y sienta en una misma sintonía y dirección. Y en ese sentido hay un gesto suyo que fue el que más me impactó, y que nos permite entender todas las dimensiones de su Papado. Fue el de la noche de la pandemia, y digo noche porque era de noche en San Pedro, pero también era La Noche de la humanidad, en ese contexto de miedo. Y Francisco se mostró como un hombre común que se puso al frente de la humanidad, intercediendo ante Dios. Ese gesto, tal vez por la dramática incertidumbre del Covid, fue para mí de una contundencia absoluta. De hecho, él me regaló un libro unos años después, en el que está esa imagen en la tapa. Y le conté que esa foto a mí, ¿viste?, me apretó acá en el pecho, y le pude agradecer y en ese momento hablando sobre la esperanza me dijo que, por ese día 27 de marzo, había iniciativas por declararlo el día mundial de la Esperanza. Cosa que efectivamente sucedió.

¿Qué se hace con un tipo capaz de gestos así?

El  “hacer” es un verbo, es el verbo por antonomasia, porque nos pone en acción. Es bueno en este punto detenerse en un principio de la filosofía que nos dice “toda acción supone una reflexión”.  En los primeros días luego de su partida hubo acciones de todo tipo. No hubo ríos de tinta pero sí teclados gastados. Hubo artículos, notas, testimonios, posteos. Se habló en canales de streaming, podcast, televisión y series en plataformas. Obviamente, hubo misas y celebraciones religiosas. También movilizaciones populares, homenajes en instituciones, jornadas solidarias, caravanas y cualquier tipo de expresión popular. Que esto haya pasado, que pase ahora y que siga pasando a futuro, no solo es natural, sino que es lo correcto. Porque Francisco es el Papa de todos, no se lo encorseta. No hay franquicias, ni aduanas. Como la fe, que es de todos… él fue el Padre de todos. Pero no es lo único que tiene que pasar.

¿Qué debería pasar?

No quiero que caer en purismos. En eso para mí el pueblo es como el agua del río, que busca su cauce. Lo que yo quisiera señalar es que eso no se puede hacer un Francisco a la carta.

¿Con Francisco a la carta, te referís a cierta utilización sobre su figura…?

A los que se cuelgan de su sotana, y valga la imagen. Hay una especie de entronización suya como cosa pop, como recorte funcional. Parece que muchos quisieran armar “La Jorge Mario”. Es, más que una organización, un modus operandi. La pueden integrar curas y obispos hasta tipos que se hicieron católicos hace poco, gracias a él, tipos que se pusieron el rosario cuando vieron a algún dirigente usarlo. Es algo que termina achicando la discusión, en el doble sentido: la simplifica, y también nos aísla. Ojo, no se trata de hacer purismo o de señalar con el dedo. No soy para nada sectario ni excluyente. Pero sí me pongo exigente con quienes desde lugares de autoridad o representación lo cosifican, fetichizan, hacen decir a Francisco lo que les resuelve tácticamente a ellos. Creo que de esa manera lo fueron achicando y hasta hicieron daño porque lo situaron en la lógica pendular.

"Hay una especie de entronización suya como cosa pop, como recorte funcional. Parece que muchos quisieran armar “La Jorge Mario”. Es, más que una organización, un modus operandi. La pueden integrar curas y obispos hasta tipos que se hicieron católicos hace poco, gracias a él, tipos que se pusieron el rosario cuando vieron a algún dirigente usarlo. Es algo que termina achicando la discusión"

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 La Jorge Mario vuelve a Francisco un santo laico…

Y es clave discutirle eso. Porque no puede ser que lo transformemos en el santo de los progres, o el Papa peronista. Me cago de risa con eso, lo festejo, me gusta esa liturgia, pero creo que si pensamos seriamente qué hacemos con Francisco, qué hacemos con la Iglesia, qué hacemos con la Argentina, y lo primero que se nos ocurre es ponerle su nombre a una jornada solidaria de nuestra orga, sonamos. No hay que tirar la liturgia ni los afectos. Al contrario: hay que cuidarlos de volverse forma vacía. Lo que menos necesitamos es otra estampita.

