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01 de julio 2024

Felipe Solá

ENTREVISTA AL HOMBRE

Tiempo de lectura: 6 minutos

Peronista viejo: ¡Que emoción encontrarlo, General! Hace 50 años lo vimos en la Plaza. Fue la última vez, y recuerdo su denuncia de ese día, que ha quedado detrás de su inolvidable frase de despedida. Solo puedo decirle que yo llevo en mis retinas su imagen con el gaban de cuello oscuro. Para siempre.

General Perón: Bueno, gracias m’hijo. Nos estaban boicoteando el Pacto remarcando precios y desabasteciendo a la población. Siempre he sostenido que el agio y la especulación deben ser detenidos con la organización del Pueblo. Pero para eso ha de darse poder al Pueblo desde el gobierno; y ese gobierno debe servirlo como prioridad.

PV: Ese método está completamente desechado hoy, General. Frente a la inflación, el poder político solo tiene para ofrecer políticas monetarias restrictivas mientras trata de generar confianza en los poderosos, que son quienes remarcan. Los gobiernos corren de atrás a los precios.

General: Inflación, es decir baja de salarios, carestía, caída del consumo, empobrecimiento, recesión y finalmente desempleo. Las políticas de mis enemigos durante 18 años. Hay que encarnar la palabra inflación, porque en la Argentina se usa para darle un sentido entre azaroso e inevitable, cuando se trata de la actitud deliberada de subir los precios por parte de los monopolios y de su imitación inmediata por parte de toda la cadena posterior a la salida de los bienes. Obviamente, lo hacen los que pueden, las más de las veces por si acaso, adelantándose a lo que suponen que vendrá. Hay que des ocultarlos ante los consumidores, con nombre y apellido, tener información confiable previa, conocer los circuitos y quienes encabezan las subas. Ahora, si los gobiernos no quieren saber, o tienen miedo de enfrentarlos, tampoco llegarán nunca a negociar una solución con la fuerza del Estado detrás. Es decir, una concertación, un acuerdo con los que remarcan, sentándolos frente a las organizaciones que nacieron para defender a los trabajadores, a los más vulnerables. Eso hicimos con el Pacto Social en el 73.

Le repetiré lo que escribí en el 46. Hay horas en la vida de los pueblos como en la de los hombres en que la oscuridad lo envuelve todo

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PV: Los gobiernos no tienen fuerza, o directamente, como sucede en este tiempo, plantean una reducción del Estado. En especial de su capacidad de regular cualquier acto económico. Vivimos algo impensable hasta ahora. Un presidente que pretende aplicar las teorías de la escuela austríaca ultraliberal y que se llama a sí mismo anarcocapitalista. Ataca la estructura social que viene desde los años peronistas, los sindicatos, las nuevas organizaciones sociales, que representan al mundo informal, y llama casta a los dirigentes políticos.

General: Esto del Estado ha de entenderse bien. Si no hay un Pueblo atrás, convencido de su utilidad, y hablo de mayorías por supuesto, el Estado queda a merced de las ideologías. Unos insisten en destruirlo, vieja aspiración de la oligarquía, y otros quieren transformarlo en facción, en un partido único fundamentado en su apropiación. Y si hablamos del Estado, piensen primero para qué y actuemos en consecuencia. Sin puentes con la masa, seguirán con un Estado desprestigiado, tomado por una parte y no al servicio del todo. Diseñen un Estado para muchos años.

PV: Como Usted sabrá, General, en este medio siglo el cambio tecnológico ha parido una sociedad con comportamientos completamente opuestos a los de su tiempo en muchos aspectos. Se derrumbó el bienestar y estallaron las expectativas de las personas sin que el confort pudiera reemplazar ese vacío.

General: Yo veía venir una tendencia a la creación de minorías muy ricas y mayorías cada vez más pobres. Cuando dije que a nuestros países latinoamericanos “los van a tomar por teléfono” aludí a la fenomenal potencia que la concentración tecnológica del Norte podía llegar a acumular. Primero abandonaron las formas clásicas del imperialismo, después nos desmembraron como subcontinente y ahora buscan controlar los recursos no renovables, sin los cuales no podrían seguir. Ahora, ¿que hicimos nosotros? ¿Cuándo nos distrajimos tanto? Hay que mirar para adentro con dos premisas: realismo y unidad. Lo demás son palabras al viento.

PV: Hay muchas teorías sobre el individualismo actual, y pareciera que estamos cada vez más lejos de la Comunidad Organizada. La política está cuestionada, obviamente, y el lenguaje que usábamos como herramienta parece ser del siglo 20. Atrasa y ya no sirve. Las palabras tienen poco peso y todo parece pasar sin conmover demasiado. ¿Será así para siempre, General?

General: En el mundo hay un caos en el pensamiento. Ya no se lo delega en los que se prepararon para eso. En mis años, interpretaban ellos y la gente los respetaba. Me dicen que ahora, frente a una opinión aparecen un millón de opiniones en sentido contrario, y todas distintas. En el caos no hay libertad, porque la libertad, la felicidad del Pueblo, son conquistas colectivas que requieren de un diagnóstico simple, compartido, imposible en el desorden. No seamos zonzos, en el caos hay ganadores y podemos estar seguros de que pierde el Pueblo.

