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22 de julio de 2026

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17 de mayo de 2025

EL ESTILO ORQUESTAL DE TROILO: META Y PUNTO DE PARTIDA

Ignacio Varchausky

Músico, productor y divulgador.

Dossier Troilo: lo viejo funciona
Tiempo de lectura: 6 minutos

Aníbal Troilo supo combinar excelencia musical, mugre tanguera, ritmo bailable y profundidad interpretativa de una manera virtuosa y siempre al alcance del gusto popular. Troilo es arte popular en su máxima expresión: fue un artista muy sofisticado que logró convertirse genuinamente en un ídolo del pueblo. Alcanzar un equilibrio entre un discurso musical complejo y un lenguaje directo que le hable al público general es algo extremadamente difícil de lograr. Troilo lo hizo, como compositor y como director, y analizar ese logro es una forma de entender por qué ha sido siempre amado y respetado tanto por colegas y público por igual.

A la hora de tocar, su estilo orquestal resulta muy natural y nada caprichoso; su lógica y buena parte de su aproximación interpretativa son -desde hace 80 años- la referencia compartida por todos los músicos de tango. Por eso decimos que Troilo es el gran estándar interpretativo del tango orquestal. Basta con reunir a algunos tangueros profesionales en un ensayo, entregarles un arreglo -el cual naturalmente incluirá marcatos, síncopas, fraseos y solos entre otros elementos- para comprobar que el primer abordaje del material tendrá muy probablemente una impronta y un carácter troileano, al menos hasta donde la escritura lo permita. Así de profundo es el vínculo y la influencia de Troilo en los músicos de tango. Espontáneamente y sin pensarlo demasiado, el músico tanguero recurre a la orquesta de Troilo como referencia natural: con su cabeza, con sus dedos y, sobre todo, con su corazón.

Con todo esto en mente, no sería exagerado afirmar -al menos en lo que concierne a estilos surgidos de la gran matriz decareana– que Troilo es una suerte de punto de encuentro, un espacio común compartido por los intérpretes tangueros. A partir de allí, las variantes estilísticas son una suerte de “elige tu propia aventura” en donde cada director define su camino y su estética de una forma más o menos caprichosa según el caso. En otras palabras, Troilo es el “ABC” musical y estilístico que todo músico profesional de tango sabe interpretar y reproducir con naturalidad. Es el antecedente fundamental e inevitable, el estándar. Nada menos.

Es importante saber que este estilo tuvo un importante desarrollo a través de los años, por eso se impone hacer al menos una división general entre las distintas épocas de la orquesta y el perfil musical de cada una. Si bien todas sus etapas están atravesadas por un mismo criterio -el cual incluye innumerables elementos en común- el contraste entre las mismas es evidente y vale la pena ser analizado.

El lirismo, la alternancia entre modelos de marcación, el lugar para el lucimiento de los solistas, la bella y lujosa sonoridad de sus tuttis, los fraseos y la constante búsqueda de la expresión están presentes en todo su recorrido, sin embargo, la historia de la orquesta puede dividirse en al menos tres períodos claramente diferenciados entre sí. Esta mirada tiene como eje la evolución del material musical (arreglos y orquestaciones) y no tanto el desarrollo estilístico, el cual en rigor no varía sustancialmente a través de las distintas épocas a excepción de las diferencias estéticas derivadas de los cambios de pianista. Y es justamente en relación a los arreglos que Troilo tuvo una clara y potente premisa: rodearse de los mejores arregladores de su tiempo, para que lo ayudaran a desarrollar sus ideas y expandir las posibilidades del tango como género musical sin que ello significara traicionar la tradición ni sacrificar el gusto popular. Ellos escribían, él borraba lo que no le gustaba y así cada obra encontraba su justo balance.

Alcanzar un equilibrio entre un discurso musical complejo y un lenguaje directo que le hable al público general es algo extremadamente difícil de lograr. Troilo lo hizo, como compositor y como director, y analizar ese logro es una forma de entender por qué ha sido siempre amado y

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Las tres estaciones troileanas:

1. La primera orquesta, sencilla y bailable (1937-1942)

Sobre una lógica netamente bailable, el material musical de esta primera época se basa en arreglos sencillos y efectivos. Sin embargo, sabemos que en esta primera etapa Héctor María Artola colaboró como arreglador, a veces retocando material preexistente y a veces escribiendo arreglos íntegramente. Si bien el material no es aún tan elaborado, aquí ya podemos reconocer la tendencia y dirección de la búsqueda musical troileana. Es interesante escuchar las grabaciones de este período en forma cronológica para apreciar la rápida evolución del discurso musical. Una evolución buscada en forma deliberada.

Características principales de esta época:

El tempo es fijo. El marcato en 4 domina la base rítmica. Los bajos tienen muy poco desarrollo melódico. Hay alternancia entre bajos staccato y bajos ligados (luego serán siempre ligados). La armonía es sencilla. Casi no hay contrapunto. Desde el piano, Orlando Goñi compensa cierta falta con intervenciones en los bajos y comentarios en los descansos de la melodía.