Si no se vuelve algo anérgico.

¡Claro! Como si tenés una vela y además de usarla para rezar o iluminar, la querés usar para cocinar, calentar el agua. Consumís más de lo que producís, y como peronistas, por doctrina y también por experiencia histórica, sabemos que eso es un error. No se puede exprimir un símbolo hasta vaciarlo, ni quedarse quieto con lo que ya se tiene. Es una de las cosas que nos enseña la Parábola de los Talentos.

¿Cómo sería ese ejemplo?

Un señor, antes de irse de viaje, le da a cada uno de sus siervos algunas monedas. Al volver, les pregunta qué hicieron con ellas. El que las invirtió, el que las usó para multiplicar la fortuna del señor, es recompensa. Pero el que las enterró en un pozo para que nadie las robe, mirá qué imagen dio Cristo, no sólo es llamado perezoso o cobarde: es llamado injusto. Porque no usó lo que se le dio. Y eso es clave para pensar qué hacemos con lo que fue Francisco: ¿lo enterramos como reliquia o lo hacemos rendir como semilla? No hay que ser erudito ni sobregirar en estudios que tengan la respuesta. Es más bien captar el sentido de la pregunta. El dicho popular dice que “sabio no es el que sabe la respuesta sino el que entiende la pregunta”. 

Francisco, sin ser él mismo un teólogo ni un intelectual, reivindicó siempre esa tarea, la de captar el sentido de las cosas. ¿Hay una teología francisquista?

Más que teología francisquista, yo diría que hubo un estilo, un modo. Una forma de ser Pastor de una Iglesia que primero es pueblo de Dios y luego institución. Primero la vida, después la estructura. Y en cuanto a la teología, claro, él es parte de la Teología del Pueblo, a la que le imprimió su estilo, pero en rigor no es suya. Es la de la Iglesia. Si sos honesto intelectualmente, tenés que decir “bueno che pará, Juan Pablo II dijo cosas similares”. Y Benedicto también, y Pablo VI, que para mí fue con el que Francisco más hace enlace, y todos los demás, hasta el propio León XIII que denuncia la cuestión social de los obreros al calor de la revolución industrial.

León XIII fue el que concibió la Doctrina Social de la Iglesia…

El nuevo Papa, al elegir ese nombre, trae desde el fondo de la historia esa discusión. Y así se puede ver la síntesis y el desarrollo bajo una matriz, en la cual, repito, Bergoglio supo, en una misma jugada, universalizar y simplificar. Contagiar con la pedagogía de la simpleza. La Doctrina Social es central en el pensamiento católico, y en nuestra práctica como militantes.

¿Tal cual como está? ¿Hay algo que discutir o actualizar?

Claro que sí. Hoy el mundo está ante escenarios dramáticos, que se abren a la nada o a la esperanza, y necesita nuestra creatividad. Pero para que esta brille, hay que saber qué pasó antes. Mirá, por ejemplo, los gremios en Argentina tienen un legado anarquista, que está muy reivindicado y analizado, es algo que todo el mundo sabe. Pero es sólo un pedazo de la historia. Los sindicatos vienen también de un origen católico popular, a través de los Círculos Católicos Obreros, ¡que empezaron en 1892!  El núcleo de ideas fundantes de la CGT, y del peronismo, tienen más que ver con la Iglesia de lo que parece a simple vista. Básicamente por la búsqueda de valores permanentes como la solidaridad, la justicia y el trabajo.

¿Entonces hay que hacer del peronismo un partido católico?

No. Todo lo contrario.  “A Dios lo que es de Dios y al César lo del César”. Hay que hacer peronismo. Son cuestiones de naturaleza y dinámica distinta. Pero se tocan en un vértice cultural. Y ahí puede coincidir con el catolicismo, aunque seas budista o agnóstico. Por eso en el caso nuestro, tenemos nuestra organización política Encuentro Peronista y no hacemos una barricada desde la sacristía. Si no volvemos a la Jorge Mario, a las fronteras difusas. El clericalismo es un reduccionismo, que también hace daño. Es añorar la Revolución del 43 en vez de soñar con un nuevo Octubre del 45.

