19 de julio de 2026
Este Día del Trabajador va a haber una movilización histórica. Miles y miles de trabajadoras y trabajadores en las calles, llevando y trayendo, arrancando, haciendo transferencias, intercambiando, apurando el paso, vendiendo; yendo no, llegando.
Haciendo uñas, yendo a abrir la barbería, llevando café, empanadas, escabio; llevando a dos compañeros de Avellaneda que van al locro que hace la CTA Quilmes contra la proscripción de la compañera Cristina, al que les dijeron que va a pasar la compañera intendenta.
Como los días de paro general, este 1.º de Mayo va a ser el día de la visibilidad precaria. ¿Quién entiende más este mundo? ¿La Corte Suprema de la Provincia con sus fallos en favor de los repartidores, Peter Thiel con su gilada pretenciosa, Milei con su cyber gore?. Algún saludo en X, algún paper, algún cruce de opiniones de aspirantes; la mayoría cambiando algo de tiempo libre por algo de plata. Poco tiempo por poca plata. Es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar dejar de mulear para llegar a fin de mes.
¿Quién entiende más este mundo? ¿La Corte Suprema de la Provincia con sus fallos en favor de los repartidores, Peter Thiel con su gilada pretenciosa, Milei con su cyber gore?
Sin trenes ni bondis, igual hay que llegar, igual tengo que ir, igual alguien me lleva, igual tengo que pagar el crédito de Mercado Pago; aunque desinstale la aplicación, igual tengo que pagarlo. Es más fácil imaginar el fin de Milei que imaginar dejar de mulear para subsistir.
No tengo idea de cuánta crisis aguanta Milei ni cuánto Milei aguanta esta precariedad. Ni si es una crisis o si así van a ser todos los días por venir: “El día de la marmota” de la sobrevida autoinfligida. Despertarse sabiendo cómo va a ser el día, intentar cambiar algo, inventar una changa, una astilla, un enganche; dormirse agotado, despertar sabiendo cómo va a ser el día. Es más fácil imaginar el fin de la interna bonaerense que imaginar el fin de mes que viene.
Abro la app, pido un taller literario, llega en un minuto, pago con tarjeta. Salgo al balcón, solo se escucha el ruido de las motos; un ejército de pibes en motos, el sonido de un mundo nuevo que nadie quiso entender y ahora ya es tarde. ¿Quién entiende más este mundo? ¿La Corte Suprema de la Provincia con sus fallos en favor de los repartidores, Peter Thiel con su gilada pretenciosa, Milei con su cyber gore? Entro a IG, ya no hay con quién conectar, solo sartenes de hierro, camisetas réplica de la selección, alguna rutina de piel esencial con unas cremas importadas y otro taller literario, que en está ocasión es el que doy yo.
¿Quién entiende más este mundo? ¿La Corte Suprema de la Provincia con sus fallos en favor de los repartidores, Peter Thiel con su gilada pretenciosa, Milei con su cyber gore?
Voy a una plaza, no a la de Mayo, que nos queda lejos. Hay feriantes, rappis, unos pares de vendedores ambulantes de ropa usada, una chica que pinta la cara a nenas a voluntad, un barbero dominicano que mientras te corta te quiere contar su historia, unos de una granja de recuperación que venden esos bizcochitos, dos estatuas vivientes (más vivientes que estatuas) algunos revisando los contenedores, la que vende tortilla en la estación. En el campito, que ahora es un basural, hay unos pibes quemando cables.
Todo está arrancando, en movimiento, inventando; yendo no, llegando. A punto de romperse. ¿Y una vez roto, qué hacemos? Nada, lo arreglamos y seguimos. Es más fácil imaginar arreglar la vida, el teléfono, la moto, que imaginar llegar a fin de mes.



