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28 de enero 2024

Lorena Álvarez

EL VERANO DE MILEI

Tiempo de lectura: 7 minutos

Uno

Playa, sol, gente distendida, mates, unos churros y el primer verano mileista. Varios días en la costa argentina, en un lugar al que no suelo ir (me invitaron ya que este año no tenía miras de vacaciones) y de paso la oportunidad de observar a una clase media con algo de espalda mientras se asolea. La gente de bien en ojotas. Además, con el atractivo de este verano, donde todos tironean sobre el éxito o fracaso de la temporada mediante recortes de fotos, intentando sostener la idea de que estamos bien o mal según cuantas sombrillas se contabilizan. Algo tan difícil como que no volvamos con dos kilos de más de las vacaciones.

De paso y para ahondar sobre uno de los grandes tabúes nacionales: la plata. La que se ahorra, se guarda, se usa para disfrute o se encanuta. Y tal vez nada mejor que las vacaciones para observar qué se hace con la plata. El dinero, tema que abordaron alguna vez Tamara Tenembaum y Martín Rodríguez en dos muy buenos y disímiles textos. Es que nadie habla abiertamente de su plata, de su economía personal, al menos fuera de su círculo más íntimo.

El recato hacia ese tema puede romperse quizás a la hora de alguna compra grande ya consumada o en reuniones entre gente de confianza donde tirar números puede ser un buen gancho para dar una imagen respetable. El resto del tiempo de eso no se habla. Se dice mucho en genérico, ya que la economía en este país es un temazo y atraviesa todo tipo de conversaciones, pero, así todo, pocas veces se comenta lo personal. Lo que se gana, lo que se junta, lo que se ahorra, lo que se debe. A lo sumo se comenta lo que se gasta en los menesteres corrientes. Incluso hablar del sueldo es un tema difícil de compartir. Entre el cuidado, por temor a la inseguridad, y el pudor, ya que aún hay personas que no comen delante de los pobres y otras a las que les cuesta confesar sus raídos bolsillos.

Pepe, viejo lobo de mar de la política, chicaneó a una de las jovencitas sobre si pagaban todos sus impuestos. A lo que la chica rauda y aceitadísima, le respondió: “¿para qué?, ¿para qué se lo gasten ustedes?”

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Quizás el show de la exposición sobre el éxito económico sea algo de las nuevas generaciones, pero también hay que diferenciar el exhibicionismo, que desde hace décadas domina la escena, y ahora de manera exacerbada con las redes sociales actuando de vidriera, al hecho de contar taca taca la que se tiene, a rasgos generales es el secreto mejor guardado de la mayoría de las familias. Se prefiere contar en público una humillante infidelidad dentro del matrimonio antes que comentar el “canuto”.

En un verano donde una parte de la clase media come empanadas, cual personaje de Luis Brandoni en “Esperando la carroza”, preocupada por la pobreza mientras agita números altísimos de la misma, se puede intuir, asimismo, que están dispuestos a bancar la aventura económica mileista, que a simple vista no tiene ni pies ni cabeza y va a sumar cada vez más pobres, con tal de confirmar que han tenido razón a la hora del sufragio. Tal vez esa porción que detesta todo lo que huela a pasado reciente es capaz de sostener económicamente con sus ahorros estos primeros tiempos.

Algo inaudito en términos políticos. Los votantes ya no sólo están bancando de palabra a un candidato, sino sosteniendo la esperanza sobre un presidente electo que agitó una motosierra como símbolo de recortes. Como si durante un breve lapso la política les hablara con el corazón y ellos contestarán con el suyo. Otra de las rarezas dignas de estos tiempos que pondría rojo de envidia a Juan Carlos Pugliese, aquel ministro de economía de los tiempos inflacionarios de Alfonsín que sintetizó como nadie eso de hablar con el corazón y recibir respuestas mortales del bolsillo.

Bajo el sol tremendo de las playas, se pueden percibir ciertos ajustes mínimos en esa clase media cómoda. Por ahora sobran los protectores solares Dermaglós, que estuvieron en oferta en la cadena Farmacity y no se detectan tantos de las carísimas marcas Vichy o La Roche Posay, que supieron ser la joya de la protección para estos habitués, un recorte no demasiado grave, a esta altura de la soirée, para empezar a plantearse el error a la hora del sufragio.

Ese punto, el hasta cuándo y cuánto será el dolor que están dispuestos a padecer es la gran incógnita con un gobierno que desde el vamos fue claro en advertir que venían tiempos duros. Pero también esa dureza encuentra un límite en sectores que ya no cambian solo de marcas de bronceadores, sino quizás no coman. No siempre es bueno creer que todo pasa cerca del mar.

Se prefiere contar en público una humillante infidelidad dentro del matrimonio antes que comentar el “canuto”

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Dos

Lejos del mundanal ruido, el verano mileista también deja en claro que es muy difícil conocer a ciencia cierta cómo están constituidas las diferentes capas de la clase media. La economía informal, no hablamos del trabajo no registrado, sino el cuentapropista es uno de los misterios más interesantes a descular. Gente que hoy tiene mucho y mañana no, y que en su afán de sobrevivir con el barrani sub facturan. Monotributistas los hay y de todos los colores. El que no llega y el que le sobra y puede pasarse unas vacaciones regias en una casita de ensueño.

