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25 de mayo 2024

Juan Stanisci

EL LUNA PARK Y LOS MEDIÁTICOS

Tiempo de lectura: 5 minutos

La gente espera en Plaza Roma, a metros del Estadio Luna Park. La zona, rodeada de policías y militares, se va llenando a pesar del frío porteño. La fila da la vuelta a la manzana. Con gorritos, camperas, guantes y bufandas, esperan. Algunos policías a caballo merodean las calles. A medida que la tarde avanza más personas se acercan al lugar. Son miles. Es primero de junio de 1976. Hace diez días fue asesinado en Reno, Nevada, Estados Unidos, Ringo Bonavena. Su cuerpo, maquillado y con bigote, descansa en un cajón dentro del Luna Park. La multitud ingresa al estadio y camina a su lado, con el paso lento de los tristes, para despedirse.

Oscar Natalio Bonavena fue uno de los boxeadores más famosos que dio la Argentina. No fue el más técnico, ni el mejor noqueador, ni el más talentoso. Sí uno de los más queridos. En estas tierras no hace falta ser el mejor para ser el más amado. Bonavena supo combinar el manejo mediático de Muhammad Alí con la picardía porteña. Así creó a Ringo, un personaje que transformó la industria del boxeo argentino. De Alí tomó la costumbre de menospreciar a sus rivales en las previas de las peleas. Del porteñismo cierto ingenio al hablar, mezclado a mucha fanfarronería. Eso vendía diarios, revistas y entradas. El público, en sus inicios, iba a ver perder al bocón. Ringo supo sostener su verborragia con sus puños y sus pies planos.

“A este lo mato”, solía decir antes de los combates. Una vez, durante un pesaje, le tiró un ramo de flores al entrenador de su rival. Horas más tardes este lo quiso ir a buscar, revolver en mano, a un bar a donde Ringo había ido. Cuando se enteró, se metió atrás del mostrador y, armando una pistola imaginaria con sus dedos, pidió a los gritos que llamaran a Crónica. Como dice Diganme Ringo, la biografía de Ezequiel Fernández Moores, Bonavena fue un mediático antes de que el término existiera.

Los tres, Milei, Fernández y De La Rúa, tienen un hilo conductor: el canto en tiempos de crisis social y económica

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Sus campañas publicitarias funcionaban de tal manera que Ringo tiene, al día de hoy, el récord de asistencia de una pelea en el Luna Park. Fue en su primer combate contra Goyo Peralta, por entonces campeón argentino. Peralta no entendió que lo que Ringo buscaba era publicidad. Se sintió insultado y no aceptó las disculpas después de la pelea. Algo que Bonavena siempre hacía, una vez finalizado el combate se acercaba a su rival para hablar y pedir disculpas.

Que la gente se enamore de mi voz

Quiso el destino o el azar que el día del aniversario del asesinato de Bonavena, el Luna Park abriera sus puertas a otro mediático. Así como Ringo, siendo boxeador, prefería pasarse los fines de semana cantando en clubes de barrio o actuando en la calle Corrientes, asistimos a los tiempos del presidente que prefiere ser conferencista o cantante. Javier Milei podría decir que era más fácil llegar a primer mandatario que aprobar doctorados, posgrados o tener éxito con su banda de rock en los noventa. Su carácter de jefe de estado le da status para hablar en distintos lugares del mundo, espacios a los que un simple economista recibido en la Universidad de Belgrano no hubiera accedido.

“Estimados, hice hacer esto porque quería cantar”, dijo en el escenario del Luna Park antes de entonar su ya clásico cóver de Panic Show, la canción de La Renga. ¿Llama la atención un presidente cantando? Alberto Fernández se le animó a la guitarra y tocó Solo se trata de vivir, de su querido Lito Nebbia, en un acto oficial. Durante la década ganada Amado Boudou, vicepresidente de Cristina Fernández de Kirchner, era habitual invitado de La Mancha de Rolando. Hasta el embolante Fernando De La Rúa cantó en televisión una embolante versión de Sur, el tango de Homero Manzi. Los tres, Milei, Fernández y De La Rúa, tienen un hilo conductor: el canto en tiempos de crisis social y económica. El show como impermeabilizante de la política. El mundo se derrumba y nosotros cantamos.

Pero Javier Milei podría decirnos que él, antes que político, fue cantante. No solo por Everest, la banda Stone que fundó a finales de la década del ochenta. El 7 de noviembre de 2018, cuando el economista se abría paso entre gritos, insultos y baits en los medios de comunicación, apareció en el programa La Tribuna de Guido, conducido por Guido Kaczka, interpretando una canción de Leonardo Favio. Vestido con camisa y pantalón negros, zapatillas y un pañuelo en la cabeza, cantó Fuiste mía un verano, una canción que seguramente habrá sonado en el viejo tocadiscos Winko de su casa en Devoto. Detrás esperaban su turno un falso Fito Páez y una falsa Shakira. El graf del programa lo nombraba como Miley, con i griega, interpretando a Leonardo Fabio, con b de burro.

En 1965, con el cinturón de campeón argentino recién ganado y la fama abrazándolo, Ringo Bonavena también se dedicó a la canción. Su voz aguda no ayudaba. El hit, que vendió unas cuarenta mil placas, se llamó Pío Pío pa y fue grabado junto a la banda uruguaya Los Shakers. Bonavena ganaba más como cantante que como boxeador y, además, se ahorraba unos cuantos golpes. Metía varios shows por noche. En 1966 trabajó en el teatro de revista en la Calle Corrientes -también Milei lo fue hace varios años- junto a Zulma Faiad y Rafael “El Pato” Carret. Ese mismo año, fue parte del elenco de la película Muchachos impacientes junto a Simonette y Raúl Lavié. En 1970, todavía activo como boxeador, actuó en Pasión Dominguera con Jorge Porcel, Federico Luppi y Fidel Pintos. Ya en el ocaso de su vida y su carrera, tocó el punto más alto de su filmografía, en 1975 participó de Los chantas, la película dirigida por José Martínez Suárez, el hermano de Mirtha Legrand.

Pensando en el éxito de Pío pío pa, si Milei hubiera sido presidente en los años dorados de la industria discográfica, es probable que hubiera tenido su long play. A veces los tiempos de Dios son perfectos.

No fue el más técnico, ni el mejor noqueador, ni el más talentoso. Sí uno de los más queridos. En estas tierras no hace falta ser el mejor para ser el más amado

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Al final me lo creí

El funeral de Ringo Bonavena fue la primera movilización popular durante la dictadura. El golpe de estado se había llevado a cabo tres meses antes. Desde entonces regía el estado de sitio y las reuniones eran ilegales. La muerte del boxeador sacó a miles de personas a las calles porteñas. Su funeral, filmado a color, llenó las inmediaciones del Luna Park, la Plaza de Mayo y el recorrido hasta el cementerio de la Chacarita, donde hoy todavía descansan sus restos.

Su lengua karateka logró perdurarlo a través del tiempo. Solo Diego Maradona, pensando en deportistas, logró introducir más frases al habla popular que Ringo. Las hay de todo tipo. “La experiencia es un peine que te lo dan cuando te quedas pelado”. “De tanto repetir, casi me caso con la maestra”. “La risa es el reflejo de la generosidad del alma”. Pero hay una que podría caerle perfecto a Javier Milei, el presidente por accidente: “En el barrio todos me decían que iba a ser boxeador. Y me lo repitieron tanto que al final me lo creí.”