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EUROPA MARCA SU RUMBO

Tiempo de lectura: 4 minutos

Estas elecciones parlamentarias europeas no definen solamente un reparto de bancas sino el rumbo de Europa en los próximos años. La inestabilidad del orden global y las fuerzas ultraderechistas en ascenso hacen que estos comicios sean vistos como los más trascendentes desde 1979, año en que las elecciones al parlamento europeo empezaron a definirse por sufragio universal y directo. Las fuerzas de derecha tradicional, pero también la centroizquierda, han planteado esta campaña como una cuestión de supervivencia para la integración tal cual se conoce hasta el momento.

En esta oportunidad los 27 Estados miembros eligen un total de 720 diputados y se rigen por la normativa electoral de cada país. Algunos empezaron a votar el pasado 6 de junio; el domingo 9 será el último día para hacerlo. La cantidad de miembros que se eligen por país es proporcional a la cantidad de ciudadanos. Los países más pequeños tienen un piso de seis, como es el caso de Malta, Chipre y Luxemburgo y los más grandes como Alemania no pueden superar los 96 escaños.

El Parlamento Europeo tiene como funciones más importantes desarrollar las leyes comunitarias y aprobar los presupuestos. Una vez que asumen sus bancas los diputados tienen que elegir al presidente de la Comisión Europea. El presidente (o presidenta) es propuesto por los jefes de Estado de los 27 miembros de la UE, teniendo en cuenta los resultados electorales, se propone a un candidato del espacio político más votado que después debe ser ratificado con la aprobación de una mayoría absoluta en el Parlamento.

Los temas que dominan la agenda de esta elección son la inmigración, la seguridad y la defensa, y el cambio climático

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Algo que caracteriza a estas elecciones es la baja participación, en los comicios de 2019 sólo cerca de un 50% de los votantes acudió a las urnas, suele haber mayor participación cuando las elecciones europeas coinciden con las nacionales.

La gran mayoría de los ciudadanos no conoce en profundidad el funcionamiento de las instituciones de la Unión Europea y cómo afecta en su día a día las decisiones que se toman en el Parlamento, no obstante, una encuesta de Eurobarómetro refleja que el 49% de los europeos tiene confianza en la UE pero cree que va en la dirección equivocada. Los temas que dominan la agenda de esta elección son la inmigración, la seguridad y la defensa, y el cambio climático.

Con los resultados de 2019 el parlamento europeo quedó conformado por siete “familias” políticas, unidas por su afinidad ideológica. El bloque más numeroso es el del Partido Popular Europeo (conocidos como “los populares”), tiene 176 escaños, está formado por partidos de derecha y centroderecha, el bloque lo lidera la CDU (Unión Demócrata Cristiana de Alemania) que busca la reelección de la alemana Úrsula Von Der Leyer como presidenta de la Comisión Europea. Para formar un grupo político es necesario tener un piso de 23 miembros, y en cada grupo deben estar representados al menos una cuarta parte de los estados.

Durante su gestión Von Der Leyer, cosechó descontento dentro de su partido por su cercanía con sectores liberales y verdes. Uno de sus principales “hitos” fue un nuevo pacto migratorio que no conformó a nadie. La extrema derecha sostuvo que no era lo suficientemente duro y la izquierda, y hasta sectores de centro, sostuvieron que lejos de solucionar el tema migratorio consideraron que el nuevo pacto vulnera, aún más, los derechos de los migrantes. El “pacto verde” fue otra de sus banderas, un plan que aspiraba a transformar al continente europeo en el primero del planeta en alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 y tomar medidas para detener la reducción de la biodiversidad. Algo que tampoco funcionó del todo bien.

Los ultras buscan pescar votos en la “pecera” de los populares, en aquellos sectores descontentos con la derecha tradicional por cuestiones como la inmigración y los problemas económicos producto de la guerra en Ucrania

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La segunda fuerza del Parlamento es la Alianza de Progresistas y Demócratas que cuenta con 139 bancas, formado por la centroizquieda: los partidos socialistas de España, Italia, Francia y Portugal, entre otros. Llevan como candidato a presidir la Comisión Europea a Nicolas Scmidht, que actualmente es el comisario de empleo y criticó públicamente los pactos migratorios con Túnez y Egipto promovidos por Von Der Leyer, a la vez que le acusa de normalizar a la ultraderecha, asumiendo parte de su discurso.

Un tercer bloque lo conforma Renew Europe, tiene 102 escaños y nuclea a liberales y europeístas, de este espacio político forma parte el partido Renaissance, vinculado a La República en Marcha de Emmanuel Macron, Italia Viva, el Partido Demócrata Libre alemán y el -casi extinguido-, español Ciudadanos.

También forman parte del parlamento el grupo de Los Verdes, al que aspira a sumarse el español Sumar que actualmente no tiene representación; los conservadores nacionalistas agrupados en ECR liderados por Georgia Meloni en sociedad con VOX; la ultra derecha euroescéptica agrupada en “Identidad y Democracia” conformado La Liga italiana y la Agrupación Nacional de Marine Le Pen; por último, el Grupo Confederal de Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Nórdica que nuclea a partidos de izquierdas,moderados, como Podemos, Izquierda Unida, Bildu, Die Linke (Alemania), Partido Comunista Portugués, Syriza (Grecia) y la Francia Insumisa, entre otros.

Los ultras buscan pescar votos en la “pecera” de los populares, en aquellos sectores descontentos con la derecha tradicional por cuestiones como la inmigración y los problemas económicos producto de la guerra en Ucrania. Es inevitable que las elecciones regionales sean también un termómetro de las fuerzas políticas a nivel nacional y que la agenda de campaña esté, muchas veces, dominada por temas domésticos.

Si bien las encuestas vaticinan un nuevo triunfo de los populares como el grupo mayoritario también auguran un crecimiento de hasta el 3% de los grupos  ultraderechistas. Esto guarda relación con las elecciones nacionales donde casi 1 de cada 5 europeos votó por opciones de ultraderecha. La familia de la extrema derecha es diversa y está desunida, la alianza ECR no quiere salir del espacio comunitario, sino transformarlo desde adentro. Un sector de la familia de los populares, incluso la misma Von Der Layan, ve posible la colaboración con estos grupos ultras a los cuales considera pro-europeos.

Si los diferentes grupos de ultraderecha logran zanjar sus diferencias y conformar un único bloque podrían disputar el tercer lugar y dejar atrás a las otras familias europeas. La estrategia de los ultraderechistas viene siendo hacer “buena letra” en Europa, y seguir fomentando sus políticas más conservadoras en el ámbito nacional.

La Alianza de Progresistas y Demócratas ve con preocupación que se rompa el cordón sanitario a la ultraderecha que hasta ahora se mantuvo en las instituciones europeas. El lugar que tendrán los grupos euroescépticos en el corazón del proyecto europeo será proporcional a la fuerza y voluntad política que tengan para resistir los partidos conservadores tradicionales.