Así pues, en el primer escandalete de la temporada, el huevo de la serpiente quedó expuesto en apenas una respuesta. Mientras cenaban plácidamente en un restó de Cariló la diputada Victoria Tolosa Paz y su consorte, el publicista Pepe Albistur, recibieron gritos e insultos de parte de una mujer y dos adolescentes que cenaban en el mismo lugar. Mientras las comensales lanzaban todo tipo de epítetos, filmaban la escena. Pepe, viejo lobo de mar de la política, chicaneó a una de las jovencitas sobre si pagaban todos sus impuestos. A lo que la chica rauda y aceitadísima, le respondió: “¿para qué?, ¿para qué se lo gasten ustedes?”.

Quebrando la chicana y dejando expuesto dos puntos claves: la política perdiendo timming en asuntos que molestan (o le bajan el precio pensando a quién le importa los impuestos, o dónde van a parar) y el tema sobre el pago de los mismos. Uno de los puntos más atractivos en la campaña que llevó a Javier Milei al sillón de Rivadavia. Descreer de la importancia de los impuestos lo acercó a un variopinto sector del electorado. El mismo sector que quizás cuando deje el tejo y la paleta a la orillas del mar y vuelva a su cotidianeidad no se sienta tan complacido con los aumentos generalizados.

Tal vez las fotos que quedaron de la jornada sean también las polaroids que hicieron que un rotundo 56 por ciento haya preferido lanzarse al abismo de lo incierto en una de las elecciones más difíciles de entender, aunque hayan pasado ya un par de meses de la sorpresa

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Aunque para poner paños fríos, el ministro de economía Luis Toto Caputo, en una imprevista cadena nacional este viernes por la noche, dejó afuera de la ley ómnibus el paquete fiscal, retenciones, ganancias, nueva fórmula jubilatoria, entre otras. Un guiño para las provincias y un aire para sus votantes, tan reacios a la palabra fiscal como solícitos para mostrar el encono por estos asuntos. Oh, 125 que estás en los cielos. ¿Con la mía, no es acaso el mantra de la desilusión de sus votantes cuando las tarifas, las prepagas, los colegios adelgacen el colchón y no haya horizonte que indique que pueden recuperarlos? Las grandes preguntas que se escriben al viento y ni Caputo se puede responder.

Tres

Todos hablan de marzo o abril como la verdadera ruptura de esta tironeada luna de miel. El regreso a la escuela, las vacaciones quedando atrás y el otoño con su melancolía coloreando el día, pondrá en marcha la verdadera visión -ya no hay lentes de sol estival endulzando la imagen- que tienen muchos sobre el gobierno, que a esta altura no para de embrollar con su propio amateurismo, despidiendo ministros por filtraciones a la prensa, lanzando amenazas al Congreso, haciendo de la política exterior una comedia de enredos peligrosa (mientras el precio de la comida sube de manera disparatada). Algo que para los veraneantes sumidos en libros y necesidad de descanso quizás hoy sea algo superfluo.

El 44 por ciento que no lo votó sigue incólume demostrando su poderío, este miércoles 24 de enero durante el paro previsto por la CGT y en la marcha hacia el Congreso se vio una adhesión masiva y contundente. El tema, la duda, es cuánto probablemente eso haya movido el amperímetro de quienes lo votaron. Tal vez las fotos que quedaron de la jornada sean también las polaroids que hicieron que un rotundo 56 por ciento haya preferido lanzarse al abismo de lo incierto en una de las elecciones más difíciles de entender, aunque hayan pasado ya un par de meses de la sorpresa. ¿Todo es economía?

Tal vez esa porción que detesta todo lo que huela a pasado reciente es capaz de sostener económicamente con sus ahorros estos primeros tiempos

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Viendo de vuelta aquella obra maestra de Sidney Lumet “Network” (1976) quizás podamos observar algunas puntas de los tiempos que transitamos. La historia cuenta de un periodista de mediana edad recientemente viudo y sin hijos que al enterarse que es despedido sufre un brote psicótico frente a cámara. Mientras grita sus enojos y ciertas injusticias, el rating sube y termina contratado nuevamente. Sus televidentes escuchan exultantes que alguien entiende a la perfección sus frustraciones en tiempos de inflación, desilusión política (está filmada post renuncia del presidente Nixon) y trabajos mal pagos. Así, pues, se convierten en acólitos del outsider que despliega en televisión su magia. El rating sube convirtiéndolo en una estrella de la cadena, que a pesar de saber que está absolutamente desequilibrado emocionalmente, lo sostiene en pos de sus ganancias.

El personaje que mantiene en alto su audiencia va contra toda la casta incluyendo la empresarial. Pero cuando ésta misma lo convence de no ir contra ella y él cambia su discurso, esos mismos televidentes que lo llevaron a la cima, defraudados, lo van abandonando. El mismo abandono que sufre de parte de la cadena que lo llevó al estrellato y sólo quiere sacárselo de encima porque ya no es redituable. Es que… todo es tan efímero que hoy, tal vez, en una playa junto al mar, mirando el atardecer, muchos le están jurando amor eterno a cualquiera, aunque mañana mismo y sin inmutarse nieguen el juramento. Somos como el mar: borramos lo escrito en la arena.

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