PV: ¿En este caos es imposible ir hacia objetivos de independencia, soberanía, justicia social? ¿Qué viene entonces, General?

General: Lo primero es no dejarse ganar por el caos del pensamiento, por el abandono que parece haber de la conciencia de comunidad. Algo se está gestando. Siempre se está gestando algo en el subsuelo. La cuestión es quién lo va a organizar, para qué lado, ¿verdad? 

Y aquí quiero decirle dos cosas, m’hijo. La primera es que no me busque como historiador del pasado ni como adivino del futuro. He sido más bien un organizador del presente, de la realidad que encuentro, y siempre he tratado de hacerlo para el bien del Pueblo, que son las personas, de la Nación, que es nuestra permanencia y nuestra historia y de la Patria, que es nuestro territorio real, donde nacimos y estamos, la Argentina. La Comunidad Organizada no es un objetivo distante. Es una organización del presente que busca que el Pueblo sea el protagonista, que encuentre el acuerdo, el sentido de la vida en común, para ser más libre, colectivamente. No hay un hombre solitario independiente, como no hay persona si se está solo y aislado. La segunda, es que la concertación social planteada sin construcción previa de poder es fácilmente saboteable. Ojo con los empresarios que dicen que sí a las paritarias, pero después salen a subir los precios usando excusas como la productividad, cuando ni la han medido con exactitud. Cuando triunfan aquellos que apuestan a la igualdad, aparecen las denuncias de corrupción, la mafia judicial, los manejos de la prensa canalla y la desestabilización al final. Y regresan la oligarquía y la entrega, y ahora hasta con el voto. Primero se destruye la posibilidad real de la igualdad y luego llegan la inflación y el endeudamiento externo. Con este panorama no bastan las buenas intenciones ni los votos. Es el poder.

Lo militar lo fui dejando atrás después de ver cómo morían 70 millones de personas en 30 años, que es un ratito en la historia, por culpa de la lucha por los recursos y el convencimiento de las ideologías que les prometían a los hombres un destino al que nunca se llegaba, pero por el que había que morir

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PV: Han surgido fenómenos muy contundentes que marcan estos años, General. El feminismo, por ejemplo, llega con una gran intensidad. La igualdad adentro y afuera. La igualdad total.

General: La igualdad de los géneros es una forma de hacer justicia en lo privado y en lo social que tenía que venir. Debemos recibirla desde esa mirada, la de la reparación. Debe ser un inmenso aporte a la agregación, a la construcción de la comunidad. Sé que algunos compañeros se asustan cuando el feminismo es violento y anárquico. Pero que piensen que han pasado milenios de opresión de las mujeres y afirmación del machismo. Y que sepan también que es común que ese machismo en el que fuimos educados siga estando dentro de

ellos. Ese supuesto derecho a ser más fuertes, sobre todo en lo público. Me emociono cuando recuerdo a Eva luchando por la igualdad, dándoles el voto a las mujeres, haciéndolas sentir fuertes. Además, creo que coincidirá conmigo en que cuando las papas queman, suelen ser ellas las que tardan más en acobardarse.

PV: General, Usted ha sido un enorme Conductor. Nos previno sobre la destrucción ambiental a la que íbamos y seguimos yendo; nos dijo que en el 2000 estaríamos unidos o dominados y que nos iban a tomar por teléfono. No me diga que no vio el futuro.

General: Puede ser. Siempre he estudiado, y en especial estrategia, pero estrategia para los pueblos. Lo militar lo fui dejando atrás después de ver cómo morían 70 millones de personas en 30 años, que es un ratito en la historia, por culpa de la lucha por los recursos y el convencimiento de las ideologías que les prometían a los hombres un destino al que nunca se llegaba, pero por el que había que morir. ¿O qué pasó entre 1914 y 1944 en Occidente? De los 21 hasta los 51 años, yo me formé viendo el horror mundial y la entrega como constante en mi país. Por eso pensé en una doctrina que superara las ideologías y encontrara soluciones. Para que se convirtiera en una práctica argentina, pero con un contenido universal. Y para eso busqué y construí el mayor poder político y social posible en una nación dominada por la oligarquía y su necesidad de impedir lo comunitario.

PV: Es todo tan distinto hoy, General. No se concibe una sociedad, una comunidad de intereses y emociones. Los que estudian deconstruyen, segmentan, descreen de toda posibilidad de unidad popular y presentan la democracia en estos tiempos digitales como un sistema desangelado donde todo es posible menos la felicidad colectiva.

General: Le repetiré lo que escribí en el 46. Hay horas en la vida de los pueblos como en la de los hombres en que la oscuridad lo envuelve todo. Parecería que al conjuro de la maldición bíblica se malograsen hasta los anhelos más nobles y las inspiraciones más santas. Son las horas de prueba a que Dios nos somete, de las que solo emergen los que fortalecieron sus almas en la Fe: esencia divina capaz de remover las montañas, realizar acciones inverosímiles y de llegar a convertir los sueños en realidad. ¿Acaso no está Francisco en Roma?