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12 de diciembre 2020

Dino Buzzi

EL ÚLTIMO MODERNO

Tiempo de lectura: 6 minutos

Un Rosebud Bostero

Va a ser difícil que algún día se filme una biopic de Alberto J. Armando. Tampoco es muy probable que alguien se lance a escribir una detallada biografía sobre su vida, un Armando total que se equipare al Galimberti de Larraquy o al Almirante Cero de Uriarte.

Pero de existir tales obras sería de esperarse una escena en la que, en sus últimos días, el ¨Puma¨ evocase algún objeto fundamental de su larga vida para aferrarse al presente que se le escapa. Algún juguete de su infancia en Córdoba, alguno de los modelos de Ford que vendía como pan caliente en los cincuenta y sesenta, o mejor aún, uno de los bonos patrimoniales de preventa de la Ciudad Deportiva de Boca; su sueño más grande, más largo, y finalmente más vano. Ese bono, versión propia del trineo de Charles Foster Kane, es un hiperobjeto a partir del cual contar decenas de historias, desde la relación de Buenos Aires con el río hasta los ciclos económicos nacionales. 

Alberto J. Armando fue uno de los primeros presidentes de clubes de fútbol argentino cuya figura trascendió los límites de su rol. Acostumbrados a que esa figura hoy esté encarnada por personajes ligados al poder, la política y los medios, la vida de Armando, sobre todo a partir del proyecto de la Ciudad Deportiva, fue anticipatoria del potencial trampolín a la notoriedad que puede constituir ser dirigente deportivo. En su ADN convivían las características de muchos de los argentinos que habían pasado al frente en los años siguientes a la segunda guerra mundial. Capacidad de trabajo, picardía, y cierta chivalry criolla-inmigrante. Una sensibilidad muy fina a los otrora novedosos mecanismos del marketing y la publicidad y una tenacidad de carácter muy local: Armando era un ¨Taringuero avant la lettre¨, un tipo capaz de emprender horizontes productivos con más convicción que techné. La historia de sus pacientes gestiones en Estados Unidos, esperando a Henry Ford parapetado en una habitación de hotel con el objetivo de importar casi 700 Ford Falcon para la policía, lo pinta en todos sus colores.

Visto desde hoy, el proyecto de la Ciudad Deportiva, con las islas artificiales conectadas por puentes, el estadio para 140.000 personas (!) y su multiplicidad de programas sociales. tiene cierto regusto cándido, demasiado grande, demasiado delirante. Una versión del Fitzcarraldo azul y oro en plena costanera sur que casi desde sus primeros años de existencia generaba desconfianza y preguntas incrédulas. 

Alberto J Armando fue uno de los primeros presidentes de clubes de fútbol argentino cuya figura trascendió los límites de su rol

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Fantasías Urbanas de Ayer & Hoy

La Ciudad Deportiva de Boca es un producto de una era en la que el desarrollo urbano todavía era traccionado en parte por sueños, arrebatos, y deseos individuales. De la época a la épica a fuerza de convicción y bajo la radiación constante de un capitalismo ¨material¨ al que le quedaban todavía algunos cartuchos antes de digitalizarse.

Parte fantasía Olivettiana y parte colonia de verano de las amplias clases medias, el proyecto nunca pudo abandonar cierto carácter de parque temático y de objeto pulp. Esa identidad se puede leer entre las líneas de la arquitectura popular de los equipamientos que llegaron a construirse, los cuales se complementaban con las distintas canchas y facilidades para el deporte. Un acuario en forma de Pez que practicó el posmodernismo ¨sin marco teorico¨ varios años antes que Venturi y Scott-Brown escriban Learning From Las Vegas; una pesada confitería con reminiscencias al Le Corbusier tardío, y un mobiliario urbano acorde a las líneas de diseño estandarizadas de los sesenta. En otras palabras: pop rioplatense de FM, Delirious Buenos Aires metiendo a lo Boca que nace listo para encontrarse con su inevitable destino devaluatorio y pasar al largo panteón de proyectos desaforados nunca concluidos.

