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19 de julio de 2026

19 de julio de 2026

24 de mayo de 2025

EL SILENCIO CÓMPLICE

María Constanza Costa

@constanzacost
Mundo
Tiempo de lectura: 5 minutos

En estos 19 meses, desde que comenzaron las masacres sistemáticas contra la población civil palestina en Gaza (luego del ataque terrorista llevado de HAMAS el 7 de octubre del 2023) la UE decidió ignorar los crímenes de guerra cometidos por Netanyahu para no romper la relación comercial con Israel. Pero la hambruna desatada por los bloqueos israelíes parece ser una nueva “línea roja” para Europa.

El 2 de marzo de 2025, Israel suspendió unilateralmente el acuerdo que había entrado en vigor el 19 de enero de ese año, por medio del cual se habían conseguido la liberación de algunos rehenes y un cese al fuego temporal. Desde la suspensión del acuerdo, el gobierno israelí impidió la llegada de ayuda humanitaria. Su principal argumento era que HAMAS estaba desviando la ayuda, algo que no pudo ser verificado por las organizaciones humanitarias que trabajan sobre el terreno. Negarle a la población civil el acceso a alimentos, agua, atención médica y refugio constituye un crimen de guerra, organizaciones de derechos humanos como Médicos sin Fronteras o Amnistía Internacional recordaron que la ayuda humanitaria no puede ser sometida a los objetivos de la ocupación militar, algo que Europa no puede obviar.

Según UNICEF 470.000 habitantes de la franja se encuentran en situación de hambruna, y la totalidad de la población -alrededor de dos millones de personas- sufren inseguridad alimentaria aguda. Además, la ONU advirtió que existe la posibilidad de que 14 mil bebés mueran si no se permite inmediatamente la entrada de ayuda humanitaria, una noticia que dio vuelta al mundo, e indignó aún más a los ciudadanos europeos que están en contra de la ofensiva militar de Israel contra la población de Gaza.

Los constructores del orden de la segunda guerra mundial, supuestos garantes de que la humanidad no vuelva a ser testigo de crímenes aberrantes, desde hace 19 meses se vienen cargando uno a uno los valores que prometieron defender

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Mientras la crisis humanitaria empeoraba, Israel comenzó la operación “Carros de Gedeón”, lanzando ataques aéreos sobre infraestructuras, edificios residenciales, hospitales y escuelas, una ofensiva terrestre por el norte y el sur para apoderarse de “toda Gaza”, lo cual implica el desplazamiento forzado de la población gazatí hacia pequeños territorios en el sur. El desplazamiento forzado de civiles durante un conflicto armado es un crimen de guerra, según el Derecho Internacional. Y si este desplazamiento se hace de forma sistemática también puede considerarse un crimen contra la humanidad.

Hasta ahora Netanyahu actuó cómodamente, sabiendo que ni Bruselas, ni Washington iban a aplicar sanciones para detenerlo. Después del 7 de Octubre de 2023, invocando su legítimo derecho a la defensa, Israel encontró en la UE y en EE.UU el apoyo para profundizar la ocupación atacando a la población civil palestina, tanto en Gaza como en Cisjordania.

Pero hace algunos días fue EE.UU el que presionó para que se permitiera la entrada de la ayuda humanitaria, algo que Netanyahu aceptó a regañadientes frente a la idea de perder apoyo de su principal aliado.  

En su última gira por Oriente Medio, Trump omitió visitar Israel y señaló que en Gaza había mucha gente “muriendo de hambre”. Una forma más de demostrar su incomodidad con la política inflexible de Israel, aunque el objetivo sea el mismo y Trump busque transformar Gaza en la nueva Dubai, en una “Riviera de Oriente Medio,” muchas de sus políticas hacia la región -como la reanudación de las conversaciones con Irán o el levantamiento de las sanciones a Siria- le viene demostrando a Netanyahu que en este momento secundar la política de Israel, sin cuestionamientos, no es una prioridad.

Después de las declaraciones de Trump, el gobierno israelí se comprometió a permitir el ingreso controlado de la ayuda, algo que está sucediendo a cuenta gotas, las organizaciones humanitarias declararon que la distribución de suministros aún enfrenta muchos obstáculos.

Las declaraciones de las organizaciones humanitarias influyeron sobre algunos de los países de la Unión Europea en su relación con Israel algo que ni siquiera la denuncia por genocidio encabezada por Sudáfrica en la Corte Internacional de Justicia había logrado.

En su última gira por Oriente Medio, Trump omitió visitar Israel y señaló que en Gaza había mucha gente “muriendo de hambre”

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Frente a la acusación de Sudáfrica, los jueces habían enfatizado que no necesitaban decir, en ese momento, si había ocurrido un genocidio, pero concluyeron que algunos de los actos de los que Sudáfrica había expuesto, si se lograba probar, podrían caer bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre Genocidio. La utilización de la hambruna como arma de guerra es uno de ellos.

La UE decidió endurecer el tono con Israel y anunció una revisión del acuerdo comercial por la situación de los DDHH en Palestina, algo que España e Irlanda, en soledad, ya habían pedido en febrero de 2024. Hoy 17 de los 27 países de la UE están a favor de realizar la revisión. Alemania e Italia se mantienen opositores a esta decisión. Si bien esto está lejos de ser una suspensión del comercio con Israel, para lo cual se necesitaría el apoyo de los 27, representa un cambio, aunque sea sólo una puesta en escena, en la política de la Comisión Europea en relación a Israel.

También en el camino de intensificar la presión sobre Israel, el Congreso español discutió una propuesta de ley de embargo de armas a todos los países investigados por genocidio en la Corte Penal Internacional, un proyecto que fue presentado por los grupos políticos de izquierda, incluido SUMAR, socio de la coalición de gobierno que sostiene a Pedro Sánchez. Las organizaciones de la sociedad civil y la izquierda vienen presionando al gobierno para que establezca de forma inmediata el embargo integral por medio de un “Real decreto ley”, algo a lo que Sánchez se niega.

Por ahora todas son declaraciones de intención que no tienen como correlato medidas concretas que puedan presionar verdaderamente a Israel. Los constructores del orden de la segunda guerra mundial, supuestos garantes de que la humanidad no vuelva a ser testigo de crímenes aberrantes, desde hace 19 meses se vienen cargando uno a uno los valores que prometieron defender.

Ahora, muy tarde y sobre la sangre de los palestinos, Europa y EE.UU quieren que la opinión pública perciba que están dispuestos a hacer lo que hasta ahora no hicieron. Difícil creer que los que detienen a sus propios ciudadanos por participar de una movilización en contra de las masacres y el apartheid, o amenazan con deportar estudiantes por sus columnas de opinión que critican el genocidio en Gaza, vayan a romper el silencio cómplice que le permite a Netanyahu masacrar a los palestinos.

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