Mencionas el 17 de octubre, y es imposible no pensarlo: ¿cómo fue la relación que tenía Francisco con la masa?

Hagamos un ejercicio. Cerrá los ojos. Imaginate una foto de Francisco, cualquiera. Seguro está con alguien más. Siempre estaba con alguien, siempre rodeado de gente. El inicio y el cierre de su pontificado conforman una gran parábola donde, al dar comienzo pide al pueblo que lo bendiga y al concluir vuelve al pueblo de esa misma plaza San Pedro para despedirse. Él hablaba de Iglesia en salida. De que necesitamos menos clericalismo y más misericordia. Menos administradores de lo religioso y más testimonio de Fe involucrada a la realidad, en la realidad. Una Iglesia que sufra heridas por salir, antes que una iglesia enferma por el encierro. Eso lo define: un hombre situado con su pueblo.

"Por eso en el caso nuestro, tenemos nuestra organización política Encuentro Peronista y no hacemos una barricada desde la sacristía. Si no volvemos a la Jorge Mario, a las fronteras difusas. El clericalismo es un reduccionismo, que también hace daño. Es añorar la Revolución del 43 en vez de soñar con un nuevo Octubre del 45."

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Algo que se ve en la famosa frase “pastores con olor a oveja”.

Claro, es una metáfora que habla por sí solas. Es  un modo de humanidad, de cercanía y de abrazo para la comprensión de las dinámicas culturales y los dramas sociales, donde la Fe tiene mucho para decir. Francisco le agrega ese estilo… tan suyo, pero lo que hace es seguir ahondando la senda del Concilio Vaticano II. Una Iglesia de puertas abiertas, más humana. Y es espectacular cómo lo resume en lo de pastores con olor a oveja. Los liderazgos que dejan huella tienen eso, con una frase ¡pac! dan en el punto justo. Francisco tuvo mucha capacidad de síntesis, muy buena labia. Algo por otro lado bien porteño, y también muy de Cristo, que siempre hablaba en parábolas. Pedagogía de la simpleza, picardía, sabiduría. Te señalaba algo y vos decías, claro, era eso.

¿Qué señalaba Francisco?

Hablaba de la dignidad del hombre, y del Reino de Dios. Y lo hacía bajando línea, cuando había que bajarla, pero también, y es lo que me parece más interesante, dándonos las herramientas para que nosotros la construyamos. Eso, por ejemplo, son los cuatros principios que nombra en Evangelii Gaudium.

El tiempo es superior al espacio…”

Francisco propone a ese y a los otros tres principios de Evangelii Gaudium como principios de acción política. Se lo escuche personalmente. Son clave hoy, porque la práctica política en Argentina ha caído en un desprestigio generalizado. El propio presidente dice expresamente que es un topo que vino a destruir el Estado que conduce. A veces uno se acostumbra a las cosas y las deja pasar, pero… Que este señor esté ahí, que esto haya ocurrido, nos tiene que abrir necesariamente a la conclusión de que los cuatro principios no fueron tenidos en cuenta. Qué hacemos con Francisco, lo podemos discutir. Lo que tenemos que acordar es que hubo mucho que no hicimos.

"No podemos aferrarnos a ideas que en todo caso describen la realidad, la comentan desde tuiter, desde el streaming o desde una banca, pero no la tocan ni la transforman. Un funcionariado sin sentido de territorialidad geográfica sectorial o existencial. A los profesionales de la política se los llevó puestos la realidad"

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¿Cómo qué?