Diez temas representativos: Tinta verde, Yo soy el tango, Cachirulo, Tinta roja, El tamango, Toda mi vida, Milongueando en el 40, Pa’ que bailen los muchachos,

C.T.V., Malena.

2. Desarrollo musical y apogeo expresivo (1943-1956)

Desde una visión que busca el desarrollo musical del género, Troilo se apoya en sus arregladores para crear un lenguaje elaborado y sofisticado que sea a la vez emotivo y estimulante para el público general.

Los arreglos de Astor Piazzolla son en buena medida el eje central del desarrollo musical de esta etapa. Pero Piazzolla no escribía solo, Artola seguía realizando valiosos aportes y Argentino Galván se lucía con una importante cantidad de arreglos rápidamente devenidos en clásicos que empujaban los límites hasta allí conocidos. A su vez, hacia fines de los ’40 el aporte de otros arregladores notables como Emilio Balcarce e Ismael Spitalnik terminaron de expandir y darle forma a la visión de Troilo, conjugando entre todos la sofisticación de su narrativa musical con la profundidad expresiva y el gusto popular. Un pequeño gran milagro por donde se lo mire o escuche.

Características principales de esta época:

Paulatinamente el tempo pasa a ser flexible. Los bajos ganan desarrollo melódico y son siempre ligados. Se impone la “doble articulación” del piano. Hay gran variedad de modelos de marcación. Los solos ganan protagonismo. Se incorpora la cuerda grave: el cello en 1943 y la viola en 1947. La armonía se complejiza y aparece el contrapunto. La expresión está en el centro del discurso musical.

Esta etapa de Troilo también podría dividirse en dos partes, suponiendo a 1950 como una línea divisoria entre ambas en virtud de dos acontecimientos significativos de ese año: 1) comienza a grabar para el sello TK, cambiando (empeorando) el sonido de las grabaciones; 2) graba “Para lucirse”, el primero de una serie de tangos que Piazzolla compone y arregla para la orquesta durante ese período.

Diez temas representativos: Inspiración, Pablo, Fruta amarga, Marioneta, Chiqué, Patético, Para lucirse, Mensaje, Vamos, vamos zaino viejo, La última curda.

Espontáneamente y sin pensarlo demasiado, el músico tanguero recurre a la orquesta de Troilo como referencia natural: con su cabeza, con sus dedos y, sobre todo, con su corazón

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3. Los ’60, resumen y síntesis (1957-1971)

Este período -especialmente a partir del disco “For export” de 1963- es en gran medida la síntesis de un recorrido, una suerte de corolario troileano. Progresivamente, Troilo perfecciona un estilo de concierto amigable, de fácil escucha, con arreglos menos complejos.

En esta última etapa, el rol de arreglador principal fue ocupado por Julián Plaza primero y Raúl Garello después. Ya apartado de su discurso más complejo, el nuevo repertorio de estos años está abordado desde una mirada más práctica, con una narrativa más simple y más directa. Se trata de una escritura que busca la síntesis, y que sin complicaciones ni artificios logra una sonoridad bella y exuberante.

Características principales de esta época:

El tempo es más lento que antes y sigue siendo flexible, aunque por momentos también es variable. Se agregan varios violines para las grabaciones, lo cual agranda la sonoridad, pero hace que se pierdan un poco algunas articulaciones. El pianista Osvaldo Berlingieri le imprime su propia impronta a la orquesta, incluyendo un vasto repertorio de efectos tan personales como caprichosos. Troilo graba para el sello Odeon primero y RCA Victor después, cambiando (mejorando) el sonido de las grabaciones. Hay cierta falta de justeza, síntoma de la poca continuidad laboral. El estilo es más directo y con un tipo de expresividad algo más llana.

Diez temas representativos: Danzarín, La bordona, Un boliche, Milonguero triste, Chumbicha, Tema otoñal, Nocturna, Mi refugio, Fueye, En esta tarde gris.

Así finalizamos nuestra aproximación al estilo de Troilo, sus distintas etapas y los elementos que lo definen. Ahora podremos volver sobre su discografía con nuevas herramientas, para redescubrir su arte y entender mejor el impacto que su música y su visión tuvieron en el desarrollo del tango orquestal. A cincuenta años del fallecimiento del gran Pichuco, tal vez estas páginas nos ayuden a reflexionar sobre una gran verdad: Troilo es el más accesible de los puntos de partida y es a la vez la meta más alta que un músico pueda alcanzar.

(Ignacio Varchausky es músico, productor y divulgador. En sus cursos online aborda el análisis de los elementos estilisticos de las principales orquestas: www.ignaciovarchausky.com)

Dossier Troilo: lo viejo funciona