El sur como puntal del desarrollo de la ciudad, la relación con el río, los rellenos como recurso de creación de tierra urbana, el esparcimiento de las masas. En la fantasía de la Ciudad Deportiva se cifraban muchos de los temas de la Buenos Aires del SXX, que, irresueltos, hoy continúan generando discusión y polémicas

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En su ciclo de vida abundan los lugares comunes: una defectuosa ingeniería financiera, atrasos en los tiempos de obra, y ordenanzas salvavidas de parte del poder de turno que aflojaron las obligaciones legales. Las devaluaciones entraron como estocadas en el corazón, las partes más caras y complejas del masterplan fueron canceladas, y, finalmente, el proyecto se desvaneció entre crisis, cambios de usos de suelo y compraventas entre privados. Desde 1994 los terrenos pertenecen a IRSA.

El sur como puntal del desarrollo de la ciudad, la relación con el río, los ¨rellenos¨ como recurso de creación de tierra urbana, el esparcimiento de las masas. En la fantasía de la Ciudad Deportiva se cifraban muchos de los temas de la Buenos Aires del siglo XX, que, irresueltos, hoy continúan generando discusión y polémicas. Si en los editoriales semanales de política y economía se habla de ¨día de la marmota¨,¨ilusión y desencanto¨ e ¨historia circular¨, el desarrollo urbano de la ciudad no escapa a estas lecturas. Con materias adeudadas del siglo pasado no se puede empezar a cursar las del siglo que ya está corriendo.

La última de Scorsese

¿Porqué Buenos Aires no discute a fondo sus utopías urbanas? Si bien en las redes sociales brotan los hilos y posteos sobre el desentubamiento de los arroyos, la plantación de bosques urbanos, y redes de tranvías que reclaman los rieles que los colectivos les pechearon, este ruido no pasa del zumbido de una intensa minoría activa.

Salvo alguna que otra excepción en la propuesta de algún concurso, la adormilada matrícula y la sonámbula academia se debaten entre la necesidad de supervivencia y el neorrealismo descriptivo al que las sucesivas crisis económicas parecen haber empujado la disciplina. Pero esto no es culpa de un silenciero efectivo o un paradigma oficial, sino más bien otro síntoma de años de ausencia de rumbo económico y productivo en la macro y de una profesión agotada, muy joven para las nostalgias y muy antigua para las complacencias. El elenco de grandes actores privados también perdió a sus cavalieri; ahora funciona en piloto automático, sin sueños, en un sistema regido por el mercado con menor tendencia a los fallos pero con muchas menos chances de lograr hallazgos inesperados.

En los sesentas Boca discutía una ciudad, hoy discute la ampliación de su estadio. Con la caída del proyecto de Armando, uno de los últimos Modernos que movieron las palancas de la ciudad, se disolvieron en el aire muchas más cosas que el megaestadio proyectado por el arquitecto Carlos Costa.

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Si en los ochentas muchas ciudades sepultaron la soberbia de los grandes y totalizantes planes urbanos (en Buenos Aires esta tendencia se materializó a través del concurso de las “20 Ideas”, organizado por la intendencia de Facundo Suárez Lastra), pareciera que también se esterilizó la capacidad de generar imaginarios que decanten en proyectos urbanos transformadores. Víctima de un permanente yo no lo voté arquitectónico, Puerto Madero y sus claroscuros siguen constituyendo el último ¨sueño cumplido¨ de cierta escala, la despedida de las grandes producciones hollywoodenses-porteñas. En esa aventura, sin abandonar los mecanismos del cine pochoclero, se contrató a actores de primera línea y se narró una historia total y poco complaciente.

En los sesentas Boca discutía una ciudad, hoy discute la ampliación de su estadio. Con la caída del proyecto de Armando, uno de los últimos Modernos que movieron las palancas de la ciudad, se disolvieron en el aire muchas más cosas que el megaestadio proyectado por el arquitecto Carlos Costa.

La idea de ¨hacer ciudad¨ implica una serie de consideraciones integrales y colectivas. Es una tarea de creación de sentido compleja pero serena, de largo plazo, cuya principal y más necesaria característica, antes que cualquier otra, es el optimismo. Cerca del final de un año que significó grandes cambios para las ciudades, sería bueno que en el futuro próximo se vuelva a entrar a la conciencia de esa Buenos Aires contrafáctica, configurada por todas las proyecciones ensoñadas y todo los proyectos jamás construidos. 

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