Mirá, lo hago por la negativa, una especie de leninismo al revés, el Qué No Hacer, porque justamente fue esto lo que pasó: no hicimos un montón de cosas, e hicimos otras muy dañinas. No podemos permitirnos caer nuevamente en el conflicto como lugar permanente, como método para la práctica política. No podemos permitirnos otra vez conductas que no concilien con la unidad. Eso es la unidad es superior al conflicto. No se puede pretender otra vez la exclusividad excluyente de una sector que con una adolescencia tardía pone en jaque el destino del todo que es la Patria: el todo es más que la parte. No podemos aferrarnos a ideas que en todo caso describen la realidad, la comentan desde tuiter, desde el streaming o desde una banca, pero no la tocan ni la transforman. Un funcionariado sin sentido de territorialidad geográfica sectorial o existencial. Ahí entra la noción de que la realidad es más que la idea. A los profesionales de la política se los llevó puestos la realidad. Y tampoco podemos permitir otra vez la búsqueda descarnada de conquistar espacios de poder para el aplauso de los microclimas militantes autocomplacientes pero que se ocupan sin una mirada de temporalidad, en la cual se inicien procesos fecundos, con planificación programática y  que se consolidan echando raíces en una comunidad organizada que los apropia. El tiempo, los proyectos, por sobre los espacios.

Francisco nos dio todas esas herramientas. Pero ahora no está. Volviendo al planteo que hacías al principio, ¿qué hacemos ahora que no está Francisco?

Y, la tenemos complicada. Porque, aunque es muy reciente su partida, cada día caemos en la cuenta de una cosa nueva que él sostenía con su presencia, y por ahí dábamos por descontada. Desde que murió Francisco, la Tercera Guerra Mundial, que él anunciaba que se estaba dando en cuotas, pasó al contado, taca taca. Vemos un recrudecimiento contra los migrantes, y la respuesta a ello en las calles de Los Ángeles, donde de a ratos parece que reina la anomia. Acá en Argentina vemos un aumento exponencial de la crueldad, de la pelea como método de acción política. Y esa voluntad beligerante sin sentido está en ambos lados de la grieta, es cierto, pero no podemos dejar de distinguir responsabilidades. Si el presidente insulta a un nene con autismo, y si la figura más fuerte del partido mayoritario de la oposición anuncia su candidatura y a la semana la encarcelan… Qué querés. Es muy difícil.

¿Así no se puede?

Vamos a tener que poder, de alguna manera, mantener la templanza y la esperanza. Con la sabiduría premonitoria del que presiente su partida, Francisco abrió las puertas del año santo convocando al Jubileo de la Esperanza. Nos convocó a confiar, pero también a organizar la esperanza. En su último libro, el Papa se detenía a reflexionar sobre el verbo “esperar”. Decía que reúne dos significados: esperar como detenerse, aguardar. Y esperar como desear, soñar. La Argentina en general espera. La cultura política espera. El movimiento nacional justicialista espera. Esperamos en dos sentidos: Aguardamos y soñamos.

¿Qué esperamos?

Esperamos la Argentina medular que ponga fin a la Argentina pendular. Pienso en la adaptación criolla de la frase de Von Clausewitz de que “la guerra es la continuación de la política por otros medios” … Parece que en nuestro país nos quieren acostumbrar a que “la grieta sea la continuación de la política por otros medios” y esa gestualidad de grieta alimenta la lógica pendular. Necesitamos héroes, no mártires. Dejar atrás la Argentina pendular con los gestos de la Argentina medular que son el trabajo, la producción, la familia, la educación, las Malvinas, el territorio, Francisco, la fe, la inflación controlada, la educación de calidad… Y, así en lo que hace a Francisco me interesa más preguntarme qué hacemos mientras esperamos. Como el libro de Scalabrini Ortiz.  Como cuando veíamos a Francisco caminar solo en la Plaza esa noche que te decía. Cuando nos preguntamos ¿qué hacemos nosotros? ya estamos poniéndonos en movimiento. En ambos planos y en ambos sentidos de la palabra espera, esperamos que el legado de Francisco deje de ser semilla.

Dossier ¿Qué hacemos con Francisco?